LIBRO_Saskia Sassen_Una sociología de la globalización
LIBRO_Saskia Sassen_Una sociología de la globalización
Una sociología de la globalización
De la misma autora Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales, Buenos Aires, Katz, 2010 Movilidad, trabajo y capital: estudio sobre la corriente internacional de la inversión y del trabajo, Madrid, 1993 La ciudad global, Buenos Aires, 1999 ¿Perdiendo el control?: la soberanía en la era de la globalización, Barcelona, 2001 Contrageografías de la globalización: género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos, Madrid, 2003 Los espectros de la globalización, Buenos Aires, 2003 The mobility of labor and capital, Cambridge, 1988 Losing control? Sovereignty in an age of globalization, Nueva York, 1996 Digital formations: Information technologies and new architectures in the global realm, Princeton, 2005 (en colaboración con Robert Latham) Globalization and its discontents: Selected essays 1984-1998, Nueva York, 1998 Guests and aliens, Nueva York, 1999 The global city: New York, London Tokyo, Princeton, 1991 (nueva edición: 2001) Global networks/linked cities, Nueva York y Londres, 2002 Deciphering the global: Its spaces, scales and subjects, Nueva York y Londres, 2007 Territory, authority, rights: From medieval to global assemblages, Princeton, 2006 (edición española en preparación: Territorio, autoridad, derechos. De los ensamblajes medievales a los globales, Buenos Aires/Madrid, Katz Editores). La bibliografía completa de la autora está disponible en: http://sociology.uchicago.edu/faculty/images/cv/sassen.pdf (http://sociology.uchicago.edu/fac
Saskia Sassen Una sociología de la globalización Traducido por María Victoria Rodil discusiones
Primera edición, 2007 Cuarta reimpresión, 2012 Katz Editores Benjamín Matienzo 1831, 10% D 1426-Buenos Aires Calle del Barco 40, 32 D 28004-Madrid www.katzeditores.com Título de la edición original: A sociology of elobalization Copyright O 2007 by Saskia Sassen Norton 6 Company Ltd. Nueva York, 2007 ISBN Argentina: 978-987-1283-39-2 ISBN España: 978-84-935432-6-6
- Sociología-Globalización. I. Rodil, María Victoria, trad. IL Título CDD 301 El contenido intelectual de esta obra se encuentra protegido por diversas leyes y tratados internacionales que prohíben la reproducción íntegra o extractada, realizada por cualquier procedimiento, que no cuente con la autorización expresa del editor. Diseño de colección: tholón kunst Impreso en la Argentina por Booverse S.R.L. Hecho el depósito que marca la ley 11.723.
11 21 61 125 165 205 235 265 299 Índice Prefacio Introducción
- Elementos para una sociología de la globalización
- El Estado frente a la economía global y las redes digitales
- Ciudades globales: la recuperación del lugar y las prácticas sociales
- La conformación de los movimientos migratorios internacionales
- Nuevas clases globales
- Los actores locales en la política global
- Nuevas formaciones sociales Bibliografía
Prefacio El objetivo de este pequeño libro es trazar un mapa de un tema muy amplio, sin por ello sacrificar su complejidad. Por tanto, quien lo lea se sentirá frecuentemente invitado a consultar mis obras anteriores en busca de detalles, pruebas y referencias biblio- gráficas, pues hace tiempo ya que me encuentro presa de mi pro- pia decisión de incrementar el nivel de complejidad en el estu- dio de la globalización. Estoy en deuda con los numerosos y variados públicos que han escuchado mis disertaciones acerca de, prácticamente, todas las cuestiones de que trata este libro. Sus preguntas y sus refu- taciones contribuyeron a dar forma a mis ideas y a agudizar mi pensamiento. Cada capítulo nació como una conferencia pública, por lo que agradezco la oportunidad a quienes me invitaron: los organizadores de las Schoff Memorial Lectures de la Universidad de Columbia, de las Theodore Hesburgh Lectures sobre ética y política de la Universidad de Notre Dame, de la Keck Lecture del Amherst College, de la Alexander von Humboldt Lecture de la Universidad de Nijmegen, de las Simmel Lectures de la Uni- versidad Humboldt, de la conferencia anual del Review ofInter- national Political Economy (RIPE), e incluso, por más inesperado que parezca en alguien como yo, a los organizadores de la con- ferencia anual de la Asociación de zonas con baja densidad demográfica (Society for Sparsely Populated Areas). Además de
8 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN las conferencias dictadas en dichas ocasiones, algunas partes del texto fueron tomadas de milibro Territory, authority, rights: From medieval to global assemblages,* de reciente publicación, razón por la cual agradezco a la editorial de la Universidad de Princeton, que me permitió reproducir fragmentos de los capí- tulos7, 8 y 9. Agradezco también a Jeff Alexander, que me solicitó la escri- tura de este libro, lo que me permitió explorar los posibles apor- tes de ciertos sociólogos que jamás se dedicaron a la globaliza- ción. El potencial de esos aportes subyace a la conceptualización específica de lo global que se presenta en este libro: en gran medida, lo global se constituye en el interior de lo nacional y, por lo tanto, se vuelve susceptible de ser estudiado, al menos en parte, mediante trabajos sociológicos ya existentes, incluso mediante los datos con que cuentan y con sus métodos. Desde esta perspectiva, gran parte de la sociología anterior y de la socio- logía actual contienen elementos conceptuales, metodológicos y empíricos que pueden ayudar a progresar en el estudio socio- lógico de la globalización. El trabajo de Karl Bakeman, Rebecca Arata y Abigail Wino- grad fue fundamental para la producción de este libro. Quiero agradecer a varios alumnos de la Universidad de Chicago, espe- cialmente a Geoff Guy, por su ayuda con la bibliografía socio- lógica. Mis asistentes de investigación, Rachel Harvey y Danny Armanino, hicieron un muy buen trabajo en todas las etapas del proyecto. Respondieron sin demora a todos mis requerimien- tos, aunque yo estuviera en la otra punta del mundo, lo que significaba que debían estar disponibles a cualquier hora del día o dela noche. Por último, Richard Sennett, Hilary-Koob Sassen,
- Edición española en preparación: Territorio, autoridad, derechos. De los ensamblajes medievales a los globales, Buenos Aires, Katz editores. [N. del E.]
PREFACIO | 9 Rut Blees Luxemburg y Fausto Sassen Blees, como siempre, fue- ron una gran fuente de afecto y diversión. Soy responsable de todos los errores, en un libro en que la frase vale más que nunca. Mi intento de estudiar los aportes potenciales de autores dedicados a otros temas para una socio- logía de la globalización abre la posibilidad de que haya errores de interpretación 0, lo que es más interesante, de que existan nuevas interpretaciones y nuevos debates sobre viejos textos.
Introducción Los procesos transnacionales como la globalización política, económica y cultural enfrentan a las ciencias sociales con una serie de desafíos teóricos y metodológicos. Estos desafios sur- gen debido a que lo global (ya sea una institución, un proceso, una práctica discursiva 0 un imaginario) trasciende el marco exclusivo del Estado-nación y al mismo tiempo habita parcial- mente los territorios y las instituciones nacionales. Vista de esta manera, la globalización no se limita ya a la noción conven- cional que la define como un proceso de formación de institu- ciones exclusivamente globales y de interdependencia creciente entre los estados-nación del mundo. Si lo global, en efecto, reside en parte en el interior de lo nacional, resulta evidente que la glo- balización, en sus distintas modalidades, compromete de manera directa dos supuestos clave de las ciencias sociales. El primero de ellos es la concepción implícita o explícita del Estado-nación como contenedor de los procesos sociales. El segundo es la corres- pondencia implícita entre el territorio nacional y lo nacional como característica, es decir, que si un proceso o fenómeno social se da en una institución o en un territorio nacional se asume que debe ser de carácter nacional. Ambos supuestos describen condiciones que han mantenido su validez, aunque nunca abso- luta, durante gran parte de la historia del Estado moderno (en especial desde la Primera Guerra Mundial) y que en buena
12 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN medida subsisten. Lo que ha cambiado en la actualidad es que dichos supuestos se están desarticulando, parcialmente pero con intensidad. Por otra parte, también es diferente el alcance de esa desarticulación. Cuando se abandona la consideración de la globalización en términos de la interdependencia y la formación de institucio- nes exclusivamente globales para concebirla como algo que tam- bién reside en el interior de lo nacional, se abre el campo para una amplia gama de posibilidades de investigación hasta hoy casi inexploradas. Los supuestos relativos al Estado-nación como contenedor de los procesos sociales siguen siendo útiles para gran parte de los temas que estudian las ciencias sociales y, en efecto, han permitido que aquellos que se dedican a estas cien- cias desarrollen métodos de análisis eficaces y obtengan los con- juntos de datos necesarios. Sin embargo, dichos supuestos no resultan útiles para responder una serie creciente de interrogan- tes acerca de la globalización. Tampoco lo son para explicar la amplia variedad de procesos transnacionales que las ciencias sociales deben comenzar a investigar y teorizar, ni para desarro- llar los instrumentos analíticos necesarios. La premisa crítica que organiza el presente trabajo no reside ni en los métodos ni en los marcos conceptuales basados en el supuesto de que el Estado-nación es una unidad cerrada con autoridad exclusiva sobre su territorio. Dicha premisa podría formularse de la siguiente manera: el hecho de que un proceso o entidad se encuentre dentro del territorio de un Estado soberano no nece- sariamente supone que sea un proceso o entidad nacional, o una entidad extranjera tradicionalmente autorizada (embajadas, turistas extranjeros, etc.); en cambio, puede tratarse de una loca- lización de lo global, o —concepto un poco más complejo— de una entidad nacional que ha sido desnacionalizada, como podría ser el caso, por ejemplo, de un componente del capital nacio-
INTRODUCCIÓN | 13 nal que ha sido desnacionalizado. Aunque la mayoría de los pro- cesos y de las entidades que se encuentran en el interior de lo nacional son nacionales, se hace cada vez más necesaria la inves- tigación empírica para determinar si todos ellos lo son, ya que existe un número creciente de casos de localización de lo glo- bal y de desnacionalización de lo nacional. Una parte de los fenó- menos que hoy siguen codificándose como nacionales podrían ser ejemplos de esa localización y desnacionalización. Generar las especificaciones teóricas y empíricas que permitan incor- porar estas condiciones es una labor ardua que debe ser empren- dida de manera colectiva, en la medida en que en lo que respecta a estas dinámicas cada país tiene múltiples especificidades. El objetivo de este libro es hacer un aporte a esa labor colec- tiva a través de una cartografía del terreno analítico que nos per- mita un estudio más complejo de la globalización —un terreno analítico que puede incorporar y a la vez superar las nociones centradas en la interdependencia creciente entre países y la for- mación de instituciones exclusivamente globales—. Por lo tanto, parte de la investigación está abocada a detectar esa dinámica globalizadora en el interior del espesor institucional y social de lo nacional, donde se mezclan elementos nacionales y no nacio- nales. Cuando se enmarca lo global de esta manera, es posible utilizar gran parte de las técnicas de investigación y los con- juntos de datos existentes en las ciencias sociales, que han sido desarrollados en función de lo nacional o de lo subnacional; pero tal uso es posible sólo con la condición de generar nuevos marcos conceptuales para interpretaciones que no den por sen- tado que el Estado-nación es un sistema cerrado y excluyente. Tanto las encuestas realizadas en fábricas que forman parte de cadenas de producción internacionales, como las entrevistas individuales para vislumbrar el imaginario sobre la globali- dad, olas etnografías de los centros financieros internacionales,
14 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN todas ellas son herramientas que expanden el terreno analítico para comprender los procesos globales. Tal expansión del terreno analítico para el estudio de la globalización abre el campo de investigación de las ciencias sociales en general y, en particular, de las cuestiones de índole más sociológica o antropológica. ¿Qué es entonces lo que se intenta designar con el término “glo- balización”? En este trabajo, se trata de dos dinámicas diferencia- das. Por un lado, la formación de procesos y de instituciones explí- citamente globales, como por ejemplo la Organización Mundial de Comercio, los mercados financieros inter nacionales, el nuevo cosmopolitismo y los Tribunales Internacionales de Crímenes de Guerra. Las prácticas y las modalidades organizativas mediante las cuales operan estas entidades explícitamente globales consti- tuyen lo que se conoce típicamente como global. Aunque en parte se dana nivel nacional, se trata en gran medida de formaciones globales nuevas y concretas. Por otro lado, se encuentran los procesos que no pertenecen necesariamente a la escala global y que, sin embargo, forman parte de la globalización. Dichos procesos están inmersos en territorios y dominios institucionales que en gran parte del mundo, si bien no en todos los casos, se consideran nacionales. Aunque localizados en ámbitos nacionales, o incluso subna- cionales, estos procesos forman parte de la globalización por- que incorporan redes o entidades transfronterizas que conec- tan múltiples procesos y a actores locales o “nacionales”, o bien porque se trata de cuestiones o dinámicas que se registran en un número cada vez mayor de países o ciudades. Es posible men- cionar aquí las redes transfronterizas de activistas dedicados a alguna causa local específica que también se da en escala global, como es el caso de organizaciones de defensa del medio ambiente o de defensa de los derechos humanos. También quiero señalar que en la actualidad ciertos aspectos específicos de la labor de
INTRODUCCIÓN | 15 los estados nacionales forman parte de la globalización; ejem- plo de ello son las políticas monetarias y fiscales impuestas por el FMI y por los Estados Unidos como parte de la constitución de los mercados financieros internacionales. Otro ejemplo de esta dinámica es el hecho de que los tribunales nacionales hayan comenzado a utilizar instrumentos internacionales (como las declaraciones sobre los derechos humanos, las normas ambien- tales internacionales o las reglas de la Organización Mundial de Comercio) para resolver cuestiones que antes habrían resuelto exclusivamente con instrumentos jurídicos nacionales. Asi- mismo, pueden incluirse condiciones emergentes más difusas, que examinaremos en este libro bajo la noción de globalidades no-cosmopolitas. Es el caso de algunos tipos de actividad polí- tica y de imaginarios que se centran en cuestiones y en causas locales, pero que a la vez forman parte de redes globales orien- tadas hacia los mismos objetivos y con participantes cada vez más conscientes de pertenecer estas redes globales, en las que comparten problemáticas locales. Se trata de modalidades de lo global que se constituyen a nivel horizontal, sin participación en organizaciones que las integren en jerarquías mundiales ver- ticales, como es el caso, por ejemplo, de la Organización Mun- dial de Comercio. Cuando las ciencias sociales estudian la globalización, lo más típico es que no se concentren en este segundo tipo de procesos e instituciones, sino más bien en los fenómenos manifiestamente globales. En este sentido, ellas han realizado aportes importan- tes al estudio de lo global al establecer que existen múltiples globalizaciones y que la forma dominante de la globalización —la economía global corporativa— es sólo una deellas. En ciencias políticas, y especialmente en el campo de las relaciones interna- cionales, existe un concepto canónico, y muy arraigado, de lo internacional, según el cual el Estado-nación es un actor clave.
16 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN La fuerza de este canon genera dificultades cuando se trata de incorporar la posibilidad de formaciones globales que no pasan por el sistema interestatal —el marco típico para ese canon— y que se dan en diferentes escalas, incluso en escala subnacional. Lo mismo sucede con la sociología. Sus métodos de investigación y los datos recabados se sustentan en gran medida sobre el tipo de entidad cerrada que representa el Estado-nación, especial- mente en el caso de la sociología de carácter más cuantitativo, que ha generado métodos cada vez más complejos basados en la posibilidad de obtener la delimitación del marco analítico —el Estado-nación, una empresa nacional, un hogar definido en tér- minos del censo nacional—. Pese a que tiene métodos e hipóte- sis muy diferentes, también la economía aplicada se encuentra condicionada de manera similar, ya que sus datos también pre- suponen la delimitación de la realidad que subyace a la catego- ría analítica. Por otro lado, y aunque mantienen nociones pare- cidas acerca del Estado-nación, las vertientes más historicistas de la sociología han realizado importantes aportes al estudio de los sistemas internacionales, como los trabajos sobre el sistema- mundo y los movimientos migratorios transfronterizos. La geografía económica y política ha contribuido al estudio de lo global más que cualquier otra ciencia social, especialmente gracias a su posición crítica respecto de la noción de escalas. En efecto, ella reconoce el carácter histórico de las escalas y, por lo tanto, presenta una resistencia a la cosificación y a la natu- ralización de la escala nacional, tan presente en la mayoría de las ciencias sociales. Los antropólogos, por su parte, han apor- tado el estudio de las fuerzas múltiples y particulares que com- ponen esta dinámica, con lo que advierten de manera indirecta lo arriesgado que sería emplear un método analítico basado exclusivamente en el hecho de múltiples escalas, más allá de la escala nacional, sin contemplar la complejidad de los ámbitos.
INTRODUCCIÓN | 17 Sin ánimo de generalizar, parecería que las herramientas ana- líticas e interpretativas de estas dos disciplinas poseyeran una ventaja para el estudio de lo global, ya sea en el marco de su definición convencional como situación de interdependencia en escala global, o en el de un enfoque más complejo que incluye escalas subnacionales, como el adoptado en este libro. A pesar del progreso logrado en ciencias sociales, aún queda mucho por hacer. Parte del trabajo pendiente sería señalar una dis- tinción entre: a) las diversas escalas que se configuran mediante los procesos y las prácticas globales; y b) los contenidos espe- cíficos y la ubicación institucional de esta globalización de esca- las múltiples. El enfoque adoptado en esta obra trae aparejadas algunas con- secuencias conceptuales y metodológicas. La más importante reside en que incorpora la necesidad de estudiar exhaustiva- mente las formaciones y los procesos nacionales y subnaciona- les, así como también su recodificación como instancias de lo global. Esto significa que es posible utilizar gran parte de los conjuntos de datos y las tecnologías de investigación existen- tes, pero ubicando los resultados en marcos conceptuales dife- rentes, con nuevas categorías que no presupongan la típica dua- lidad entre lo nacional y lo global, o lo local y lo global. Entre dichas categorías pueden mencionarse las comunidades de inmi- grantes o de profesionales transnacionales, las ciudades globa- les, las cadenas de producción internacional y la compresión espacio-temporal. En parte, esta terminología surge de la nece- sidad de dar nombrea ciertas condiciones que son nuevas, o que meramente han adoptado nuevas modalidades, o que se han vuelto visibles gracias a la alteración de las configuraciones ante- riores. También es posible utilizar categorías analíticas preexis- tentes, pero de manera distinta a como se utilizaron original- mente. En principio, los resultados analíticos de la reorganización
18 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN conceptual mencionada pueden incorporarse a categorías socio- lógicas muy reconocidas, como las de raza, género, ciudad, inmi- gración, Estado y conectividad social. Por su parte, la categoría de desnacionalización que se emplea en este trabajo, postulada en Sassen (1996; 2006), capta uno de los efectos cada vez más comunes de la interacción entre lo nacional y lo global. Dos ele- mentos críticos de esta interacción son la naturaleza altamente institucionalizada y la densidad sociocultural de lo nacional, de lo que se desprende que las estructuraciones de lo global den- tro de lo nacional implican una desnacionalización de ciertos componentes particulares de lo nacional, aunque ella resulte parcial, específica y, a menudo, muy especializada. ORGANIZACIÓN DEL LIBRO En el primer capítulo y en el capítulo final se presenta lo que probablemente es el material y los análisis menos divulgados, con el fin de expandir el terreno analítico en que se situará la globalización como objeto de estudio. Dadas las limitaciones de espacio, estos dos capítulos (1 y 7) son de tono experimental y teorizante; no se trata de un panorama de las temáticas y de la bibliografía existente. Aquellos para quienes el tema es nove- doso quizá prefieran pasar por alto el capítulo 1 y comenzar directamente con el segundo. Los capítulos centrales analizan el material existente en los estudios especializados de sociolo- gía -la mayoría de los cuales no se ocupan de la globalización—, para detectar en ellos los posibles aportes a una sociología de la globalización. La mayoría de los autores mencionados son importantes para un estudio de la globalización, aun cuando jamás hayan escrito sobre la globalización, y es precisamente por
INTRODUCCIÓN | 19 ello que los he elegido para acompañar el intento de ampliar el terreno analítico que se propone en la Introducción en el capí- tulo 1, con la intención de expandir la producción intelectual que puede traerse a colación para el estudio de ciertos temas básicos en una sociología de la globalización. En esos capítulos (246) se abordan varias categorías básicas de la sociología, como las de Estado, ciudad, inmigración y nuevas clases sociales glo- bales. El material que se analiza en cada uno de ellos ayuda a explorar distintos tipos de investigación y diferentes prácticas de producción teórica en el estudio de lo global.
1 Elementos para una sociología de la elobalización En el presente capítulo se elaboran ciertos elementos de teoría y metodología para un estudio de carácter más sociológico de las dinámicas de la globalización y la desnacionalización, a las que ya nos referimos en la Introducción. Con este propósito, resultan críticas las nociones de territorio y escala, ya que en general lo global se conceptualiza como una instancia supera- dora o neutralizadora del territorio, que opera manifiestamente en escala mundial. Al concentrarse en los territorios, en las esca- las y en los diversos significados de lo nacional, es posible explo- rar distintas prácticas de investigación y de producción teórica que por lo general no se perciben en el estudio de lo global. Es más, el análisis de los procesos globales basado en estos tres elementos atañe a tres objetos de estudio tradicionales de la sociología: las estructuras, las prácticas y las instituciones socia- les. En los próximos capítulos se examinará la manera en que la sociología proporciona una variedad de conceptos y herra- mientas metodológicas para aprehender la complejidad y la diversidad de la globalización, en función de ciertos referentes empíricos particulares, como las ciudades y los estados. Si bien se presta especial atención a la perspectiva sociológica, los temas que se abordan en este capítulo no se limitan exclusivamente a la sociología. Para construir el objeto de estudio en un trabajo como éste, con frecuencia se requiere operar en el cruce de múl-
22 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN tiples formas del conocer y de técnicas disciplinarias de inves- tigación e interpretación. Las formaciones globales han existido durante siglos. Algu- nos de los aportes más importantes para el estudio y la pro- ducción teórica sobre esas formaciones del pasado provienen de la sociología (Abu-Lughod, 1989; Wallerstein, 1974; Arrighi, 1994; King, 1990), aun cuando su carácter ha ido variando a través del tiempo y el espacio. Hoy también pueden identificarse ciertos tipos de formaciones específicas o rasgos nuevos en algu- nas formaciones de larga duración, que algunos sociólogos han estudiado y sobre los que han hecho contribuciones significa- tivas (Albrow, 1996; Sklair, 1992; Robinson, 2004). Las formacio- nes globales de la actualidad tienen un carácter muy diverso, tanto en lo social como en sus órdenes normativos. El mercado global de capitales y el régimen internacional de derechos huma- nos, por ejemplo, son dos modalidades sociales totalmente ditfe- rentes, y representan órdenes normativos muy distintos. En gran parte, la labor pendiente en materia de investigación para los científicos sociales consiste precisamente en explorar esta diver- sidad, con el objeto de señalar las diferencias, más que para mos- trar las similitudes. Los resultados de las investigaciones serán más ricos y complejos si se capta la especificidad y la variabili- dad de las formaciones globales. Además, esto será un aporte a la perspectiva sociológica, ya que uno de los objetivos es cap- turar los distintos patrones de interacción social. Muchas de las formaciones globales emergentes constituyen órdenes ins- titucionales o sistemas de relaciones total o parcialmente nue- vos. Las formas institucionalizadas tenderán a poseer sus pro- pias subculturas, pautas formales e informales, regímenes normativos, grupos de actores sociales y lógicas de poder. Los cuatro apartados de este capítulo están dedicados a iden- tificar formaciones sociales emergentes y cada uno deellos se
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 23 ocupa de una instancia del desafío que, para las ciencias socia- les, hoy representa la dinámica de lo global en materia de inves- tigación. Por lo tanto, cada una de estas instancias constituye una oportunidad para examinar cuestiones teóricas y metodo- lógicas, si bien no se cubren todos los interrogantes posibles, sino sólo aquellos que se consideran fundacionales. En el primer apartado se trabaja con la noción de jerarquía de escalas con el objetivo de desestabilizar, a la luz de las nuevas dinámicas y tecnologías, la jerarquía tradicional centrada en el Estado-nación. Esta desestabilización nos permite vislumbrar una respuesta al interrogante acerca de qué es lo que distingue el cambio que se percibe en la actualidad. A partir de ello, el segundo apartado examina el significado de lo subnacional en un mundo global y parcialmente digitalizado. En el tercer apar- tado, el análisis se profundiza aun más para estudiar el modo en que las entidades subnacionales pueden superar el modelo de jerarquía anidada que se organiza en torno del Estado-nación, y su función como único actor en las relaciones internaciona- les. En este caso el análisis se concentra en el crecimiento de las redes de transacciones que conectan a las ciudades, en especial a las ciudades globales, cuyo número es hoy de cuarenta. Dichas redes interurbanas constituyen una de las formaciones globales más importantes de la actualidad, ya que contienen una varie- dad de actores y de actividades cada vez más amplia, con casos tan diversos como la red global de filiales de una empresa, las redes transnacionales de inmigrantes y las redes de terrorismo internacional. Es importante advertir que este tipo de análisis abre la posibilidad de que el nivel subnacional revista cierta impor- tancia en la constitución de las formaciones globales. Asimismo, es útil como puente analítico entre la escala global —noción aún difusa— y el concepto de ciudad o comunidad de inmigrantes, por ejemplo, que resulta más conocido. A su vez, también cum-
24 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ple la función de dispersar lo global en una serie de circuitos transfronterizos particulares que conectan localidades específi- cas, con lo que el concepto de lo global se torna más concreto. En el cuarto apartado se señalan las consecuencias que para los estados-nación tiene esta articulación de lo global en el inte- rior de lo nacional y lo subnacional. De esta manera se logra expandir el terreno analítico para la comprensión de lo global pues se muestra que se constituye parcialmente a través de la desnacionalización de componentes particulares de lo que habi- tualmente percibimos como territorios y dominios institucio- nales “nacionales”. Por lo tanto, para el estudio de la globaliza- ción se abre el campo de lo nacional, concepto fundacional de la sociología. Resulta evidente que el Estado-nación es a la vez un actor clave y un orden institucional en juego en la articula- ción de lo global con lo nacional y lo subnacional. LA DESESTABILIZACIÓN DE LAS VIEJAS JERARQUÍAS ESCALARES Los procesos y las formaciones globales actuales pueden, y logran, desestabilizar la jerarquía de escalas centradas en el Estado- nación. A su vez, la formación del Estado-nación desestabilizó en su momento otras jerarquías anteriores, constituidas tradi- cionalmente por las prácticas y los proyectos de poder vigentes en épocas pasadas, como los imperios coloniales del siglo xv1 o las ciudades medievales que dominaron el comercio de larga distancia en ciertas regiones de Europa. En este sentido, uno de los fenómenos más notables de la actualidad es lo que a veces se considera como un regreso a las espacialidades imperiales del
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 25 pasado, especialmente cuando se trata de actores económicos poderosos, como es el caso de la formación del mercado global de capitales, el régimen mundial de comercio y la internacio- nalización de la producción industrial. Obviamente, no se trata de un simple regreso a viejos formatos. Resulta esencial reconocer la especificidad de las prácticas actuales y de las capacidades que posibilitan estas prácticas. Dicha especificidad está dada, en parte, por el hecho de que las espa- cialidades transfronterizas de la actualidad deben producirse en un contexto en el que la mayor parte del territorio se encuen- tra encerrado en un marco nacional altamente formalizado y con una densidad pronunciada, cuya autoridad exclusiva es el Estado-nación. La preeminencia de la escala nacional y de la autoridad exclusiva del Estado sobre su territorio —contexto clave en la etapa actual de la globalización— trae aparejada la partici- pación necesaria de los estados-nación en la formación de los sistemas globales (Sassen, 1996: caps. 1 y 2; 20064). 1 Según este planteo, el contexto crítico en el que debe interpretarse la globalización está definido por los modos en que en cada país se ha construido lo nacional en los últimos cien años o más. Este planteo es marcadamente diferente de la corriente dominante en materia de investigación sobre la globalización, que plantea como elemento central la interdependencia creciente. De ahí que este trabajo haga hincapié en la desnacionalización: para tener empresas y mercados globales, o subjetividades y organismos de derechos humanos globales, algunos elementos de lo nacional deben desnacionalizarse en un contexto nacional altamente formalizado y de gran densidad. Este enfoque permite captar la enorme variabilidad entre países en materia de incorporación de la globalización o de resistencia ella, ya que en parte dichos procesos están moldeados por las características específicas de cada país, ya sean formales y de jure o informales y de facto. Al mismo tiempo, este enfoque evita caer en la trampa de los estudios comparativos, que colocan a los países en vías paralelas y los estandarizan para poder efectuar comparaciones. En mi análisis parto de la premisa de que las condicionalidades de un sistema global se insertan en distintos territorios e instituciones y, por lo tanto, atraviesan estructuraciones específicas en cada país (véase Sassen, 20064: cap. 1).
26 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN El proyecto global de las grandes empresas, las nuevas capa- cidades que resultan de la tecnología de la información lastele- comunicaciones y el crecimiento de componentes supranacio- nales en la labor del Estado, en conjunto, comienzan a constituir escalas estratégicas que van más allá de lo nacional. Entre ellas pueden mencionarse la escala subnacional —como la de las ciu- dades globales— y la escala supranacional —como la de los mer- cados globales—. Estas prácticas y procesos desestabilizan par- cialmente la jerarquía de escalas que era expresión de las relaciones de poder y la economía política del período ante- rior. Dicha jerarquía estaba organizada en función del alcance institucional y del tamaño territorial, y en gran medida lo sigue estando: se desciende desde lo internacional a lo nacional, de allí a lo regional, lo urbano y, finalmente, lo local, con cierta cen- tralidad de lo nacional como agente articulador de esta confi- guración. Es decir que las prácticas y los órdenes instituciona- les que constituían el sistema se daban en el nivel nacional. A pesar de sus distintos orígenes y temporalidades históricos a tra- vés del mundo, es posible definir la historia del Estado moderno como el proceso de nacionalización de prácticamente todos los rasgos esenciales de la sociedad: la autoridad, la identidad, el territorio, la seguridad, la ley y la acumulación económica. En los períodos previos al ascenso del Estado-nación hubo escalas muy diferentes, en que los territorios quedaban sujetos a siste- mas múltiples de gobierno más que a la autoridad exclusiva de un poder, como lo fue eventualmente el Estado nacional. Gracias a la reformulación de esta dinámica de las escalas, en la actualidad se produce un corte transversal en el tamaño y en el encasillamiento institucional del territorio históricamente pro- ducido a través de la formación de los estados nacionales. Esto no significa que las viejas jerarquías hayan desaparecido, sino que junto a las anteriores surgen nuevas escalas, y que con fre-
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 27 cuencia éstas pueden vencer a aquéllas. Las jerarquías anterio- res, constituidas como parte del desarrollo del Estado-nación, siguen funcionando, pero en un campo mucho menos exclu- sivo que en el pasado reciente. Esto no pierde validez incluso cuando confrontamos el poder hegemónico de unos pocos esta- dos, que generaba, y aún genera, la carencia de soberanía abso- luta en la mayoría de los estados-nación. Las teorías existentes no alcanzan a trazar un mapa de la mul- tiplicidad de prácticas y actores que hoy contribuyen la refor- mulación de las escalas. Entre ellos se encuentra una variedad de organismos noestatales y de formas transfronterizas de coo- peración y conflicto, como las redes empresariales globales, el nuevo cosmopolitismo, las onG, las diásporas y los espacios —tales como las ciudades globales las esferas públicas transfronteri- zas—. Es en elcampo delas relaciones internacionales donde más se ha teorizado sobre las relaciones transfronterizas, pero las nuevas tendencias asociadas a la combinación de la globaliza- ción con las nuevas tecnologías de la información y la comuni- cación hoy nos señalan las limitaciones de la teoría y de los datos de ese campo. Varios autores (Taylor, 2000; Cerny, 2000; Fer- guson y Jones, 2002; Hall y Biersteker, 2002; Walker, 1993) seña- lan en sus críticas que esta teoría y sus modelos continúan haciendo foco sobre la lógica de las relaciones interestatales y la escala estatal, cuando lo que en realidad se está produciendo es una multiplicación de actores no estatales y de procesos trans- fronterizos que generan cambios en el alcance, la exclusividad y la competencia de la autoridad estatal sobre el territorio nacio- nal. Por ende, los avances teóricos de otras disciplinas pueden resultar pertinentes, como es el caso, ya mencionado, de la geo- grafía y de sus aportes al análisis crítico de las escalas, a dife- rencia de otras ciencias sociales que tienden a tomar la escala como algo dado y a naturalizar la escala nacional.
28 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Otra característica importante de los diversos procesos de glo- balización es su carácter multiescalar. El centro financiero de una ciudad global, por ejemplo, es una entidad local que a su vez forma parte de un mercado electrónico perteneciente a la escala global. Es posible considerar que se trata de una instan- cia donde lo local es multiescalar. En el mismo sentido, la Orga- nización Mundial de Comercio (omc) es una entidad global que se vuelve activa cuando se inserta en las economías y en las orga- nizaciones políticas nacionales, y por tanto también puede ser considerada como una escala global multiescalar. Ninguno de estos dos ejemplos puede incorporarse fácilmente en las jerar- quías anidadas del pasado, según las cuales todo lo que es supra- nacional queda por encima del Estado y todo lo que es subna- cional queda por debajo de él. El nuevo tipo de espacio operativo de las empresas multinacionales es aun otra configuración mul- tiescalar compleja, ya que entre sus elementos fundamentales se encuentran tanto las redes de filiales en lugares remotos del pla- neta, como la concentración de funciones estratégicas en una sola ubicación o en unos pocos lugares (véanse Taylor et al., 2002; GAWC; Ernst, 2005). Tal vez un ejemplo más conocido sea el con- junto de condiciones y dinámicas que define el modelo de la ciudad global (Sassen, 1991-2001). En su formulación más abs- tracta, una de las principales hipótesis organizativas del modelo de las ciudades globales refleja esta característica: cuanto más se globalizan y digitalizan las operaciones y los mercados empre- sariales, más complejas y estratégicas se vuelven las funciones de gestión centralizada y de servicios especializados (y las corres- pondientes infraestructuras y las instalaciones necesarias), con lo que las empresas se benefician de las economías de aglome- ración. En distintos grados, estas economías de aglomeración aún son posibles gracias a la concentración de recursos múlti- ples en un territorio, es decir, son posibles en las ciudades. En
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 29 este caso, la variedad de dinámicas multiescalares indica que existen ciertas condiciones que no es posible organizar en jerar- quías, y mucho menos en una jerarquía anidada. Se trata de un sistema multiescalar que operaa través de todas las escalas, y no, como suele afirmarse, de un simple ascenso a través de las esca- las gracias a los nuevos desarrollos de la comunicación.* En el siguiente apartado se analiza el carácter multiescalar que tanto lo local como lo global están adquiriendo hoy, pres- tando especial atención a las instancias subnacionales, que han sido mucho menos estudiadas que las formaciones manifiesta- mente globales y que, además, se prestan mejor a los análisis sociológicos. LO SUBNACIONAL: UNO DE LOS ESPACIOS DE LA GLOBALIZACIÓN A partir de lo dicho, es posible afirmar que el estudio de lo glo- bal no se limita a aquellos fenómenos que se dan de manera explí- cita en escala global. También es necesario un análisis de las prác- ticas y de las condiciones locales que se articulan con la dinámica global, así como un examen de la multiplicación de conexiones transfronterizas entre localidades donde se dan ciertas condicio- nes recurrentes, como la violación de los derechos humanos, los problemas ambientales, la movilización comunitaria en torno 2 Por lo tanto, habría que distinguir este fenómeno multiescalar, como es el caso de los traficantes ilegales de personas, que antes actuaban en escala regional y que ahora pueden internacionalizarse gracias a la infraestructura de comunicaciones y a las transferencias monetarias que ha posibilitado el proceso de globalización. Para profundizar sobre este argumento, véase Sassen (2000).
30 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN de ciertas causas, etc. Asimismo, este estudio implica reconocer que, en realidad, en gran medida los fenómenos deescala glo- bal —como el mercado global de capitales— se encuentran inser- tos parcialmente en espacios subnacionales y funcionan entre prácticas y formas organizativas pertenecientes a varias escalas. En el caso del mercado global de capitales, por ejemplo, los ele- mentos constitutivos son los mercados electrónicos de valores con alcance global y las condiciones presentes en espacios loca- les, como los centros financieros y todo lo que ellos implican, desde la infraestructura hasta las redes de confianza. El análisis de dichas dinámicas y de los procesos de globaliza- ción basados en lo subnacional requiere en este caso de un marco teórico y metodológico que contemple, no sólo la escala global, sino también la escala subnacional como elemento de los proce- sos globales. Así queda desestabilizado, usualmente de manera implícita, el modelo conceptual de una jerarquía anidada de esca- las en que el Estado ocupa el lugar principal. Si bien el estudio de los procesos y las condiciones globales que se constituyen en lo subnacional presenta ciertas ventajas en relación con el que se basa en dinámicas de escala puramente global, también pre- senta desafíos específicos. Por un lado, en lo que respecta al estu- dio de la globalización posibilita el uso de técnicas de investiga- ción tradicionales, tanto cuantitativas como cualitativas, a la vez que sirve como puente para la utilización de los conjuntos de datos nacionales y subnacionales y de la producción intelec- tual especializada. Y, por otro lado, ambos tipos de estudios deben situarse en marcos conceptuales diferentes a los adoptados por los investigadores que generaron dichos conjuntos dedatos y téc- nicas de investigación, ya que en la mayor parte de los casos su labor no estuvo relacionada con la globalización. Uno de los principales desafíos actuales consiste en decodifi- car ciertos aspectos específicos de lo que hoy se representa o se
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 31 percibe como nacional, que de hecho pueden desviarse respecto de lo que históricamente se concibió o se constituyó como tal. Esta lógica de investigación y producción teórica tiene muchos puntos en común con la que se desarrolló para el estudio de las ciudades globales. Sin embargo, si bien se ha llegado a reconocer y codificar como globales varios componentes de dichas ciuda- des, no ha sucedido lo mismo con otros dominios subnaciona- les, aun cuando su número cada vez mayor plantea la necesidad de incluirlos en la investigación de lo global. Uno de los objeti- vos del presente trabajo es decodificar varias condiciones y diná- micas que todavía se representan como locales y nacionales. Las problemáticas conceptuales, metodológicas y empíricas de este tipo de estudio pueden ilustrarse con tres instancias. La primera deellas se relaciona con la función de lugares específi- cos en muchos de los circuitos constitutivos de la globalización económica y política. Al concentrarse en estos lugares, resulta posible desarticular la globalización en términos de los múlti- ples circuitos transfronterizos especializados sobre los que se ubican distintos tipos de lugares. Más adelante se analizará una versión particular de este fenómeno: el surgimiento de ciertas formas delo global centradas en actores y causas locales que for- man parte de redes transfronterizas. Se trata aquí de una forma de actividad política global que no se canaliza a través de insti- tuciones globales, sino de instituciones locales. Es probable que los estudios académicos más desarrollados acerca de la función del territorio y de los circuitos globales sean aquellos que versan sobre las ciudades globales y las cade- nas de producción internacionales. Las investigaciones sobre estos circuitos se concentran en sus componentes globales; se trata de redes de procesos de trabajo y producción cuyo resultado final es una mercancía terminada (Gereffi y Korzeniewicz, 1994). Estos circuitos se componen de conjuntos de redes interorganizacio-
32 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN nales que vinculan familias, empresas y estados, aglutinados en torno de la producción de una mercancía específica. Mientras que la investigación en este tema se concentra principalmente en los circuitos, la investigación sobre las ciudades globales se cen- tra en los territorios estratégicos de la economía global. Las ciu- dades globales son territorios subnacionales donde se entrecru- zan múltiples circuitos globales, lo que las ubica en varias geografías transfronterizas, cada una constituida en términos de ciertas prácticas y de actores específicos y con un alcance propio. Por ejemplo, al menos algunos de los circuitos que conectan a la ciudad de San Pablo con la dinámica global son diferentes de aquellos que conectan a la ciudad de Frankfurt, a la ciudad de Johannesburgo o a la ciudad de Bombay. Es más: ciertos conjun- tos específicos de circuitos superpuestos contribuyen a la cons- titución de geografías transfronterizas con estructuras particu- lares. Un ejemplo de ello es la actual intensificación de las geografías hegemónicas transnacionales más tradicionales, que es posible detectar en el aumento de las transacciones comer- ciales entre Nueva York, Miami, México D.F. y San Pablo (véanse Schiffer Ramos, 2002; Parnreiter, 2002). Ahora bien, también están surgiendo nuevas geografías de carácter específico, como la que representa la articulación de Shanghai con una cantidad cada vez mayor de circuitos transfronterizos (Gu y Tang, 2002; Wasserstrom, 2004; Rowe y Kuan, 2004). Este tipo de análisis pre- senta un panorama de la globalización que difiere de las descrip- ciones centradas en los mercados globales, el comercio interna- cional o las respectivas instituciones supranacionales, lo que no significa que un tipo de estudio sea mejor que el otro, sino que los análisis más comunes —centrados en dichos fenómenos pura- mente globales— resultan insuficientes. La segunda instancia ilustrativa, conectada en parte con la primera, se basa en la función de las nuevas tecnologías en el
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 33 reposicionamiento de lo local, lo que invita a un análisis crítico acerca de cómo se conceptualiza lo local. Gracias a estas nue- vas tecnologías, cada empresa de servicios financieros se con- vierte en un microambiente con alcance global continuo, pero lo mismo sucede con los hogares y los organismos de escasos recursos, como por ejemplo las organizaciones de activistas. Estos microambientes pueden conectarse con otros microam- bientes ubicados en un territorio lejano, con lo cual se desesta- biliza la noción de contexto, generalmente ligada al concepto de lo local, así como la noción de que la proximidad física consti- tuye uno de los atributos de lo local. Para una reconceptualiza- ción crítica de lo local en estos términos, es necesario rechazar al menos en parte la idea de que la escala local esté inevitable- mente inmersa en una jerarquía anidada en las escalas regio- nal, nacional e internacional. La tercera instancia ilustrativa se relaciona con un conjunto específico de interacciones entre ciertas dinámicas globales y ciertos componentes particulares de los estados nacionales. La condicionalidad esencial en este caso está dada por la inserción parcial de lo global en lo nacional, cuyo ejemplo emblemático quizá sea el de las ciudades globales. La idea principal en esta instancia es que, en tanto ciertas estructuraciones de lo global habitan lo que históricamente se ha concebido e instituciona- lizado como territorio nacional, esto genera la necesidad de una variedad de negociaciones. En la actualidad, uno de los resul- tados más evidentes de este fenómeno es la desnacionalización incipiente, parcial y sumamente especializada de algunos com- ponentes específicos del Estado-nación. En las tres instancias mencionadas la cuestión de las escalas asume un contenido muy específico, ya que se analizan prácti- cas y dinámicas pertenecientes a la constitución de lo global, que, sin embargo, se dan en lo que históricamente se concibe
34 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN como escala nacional. Salvo algunas honrosas excepciones, como la de un grupo cada vez mayor de especialistas en geografía, las ciencias sociales no han adoptado una distancia crítica con res- pecto a la escala nacional, es decir, no han historizado esta noción. Por lo tanto, surgió la tendencia a concebirla como una escala fija, a cosificarla y, en la mayoría de los casos, a neutralizar la problemática de las escalas o a reducirla a una cuestión de jerar- quías determinadas por el tamaño. Con esta tendencia se aso- cia el supuesto a menudo incuestionable de que dichas escalas se excluyen entre sí y, más específicamente, la idea de que la escala nacional excluye a la escala global y viceversa. Cuando las esca- las se conciben en el marco de una jerarquía anidada aparece una variante que posibilita ciertas imbricaciones, aunque de carácter muy limitado.* 3 En mis primeros estudios sobre las ciudades globales, comencé a comprender la cuestión de las escalas cosificadas. Gran parte de los trabajos sobre las ciudades globales y mundiales presenta una evaluación crítica de las escalas, pero, salvo algunas excepciones importantes (Taylor, 1995; Brenner, 1998), dicha evaluación tiende a ser embrionaria, poco elaborada y no muy explicada. Por otro lado, aunque los trabajos sobre la “glocalización” reconocen la problemática de las escalas y teorizan al respecto, con frecuencia se atienen a la noción de las jerarquías anidadas (véase Swyngedouw, 1997). Ahora bien, algunos trabajos del campo de la geografía se acercan ala conceptualización presentada en este libro, aunque tratan temas muy diferentes, como los derechos territoriales de las naciones indígenas (véanse Howitt, 1993; Silvern, 1999; Notzke, 1995). Obviamente, en este caso existe un posicionamiento muy esclarecedor, ya que desde el vamos se encuentran dos elementos clave: a) la convivencia de dos derechos exclusivos sobre el mismo territorio; y b) el carácter endógeno de ambos derechos (el del soberano actual y el de los pueblos indígenas). En el caso del presente trabajo, los que conviven son el derecho del soberano histórico y el derecho de lo global que se internaliza en un soberano reconstituido (para un desarrollo exhaustivo de esta idea bastante abstracta, véase Sassen, 2006a). Se trata de un uso muy específico de las escalas, en el que el método analítico de la escala se empapa, por así decirlo, de condiciones y causas específicas (para un tratamiento de las escalas en este sentido espeso, véase Amin, 2002).
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 35 Por último, las tres instancias mencionadas se oponen a los supuestos y alas premisas de lo que actualmente se denomina “nacionalismo metodológico”, aunque lo hacen de una manera muy especial. La crítica del nacionalismo metodológico nece- sita del transnacionalismo, ya que la categoría de nación como espacio contenedor es insuficiente dada la proliferación de dinámicas y formaciones transfronterizas (véanse Taylor, 2000; Beck, 2006; Beck y Beck-Gernsheim, 2001; Robinson, 2004). Sin embargo, aquí se destaca otra razón para apoyar la crítica al nacionalismo metodológico: la existencia de estructuracio- nes múltiples y específicas de lo global en el interior de aque- llo que históricamente se considera nacional. Es más, como lo nacional presenta un alto grado de institucionalización y densidad, dichas estructuraciones de lo global implican una desnacionalización parcial, sumamente especializada y espe- cífica de ciertos componentes particulares de lo nacional. Las nuevas redes que conectan a las ciudades mediante una variedad de actividades y de nuevas instituciones son un ejem- plo de lo global constituido en diversos territorios subnacio- nales y con una intensidad cada vez mayor. LA RED TRANSFRONTERIZA DE CIUDADES GLOBALES Cuando la actividad económica se globaliza, contribuye a la for- mación de nuevos órdenes institucionales y, en parte, reforma los órdenes existentes, siempre mediante las prácticas de los actores económicos globales (como las empresas y los mercados interna- cionales) y de la creación de regímenes específicos que valorizan el capital (como la desregulación de la economía). Para analizar estos cambios hacen falta nuevos marcos conceptuales: un ejem-
36 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN plo de ello es el modelo de la ciudad global. En los últimos veinte años, a medida que la economía global se ha ido expandiendo también se fue constituyendo una red cada vez mayor de ciuda- des globales (unas cuarenta en la actualidad). En estas ciudades, la riqueza y los procesos económicos nacionales se articulan con una multiplicación de circuitos globales para el mercado decapi- tales, las inversiones y el comercio. La red de ciudades globales constituye un espacio de poder que contiene las infraestructuras y las capacidades necesarias para la gestión de las operaciones internacionales de las empresas y de los mercados globales. Este fenómeno quiebra en parte la antigua división entre Norte y Sur en tanto construye una geografía de la centralidad que incluye importantes ciudades del Sur, aunque su ubicación en la jerar- quía global sea modesta. A nivel concreto, esta nueva geografía constituye el terreno donde los procesos múltiples de globaliza- ción se materializan y se localizan. Las formas localizadas de estos procesos son, en gran medida, la esencia de la globalización. El estudio de las ciudades globales y sus redes contribuye a la com- prensión de cómo se institucionaliza la centralidad espacial y orga- nizativa en la economía global (véanse Abu-Lughod, 1999; Tay- lor, 2004; Harvey, 2007; Fujita et al., 2004; Short y Kim, 1999; Sachar, 1990; Allen et al., 1999; Scott, 2001; Marcuse y Van Kempen, 2000; Gugler, 2004; Ciccolella y Mignaqui, 2002).* 4 Varias de las dinámicas que se aglutinan en el modelo de las ciudades globales fueron objeto de estudio para investigadores dedicados a otras cuestiones. Entre ellos, se encuentran Castells (1983); Walton (1982); Kraetke (1991); Davis (1992); Massey (1984); Harvey (1973; 1989) y Hausserman y Siebel (1987). Otros autores analizaron aspectos estrechamente relacionados con el modelo desde distintas perspectivas, por ejemplo, Cohen (1981); Thrift y Leyshon (1994); Santos et al. (1994); Lo y Yeung (1996) y Komlosy et al. (1997). Una de las mejores reseñas sobre algunas de las cuestiones y los modelos urbanos más importantes, con las correspondientes fuentes, puede encontrarse en la Introducción de Paddison (2001).
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 37 Cuando se elige cómo nombrar una configuración particu- lar, se lo hace con una racionalidad sustancial. La elección del término “ciudad global” (Sassen, 1991-2001; Sassen-Koob, 1982; 1984) no fue azarosa, sino que se fundó en la intención de nom- brar una diferencia: la especificidad de lo global en función de su estructuración actual.> No elegí la opción mas común, “ciu- dad mundial”, porque ésta se refiere precisamente a lo contra- rio, a un tipo de ciudad que ha existido durante siglos (véanse Braudel, 1984; Hall, 1966; King, 1990) y que probablemente exis- tiera en Asia y en los centros coloniales europeos aún antes que en Occidente (Abu-Lughod, 1989; Gugler, 2004). La mayoría de las ciudades globales importantes de la actualidad son tam- bién ciudades mundiales, pero es posible que haya ciudades glo- bales que no sean ciudades mundiales en el sentido más cabal del término. El análisis de estos temas es, en parte, una cues- tión empírica. Es más, con la expansión de la economía global y la incorporación de nuevas ciudades a sus diversas redes, es muy probable que la respuesta a esa pregunta vaya variando. Por ejemplo, el hecho de que Miami haya comenzado a cumplir las funciones de una ciudad global fines de la década de 1980 (Nij- man, 1996; Sassen, 2006b: cap. 4) no la convierte en una ciudad mundial en el sentido tradicional del término. Para explicar la importancia de las ciudades en la institucio- nalización de los procesos económicos globales, propuse cinco 5 En este punto, resulta interesante el análisis de Arrighi (1994), ya que postula la recurrencia de ciertos patrones organizativos en distintas etapas de la economía mundial capitalista, pero cada vez con mayor complejidad y alcance, y programados para proseguir o preceder a ciertas configuraciones particulares de dicha economía. En este sentido, se puede afirmar que las ciudades mundiales existen hace muchos siglos, pero la ciudad global es un concepto mucho más específico en tanto se propone captar la configuración actual e incorporar la enorme complejidad de los sistemas técnico- económicos contemporáneos.
38 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN hipótesis (Sassen, 2001: Prefacio a la nueva edición). En las pri- meras cuatro, la idea era relativizar el discurso dominante que surgió en la década de 1980 sobre la globalización, la tecnología y las ciudades, según el cual, dadas las nuevas tecnologías, para los sectores económicos de punta había llegado el fin de las ciu- dades como unidades económicas o escalas importantes. En ese discurso se tendía a dar por sentada la existencia de un sistema económico global. La intención de estas hipótesis, entonces, fue rescatar la labor de implantación y gestión de esa economía glo- bal para recuperar así la importancia de las ciudades en dicha labor. Según la primera hipótesis, la dispersión geográfica de las actividades económicas que caracteriza a la globalización, junto con la simultánea integración organizacional de dichas activida- des, constituye un factor clave para alimentar el crecimiento y la importancia de las funciones corporativas centrales -los nive- les altos de la gestión—. Cuanto más dispersas entre diferentes países se encuentran las operaciones de una empresa determi- nada, más complejas y estratégicas se tornan sus funciones cen- trales, es decir, sus labores de gestión, coordinación, abasteci- miento de servicios y financiamiento para redes de operaciones. Una segunda hipótesis plantea que estas funciones centrales se tornan tan complejas que un número cada vez mayor de empre- sas globales comienzan tercerizarlas. Las sedes centrales de estas empresas contratan a otras empresas de servicios sumamente especializadas para que cumplan algunas de esas funciones —como el manejo de la contabilidad, los asuntos legales, el financiamiento, las relaciones públicas, la programación, las telecomunicacio- nes, etc.—. Así, mientras que diez años atrás el lugar clave para el cumplimiento de estas funciones centrales era precisamente la sede central de la empresa, hoy existe un segundo lugar: el que ocupan las empresas de servicios especializados contratadas por la sede central para cumplir esas funciones, o parte de ellas. Esto
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 39 se da especialmente en el caso de las empresas que participan en mercados globales y se especializan en operaciones no rutinarias. Sin embargo, existen cada vez más empresas cuyas sedes centra- les tercerizan esas funciones en vez de realizarlas internamente. Una tercera hipótesis sostiene que las empresas de servicios especializados que forman parte de los mercados globales más complejos se benefician de las economías de aglomeración que proveen las ciudades. La complejidad de los servicios que deben brindar, la incertidumbre de los mercados con los que lidian directamente o por intermedio de las sedes centrales para las que prestan servicios y la importancia creciente de la velocidad en todas estas transacciones constituyen una combinación de condiciones que genera una nueva dinámica para los beneficios de la aglomeración. Estos beneficios se encuentran en ciertos tipos de ámbito urbano que funcionan como centro de infor- mación gracias a la combinación de empresas, talento y expe- riencia en una amplia gama de campos especializados. Estar en una ciudad equivale entonces a formar parte de un circuito de información con un gran nivel de intensidad y densidad. Según la cuarta hipótesis, que deriva de la anterior, cuanto más tercerizan las empresas sus funciones de mayor complejidad y menos normalizadas —en especial, las que quedan sujetas a la velo- cidad, la incertidumbre y los cambios rápidos en los mercados-, más libertad tienen dichas empresas para optar por cualquier ubi- cación, dado que la mayor parte de los trabajos que siguen reali- zándose en la sede central ya no requieren de las economías de aglomeración. Esto pone aun más en relieve que el sector donde se concretan las ventajas comparativas de las ciudades globales es el de los servicios en red sumamente especializados. 6 Al plantear esta hipótesis, se responde ala noción muy difundida de que el indicador de una ciudad global es el número de sedes centrales de
40 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Por último, la quinta hipótesis es que las empresas de servi- cios especializados necesitan brindar un servicio global, con lo que acaban por formar una red internacionalde filiales o sucur- sales, lo que fortalece las redes y las transacciones transfronte- rizas entre ciudades. Podría afirmarse que éste es el nacimiento de los sistemas urbanos transnacionales. Entre los fenómenos que señalan la existencia de una serie de redes transnacionales de ciudades, se encuentran el crecimiento de los mercados glo- bales financieros y de servicios especializados, la necesidad de las redes transnacionales de servicios debido al importante aumento en las inversiones internacionales y la reducción en las funciones estatales para la regulación de la actividad económica internacional, con el correspondiente ascenso de otras institu- ciones, como los mercados globales y las sedes empresariales. Un corolario de todo esto es el hecho de que los principales cen- tros comerciales del mundo derivan su importancia de estas redes transnacionales. La ciudad global no existe como enti- dad por sí misma, sino por su conexión con otras ciudades, y en este sentido se da una gran diferencia con las antiguas capi- tales de los imperios. Resulta esencial para estas hipótesis sobre la arquitectura orga- nizativa de la economía global postular que ésta posee al mismo tiempo cierta predisposición para una gran dispersión y movi- lidad geográfica, pero también para una concentración territo- rial muy pronunciada de los recursos necesarios de gestión y empresas. Es posible que, desde el punto de vista empírico, aún sean los centros comerciales más importantes los que poseen la mayor concentración de sedes centrales, pero no sería extraño que esto sucediera debido a la escasez de opciones para ubicaciones alternativas. En los países que cuentan con infraestructuras bien desarrolladas por fuera de los centros comerciales más importantes, existen múltiples opciones de ubicación para las sedes centrales de las empresas.
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 41 de prestación de servicios. Las actividades de gestión y de pres- tación de servicios para gran parte del sistema económico glo- bal se realizan en esta red cada vez más grande de ciudades glo- bales y ciudades o regiones que poseen una cantidad limitada de funciones globales. El crecimiento de estas actividades glo- bales acarrea una inmensa expansión y la modernización de las áreas urbanas centrales, incluso mientras la pobreza y el dete- rioro de la infraestructura afectan cada vez más a amplias zonas de esas mismas ciudades. Si bien esta nueva función sólo atañe a algunos componentes de las economías urbanas, ha contri- buido a generar un reposicionamiento de las ciudades, tanto en el plano nacional como en el plano global. La intensidad de las transacciones entre estas ciudades, especialmente en mate- ria de finanzas, servicios e inversiones, se ha incrementado de manera sustancial, y lo mismo ha sucedido con su magnitud. En ellas puede detectarse la formación, al menos incipiente, de sistemas urbanos transnacionales. En la actualidad, se podría conjeturar que los principales centros comerciales del mundo derivan su importancia, en gran medida, de su participación en estas redes transnacionales. El sistema transnacional urbano es, en parte, una estructura organizativa para las operaciones transfronterizas. Es cierto que los procesos económicos transfronterizos, como el flujo de capi- tales, de mano de obra, de materia prima y de turistas, existen hace años, y en ese sentido el surgimiento actual de las redes interurbanas no es novedoso. Sin embargo, en la historia se regis- tran enormes fluctuaciones en el grado de apertura de las for- mas organizativas en las que se daban dichos flujos. Durante los últimos cien años, el sistema interestatal fue la forma organi- zativa dominante de los flujos transfronterizos enla mayor parte del mundo, y los estados-nación fueron actores clave en ese marco. Ahora bien, esta condición ha sufrido cambios drásticos
42 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN a partir de la década de 1980, con una modificación vertiginosa en la década de 1990 gracias a las privatizaciones, la desregula- ción, las nuevas tecnologías de la información, la apertura de las economías nacionales y la creciente participación de los acto- res económicos nacionales en los mercados globales. La arqui- tectura organizativa de los flujos transfronterizos que surge de estos reposicionamientos y articulaciones sólo se adapta en parte al sistema interestatal, y a menudo, y cada vez con mayor inten- sidad, se aparta de él. En la actualidad, la función de articula- ción no la cumplen sólo los estados-nación, sino también las empresas y los mercados cuyas operaciones globales se ven posi- bilitadas por las nuevas políticas y normas transfronterizas que dictan dichos estados, a veces voluntariamente y a veces no tanto (véanse Panitch, 1996; Gill, 1996; Ferguson y Jones, 2003; Hall y Biersteker, 2002). El crecimiento delas redes transfronterizas entre las ciudades globales se da en una gran variedad de esferas: la política, la cul- tural, la social y la penal. Estas formas de articulación extraes- tatal presentan múltiples referentes empíricos, que pueden divi- dirse en distintos componentes. Entre los componentes económicos se encuentran el aumento en la cantidad de fusio- nes y adquisiciones internacionales, la ampliación en las redes de filiales extranjeras y el incremento en el número de centros financieros nacionales que se incorporan al mercado financiero global. Asimismo, se detecta una proliferación de circuitos glo- bales para actividades económicas especializadas, lo que contri- buye a la constitución de nuevas escalas, pero a la vez se nutre de esa proliferación. Un segundo tipo de referente empírico es el crecimiento de la variedad de vínculos transfronterizos entre las comunidades de inmigrantes y las comunidades en los paí- ses de origen, así como el aumento en la intensidad de uso de estas redes una vez creadas (por ejemplo, para transacciones eco-
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 43 nómicas que antes resultaban prácticamente imposibles). Tam- bién se ha registrado un incremento en el uso de las redes trans- fronterizas con fines culturales, ya sea de carácter económico o artístico, como el crecimiento de los mercados internacionales del arte y el surgimiento de los curadores transnacionales. Por otra parte, se han constituido redes con fines políticos no for- males, como lo demuestra el aumento de las redes transnacio- nales de ambientalistas, defensores de los derechos humanos, etc. Todas ellas son redes transfronterizas entre ciudades, o qui- zás en la actualidad resulte más sencillo detectar la existencia y las modalidades de estas redes a nivel local. Lo mismo puede decirse de las nuevas redes delictivas internacionales, ya sea de narcotraficantes, terroristas o traficantes de seres humanos. Éste es uno de los procesos que explican por qué cada vez más ciu- dades cumplen la función de vincular de manera directa las sociedades y las economías nacionales con circuitos globales. A medida que las transacciones transfronterizas de todo tipo van creciendo, también crecen las redes que articulan conjuntos urbanos particulares (véase Taylor, 2004; Amen et al., 2006; Lo y Yeung, 1996), lo que a su vez contribuye a la formación de geo- grafías transfronterizas específicas donde se enlazan grupos espe- cíficos de ciudades. El resultado es una reformulación de las escalas en términos de los lugares estratégicos que articulan el nuevo sistema. Con el debilitamiento o la desarticulación parcial de lo nacional en tanto unidad espacial se dan las condiciones necesarias para que asciendan otras escalas y unidades espaciales (véanse Taylor, 1995; Sum, 1999; Brenner, 1998, 2004; Harvey, 2007). Entre ellas, puede mencionarse la escala subnacional, y más especialmente las ciudades y las regiones, así como las zonas transfronterizas que abarcan dos o más entidades subnacionales, y las entida- des supranacionales, tales como los mercados electrónicos glo-
44 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN bales y las comunidades económicas de libre comercio. En prin- cipio, las dinámicas y los procesos quese territorializan en estas múltiples escalas pueden ser regionales, nacionales o globales. Esta reformulación de las escalas tiene ciertas consecuencias para el control de los flujos y las transacciones que circulan entre las redes generalizadas o particulares de ciudades, sean éstas globa- les o no. Aunque las redes se encuentran parcialmente insertas en los territorios nacionales, ello no implica que los marcos regula- dores existentes a nivel nacional puedan regularlas. Las funcio- nes de regulación se están transfiriendo cada vez más a un con- junto de redes reguladoras transfronterizas emergentes o fortalecidas, lo que se ve acompañado por el desarrollo de una amplia gama de normas que organizan el comercio mundial y el sistema financiero global. Funciones que antes correspondían exclusivamente a los marcos jurídicos nacionales están comen- zando a desplazarse a ciertos organismos reguladores semiau- tónomos que forman redes transfronterizas especializadas, a menudo semiprivadas, cuyas normas empiezan a reemplazar las reglas del derecho internacional. Este último punto está relacionado con uno de los temas fun- damentales del presente libro: los desafíos teóricos y empíricos que surgen cuando se analizan los fenómenos globales emplaza- dos dentro del Estado-nación. Cuando se estudian las ciudades globales y sus redes transfronterizas cobran protagonismo las cuestiones empíricas, ya que las primeras están ubicadas dentro de territorios nacionales. Esto significa que en última instancia el movimiento de los diversos flujos entre ciudades globales tam- bién “aterriza” sobre lo nacional. Es posible que resulte difícil tra- zar un mapa empírico de este fenómeno, ya que la mayoría de los conjuntos de datos existentes sobre los movimientos trans- fronterizos se centran en el flujo de capitales, información, per-
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 45 sonas y otras entidades entre estados-nación y no entre ciuda- des individuales. Por ello, surge la necesidad de construir nue- vos conjuntos de datos para poder rastrear dichos movimientos. La contribución más importante a este esfuerzo es el trabajo de Peter Taylor y colaboradores a través de la formación de Gru- pos de Estudios y Red cawc (Globalization and World City). Recientemente, Alderson y Beckfield (2004) han desarrollado una nueva metodología y datos empíricos para el análisis de las ciudades emplazadas en redes transfronterizas (véase el debate que será publicado en American Journal of Sociology). Para la construcción de estos nuevos conjuntos de datos pue- den ser útiles los métodos cualitativos y cuantitativos que se emplean en ciencias sociales, por ejemplo en sociología. Los investigadores han comenzado a abordar esta tarea mediante el estudio de tales formaciones como nodos individuales (Alder- son y Beckfield, 2004) o mediante el análisis de flujos interno- dales (Taylor, 2004; ambos enfoques se encuentran ejemplifi- cados, en diversos estudios, en Sassen, 2002 y 2007). El estudio de los nodos individuales puede revelar cómo se articulan en redes más amplias los componentes de una ciudad determinada, por ejemplo, sus empresas y mercados (Guy Tang, 2002; Meyer, 2002; Taylor et al., 2002). Los métodos cualitativos de investi- gación pueden servir para analizar con mayor profundidad las culturas globalizadoras específicas que pueden darse en una ciu- dad (véase Krause y Petro, 2003; Hill, 2007; Peterson, 2007), así como lastareas cotidianas y las actividades políticas que hacen a la producción y el mantenimiento de una ciudad global (véanse Simmonds y Hack, 2000; Rutherford, 2004; Samers, 2002; Amen et al., 2006). La investigación sobre las redes transfronterizas de ciudades globales ha brindado información sobre los víncu - los entre dichas ciudades y las jerarquías de este sistema (Smith y Timberlake, 2002; Taylor et al., 2002). Los métodos cuantita-
46 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN tivos, por su parte, han permitido examinar los movimientos entre ciudades con datos provenientes del flujo de tráfico aéreo (Smith y Timberlake, 2002; Derudder y Wiltox, 2005), las vin- culaciones interempresariales e intraempresariales (Taylor et al., 2002; Ernst, 2005) y los flujos de información (Mitchelson y Wheeler, 1994; García, 2002). No obstante estas contribucio- nes, es preciso seguir investigando para desarrollar un pano- rama más completo de estas redes transfronterizas y sus nodos. Las ciencias sociales en general, y la sociología en particular, con sus diferentes métodos cualitativos y cuantitativos, son de gran utilidad en la especificación empírica de estas formaciones glo- bales emergentes, tanto en los conjuntos de datos existentes como a través de la creación de nuevos conjuntos de datos que eviten caer en un nacionalismo metodológico que podría dificultar el estudio de dichas formaciones. LA DESNACIONALIZACIÓN DE POLÍTICAS DE ESTADO Y LA PRIVATIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN DE NORMAS Cada apartado de este capítulo ha subrayado el carácter proble- mático de la concepción de lo nacional y lo global como dos entidades que se excluyen mutuamente. Esta concepción se ve claramente cuestionada por la importancia de las ciudades glo- bales como territorios estratégicos para captar los procesos glo- bales y por la existencia de entidades locales que interactúan de manera directa con las redes globales y que ya no tienen que pasar por el Estado nacional para llegar a lo global. En gran medida, la economía global se materializa en los territorios nacio- nales; su topografía oscila entre el espacio electrónico y lugares específicos de dichos territorios. Las ciudades globales son espa-
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 47 cios donde la economía global es organizada, gestionada y finan- ciada. Cada vez más los procesos globales pueden prescindir de la jerarquía de los estados-nación y articularse directamente con cierto tipo de territorios y actores locales. Aunque todo esto en realidad no altera las fronteras geográ- ficas del territorio nacional, sí cambia el significado de la auto- ridad exclusiva del Estado sobre dicho territorio. En tanto que instituciones, los estados-nación participan cada vez más en la implantación del sistema económico global. Este reposiciona- miento del Estado nos plantea la posibilidad de condiciones par- ticulares que en la actualidad diferencian la ejecución de ese papel respecto de la función cumplida en etapas anteriores de la economía mundial. Si bien en muchos sentidos se trata de una cuestión de interpretación, aquí se sostiene que, en efecto, el período actual presenta ciertas características distintivas, aun- que no se trata de una nueva función del Estado, sino de una función transformada y expandida. Con el correr de lossiglos, la obra de los estados o raison d'État (la racionalidad sustantiva del Estado) ha pasado por muchas encarnaciones, cada una de las cuales tuvo sus conse- cuencias. Hoy en día, el contenido de sus componentes especí- ficos y sus condicionalidades son muy diferentes a lo que fue- ron en el período precedente, el de la posguerra. Algunos de estos cambios se reflejan con claridad cuando se compara la imagen del Estado actual —neoliberal o competitivo— con la del Estado de bienestar posterior a la Segunda Guerra. Por un lado, existe un conjunto de leyes bien desarrolladas, redactadas en gran medida durante los últimos cien años para garantizar la auto- ridad territorial exclusiva de los estados-nación en un nivel nunca visto enlos siglos anteriores. Por otro lado, especialmente durante la década de 1990, tiene lugar una institucionalización consi- derable de los “derechos” de las empresas multinacionales, la
48 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN desregulación de las operaciones transfronterizas y el aumento del poder o la influencia de algunas organizaciones supranacio- nales. Si al garantizar esos derechos, esas facultades y esos pode- res se produjo una renuncia, aunque sea parcial, a ciertos ele- mentos de la autoridad estatal construida en el siglo anterior, entonces es posible afirmar que están dadas las condiciones para una transformación del rol del Estado. Además, este proceso señala una participación necesaria por parte de los estados en el fenómeno de la globalización (Aman, 1998; Sassen, 1996). Con frecuencia los cambios en las condiciones del Estado se explican en términos de una disminución de su capacidad de regulación a causa de políticas que promueven la globaliza- ción económica. En general, se usan palabras como “desregu- lación” y “liberalización financiera y comercial” para describir las modificaciones de la autoridad estatal en una gran varie- dad de mercados, sectores económicos y fronteras nacionales. En este desplazamiento de la autoridad también puede incluirse la privatización de las empresas públicas. El problema con estos términos es que sólo reflejan la renuncia del Estado a regular su propia economía, pero no registran las nuevas modalidades de participación del Estado en la creación de nuevos marcos a través de los cuales se potencia la globalización, ni captan las correspondientes transformaciones en el interior del Estado. Son ésas, precisamente, las dos cuestiones que se pretende ana- lizar en este apartado y en el capítulo siguiente. Por lo tanto, la noción de una disminución general de la pre- sencia del Estado no es suficiente para dar cuenta del proceso claramente distintivo que supone esta nueva geografía del poder. Lo que se está produciendo es una reconfiguración del rol esta- tal y un reposicionamiento del Estado en un campo de poder más extenso, que se constituye, por una parte, mediante la for- mación de un nuevo orden institucional privado que surge de
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 49 la formación de una economía global, y, por otra parte, mediante la mayor importancia de diversos órdenes institucionales dedi- cados a varios aspectos del bien común en su sentido más amplio, como la red internacional de onG y el régimen internacional de los derechos humanos. En el nivel teórico, esta nueva geogra- fía del poder requiere que se capten y se conceptualicen una serie de operaciones específicas realizadas en ámbitos instituciona- les nacionales, que antes estaban orientadas a proyectos de esta- dos nacionales pero que hoy se orientan a proyectos extranacio- nales o transnacionales. En lo que respecta a esta concepción del Estado surgen dos cuestiones fundamentales. Por un lado, se plantea la pregunta sobre el carácter de la participación estatal: es decir, si el papel del Estado se limita a reducir su propia autoridad (como lo sugie- ren, por ejemplo, los términos “privatización”, “desregulación” y “disminución de la intervención gubernamental”) o si tam- bién consiste en producir nuevos tipos de reglamentos, leyes, medidas judiciales y, en general, toda una nueva clase de “lega- lidad”. Por otro lado, surge la pregunta sobre cómo esta parti- cipación en el proceso de globalización se da en diferentes esta- dos. Es decir que estados como el de Gran Bretaña o el de los Estados Unidos producen, en efecto, la formulación de esta nueva legalidad, basada en ciertos aspectos especiales que derivan de 7 Aunsi se limita el planteo alos estados en los que rige efectivamente el imperio de la ley, es preciso aclarar que existen diferencias considerables en el poder de los distintos estados. Como ya se ha dicho más de una vez, el gobierno de los Estados Unidos puede imponer condiciones a los mercados globales y a los estados participantes que el gobierno de la Argentina, por ejemplo, no puede imponer. Sin embargo, los países menos poderosos tienen opciones, como lo demuestra Datz (2007) precisamente para el caso de la Argentina. 8 Utilizo el término “legalidad” para distinguir este fenómeno de la noción más profunda de “derecho” o “jurisprudencia” (Sassen, 1996: cap. 1).
50 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN las prácticas contables y del derecho comercial anglosajón, y la imponen a otros estados gracias a las aperturas, voluntarias o no, características de la etapa actual de la globalización; esto, a su vez, genera e impone una serie de limitaciones específicas para todos los estados participantes.” Las leyes, los decretos del Poder Ejecutivo, la adhesión a los nuevos estándares técnicos internacionales y otros elementos similares se generan en las estructuras políticas e institucionales específicas de cada Estado participante." Para responder la primera pregunta es necesario analizar la participación del Estado en los procesos globales. Una de las fun- ciones del Estado antela internacionalización económica ha sido negociar la intersección entre el derecho nacional y las activida- des de los actores económicos extranjeros (empresas, merca- 9 Este dominio asume distintas formas y no afecta sólo alos países más pobres o más débiles. Francia, por ejemplo, es uno de losprincipales proveedores europeos en materia de servicios informáticos y de ingeniería industrial, y tiene una posición fuerte, si no destacada, en materia de seguros y servicios financieros. Sin embargo, se encuentra en desventaja en materia de servicios contables y jurídicos porque las transacciones internacionales están reguladas por las normas y las leyes angloamericanas. Por lo tanto, los servicios jurídicos de las empresas nacionales y multinacionales que operan desde Francia quedan a cargo de empresas angloamericanas con oficinas en París. En el mismo sentido, el derecho anglosajón se impone cada vez más en el ámbito del arbitraje comercial internacional, que originalmente se fundó sobre la base de tradiciones jurídicas continentales, como la francesa y la suiza. 10 Si bien es un dato conocido, no está de más recordar que esta garantía de los derechos delcapital está inmersa en un tipo determinado de Estado, con una noción determinada de los derechos del capital y un tipo determinado de régimen jurídico internacional. En general, es una garantía inmersa en el Estado de los países más poderosos y desarrollados del mundo, con una concepción occidental de los derechos contractuales y del derecho de propiedad y con regímenes jurídicos nuevos que apuntan a potenciar la globalización económica. Un ejemplo de ello sería la presión para que todos los países adopten el mismo régimen de derechos de propiedad intelectual.
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 51 dos y organizaciones supranacionales) en el territorio nacional, así como las actividades de sus propios actores económicos en el extranjero. En el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, el gobierno ha emitido medidas legislativas, decretos presidencia- les y resoluciones judiciales que les permiten a las empresas extranjeras operar en su territorio y a los mercados nacionales que se vuelvan internacionales. Un ejemplo de esta participación del Estado se hace evidente en el caso de los bancos centrales. Aunque en principio se trata de instituciones nacionales dedicadas a cuestiones nacionales, en los últimos diez años se han convertido en el espacio insti- tucional en que se implementan las políticas monetarias nece- sarias para promover el desarrollo del mercado global de capi- tales y, en términos más generales, el crecimiento del sistema económico global. La nueva condicionalidad de este sistema eco- nómico global, cuyos requisitos deben cumplirse para que un país se integre al mercado global de capitales (y para globalizar ese mercado), tiene como elemento clave la autonomía de los bancos centrales." Esto facilita la tarea de instituir cierto tipo de políticas monetarias que, por ejemplo, privilegian el control de la inflación por sobre la creación de empleos, incluso en los casos en que el presidente prefiere lo contrario, sobre todo cuando busca ser reelecto. Si bien es cierto que la instauración de esta 11 Si bien esta autonomía se da por sentada en los Estados Unidos y en el caso de la mayor parte de los miembros de la Unión Europea, existen muchos países donde el Poder Ejecutivo o las oligarquías nacionales ejercen hace años una influencia excesiva sobre los bancos centrales, que por cierto a menudo favorecía alos trabajadores, pues se privilegiaba la creación de empleos, sobre todo en épocas de elecciones, aun cuando el costo fuera un aumento en las tasas de inflación; hoy en día seprivilegia el control de la inflación, incluso si con ello se pierden puestos de trabajo. De hecho, antes de la formación del Banco Central Europeo, el Banco Central francés no se consideraba autónomo del Poder Ejecutivo.
52 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN autonomía ha servido para erradicar ciertos tipos de corrup- ción, también lo es que ha funcionado como vehículo para que los estados-nación se adapten a los requerimientos del mercado global de capitales. Asimismo, es posible realizar un análisis para- lelo sobre los ministerios de Economía (o el Tesoro de los Esta- dos Unidos), que han debido imponer políticas fiscales que redu- cen los costos sociales del Estado, otro de los requisitos que plantea la globalización económica. Esta adaptación los intereses de las empresas y de los inver- sores extranjeros en una situación en que la mayoría de los domi- nios institucionales de cada país se consideran “nacionales” implica una negociación,” que, en la etapa actual de la globali- zación, describo como una desnacionalización, a menudo alta- mente especializada y parcial, de varios componentes institu- cionales del Estado.3 La hipótesis que se plantea aquí es que algunos componentes de estas instituciones, que conservan for- malmente su carácter nacional, en realidad han dejado de ser nacionales en el sentido histórico del término —es decir, el del surgimiento del Estado regulador, especialmente en Occidente—. Pese a que fueron implementadas de manera imperfecta, con una exclusión frecuente de las minorías nacionales, las políti- cas keynesianas tuvieron como objetivo fortalecer la economía “nacional”, la capacidad de consumo “nacional” y la educación 12 En términos de investigación y producción teórica, éste es un terreno enorme que no ha sido explorado. Para ello, habría que examinar los procesos de producción y legitimación del fenómeno. Además, es posible que existan variaciones de un país a otro, que habrá que establecer, medir e interpretar. 13 Al crear el concepto de “desnacionalización” en el marco de las Memorial Schoff Lectures (1996), la idea era denotar una dinámica específica, y no presentar una noción general que pudiera utilizarse como sinónimo de posnacionalización, globalización u otros términos similares. Sobre este tema, véase el debate en Indiana Journal of Global Legal Studies, Special Issue on Denationalized Citizenship (2000).
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 53 de la fuerza de trabajo “nacional”; en este sentido, constituyen un buen ejemplo del significado histórico de lo “nacional”. Obvia- mente, existen diferencias enormes entre país y país, tanto en términos de la importancia de dicho proyecto nacionalizador como en términos del período concreto en que fue implan- tado. El punto clave aquí es que actualmente ciertos componen- tes de las políticas y las tareas del Estado han lanzado un pro- yecto des-nacionalizador. ¿Cómo manejan los estados esta participación en el proceso global? Un elemento fundamental del análisis que aquí se pre- senta es que el consenso creciente, y con frecuencia impuesto, que se da en la comunidad de estados con respecto a estas políticas desnacionalizadoras no es una mera decisión política, sino que supone un tipo de labor específica por parte de esos estados. El consenso obliga a los estados a realizar determinadas labores. No se trata de una simple decisión. Es más, esta tarea de los esta- dos tiene un resultado paradójico, ya que su efecto es la desesta- bilización de algunos componentes del poder estatal. Se observa que el Estado incorpora el proyecto global a través de la disminu- ción de su propia intervención en la regulación de las transac- ciones económicas en su territorio y en sus fronteras. Así, es posi- ble concebir el Estado como una capacidad técnica administrativa que, por ahora, ninguna otra institución logra generar. Es más, se trata de una facultad respaldada por el poder militar, que en el caso de algunos estados incluso es un poder global. Desde la pers- pectiva de las empresas multinacionales, su objetivo es garanti- zar que las funciones tradicionalmente ejercidas por el Estado en el ámbito nacional de la economía —como la protección del derecho de propiedad y de los derechos contractuales— se hagan extensivas a las empresas extranjeras que logran acceso ese terri- torio. Existen varias opciones para alcanzar este objetivo. En cierta medida, la función de ofrecer garantías está comenzando a pri-
54 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN vatizarse, como se advierte, por ejemplo, en el crecimiento del uso del arbitraje (privado) internacional en el ámbito comercial, así como enel desarrollo de nuevos órdenes institucionales privados que hoy se encargan de aspectos que en un pasado reciente eran función del Estado.** Como poder hegemónico de este período, el gobierno de los Estados Unidos ha conducido o forzado a otros estados a adoptar las obligaciones, ya mencionadas, con el capi- tal global y, como consecuencia, ha contribuido a intensificar las fuerzas que pueden amenazar o desestabilizar aquello que histó- ricamente se entiende por poder estatal.> Ya sea que el análisis se concentre en los estados individuales o en el consenso creciente dentro de la comunidad de estados, puede afirmarse que ha comenzado a funcionar un conjunto de dinámicas estratégicas y de transformaciones institucionales. Es posible que éstas incorporen un pequeño número de organis- mos y unidades estatales, algunas propuestas legislativas y decre- tos ejecutivos, pero aun así tienen el poder para instituir una nueva normatividad en el seno del Estado; este poder es, en parte, la resultante de que dichos sectores estratégicos entran en inter- acciones complejas con otros actores poderosos, privados y trans- nacionales. El fenómeno ocurre en distinta medida en un número creciente de países, incluso sin una modificación importante del aspecto formal del aparato institucional delos estados. (La iner- cia de las organizaciones burocráticas significa un gran aporte a esta continuidad de lo formal.) El concepto que uso aquí para nombrar dicha transformación es el de “desnacionalización” o, más precisamente, el de la desnacionalización parcial e incipiente de ciertos órdenes institucionales y ciertas políticas estatales alta- 14 Sobre el arbitraje internacional, véase Dezalay y Garth (1996); sobre la autoridad privada, véanse Cutler et al. (1999), Aman (1998), y Hall y Biersteker (2002). 15 Véanse, por ejemplo, el argumento de Arrighi (1994) y el debate en Davis (1999).
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 55 mente especializados. Desde el punto de vista de la investiga- ción, resulta necesario decodificar qué tienen de “nacionales” (en el sentido histórico del término) estos órdenes institucio- nales especializados que funcionan dentro del Estado (Sassen, 20064: cap. 4). El modo en el que se ha desarrollado esta participación del Estado trajo aparejado un fortalecimiento del poder y de la legi- timidad de los procesos, que o han privatizado o han desna- cionalizado ciertos componentes de la autoridad estatal. A raíz de esto, surge un nuevo orden con capacidad para la goberna- bilidad y con un gran poder estructural, que ayuda reforzar las ventajas de ciertos actores económicos y políticos, y a debilitar las de otros. Se trata de un fenómeno muy parcial, no univer- sal, pero a la vez estratégico, ya que ejerce una enorme influen- cia sobre amplias esferas del ámbito institucional nacional y del funcionamiento cotidiano de los planos económico y social, sin necesidad de rendir cuentas alos sistemas democráticos for- males. Si bien este nuevo orden institucional se encuentra par- cialmente inmerso en los ámbitos institucionales del Estado, se diferencia deellos. Por ende, su identificación requiere una deco- dificación de aquello que es nacional en lo que históricamente ha sido considerado como tal. Este nuevo orden institucional en el seno del Estado nacional, casi exclusivamente privado, posee varias características que es posible identificar. En primer lugar, interesa subrayar su capaci- dad de privatizar lo que hasta ahora era público y de desnacio- nalizar ciertos componentes de la autoridad y de las políticas de Estado. Esta capacidad de privatizar y desnacionalizar supone ciertas transformaciones específicas en el Estado, y más precisa- mente en algunos de sus componentes. En segundo lugar, dicho orden también cuenta con autoridad normativa, lo que genera una nueva normatividad por fuera de la existente hasta ahora y
56 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN que, en cierta medida, sigue siendo la principal normatividad del período moderno, es decir, la raison d'État. Esta nueva nor- matividad proviene del ámbito privado, pero se instala en el domi- nio público, y con ello contribuye a ese proceso desnacionaliza- dor. En tercer lugar, determinados componentes institucionales del Estado comienzan a funcionar como espacio institucional para la operación de las poderosas dinámicas que hoy constitu- yen el “capital global” y el “mercado global de capitales”. Como consecuencia, esos componentes institucionales estatales reorien- tan sus propias actividades en materia de políticas y, en un sen- tido más amplio, las políticas de Estado— hacia los requisitos de la economía global; podemos retomar entonces la pregunta sobre qué es “nacional” en los componentes institucionales del Estado que se vinculan con la implantación y la regulación de la econo- mía global (para datos y fuentes, véase Sassen, 2006a: cap. 5). Tanto los cambios en el interior del Estado como el nuevo orden institucional privado son fenómenos parciales e inci- pientes, pero a la vez estratégicos, pues tienen como objetivo gobernar ciertos aspectos clave de la economía global. Ambos fenómenos tienen la capacidad de alterar componentes funda- mentales de la “democracia liberal”, así como el marco organi- zativo del derecho internacional, su alcance su grado de exclu- sividad. En efecto, pueden modificar el alcance de la autoridad estatal y del sistema interestatal, dos dominios fundamentales para poner en práctica el “imperio de la ley”. No se trata aquí del fin de los estados, sino del hecho de que en el nuevo orden ins- titucional el Estado no es ya el único actor, o el actor más estra- tégico, y, en segundo lugar, de una transformación profunda de algunos componentes institucionales del Estado, incluso en el caso de los estados dominantes. Es probable que ambas ten- dencias agraven el déficit democrático en el interior del Estado- nación y fortalezcan aun más la “legitimidad” de ciertos tipos
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 57 de normas y de reclamos, especialmente los de los grandes acto- res económicos globales. En síntesis, lo que aquí se plantea es que la tensión entrea) la inserción necesaria, si bien parcial, de la globalización en los territorios y las instituciones nacionales, y b) el complejo sis- tema jurídico y administrativo que ha construido la autoridad exclusiva de los estados soberanos sobre su territorio nacional, ha sido en parte negociada mediante 1) procesos de desnacio- nalización institucional parcial en el interior del Estado y de la economía nacional, y 2) la formación de un orden institucio- nal privado intermediario que se ubica sólo parcialmente den- tro del sistema interestatal y que, en realidad, está transfor- mándose en un ámbito institucional paralelo donde se manejen las operaciones transfronterizas.'* En materia de investigación, esto genera la necesidad de establecer cuáles son las nuevas con- dicionalidades territoriales e institucionales bajo las cuales, en la actualidad, funciona el Estado democrático. CONCLUSIÓN Este capítulo se centró en ciertas dinámicas y procesos globales que presentan características sociológicas múltiples. En líneas 16 Es posible trazar un paralelo con una esfera muy diferente de la actividad estatal y los procesos transnacionales: el rol de los tribunales nacionales en la inserción (inicialmente a nivel de interpretación de casos) de normas del régimen internacional de los derechos humanos; un segundo caso es el hecho de que las nuevas constituciones desarrolladas en la década de 1990 limitan la autoridad que el Estado nacional ha tenido históricamente de constituirse en el representante exclusivo de su pueblo en los foros internacionales (véase Sassen, 20064: caps. 6 y 8).
58 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN generales, pueden distinguirse tres objetos de estudio. El pri- mero es el fenómeno por el cual las dinámicas globales se vuel- ven endógenas o se instalan en lo local, con la consiguiente deli- mitación de un campo concreto para la investigación; ejemplo de ello es un cierto tipo de territorio, como el de la ciudad glo- bal. El segundo objeto de estudio reside en las formaciones globa- les que se articulan con actores, culturas o proyectos determi- nados, con la consiguiente delimitación de un campo para la investigación que requiere negociar una particular escala global y una particular escala local, ejemplo de lo cual son los merca- dos globales. El tercer objeto de estudio es el proceso de desna- cionalización de aquello que históricamente se consideraba nacional y que tal vez se siga percibiendo, representando y codi- ficando como tal, y que si bien genera un campo para la inves- tigación dentro del marco nacional, debe ser decodificado, como es el caso de aquellos componentes estatales que producen ins- trumentos esenciales para los actores económicos globales. Estas tres instancias abarcan una gran variedad de fenómenos socio- lógicos, a menudo de diversos linajes. No obstante esta diversi- dad, esos fenómenos no necesariamente se excluyen unos a otros, y pueden, en efecto, constituir nuevos ensamblajes y por ende nuevos objetos de estudio. Hay una serie de tareas de investigación y de producción teórica que atraviesan esta variedad de objetos de estudio. En los siguientes capítulos se analizan algunas de estas tareas en el marco de una producción intelectual con diversas tendencias y en distintas disciplinas. En algunos casos, el punto central serán los procesos y las condiciones manifiestamente globales, mien- tras que en otros se tratará de los procesos y las condiciones loca- les o nacionales, aunque en todos ellos el objetivo será captar los aspectos más sociales de dichos procesos y así contribuir a un análisis sociológico.
ELEMENTOS PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN | 59 Las actividades de investigación y de producción teórica se ven impulsadas al menos por algunas de las siguientes inquie- tudes. En el plano más general, se trata, en primer lugar, de esta- blecer nuevas o adicionales dimensiones para señalar la espa- cialidad de lo nacional y la espacialidad de lo global. Así, pues, hay estructuraciones de lo global que, en efecto, se localizan en el interior del Estado y de otras instituciones nacionales, o en territorios delimitados por marcos jurídicos, administrativos y culturales que corresponden al nivel de lo nacional. Aquello que se representa y, en cierta medida, se cosifica en tanto escala nacio- nal puede contener una simultaneidad de escalas, espacios y rela- ciones, algunas de las cuales son nacionales en el sentido histó- rico del término, y otras han sido desnacionalizadas o están transformándose en globales. De la segunda inquietud se desprende la necesidad de reali- zar un análisis crítico del modo en que se conceptualiza lo local y lo subnacional. El objetivo aquí es detectar aquellas instan- cias que típicamente se representan y se perciben como “sim- plemente locales” cuando en realidad contienen múltiples esca- las y han sido desnacionalizadas, aun si constituyen una pequeña parte de lo local. Las versiones multiescalares de lo local que se estudian en los capítulos siguientes sirven para desestabilizar la noción de contexto —frecuentemente un presupuesto de lo local, así como la noción de que la cercanía física es uno de los atributos de lo local. Más aun, una reconceptualización crí- tica de lo local en estos términos supone un rechazo al menos parcial de la idea de que las escalas locales se encuentran inevi- tablemente insertas en jerarquías centradas en el Estado, donde se asciende de lo local a lo regional, de ahí alo nacional y final- mente alo internacional. Los espacios y las prácticas locales pue- den constituir sistemas multiescalares que funcionan simultá- neamente a través de distintas escalas, es decir que no se limitan
60 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN a ascender a una escala más amplia gracias a las nuevas tecno- logías de comunicación. La tercera inquietud surge de los desafíos conceptuales plan- teados por las interacciones específicas entre las dinámicas glo- bales y determinados componentes de lo nacional. En este caso, la variable fundacional es la inserción parcial de lo global en lo nacional; la ciudad global constituye una instancia muy com- pleja y tal vez emblemática de esta instancia. El planteo princi- pal aquí es que dicha inserción genera una variedad de negocia- ciones, en tanto algunas estructuras específicas de lo global habitan lo que históricamente se concibe e institucionaliza como nacional, y contribuyen en parte a constituirlo. En la actualidad, un resultado evidente de estos fenómenos es la desnacionaliza- ción incipiente, parcial y sumamente especializada de determi- nados componentes del Estado-nación. Análisis de este tipo traen a primer plano las particularidades de cada Estado en materia de su interacción con las fuerzas de la globalización. Aunque la mayoría de los gobiernos han terminado ejecutando políticas que facilitan la globalización económica, esto no implica que no existan diferencias institucionales en el proceso de adaptación, y es esta particularidad la que se desea resaltar aquí. Algunos estados, por ejemplo, presentan cierta resistencia, mientras que otros asienten sin demora. Para comprender esta interacción entre las fuerzas nacionales y las fuerzas globales se requieren múltiples y detallados estudios de los modos en que cada país manejó e institucionalizó esta negociación.
2 El Estado frente a la economía elobal y las redes digitales El análisis académico sobre la relación entre el Estado y la glo- balización presenta tres posiciones básicas: la primera postula que la globalización victimiza al Estado y disminuye su impor- tancia; la segunda plantea que es poco lo que ha cambiado y que, en última instancia, los estados siguen haciendo lo que siem- pre han hecho; y la tercera —una variante de la segunda— sos- tiene que el Estado se adapta e incluso puede verse transformado por la globalización, con lo que se asegura que seguirá siendo un actor fundamental y que no perderá poder. La investiga- ción ha dado apoyo a diversos aspectos fundamentales de cada una de estas posiciones. Pero, en parte, las diferencias entre ellas dependen en gran medida de la interpretación que se hace de esos datos. Sin embargo, y a pesar de la diversidad, estas posi- ciones tienden a compartir el supuesto de que lo nacional y lo global se excluyen mutuamente. Dado que la intención de este trabajo es ampliar el terreno analítico para trazar un mapa de la globalización, es necesario un programa de investigación y producción teórica capaz de abordar aspectos de la relación entre Estado y globalización no centrados en la dualidad de las posiciones mencionadas. En ellas, las esferas de influencia de lo nacional y lo global se excluyen mutuamente. Si bien es cierto que éste puede ser el caso de muchos componentes de esa relación, también lo es que un con-
62 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN junto de componentes específicos cada vez más numeroso no encaja en esta estructura dual. Ello resulta evidente, por ejem- plo, con ciertos componentes críticos de la labor de los minis- terios de Economía, los bancos centrales (o el Tesoro y la Reserva Federal en los Estados Unidos), y los organismos técnicos regu- ladores cada vez más especializados, como los que se dedican a las finanzas, las telecomunicaciones y la competencia comercial, todos los cuales contribuyen a proyectos globales desde el inte- rior del Estado. Cuando se incluyen en el análisis estas condiciones, junto a las tres ya mencionadas surge una cuarta posición que, si bien no necesariamente las excluye, tiene supuestos fundamentales muy diferentes. Por ejemplo, las investigaciones que se dan en el marco de esta cuarta posición demuestran que el Estado no sólo no excluye lo global, sino que es uno de los dominios ins- titucionales estratégicos donde se realizan las labores esencia- les para el crecimiento de la globalización. Aunque esto no pro- duce necesariamente el deterioro del Estado, tampoco permite que siga funcionando según las mismas pautas o que lo nuevo se limite a una adaptación a las nuevas condiciones. Analítica- mente, el Estado se convierte en el espacio donde se dan ciertas modificaciones de base que afectan la relación entre el domi- nio público y el privado, así como su propio equilibrio interno de poder, y el campo más amplio delas fuerzas nacionales y glo- bales en el que debe funcionar (Sassen, 2006a: caps. 4 y 5). En el primer apartado de este capítulo se presentarán cues- tiones conceptuales que surgen del trabajo sociológico sobre el Estado, trabajo que en general no ha enfocado la temática de la globalización. Se analizará aquí especialmente la cuarta posi- ción mencionada, ya que posee un carácter mucho más abierto a los enfoques y a los datos provenientes de la sociología. En este sentido, la sociología podría aportar mucho al desarrollo de
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 63 los métodos, la teoría y los datos sobre la relación entre el Estado y la globalización. Una manera de sintetizar la amplia y creciente gama de procesos que abarca esta cuarta posición sería hacer hincapié en la desnacionalización que suponen dichos procesos para determinadas formas de la autoridad estatal, lo que surge de la inserción al menos parcial de los fenómenos globales en los órdenes institucionales de lo nacional. El segundo apartado examinará ciertas características clave de esta inserción territo- rial e institucional de la economía global, desarrollando temá- ticas introducidas en el capítulo 1. El tercer apartado intentará delinear el contenido y los condicionamientos particulares de esta nueva modalidad de autoridad estatal, que, aunque se cons- tituye a través de las instituciones del Estado-nación, no es nacio- nal en el sentido histórico del término. En gran medida, el aná- lisis empírico que se presenta en este capítulo se limita a los estados en los que rige el “imperio de la ley”, y en especial a los Estados Unidos. El apartado final investiga la vigencia de ese tipo de autoridad estatal en el caso de Internet y de otras redes electrónicas que básicamente no se encuadran en las jurisdic- ciones del Estado nacional. EL ESTUDIO DEL ESTADO EN EL CONTEXTO GLOBAL Varios autores han abordado las distintas dimensiones de la par- ticipación estatal en los procesos globales. Algunos de ellos (como Krasner, 2004; Fligstein, 2001; Evans, 1997) sostienen que son los estados los que han posibilitado la globalización y, por lo tanto, que el Estado y el sistema interestatal no han sufrido muchos cambios. En su opinión, la época actual es una mera continua- ción de una larga historia de modificaciones que no han alte-
64 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN rado la primacía fundamental del Estado (Mann, 1997). Tanto la versión “fuerte” como la versión “débil” de la teoría del Estado neoweberiana (Skocpol, 1985; Evans, 1997) presentan ciertas dimensiones de esta conceptualización. Si bien reconocen que la primacía del Estado puede variar según las distintas condi- ciones estructurales que se dan en el Estado y en la sociedad, estos autores tienden a concebir el poder estatal como un fenó- meno que denota la misma condición básica en el transcurso de la historia: la capacidad de implementar con eficacia ciertas polí- ticas formuladas explícitamente. Una segunda posición, que pro- viene más bien de la teoría política (Panitch, 1996; Gill, 1996; Mittelman, 2000), considera la desregulación y la privatiza- ción como procesos que disminuyen las funciones estatales y que han sido generados por el Estado mismo. La versión más formalizada de esta posición hace hincapié en el hecho de que el Estado ha constitucionalizado su propia disminución. En estos trabajos, la globalización económica no se limita a los movi- mientos transfronterizos de capitales que son destacados en enfoques sobre las inversiones y el comercio internacional, sino que se conceptualiza como un sistema político-económico que internaliza esa función transfronteriza. Una tercera tendencia, proveniente de la ciencia política y que cobra cada vez más impor- tancia, destaca el desplazamiento de las funciones nacionales de gobernabilidad pública hacia actores privados, tanto en el domi- nio nacional como en el dominio global (véanse Hall y Bierste- ker, 2002; Dezalay y Garth, 1996; Cutler et al., 1999). Ejemplo emblemático de este desplazamiento son las instituciones clave del sistema supranacional, como la Organización Mundial de Comercio, y entidades privadas tales como la Cámara Comer- cial Internacional (International Chamber of Commerce). No obstante su diversidad, estas tres vertientes intelectuales están atravesadas por las cuestiones ya mencionadas en lo que res-
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 65 pecta a la pérdida de poder, a la conservación o a la adaptación del Estado ante las nuevas condiciones. Si bien los sociólogos mencionados no se han concentrado en la relación entre la globalización y el Estado, su trabajo puede contribuir en gran medida a arrojar luz sobre ciertos aspectos críticos del Estado para presentar un enfoque más sociológico de la cuestión. El análisis expuesto en este capítulo hace hinca- pié en el trabajo que han debido hacer los estados para el de- sarrollo de una economía global y, en menor medida, de otras formas de globalización. Las consecuencias que esa labor tiene para el Estado son diversas y pueden interpretarse de diferen- tes maneras —por ejemplo, algunas interpretaciones pueden con- siderarlas intencionales y otras no—. En este capítulo me inte- resa el trabajo del Estado que tiene como consecuencia la desnacionalización de ciertos componentes de la autoridad esta- tal sin generar su desplazamiento al dominio institucional pri- vado o global, como se señala tradicionalmente en los trabajos pertinentes. En este sentido, resulta útilla distinción que realiza Tilly entre los estados nacionales y los estados en sí mismos. Mientras que los estados son “organizaciones con poder coer- citivo, diferentes de los grupos de familia o parentesco, y que en ciertas cuestiones ejercen una clara prioridad sobre cualquier otra organización dentro de un territorio de dimensiones con- siderables”, el Estado nacional se caracteriza por gobernar “múl- tiples y contiguas regiones y sus ciudades a través de estructu- ras diferenciadas, centralizadas y autónomas” (Tilly, 1990: 1-2). El Estado-nación centralizado funciona como interfase entre las fuerzas nacionales y las supranacionales, y como “contenedor” de las primeras (Brenner, 1999; Agnew, 2005; O'Riain, 2000). Al delimitar el Estado-nación como una forma particular del Estado logro mayor libertad analítica para la conceptualización de dichos procesos, y así se abre un proyecto de investigación.
66 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN El primer paso para determinar el posicionamiento del Estado consiste en recuperar los modos en que éste participa en el gobierno de la economía global en un contexto cada vez más dominado por la desregulación, la privatización y el aumento en la autoridad de los actores no estatales. Uno de los principa- les supuestos de los que parto para postular esta participación es la inserción de un gran número de fenómenos globales en territorios nacionales, es decir, en un terreno geográfico circuns- crito por leyes y facultades administrativas nacionales. Esta inser- ción de lo global requiere una eliminación al menos parcial de dichas circunscripciones nacionales y, por lo tanto, supone una participación necesaria por parte del Estado, incluso cuando se trata de una renuncia a su papel regulador de la economía. Al igual que Tilly, casi todos los sociólogos, de Weber en ade- lante, definen el Estado en función de la dimensión territorial de su poder. Dado que esto supone una concepción del territo- rio asociada con el Estado-nación, se da por sentado que las facultades estatales se orientan hacia una sociedad unívoca- mente nacional. Incluso Mann (1986: 26-27), que en general percibe con claridad la multiplicidad de espacialidades en el ejercicio del poder social, define el Estado principalmente como una organización que ejerce poder político e impone la coo- peración dentro de un marco territorial. Esta dimensión terri- torial nos permite inferir que al participar en la implantación del sistema económico global, muchos estados han sufrido trans- formaciones importantes. La adaptación a los intereses de las empresas y de los inversores extranjeros supone una negocia- ción, en cuyo centro se encuentra la creación de los mecanis- mos necesarios para la conversión de ciertos componentes del capital nacional en “capital global”, así como para la incorpo- ración de nuevos tipos de derechos del capital extranjero en los que aún son estados-nación con una supuesta autoridad exclu-
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 67 siva sobre su territorio.' Esta creación se da en el interior de los estados, mediante medidas legislativas, ejecutivas, jurídi- cas y administrativas. Con este enfoque es posible ampliar el terreno analítico para trazar el mapa de la globalización, ya que se incorporan ciertos componentes sumamente especializados del Estado. Estas trans- formaciones específicas que se dan en el interior del Estado son parciales e incipientes, pero estratégicas. Por ejemplo, pue- den debilitar o alterar el marco institucional para la aplicación del derecho internacional, en tanto éste depende del aparato ins- titucional de los estados-nación, y, más aun, esas transforma- ciones han generado las condiciones para un aumento en el poder relativo de algunos componentes del Estado (Sassen, 1996: caps. 1 y 2; 2006a: caps. 4 y 5) a partir de su participación en el desarrollo de la economía global. Este planteo debe distinguirse de dos teorías: por un lado, la posición de Skocpol (1979; 1985), que destaca la independencia estructural de los diversos com- ponentes del Estado y su racionalización interna; por otro lado, la teoría del sistema-mundo (Wallerstein, 1974), para la que el “poder estatal” proviene básicamente de la ubicación del Estado en lajerarquía estructural del sistema económico mundial. Los estados no se someten dócilmente a los cambios que se dan en el contexto histórico dentro del cual funcionan; más bien bus- can participar en esos procesos e intentan mantener su posi- ción de poder (Datz, 2007). Esto supone, por un lado, la adap- tación de facultades estatales a las nuevas condiciones (Weiss, 1998; Datz, 2007) y, por otro lado, un posible intento por parte 1 Tanto el trabajo de Rousneau (1997) sobre la “frontera” interna en el Estado- nación como el estudio de Walker (1993) sobre la dualidad interior/exterior en la teoría de las relaciones internacionales presentan líneas de análisis que, si bien son diferentes, pueden ayudar a captar algunas de estas dinámicas.
68 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN de los estados de vincularse con la economía global y exigir cierta jurisdicción sobre las tareas relacionadas con la globalización, para así conservar su propio poder (Sassen, 2006a: caps, 4 y 5). (Para un análisis esclarecedor de este proceso en el caso de las asociaciones profesionales, véase Abbott, 1988.) A medida que ciertos componentes de los estados-nación se transforman en el espacio institucional para algunas dinámicas centrales de la globalización, sufren modificaciones que resulta difícil designar o incluso advertir. En mi propio trabajo de investigación me ha sido muy útil la idea de una desnacionalización incipiente de aque- llos componentes que funcionan como espacio institucional para las dinámicas ya mencionadas. Por lo tanto, la pregunta que se busca responder con esta investigación es qué hay de “nacional” en los componentes institucionales del Estado que se vinculan con la implantación y la regulación de la globalización econó
mica. Según la hipótesis que aquí se presenta, pese a ser formal- mente nacionales, algunos componentes de las instituciones nacio- nales no son tales en el sentido histórico del término. La desnacionalización parcial, que con frecuencia es suma- mente especializada o al menos específica, también puede darse en dominios ajenos a la globalización económica, como sucede con algunas de las nuevas instituciones basadas en el régimen internacional de los derechos del hombre, gracias a las cuales los inmigrantes indocumentados adquieren ciertos derechos y los tribunales nacionales pueden entablar juicios a las empre- sas extranjeras y a los dictadores de no importa qué país (Sassen, 2006a: cap. 8). Por lo tanto, la desnacionalización es multiva- lente: se trata de un proceso que transforma en endógenos los programas globales de muchos actores distintos, no sólo de las empresas y los mercados financieros, sino también de los organismos de derechos humanos. Cuando analiza el papel del Estado como espacio para la implementación y la articulación
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 69 de estrategias, Jessop (1990: cap. 9) sostiene que su coherencia siempre es temporaria y se basa en la hegemonía de algún grupo en especial. Debido ello, se vuelve necesario efectuar negocia- ciones con grupos subalternos y cabela posibilidad de que algu- nos grupos subordinados se atrincheren dentro de ciertos com- ponentes del aparato estatal. En relación con las cuestiones metodológicas de este capítulo, el análisis de Jessop abre el ámbito del Estado hacia una investigación empírica detallada. Estas tendencias hacia una mayor interacción entre la diná- mica nacional y la dinámica global no son nuevas. En efecto, hubo épocas en las que ciertos aspectos de esta interacción fue- ron tan intensos como lo son hoy. Por ejemplo, a principios del siglo Xx hubo ya un mercado global de capitales. Además, la soberanía del Estado nunca fue absoluta, sino que siempre estuvo sujeta a fluctuaciones marcadas. Así, Arrighi y Silver (1999: 92- 94) sostienen que históricamente “cada reafirmación y cada expansión de la soberanía jurídica se ha visto acompañada, no obstante, por una disminución de la soberanía de hecho, basada en el equilibrio de poderes” entre estados (ibid.: 93). “La crisis de la soberanía nacional no es una novedad de esta época; más bien, es un aspecto de la destrucción paulatina del equilibrio de poderes que originalmente garantizaba la igualdad sobe- rana de todos los miembros del sistema de estados de Westfa- lia” (ibid.: 94). No obstante, tras casi un siglo de fortalecimiento del Estado nacional y de la “nación”, a fines de la década de 1980 comienza a darse una institucionalización considerable de los “derechos” de las empresas multinacionales, la desregulación de las opera- ciones transfronterizas y el aumento del poder o de la influen- cia de algunas organizaciones supranacionales. Si al garantizar esos derechos, esas facultades y esos poderes se produjo una renuncia, aunque sea parcial, a ciertos elementos de la autori-
70 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN dad estatal como se la entendía desde el siglo anterior, enton- ces puede afirmarse que están dadas las condiciones para una participación necesaria de los estados en el proceso de globali- zación. Es más, habría que ir más allá de lo que denotan ciertos conceptos como el de“desregulación” para profundizar el cono- cimiento sobre la naturaleza de esa participación. Resulta cada vez más evidente que la función del Estado en el proceso de des- regulación implica la producción de nuevos tipos de reglamen- tos, leyes y medidas judiciales (Picciotto, 1992; Cerny, 2000; Panitch, 1996), es decir, la producción de toda una nueva clase de “legalidad”. La condición de fondo aquí es que el Estado con- serva su función de garante de los derechos delcapital global —la protección de los derechos contractuales y de propiedad y, en líneas generales, la legitimación de dichos derechos— (véase tam- bién FEligstein, 1990; 2001). Entonces, puede concebirse el Estado como la representación de una facultad técnica administrativa que posibilita la implan- tación de la economía global corporativa. Para usar la termi- nología de Skocpol, Evans y Rueschemeyer (1985) pero aplicada al dominio global, se podría afirmar que el Estado conserva su capacidad, si bien sujeta a transformaciones, incluso cuando pierde cierta autonomía. Habría que investigar si estas capaci- dades se aprovechan en función dela lógica del capital o en fun- ción de los proyectos articulados dentro del Estado mismo, y si es así, de qué componentes del Estado se trata. En cierta medida, la labor de garantizar los derechos delcapital global está comenzando a privatizarse, como lo señala el incremento de los casos de arbitraje internacional en el ámbito comercial (Dezalay y Garth, 1996) y algunos elementos clave del nuevo orden institucional privado para el gobierno de la economía global (Cutler, 2002; Sassen, 2006a: cap. 5), temas que se abor- darán más adelante.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 71 Hay una segunda articulación entre el Estado y la globaliza- ción que surge de la desigualdad pronunciada en el poder de los distintos estados. En efecto, sólo algunos estados, como los de los Estados Unidos y Gran Bretaña, están diseñando las nuevas normas y la nueva legalidad necesaria para garantizar los dere- chos y la protección de las empresas y los mercados globales. En la actualidad, la mayor parte de esas normas derivan del dere- cho comercial y de las prácticas contables angloamericanas. Es, por lo tanto, un pequeño número de estados el que está impo- niendo esa legalidad y esas normas, con frecuencia a través del sistema supranacional, a los estados participantes en la econo- mía global. Las leyes, los decretos del Poder Ejecutivo, la adhe- sión a las nuevas normas técnicas internacionales y otros ele- mentos similares deberán generarse en las estructuras políticas e institucionales específicas de cada Estado participante. En tér- minos de investigación y de producción teórica, éste es un terreno enorme que aún no ha sido explorado. Según el marco con- ceptual desarrollado por Meyer (1997), no obstante esta varia- bilidad nacional, hay modelos y pautas que van moldeando a los estados, a las instituciones y a los actores individuales en un proceso colectivo que genera una especie de orden racional. En alguna medida, este proceso podría equipararse con la produc- ción de cierto “isomorfismo institucional” (véase Powell y DiMaggio, 1991), para lo que el trabajo de Meyer podría fun- cionar como un puente analítico. Si bien los trabajos compila- dos en Powell y DiMaggio (1991) analizan las causas estructu- rales de la aparición de similitudes formales entre organizaciones pertenecientes a áreas muy separadas y los mecanismos de poder y legitimación que funcionan por debajo de dichas causas, en general tienden a suponer que esas organizaciones ya compar- ten un campo estructural. Con esta base compartida, las fuer- zas estructurales pueden operar sobre cada organización para
72 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN modelarla como a las demás. Ahora bien, en la situación que analizo en este trabajo no resulta tan evidente que las diversas organizaciones estudiadas pertenezcan al mismo campo estruc- tural, y de hecho, gran parte de los esfuerzos se orientan espe- cíficamente a enmarcarlas dentro de un campo o espacio en común: el campo global. Aquí es importante volver a señalar que el consenso creciente, y con frecuencia impuesto, que se da en la comunidad de estados con respecto a la globalización no es una mera decisión política, sino que supone un tipo de labor específica por parte de gran número de instituciones en dichos estados. Se trata de procesos que no han sido muy estudiados y que se prestan a un análisis comparativo transversal. Obvia- mente, el rol del Estado presentará variaciones importantes según el poder que éste posea a nivel nacional y a nivel internacional (para un debate sobre este tema, véase Krasner y comentarios a su trabajo, 2004). La investigación sobre el Estado está dominada por concep- ciones y por historias europeas. Hoy asistimos al auge de un nuevo tipo de investigación crítica, designada como poscolo- nial, que busca ampliar el terreno analítico y empírico del estu- dio sobre el Estado para incluir el mundo no europeo. Chakra- barty (2000) construye la noción de “provincializar” a Europa como una técnica analítica para descentralizar el discurso e incor- porar otras trayectorias históricas en la formación y el desarro- llo del Estado; el objetivo no es simplemente el de atacar la inter- pretación europea, sino más bien el de globalizar el análisis sobre el Estado. Mbembe (2001) postula la banalidad del poder en África y critica las categorías típicas en la teoría hacia fines del siglo xx: opresión y resistencia, sujeción y autonomía, y Estado y sociedad civil. Un elemento fundamental del análisis es la inserción insti- tucional y territorial de la globalización. Especificar las carac-
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 73 terísticas de esta inserción tiene dos propósitos. Por un lado, se logra la verificación empírica de que el Estado no es una “víc- tima” de los procesos globales, sino que participa en su implan- tación. A su vez, cuando se establece la inserción de lo global en lo nacional, también puede demostrarse que esa participa- ción del Estado conlleva una desnacionalización de ciertas fun- ciones y facultades estatales. Por otro lado, es útil para señalar que, dada esa inserción, la variedad de modos de participación estatal podría ser mucho más amplia que en la actualidad, cuando en gran medida se limita a la profundización de la globalización económica. Aunque no trata específicamente el tema de la glo- balización, el trabajo de Jessop (1990) ofrece una perspectiva teórica excepcionalmente útil para conceptualizar los modos en que las estructuras estatales refuerzan o descartan las distintas posibilidades de participación. Postulo, entonces, que el Estado podría desarrollar su participación en otras cuestiones globa- les, tales como el déficit democrático del sistema multilateral que gobierna la globalización.” A continuación se describen ciertas características actuales de la economía global que señalan la existencia de dicha inserción territorial e institucional. 2 En otro trabajo (Sassen, 20064: caps. 6 y 8) analizo el modo en que esta dinámica puede modificar el posicionamiento de los ciudadanos (que en general se encuentran confinados a las instituciones del Estado nacional para el ejercicio de sus derechos) en relación con las nuevas luchas globales. La lógica de lo que postulo es quela participación estatal genera un ámbito propicio no sólo para el capital global, sino también para aquellos que quieren someter a este último a un mayor control público y a una mayor responsabilidad social. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en el caso del capital global, no se han desarrollado los regímenes y los instrumentos legales y administrativos necesarios para tales reclamos. Los costos y los recursos que pueden movilizar los ciudadanos para globalizar sus facultades son bastante menores que aquellos que han sido movilizados por el capital global en su lucha por crear regímenes aptos para protegerlos y facilitar su labor.
74 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN LA INSERCIÓN TERRITORIAL E INSTITUCIONAL DE LA ECONOMÍA GLOBAL Quiero destacar ahora tres características de la economía glo- bal. La primera es la índole estratégica más que universal de su geografía, que se verifica específicamente en el caso de la ges- tión, la coordinación, el abastecimiento de servicios especiali- zados y el financiamiento de las operaciones económicas glo- bales. Esta geografía se distingue de la propuesta por las teorías del sistema-mundo, que definen la economía global como una división continua deltrabajo entre los estados (Wallerstein, 1974). Hoy en día, la diferenciación entre el centro y la periferia no pasa tanto por la diferenciación entre los procesos de producción o las posiciones en la cadena de producción, sino más bien por una diferenciación funcional que atraviesa las espacialidades predeterminadas en el trabajo de Wallerstein. Cuando define la economía mundial básicamente como una red de relaciones entre estados territoriales, Wallerstein anula la posibilidad de conceptualizar la globalización como algo más que la mera expansión de la economía global para incorporar nuevos esta- dos. En su análisis, se vuelve invisible la posibilidad de una reconstitución de la espacialidad del capitalismo global (Bren- ner, 1999: 57-60). El carácter estratégico de esta geografía es importante para iniciar el debate sobre las posibilidades de regu- lar y gobernar la economía global. La segunda característica es que el centro de gravedad del manejo de las transacciones que generalmente designamos como globales se concentra des- proporcionadamente en la región del Atlántico Norte, lo que facilita la creación y la aplicación de marcos de regulación y de normas técnicas convergentes en torno de los estándares “occidentales”. Si la geografía del manejo de la globalización fuera una condición difusa a escala mundial, con países igual-
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 75 mente poderosos y una variedad de regiones mucho mayor que la que representan las naciones del Atlántico Norte, la cues- tión de su regulación sería totalmente distinta. Por último, la tercera característica de la economía global es que esta geo- grafía estratégica del manejo de la globalización se encuentra inmersa parcialmente en los territorios nacionales —específica- mente, en componentes tales como las ciudades globales y los núcleos tecnológicos análogos a Silicon Valley—. La combinación de estas tres características indica que es pro- bable que el Estado tenga más opciones en cuanto a la regula- ción de la economía global de lo que sugiere el enfoque típico de su pérdida de poder. Hay una creciente producción intelec- tual que hace hincapié en la globalización y en la regulación. Las investigaciones de Gereffi (1994; 1999) nos muestran la organi- zación transfronteriza de la producción y de la comercialización y señalan al menos la posibilidad de su regulación. En este sen- tido, trascienden algunas de las limitaciones de la teoría clásica del sistema-mundo, ya que conceptualizan no sólo el carácter transfronterizo de la producción, sino también el carácter fun- cional de los ejes primarios de diferenciación. Sin embargo, las posiciones básicas de diferenciación estructural siguen siendo algo estáticas (el montaje y la fabricación en los países más pobres, la venta en los países más desarrollados, etc.). En la medida en que surgen nuevas categorías o posibilidades para distribuir espacialmente esas posiciones, se trata básicamente de una fun- ción del cambio tecnológico (como en el caso de la tecnología informática, que posibilita la dispersión geográfica de la pro- ducción) y también de los cambios en la estructura de la demanda del mercado laboral (como en el reemplazo de la producción en masa por la especialización flexibilizada). Ya que estos fenóme- nos se definen como condiciones predeterminadas en la inves- tigación sobre las cadenas de producción, lo máximo que esta
76 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN postulación le atribuye al Estado es la posibilidad de intentar mejorar su posición dentro de una jerarquía dada, es decir, la posibilidad de “modernizar” su posición. En este marco, enton- ces, aún resulta relativamente difícil comprender la función cons- titutiva del Estado en la formación de la economía global y, por lo tanto, su potencial para el gobierno de dicha economía. En esta geografía estratégica hay espacios donde la densi- dad de las transacciones económicas y la intensidad de las acti- vidades reguladoras se combinan para formar ciertas configu- raciones complejas y novedosas. A continuación se analizarán dos de dichas configuraciones. Se trata de la inversión extran- jera directa (representada en general por las fusiones y las adquisi ciones transfronterizas) y del mercado global de capita- les, que sin duda es en la actualidad la fuerza dominante de la economía global. Junto con el comercio, estos dos fenómenos conforman el núcleo de los cambios estructurales constitutivos de la globalización y de las actividades tendientes a regularla. Además, estos dos procesos ponen en evidencia el peso enorme de la región del Atlántico Norte en la economía global. La inver- sión extranjera directa y el mercado global de capitales suscitan ciertas cuestiones específicas de organización y regulación que nos ayudan a entender la función reguladora del Estado en la economía global (Helleiner, 1999; Pauly, 2002; Eichengreen, 2003) 3 Tanto las empresas que operan en los mercados financieros trans- nacionales como las que poseen redes internacionales de fábri- cas, oficinas y/o venta de servicios registran un gran aumento de complejidad en la gestión, la coordinación, la prestación de ser- vicios y el financiamiento. Por motivos que se analizarán con mayor profundidad en el capítulo 3, este aumento de la com- 3 Para una elaboración empírica detallada, véase Sassen (2006b: cap. 2; 2001: caps. 4,5 y 7).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 77 plejidad ha generado un incremento marcado en las funciones de mando y control, así como en la concentración de dichas fun- ciones dentro de una red transfronteriza de ciudades globales, lo que a su vez contribuye a la formación de una geografía estra- tégica para la gestión de la globalización, que tiene su manifes- tación más aguda en la estructura del mercado global de capi- tales y de la red de centros financieros. En otro trabajo sugiero que este orden institucional es el espacio de un nuevo tipo de autoridad privada (Sassen, 1996: cap. 2). Los patrones empíricos de la inversión extranjera directa y los mercados financieros globales muestran que sus centros de gra- vedad son la región del Atlántico Norte y, en mucha menor medida, el Japón y China. El sistema económico transatlántico del Norte (en particular los lazos entre la Unión Europea, los Estados Unidos y Canadá) representa la mayor concentración de procesos de globalización económica en el mundo actual, lo que es válido ya sea que se observen los flujos de inversión extran- jera directa en general, las fusiones y adquisiciones transfron- terizas en particular, los flujos financieros totales o las nuevas alianzas estratégicas que se forjan entre los centros financieros. En la actualidad, en esta región se registran dos tercios de la capi- talización de valores del mercado mundial, se recibe el 60% de las inversiones internacionales provenientes de otros países, se origina el 76% de las inversiones internacionales dirigidas a otros países, y se realiza el 60% de las ventas y el 80% de las compras mundiales en materia de fusiones y adquisiciones de empresas. Existen otras regiones importantes en la economía global, como el Japón, el Sudeste asiático y América Latina, pero —con la sal- vedad de algunos de los niveles absolutos de recursos de capi- tal en el Japón, y más recientemente en China-, estas regiones tienen un peso menor en comparación con el del sistema trans- atlántico del Norte.
78 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Tal nivel de concentración de operaciones transfronterizas, tanto por su volumen como por su valor, origina una serie de preguntas. Una de ellas concierne a sus características, tales como el grado de interdependencia que existe y, por ende, la determi- nación de los elementos para un sistema económico transfron- terizo. El peso de estos lazos transatlánticos debe considerarse en relación con el peso de las zonas de influencia establecidas his- tóricamente por cada uno de los poderes principales: el hemis- ferio occidental en el caso de los Estados Unidos, y África, Europa Central y del Este en el caso de la Unión Europea. Los Estados Unidos y los países de la Unión Europea tienen una larga historia de transacciones económicas, a veces inten- sas, con sus zonas de influencia. Algunas de estas transaccio- nes se han visto fortalecidas por el nuevo contexto económico, con sus políticas de apertura a las inversiones extranjeras, de privatización y de desregulación del comercio y de los merca- dos financieros. Según la lectura que aquí se ofrece de los datos, han cambiado tanto las relaciones de estos actores con sus res- pectivas zonas de influencia como los vínculos que se dan entre sus miembros en el interior mismo de la región transatlántica del Norte. Este sistema, a su vez, se articula con una red cada vez mayor de puntos de inversión, comercio y operaciones finan- cieras en el resto del mundo. Hoy en día, las relaciones con las zonas de influencia se constituyen a través de la incorpora- ción en una red global jerárquica cuyo centro de gravedad es la región del Atlántico Norte. Así, mientras los Estados Uni- dos todavía son una fuerza dominante en América Latina, varios países europeos se han transformado en inversores importan- tes dentro de esa región, en un grado que supera ampliamente las tendencias del pasado. Y mientras varios países de la Unión Europea han llegado ser líderes en materia de inversiones en Europa Central y del Este, las empresas estadounidenses están
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 79 cobrando en esa zona una importancia que no habían tenido hasta ahora. Para decirlo brevemente, lo que se ve hoy es un nuevo mapa de transacciones económicas que se superpone a los modelos geoeconómicos anteriores, que si bien persisten en diferentes grados, se van sumergiendo cada vez más en el nuevo mapa transfronterizo, que representa una geoeconomía nueva, aun- que parcial. Un síntoma de este desplazamiento podría ser la caída del modelo de sustitución de importaciones como motor para el desarrollo. En dicho modelo, el Estado actuaba como intermediario entre la economía nacional y la economía inter- nacional, y así disponía una serie de protecciones para las indus- trias incipientes hasta que se encontraran en condiciones de competir. El logro de una posición elevada en la jerarquía glo- bal se asociaba con la producción industrial de alto valor agre- gado, y el objetivo era alcanzar un desarrollo completo del espa- cio nacional. Con la aparición del desarrollo impulsado por las exportaciones surgió la creación de ciertos espacios especializa- dos dentro de los territorios nacionales, como las zonas fran- cas de exportación, que no encajaban ala perfección en las vie- jas categorías de economía nacional y economía internacional. En el Este asiático, los casos paradigmáticos de esta forma de desarrollo no lograron su posición mediante una mera aquies- cencia a la lógica del mercado; es más, el papel fundamental del Estado en este proceso se encuentra muy bien documentado. Es a partir de esas innovaciones locales dentro de una jerar- quía geoeconómica histórica como surgen los elementos de un nuevo orden. El análisis de estas jerarquías no se limita a iden- tificar su estructura y a los ocupantes de las distintas posicio- nes, sino que resulta necesario saber cómo ellos se producen, se reproducen y se transforman. Estas nuevas configuraciones se hacen legibles especialmente en la organización del mer-
80 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cado financiero global y, en menor medida, de la inversión extranjera directa, sobre todo en las fusiones y en las adquisi- ciones transfronterizas de empresas. Las redes mundiales y la centralización del control La inversión extranjera y los flujos de capitales presentan una clara tendencia a la dispersión geográfica. Entre los fenómenos que ejemplifican esta tendencia pueden mencionarse el traslado de las fábricas a países extranjeros, la expansión de las redes glo- bales de filiales y subsidiarias y la expansión de la red de cen- tros financieros vinculados con los mercados globales. La otra cara de la moneda queda oculta. Esta dispersión mundial de las fábricas y los centros de servicios se da en el marco de estruc- turas empresariales altamente integradas y con una fuerte ten- dencia a la concentración del control y a la apropiación de la renta. En otro trabajo (Sassen, 2001) se ha demostrado que cuando la dispersión geográfica de las fábricas, las oficinas y los centros de servicios se da en el marco de un sistema empre- sarial integrado, como lo es una empresa multinacional, tam- bién se produce un incremento de las funciones más altas en la gestión; en el caso de los mercados y de las empresas financie- ras se observa una tendencia similar. Es posible afirmar que cuanto más se globalizan las empresas, más crecen sus funcio- nes centrales de gestión, tanto en cantidad como en importan- cia y complejidad.* Las formas específicas que adoptó la globa- 4 Este proceso de integración empresarial no debe confundirse con la integración vertical empresaria en su sentido más convencional. Tanto la cadena de producción (véase Gereffi, 1995) como la cadena de valor (Porter, 1990) son constructos que ejemplifican la diferencia entre la integración empresarial a escala mundial que se discute aquí y, por otro lado, la integración vertical empresarial en su sentido más convencional.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 81 lización en los últimos diez años han generado requisitos orga- nizacionales específicos. La expansión de los mercados globa- les de capitales y de servicios especializados, así como el incre- mento de las inversiones internacionales, ha contribuido a una ampliación de las funciones de control y a un aumento en la demanda de servicios especializados para las empresas. El fenómeno se vuelve más concreto cuando se consideran algunas de las cifras exorbitantes relacionadas con esta disper- sión mundial y se supone lo que ellas significan en términos de gestión y de coordinación para las sedes centrales de las empre- sas. A fines de la década de 1990, por ejemplo, las empresas mul- tinacionales tenían casi medio millón de filiales fuera de sus paí- ses de origen, en su mayoría en América del Norte y en Europa Occidental. En 2004, el número de filiales llegó al millón (Sas- sen, 2006b: cap. 2). Las ventas internacionales de bienes y ser- vicios realizadas a través de filiales se han incrementado más que las ventas por exportación directa: por ejemplo, en 1999 las pri- meras alcanzaron los 11 billones de dólares, mientras que las 5 Una de las ideas centrales en este trabajo reside en que no puede darse por sentada la existencia del sistema económico global, sino que hace falta examinar los distintos modos en que se generan las condiciones para la globalización económica. Para ello, no basta con tomar en cuenta las capacidades de comunicación y el poder de las multinacionales, sino que es preciso reconocer las infraestructuras y los procesos de trabajo necesarios para la implantación de los sistemas económicos globales; aquí incluyo la producción de los insumos que constituyen la capacidad de control global y los diversos puestos de trabajo necesarios para dicha producción. Recuperar la importancia del lugar y de los procesos de producción también ayuda a estudiar la globalización con mayor detalle empírico. 6 La apertura de filiales constituye apenas uno de los modos en que se materializan las operaciones internacionales, por lo que esta cifra no representa del todo la dispersión de dichas operaciones. Hoy existen múltiples formas de operar en el extranjero, desde la creación de colaboraciones empresariales a corto plazo hasta los viejos métodos de contratación y tercerización.
82 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN exportaciones directas llegaron los 8 billones de dólares, dife- rencia que se ha mantenido. Obviamente, esto representa un aumento en la proporción del comercio intraempresarial trans- fronterizo. Los datos sobre inversiones directas extranjeras demuestran con claridad que los Estados Unidos y la Unión Europea son las zonas del mundo que más inversiones directas extranjeras realizan, y también las que más inversiones extran- jeras reciben, especialmente a través de la inversión mutua. Por último, el índice de transnacionalidad de las empresas multi- nacionales más grandes revela que muchas firmas importantes de esas dos regiones tienen más de la mitad de sus activos, sus ventas y sus empleados fuera de sus países de origen.7 En con- junto, estos datos ofrecen un panorama bastante claro de la rela- 7 Este índice es un promedio basado en las proporciones que las ventas, los activos y los empleados internacionales representan en el total de cada empresa. De las 100 empresas transnacionales más importantes del mundo, 48 pertenecen a la Unión Europea, 28 a los Estados Unidos y casi todo el resto al Japón. Por lo tanto, entre la Unión Europea y los Estados Unidos agrupan más de los dos tercios de las empresas transnacionales más grandes del mundo. Entre 1990 y 1997 (el período mas reciente para el que existen datos detallados), casi tres cuartas partes de esas empresas pertenecían a los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania y el Japón. Asimismo, el índice promedio de transnacionalidad de la Unión Europea alcanza el 56,7%, mientras que el de los Estados Unidos asciende al 38,5% y el de Canadá, al 79,2%. La mayor parte de las firmas de origen europeo y estadounidense que se encuentran entre las 100 empresas transnacionales más importantes tienen un porcentaje muy elevado de sus activos totales en el extranjero, por ejemplo: 51% para 18M, 55% para Volkswagen; 91% para Nestlé, 96% para Asea Brown Boveri, 62% para Elf Aquitaine, 91% para Bayer, 79% para Hoechst, 77% para Philips Electronics, 43% para Siemens, 45% para Renault, 98% para Seagram, 67% para Rhone-Poulenc, 59% para BMW, 69% para Ferruzi/Montedison, 97% para Thomson, 85% para Michelin, 71% para Ericson, 58% para Exxon, 85% para Unilever, 55% para MacDonald y 68% para Coca Cola. En el caso de la cantidad total de empleados, la proporción con frecuencia es aun más alta (para datos más completos, véase OCDE, 2000).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 83 ción entre la dispersión geográfica y el aumento de las funcio- nes centralizadas. La globalización de las operaciones empresariales conlleva una enorme tarea de coordinación y gestión. Este fenómeno, que en gran medida ocurre desde hace años, se ha ido acele- rando. Es más, la dispersión no se da a través de un solo tipo de organización, sino que detrás de las cifras se encuentran diver- sos tipos de organizaciones, jerarquías de control y grados de autonomía. Asimismo, la relación entre la dispersión y el incre- mento en la complejidad de las funciones centralizadas de ges- tión y coordinación también se materializa en la red global de centros financieros. En este análisis resulta de gran importancia la dinámica que conecta la dispersión de las actividades económicas con el peso y el aumento frecuente de las funciones centralizadas. En mate- ria de soberanía y globalización, esto significa que interpretar la globalización como la creación de un espacio económico que se extiende más allá de la capacidad reguladora de un solo Estado es considerar sólo una parte del proceso. La contracara esla con- centración desproporcionada de las funciones centrales de la ges- tión en los territorios nacionales de los países más desarrollados. Ahora bien, cuando nos referimos a funciones centrales éstas no se reducen a las que se cumplen en las sedes de gestión de las empresas, sin que también abarcan todas las principales fun- ciones financieras, jurídicas, contables, administrativas, eje- cutivas y programáticas necesarias para dirigir una empresa que opera en más de un país (o en varios países, como sucede cada vez más). Dichas funciones se realizan parcialmente en las sedes centrales de las empresas, pero también en aquello que se denomina el “complejo de servicios corporativos”, es decir, la red de empresas financieras, estudios jurídicos y contables y agencias de publicidad que se ocupan de resolver las comple-
84 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN jidades que surgen cuando una empresa opera con más de un sistema jurídico y contable nacional, más de una cultura publi- citaria, etc., en condiciones de innovación acelerada dentro de todos esos campos. Esos servicios se han tornado tan especia- lizados y complejos que las sedes centrales de las empresas deci- den tercerizarlos en vez de producirlos internamente. El com- plejo de estas empresas de servicios especializados que asisten en la gestión y la coordinación de las empresas globales está concentrado desproporcionadamente en los países más de- sarrollados, sobre todo en las ciudades globales. Dicha concen- tración de funciones representa un factor estratégico en la orga- nización de la economía global. Planteo aquí que es importante distinguir, por un lado, estas funciones estratégicas de la economía global y, por otro lado, el sector empresarial nacional. En efecto, las funciones globales de control se sitúan, pero sólo en parte, en las estructuras empre- sariales nacionales, y a la vez constituyen un subsector empre- sarial en sí mismo, que puede concebirse como parte de una red que conecta a las ciudades globales de todo el mundo. Estas redes no se caracterizan por una división del trabajo en la producción de mercancías y las transacciones comerciales resultantes, sino que las empresas que las constituyen se distribuyen el trabajo de reproducir la economía global, es decir, las estructuras para la gestión y el control global. Así como el Estado en su momento fue una institución clave para la reproducción de los regíme- nes de acumulación, es decir, un espacio fundamental para cierto modo de regulación, hoy es posible afirmar que la distribución de las funciones estratégicas entre las ciudades globales es la rear- ticulación de un modo de regulación que reproduce un nuevo régimen global de acumulación (Sassen, 2006a: cap. 5). La teo- ría de la regulación, básicamente como una forma deinstitucio- nalismo, probablemente tendría cierta dificultad para explicar
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 85 esta forma de regulación global por dos motivos. Primero, las espacialidades donde se dan estos modos de regulación no coin- ciden bien con las escalas institucionales específicas del Estado- nación. En segundo lugar, a falta de un marco institucional global que por sí solo pueda estructurar las relaciones econó - micas internacionales, es difícil que esta perspectiva teórica pueda detallar los mecanismos concretos de reproducción estructural. Hasta ahora, sólo han surgido ciertos elementos potenciales de dicho sistema, en su mayoría correspondientes a prácticas “loca- les” en las áreas “centrales” (ciudades globales) ya mencionadas. La teoría de la regulación está bien equipada para describir el funcionamiento de las estructuras institucionales nacionales ya existentes, pero no para explicar la constitución de dichas estruc- turas en el nivel global. Esta distinción puede resultar irrelevante para cierto tipo de investigaciones, pero es muy relevante para el estudio de la economía global. Asimismo, la distinción resulta relevante en materia de regu- lación de las actividades transfronterizas. Como las funciones estratégicas realizadas en las sedes centrales de las empresas mul- tinacionales y en el sector de servicios empresariales especiali- zados se ubican en una red de grandes centros comerciales y financieros, la regulación de estas actividades fundamentales de la economía global no esla que se daría si dichas funciones estra- tégicas de gestión y coordinación se distribuyeran geográfica- mente, como las fábricas, las ventas de servicios las filiales de esas empresas. La regulación de esas actividades está adquiriendo un carácter cada vez más especializado y transfronterizo, razón por la cual la mayoría de los sistemas nacionales estadocéntri- cos de la actualidad no logran contenerla fácilmente. En mi lectura del tema, entender la cuestión de la regulación el rol del Estado en el caso del mercado global de capitales requiere reconocer la inserción continua de ese mercado en los centros
86 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN financieros que operan dentro delos territorios nacionales, y no fuera de ellos. Esta inserción da al Estado un cierto potencial de control sobre el mercado de capital, no obstante el carácter global y en gran parte electrónico de ese mercado. Gracias a la gran concentración de centros financieros importantes, el sis- tema del Atlántico Norte contiene una gran parte del mercado global de capitales. Por otro lado, a medida que este sistema se va expandiendo para incorporar centros financieros adiciona- les (de Asia, Europa del Este, América Latina y otras regiones), la cuestión de la regulación comienza a girar en torno de la exis- tencia de normas y reglas dominantes, es decir, aquellas que se producen en las economías del Atlántico Norte. Los análisis que se concentran en la desregulación y en la liberalización pasan por alto una característica importante, que contemplamos en este trabajo: el hecho de que el sistema financiero global ha alcanza do un grado de complejidad que requiere la existencia de una red transfronteriza de centros financieros para abaste- cer de servicios al capital global (Sassen, 2006a: cap. 7). Cada centro financiero en concreto representa una enorme concen- tración de capacidades y recursos sumamente especializados, y 8 La configuración actual puede verse alterada por dos importantes tendencias: el aumento de las transacciones financieras electrónicas y el crecimiento de la Eurozona. La creación de un enorme mercado de capitales consolidado en la Eurozona pone en duda la continuidad del sistema actual, en el que cada país miembro tiene un centro financiero internacional. Algunos de estos mercados podrían perder funciones internacionales importantes y quedar reposicionados en una división del trabajo más compleja y jerárquica, con un número limitado de centros dominando la Eurozona. El auge de las transacciones financieras electrónicas, por su parte, está produciendo un claro desplazamiento hacia la formación de alianzas estratégicas entre centros financieros importantes, de modo que el mercado financiero electrónico global/europeo se articula con una serie de centros financieros insertos en un número limitado de ciudades. Este fenómeno se analiza con mayor detalle en Sassen (2006b: caps. 5 y 7).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 87 la red global que conforman dichos centros constituye la estruc- tura operativa del mercado global de capitales. Sería interesante retomar ahora el planteo de Arrighi (1994) acerca de las innovaciones empresariales locales como punto de partida para un reinicio del ciclo de acumulación. Cuando un sistema local (nacional) logra atraer la renta, se convierte en modelo para otros sistemas de la economía mundial y puede ejercer entonces una función de liderazgo hegemónico. La región territorial donde se halla dicho sistema adquiere poder gracias a su rendimiento superior, y no a su posicionamiento estraté- gico en el sistema capitalista global. De ahí que según este aná- lisis las dinámicas fundamentales de la economía global puedan repetirse a lo largo de diversas fases históricas y que la diferen- ciación espacial sea principalmente una función de mercados y de eficiencia competitiva. Dentro de cada fase, Arrighi iden- tifica brillantemente las dinámicas de su crecimiento y caída; el auge del sector financiero indica que la caída está comenzando. Si no se presta atención a las condiciones de producción y repro- ducción dentro de cada fase, limitamos el grado de cambio que logramos analizar para un sistema.? En el presente trabajo, al estudiar la estructuración de las características básicas de la actual fase de la economía global, hago hincapié, por un lado, en la pro- 9 Por lo tanto, lo que yo llamaría la “geografía del poder” en el ciclo de acumulación contemporáneo en opinión de Arrighi está marcada por una situación única en la historia del capitalismo: no es el mismo Estado el que ejerce la hegemonía militar y la hegemonía financiera. Mientras que la primera la ejercen los Estados Unidos, la segunda la ejerce la región del Este asiático, dado el alto endeudamiento del primero. Ahora bien, aunque Arrighi detecta una condición excepcional en el sistema mundial contemporáneo, la espacialidad misma de dichosistema sigue siendo relativamente igual. El poder se distribuye entre regiones centrales y periféricas, no entre distintos puntos de una red global. La diferencia fundamental es que el mundo deja de ser unipolar para ser bipolar, ya que el principal poder militar se ha vuelto ineficiente en relación con el principal poder financiero.
88 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ducción de capacidades y recursos estratégicos y, por otro lado, en el hecho de que la relación entre las ciudades globales no es meramente de carácter competitivo. En su conjunto, la red de ciudades globales ofrece una infraestructura crítica en red para la gestión y el control de la economía global, con una especifici- dad considerable en sus funciones. Todo esto genera una serie de divisiones del trabajo entre diversos conjuntos de ciudades que contribuye a una articulación distintiva de la economía global. Las facultades reguladoras del Estado La existencia de una geografía estratégica para la organización de la economía global resulta un factor significativo si se desea estudiar las posibilidades y los modos de participación del Estado en la implantación de dicha economía. Uno de los puntos de esta cuestión es la regulación. La magnitud y la intensidad de las transacciones en el sistema del Atlántico Norte posibilitan la for- mación de estándares, incluso en un contexto donde existen dife- rencias relativamente importantes entre los Estados Unidos y Europa continental en materia de normas jurídicas, contables, antimonopólicas, etc. Es evidente que, aunque estas dos regio- nes presentan más puntos en común entre sí que con el resto del mundo, las diferencias son relevantes cuando se trata de crear nor- mas transfronterizas. Sin embargo, el hecho de que ambas regio- nes posean estándares occidentales y un enorme peso en mate- ria económica ha facilitado la circulación y la imposición de normas y reglas estadounidenses y europeas para las transaccio- nes realizadas por empresas de otras partes del mundo. En este sentido, existe una suerte de globalización de las normas occiden- tales. Si bien se ha hablado bastante del dominio de las reglas y las normas estadounidenses, las europeas también tienen mucha pre- sencia, como puede observarse en las nuevas normas antimono-
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 89 pólicas de Europa Central y del Este, que tienen el carácter admi- nistrativo típico de los grandes países europeos; esto contrasta con las normas antimonopólicas en los Estados Unidos, donde para imponerlas es común recurrir a los tribunales. Gran parte de estas nuevas iniciativas de regulación están ínti- mamente relacionadas con la inversión extranjera directa y con el mercado global de capitales. El crecimiento de dicho tipo de inversión ha causado un resurgimiento del interés por las cues- tiones de extraterritorialidad y competencia, como ocurre por ejemplo en el caso de las fusiones transfronterizas. El crecimiento del mercado global de capitales ha producido esfuerzos especí- ficos que funcionan como elementos en el desarrollo de una estructura para su gobierno; entre estos elementos figuran la regulación internacional del mercado de valores, las nuevas nor- mas internacionales para la presentación de informes contables y diversas disposiciones de la Unión Europea. Cada una de estas dos grandes dinámicas tiende a insertarse en un marco regula- dor determinado: para el caso de la inversión directa extranjera, es la legislación antimonopólica, mientras que para el mer- cado financiero global, son los marcos de regulación naciona- les en materia de banca y finanzas.” Los estados participan en la formación de regímenes trans- fronterizos. En mis investigaciones he extraído de la denominada “historia legislativa estadounidense” ciertas leyes y decretos del Poder Ejecutivo que pueden interpretarse como adaptaciones del Estado nacional a la globalización económica a partir de su participación activa en la producción de las condiciones para tal globalización. Se trata de una historia de las microinterven- ciones (con frecuencia, modificaciones mínimas de los marcos 10 Es muy probable que la globalización torne más difusos los límites que separan a estos dos ámbitos de regulación.
90 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN reguladores o jurídicos) que facilitaron la ampliación de las ope- raciones transfronterizas para las empresas estadounidenses. Sin duda, no se trata de un fenómeno nuevo para los Estados Uni- dos ni para los antiguos imperios occidentales (obsérvense, por ejemplo, las “concesiones” realizadas a las empresas de comer- cio en los regímenes coloniales británicos, holandeses, etc.). No obstante, en la actualidad puede identificarse una nueva etapa con instancias muy específicas de este fenómeno más amplio.” Una de las primeras y más famosas medidas de estas características en los Estados Unidos fue la aprobación de nor- mas arancelarias para facilitarles a las empresas manufacture- ras estadounidenses la internacionalización de la producción en tanto dichas normas eximían a las empresas de pagar aranceles de importación sobre el valor agregado de los productos mon- tados o fabricados fuera del país con componentes nacionales. Esta microhistoria de intervenciones legislativas y ejecutivas data de fines de la década de 1960, aunque la cristalización del con- junto de las medidas que posibilitaban el funcionamiento glo- bal de las empresas estadounidenses y la globalización de los mercados surgió en la década de 1980, y continúa durante toda la década de 1990. Algunos de los hitos más conocidos en esta microhistoria son la Ley de Inversiones Extranjeras de 1976, la autorización de ingreso para las Instituciones Bancarias Inter- nacionales en 1981, las diversas desregulaciones y liberalizacio- 11 Aquí mi objetivo es distinguir las formas actuales de otras nociones más antiguas que conciben el Estado como una herramienta del capital, de la burguesía compradora o del neocolonialismo. Es más, estas investigaciones presentan similitudes importantes con los trabajos escritos sobre la labor histórica del Estado para generar una distinción entre el derecho público y el derecho privado (véase Cutler, 2002), y con la labor estatal que estableció los diversos marcos jurídicos y administrativos que moldearon al Estado moderno (véase, por ejemplo, Novak, 1996, acerca de los Estados Unidos; para una discusión más amplia de estos aspectos, véase Sassen, 2006a: cap. 4.).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 91 nes del sector financiero en la década de 1980 y la implementa- ción de estándares mundiales en la década de 1990. Otro aspecto de la participación estatal en la implantación del sistema económico global se observa en el nuevo tipo de coo- peración transfronteriza, que se da entre organismos de gobierno especializados en una amplia gama de asuntos pertinentes a la globalización del mercado de capitales y al nuevo orden de libre comercio. Un buen ejemplo es el incremento, en los últimos años, de la interacción entre los funcionarios de entes regulado- res de la competencia en diversos países. Se trata de un período de intensa elaboración de políticas en materia de competencia comercial en tanto la globalización económica ejerce presión sobre los gobiernos en pos de la convergencia, dado que la legis- lación pertinente y sus prácticas de aplicación varían mucho de país en país (Portnoy, 2000); la convergencia en materia de competencia puede convivir con diferencias enormes y per- manentes entre un país y otro respecto de las leyes y los regla- mentos que atañen a componentes de la economía ajenos a la globalización. Este tipo de convergencia sumamente especiali- zada se da también en muchos otros casos, tales como la regu- lación de las telecomunicaciones, las operaciones financieras, el uso de Internet, etc. Se trata, entonces, de una convergencia muy parcial entre los funcionarios de ciertos organismos regulado- res de distintos países, que comienzan a tener entre sí más ele- mentos en común que con los funcionarios de otros organis- mos en sus propias burocracias nacionales. Resulta especialmente importante señalar que hoy se observa una intensificación marcada en la generación de dicha conver- gencia.” En los últimos diez años puede identificarse con clari- 12 Uso aquí el término “convergencia” por una cuestión de comodidad. En realidad, concebir estos fenómenos como casos de verdadera convergencia es
92 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN dad una nueva etapa. En algunos sectores existe hace muchos años una convergencia elemental a nivel mundial 0, al menos, una coordinación normativa. Los bancos centrales, por ejem- plo, interactúan hace tiempo con sus homólogos, pero actual- mente se observa una intensificación y la expansión de esas tran- sacciones, que resulta necesaria para desarrollar y extender el mercado global de capitales. El aumento del comercio trans- fronterizo ha generado un incremento en la necesidad de nor- mas convergentes, como resulta evidente cuando se considera la enorme proliferación de normas reguladoras que está dic- tando la Organización Internacional de Normalización (1so, por sus siglas en inglés). Si bien esta geografía estratégica de la globalización se encuen- tra en parte dentro de los territorios nacionales, ello no signi- fica necesariamente que pueda ser regulada por los marcos nacio- nales de regulación corrientes. En este sentido, se presentan dos tendencias, aunque sólo una deellas es reconocida. Mucho se ha hablado acerca del desplazamiento cada vez mayor de las funciones reguladoras hacia instituciones reguladoras globales, y la correspondiente elaboración de una gran variedad de nor- mas para organizar el comercio mundial y la actividad finan- ciera global. Las funciones que antes correspondían exclusiva- mente a los marcos jurídicos nacionales comienzan a desplazarse hacia ciertos organismos reguladores semiautónomos que for- man redes transfronterizas especializadas, y cuyas normas están reemplazando las reglas del derecho internacional. Dentro de algo problemático y, con frecuencia, incorrecto. Hoy en día, lo que se observa no es una dinámica estatal individual en la que los estados acaban por converger, sino una dinámica global que se va filtrando en ciertos elementos específicos de cada Estado “participante”. Por lo tanto, lo importante no es la “convergencia” como resultado sino las labores tendientes a generar ese resultado.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 93 esta tendencia, la pregunta que debe abordarse desde la inves- tigación y la teoría es si alcanza con esa modalidad de regula- ción si es posible que la participación estatal resurja como un factor importante que haga factibles algunos de estos nuevos regímenes de regulación. La segunda tendencia, que se analiza a continuación, se relaciona con el carácter sumamente especí- fico de las condiciones bajo las cuales el Estado participa de este nuevo aparato regulador. LA PARTICIPACIÓN DESNACIONALIZADA DE LOS ESTADOS NACIONALES EN LA ECONOMÍA GLOBAL La representación de la globalización económica que se deriva de los dos apartados anteriores difiere de las descripciones más comu- nes. En el presente apartado se prestará especial atención a dos características de la globalización que ya se han mencionado. Una deellas es la necesidad de la economía global de produ- cirse, reproducirse, abastecerse de servicios y financiarse. Dicha economía no es simplemente un fenómeno dado, un mero aumento en la interdependencia o una función más del poder de las empresas multinacionales y los mercados financieros glo- bales. Existe una gran variedad de funciones sumamente espe- cializadas que deben garantizarse, pero que se han tornado tan específicas que ya no pueden cumplirse en las sedes centrales de las empresas. Las ciudades globales son lugares estratégicos para la realización de dichas funciones, cuyo fin es gestionar y coor- dinar el sistema económico global. Estas ciudades, ubicadas inevitablemente dentro de los territorios nacionales, constitu- yen el espacio organizativo e institucional de algunas de las prin- cipales dinámicas de desnacionalización. Si bien los procesos de
94 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN desnacionalización (como ciertos aspectos de la desregulación en el mercado de las finanzas y las inversiones) son de carácter institucional y no geográfico, la ubicación geográfica de muchas de las instituciones estratégicas para dichos procesos (como los mercados y las empresas de servicios financieros) los inserta en un territorio, y a menudo con gran concentración espacial. La segunda característica, que se relaciona en parte con la primera, es la materialización de la economía global en gran medida dentro de los territorios nacionales. Su topografía oscila entre el espacio virtual y dichos territorios. Para ello, hace falta una serie de negociaciones cuyo efecto es dejar intactos los lími- tes geográficos del Estado-nación, pero a la vez transformar el encuadre institucional de ese espacio geográfico, es decir, la jurisdicción territorial del Estado o, de manera más abstracta, la autoridad exclusiva del Estado sobre el territorio. Precisa- mente porque los procesos globales requieren ciertos servi- cios y cierta coordinación, y porque muchas de esas funciones se materializan en los territorios nacionales, el Estado ha debido involucrarse a fondo en la implantación del sistema económico global. En el proceso, los distintos estados han sufrido modifi- caciones en varios aspectos de su estructura institucional. Si bien la globalización prácticamente no altera el territorio nacio- nal en sí mismo, tiene profundos efectos en la autoridad exclu- siva del Estado sobre dicho territorio, es decir que sus efectos no se sienten sobre el territorio sino sobre el marco institucio- nal de dicho espacio geográfico. La globalización económica supone un conjunto de prácti- cas que desestabilizan otro conjunto de prácticas, a saber: algu- nas de las prácticas que constituyeron la soberanía nacional del Estado. Para implantar el sistema económico global contem- poráneo en el contexto de los territorios nacionales soberanos, hubo que realizar múltiples negociaciones de carácter político,
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 95 analítico y narrativo. Todas ellas se han condensado o codifi- cado con el término “desregulación”, concepto que no captura en su totalidad lo que dichas negociaciones implican. El punto de encuentro de un actor global (ya sea una empresa o un mer- cado) con una u otra instancia del Estado-nación puede pen- sarse como una nueva frontera. Pero no se trata simplemente de una línea divisoria entre la economía nacional y la global, sino de una zona de interacciones político-económicas que generan nuevas formas institucionales y alteran algunas de las existen- tes. Tampoco se trata de una mera reducción de las regulacio- nes: por ejemplo, hay muchos países en los que la necesidad de autonomía de los bancos centrales para el sistema económico global ha provocado un aumento en la densidad de las regula- ciones a fin de desvincular a dichos bancos del Poder Ejecutivo y de los objetivos políticos típicamente “nacionales”. Hasta ahora, en la producción intelectual de la sociología acerca del Estado no se han analizado las cuestiones relativas a la labor estatal en la implantación de la economía global cor- porativa, pero sí se han realizado grandes aportes al estudio de la labor estatal en la implantación de los mercados en gene- ral, típicamente mercados nacionales, lo que puede resultar muy útil para comenzar a desarrollar las categorías sociológicas nece- sarias. Las investigaciones existentes sobre las capacidades del Estado analizan los fundamentos estructurales que le permiten al Estado intervenir en la vida social y económica (Skocpol, 1979; Skocpol y Finegold, 1982; Skocpol, 1985; Evans, 1995; Block, 1977). Como la intervención explícita se ha deslegitimado y los esta- dos se han “sometido” a las necesidades de la lógica del mercado, ya no es seguro que esta conceptualización resulte suficiente para comprender el rol del Estado en la vida económica actual. Desde esta perspectiva, el Estado contemporáneo puede ser poco más que una herramienta para la organización de los intereses de la
96 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN clase dominante: con el fortalecimiento de los actores económi- cos, la autonomía del Estado se ha evaporado. Sin embargo, las investigaciones actuales en materia de socio- logía económica proponen una visión modificada de la relación entre los estados y los mercados, más útil para teorizar sobre las funcionalidades particulares del Estado contemporáneo. En vez de suponer una externalidad o un dualismo entre el Estado y la economía, estos autores sostienen que el Estado cumple una función constitutiva en la formación del mercado y, por lo tanto, no se limita a “intervenir” en los mercados y en la economía (Block, 1994). Es más, las “necesidades” y la “lógica” de dichos mer cados son elementos que no existen con total independen- cia del Estado, sino que están insertos en la estructura institu- cional y en la estabilidad que éste ofrece (Fligstein, 2001). La pro- tección de la propiedad privada, la ejecución de los contratos y otras necesidades dependen de la existencia de una autoridad pública legítima. La determinación de estas reglas y estructu- ras constituye un proyecto claramente político. Estas funcio- nes que cumplen los estados parecen conceptualizarse mejor en términos de la dotación de un ámbito seguro para el capital que en términos de un logro de objetivos específicos definidos por el Estado, como se entiende generalmente en las investigaciones dominantes sobre el tema. No obstante, las capacidades sobre las que teorizan Skocpol y sus discípulos siguen siendo funda- mentales, y el Estado sigue siendo el principal titular de la auto- ridad legítima en los espacios territoriales de la nación. Por lo tanto, la facultad del Estado de realizar ciertas tareas específi- cas —como controlar la inflación o ejecutar las obligaciones con- tractuales— constituye el mecanismo del sistema económico. Pero es importante considerar el rol estratégico del Estado en el sistema económico en dos sentidos: uno deellos es la cen- tralización del poder y la autoridad legítima con la correspon-
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 97 diente facultad para realizar tareas específicas, y el otro es el esta- blecimiento de un espacio institucional donde se crea un marco general para la actividad económica (sobre este tema, Jessop [1990] ofrece una visión muy diferente a la de Fligstein). En mi investigación, el objetivo es analizar si en efecto esta participación estatal en la constitución de una economía glo- bal corporativa da al Estado, o a algunas de sus instituciones, un tipo de autoridad particular, y tal vez novedoso (Sassen, 2006a: caps. 4 y 5). Se podría pensar que dicha participación aumenta el poder de ciertas entidades estatales, como los bancos centra- les y los ministerios de Economía, al tiempo que reduce de manera considerable el poder de otras, como el sistema de bie- nestar social. Skocpol (1985: 17) sostiene que las capacidades del Estado no pueden distribuirse de manera equitativa entre las distintas entidades estatales. En otras palabras, cuando cier- tos segmentos del gobierno alcanzan un nivel de organización más elevado que otros, su capacidad relativa varía. Si bien se afirma que esta situación genera consecuencias en materia de políticas estatales, las fuentes de dicha disparidad estructural en el fuero interno del Estado no se han examinado lo suficiente ya que se presume que deriva de los cambios en las condicio- nes estructurales para la autonomía estatal. Weiss (1998) ofrece algunos instrumentos para teorizar sobre estas diferencias al sostener que algunas capacidades específicas se desarrollan para resolver ciertos problemas determinados. Por lo tanto, la dis- paridad (Weiss, 1998: 9-10) no deriva sólo del poder relativo del Estado y de la sociedad, sino también deltipo de problemas que el Estado y la sociedad enfrentan. La forma del Estado y el de- sarrollo de sus capacidades específicas dependen más de la fun- ción que de la estructura estatal: crecen y se recomponen con- tinuamente a medida que los organismos estatales específicos abordan distintas situaciones problemáticas. Considero que el
98 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN peso de los intereses privados nacionales y extranjeros en esta labor específica del Estado se vuelve un elemento que consti- tuye nuevas capacidades estatales y un nuevo tipo de autoridad estatal y produce un híbrido que no es ni totalmente público ni totalmente privado (Sassen, 2006: caps. 4 y 5). Una inter- pretación posible de este fenómeno es que se observa la forma- ción incipiente de un tipo de autoridad y de práctica estatal que supone una desnacionalización parcial de lo que históricamente se consideraba nacional. Esta conceptualización introduce un elemento nuevo en el análisis de la autoridad privada, ya que permite detectar la pre- sencia de programas privados en el interior del Estado, es decir, dentro del dominio que se representa como público. Sin embargo, difiere de una tradición teórica que subraya la apropiación del Estado por parte de los actores privados, ya que señala la pri- vatización de la capacidad de generar normas y de lograr que se promulguen en el dominio público. Asimismo, difiere de la tradición que analiza la aparición de una clase autónoma de administradores estatales (Skocpol y Finegold, 1982) y estudia las políticas públicas como si fueran las acciones de un grupo cuasi público con sus propios intereses privados (nótese que estos autores saben que los administradores estatales poseen influencia autónoma sólo en determinadas coyunturas). Es cierto que la suma de un conjunto articulado de intereses de la élite política más un sistema exitoso de reproducción de su control sobre el poder estatal conforma un mecanismo importante de dependencia acumulativa. Esta última proviene del desarrollo de capacidades, habilidades o limitaciones cognitivas específi- cas que van eliminando opciones a través de la formación de los paradigmas de las políticas estatales, como sostienen, por ejem- plo, Peter A. Hall (1989), Hall y Soskice (2001), y Dobbin (1994). También es cierto que con el paso del tiempo la eliminación de
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 99 opciones puede limitar la mutabilidad de las capacidades esta- tales. Sin embargo, en este trabajo no me interesan tanto los inte- reses específicos —públicos o privados— que controlan los com- ponentes del poder estatal. Lo que quiero destacar son los proyectos y las funciones que se concretan mediante el ejerci- cio del poder estatal. A medida que la función pública de ela- borar normas y reglamentos va quedando más subordinada a los estándares técnicos que facilitan la globalización corpora- tiva, se observa el surgimiento de un programa privado dentro de los límites de una autoridad pública formalmente legítima. La articulación de este programa privado en el interior del Estado no depende sólo de la representación formal de intereses pri- vados. En este sentido, la posición que aquí se propone no se adecua cómodamente a la hipótesis de que nada ha cambiado demasiado en materia de poder estatal, ni a la que sostiene que el Estado ha comenzado a perder relevancia. Un supuesto metodológico importante de este trabajo es que el estudio de la globalización económica puede servir para de- sentrañar algunas de estas cuestiones, ya que al otorgar mayor legitimidad a los intereses de las empresas y a los de los inver- sores extranjeros, la labor de acomodar los derechos y los con- tratos de aquéllos en economías que siguen siendo básicamente nacionales se incrementa y se torna visible. El Estado constituye un espacio estratégico para la globalización, no sólo porque en él se encarna la capacidad de cumplir objetivos específicos gra- cias a la centralización del poder coercitivo, sino también por- que ofrece un dominio donde es posible articular las “estrate- gias” de acción colectiva (Jessop, 1990). El término “estrategia” no se refiere sólo a la acción de los sujetos individuales o colec- tivos, sino también a los diversos modos de coordinar la acción colectiva: por ejemplo, aquello que resultará inadmisible, cómo se distribuirán los beneficios, etc. Jessop (1990) define este accio-
100 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN nar en términos de “estrategias de acumulación”. Éstas no se manifiestan en una política en particular, sino en el grado de coherencia de un conjunto de políticas; así, mediante un análi- sis de dichas manifestaciones pueden detectarse las estrategias más generales —en nuestro caso, estrategias que conciernen al capital global—. Sin embargo, esta dinámica también puede estar presente cuando la privatización y la desregulación afectan a las empresas y a los inversores nacionales, aunque en gran parte del mundo esos dos fenómenos se han constituido mediante el ingreso de empresas y de inversores extranjeros. A diferencia de lo que postulan los teóricos de la declinación del Estado, el presente análisis ha sugerido hasta ahora que algu- nas características clave de la globalización económica posibili- tan una mayor diversidad de formas de participación estatal. Hall y Soskice (2004), por ejemplo, encuentran un considerable poten- cial competitivo en los estados socialdemócratas, lo que da por tierra con la afirmación de que “no existe alternativa posible” a las relaciones sociales estructuradas en función del mercado. Aquí se presentan al menos dos cuestiones diferentes. Por un lado, la situación actual, caracterizada por el ascenso de la autoridad pri- vada, es apenas un modelo posible de articulación del Estado. Por lo tanto, entidades como el “Estado de trabajo” de línea schum- peteriana (Jessop, 1990), el “Estado competitivo” (Cerny, 1990) y otras deberían considerarse como meras tendencias del desarro- llo contemporáneo, y no como resultados inevitables. La segunda cuestión es que la situación actual puede abarcar nuevas for- mas de participación estatal y de cooperación interestatal trans- fronteriza para el gobierno de la economía global (véase, por ejemplo, Aman, 1995; 1998). Entre dichas formas de participa- ción se encuentran aquellas que apuntan a reconocer la legitimi- dad de los reclamos por una mayor justicia social y una mayor responsabilidad democrática en la economía global, aunque en
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 101 ambos casos harían falta innovaciones administrativas y jurídi- cas.3 Por lo tanto, el presente trabajo no intenta tanto mostrar el poder y la autoridad enormes de los mercados y de las empre- sas globales, sino que más bien busca detectar los modos espe- cíficos en que el poder y la autoridad del Estado pueden moldear y reformar esas configuraciones particulares del poder econó- mico privado. Una implicación clave de esta línea de análisis es que tal participación del Estado puede generar un nuevo tipo de autoridad estatal que podría reorientarse hacia objetivos dis- tintos de los de la economía global. Algunas de estas cuestiones pueden analizarse desde un ángulo diferente si se tienen en cuenta las nuevas capacidades digitales del mundo empresarial global, que en general se consideran poco sujetas a la jurisdicción estatal; este enfoque conlleva un punto de partida contrario a aquel que subraya los diversos poderes del Estado, como lo hemos desarrollado hasta aquí. LAS REDES DIGITALES, LA AUTORIDAD ESTATAL Y LA POLÍTICA"* La proliferación acelerada de las redes informáticas globales y la digitalización de una gran variedad de actividades políticas y económicas para su circulación en dichas redes plantea una serie de preguntas sobre la eficacia de la autoridad estatal y la participación democrática. En un contexto de cambios múlti- ples, parciales y específicos, vinculados con la globalización, 13 Estas cuestiones se analizan con mayor profundidad en Sassen (20064: caps. 8 y 9). 14 Texto corregido de la conferencia presentada el 13 de febrero de 2000 en Amherst College, basada en el proyecto publicado en Sassen (2006a).
102 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN estas formas de digitalización han posibilitado el ascenso de ciertas escalas subnacionales, como la de las ciudades globa- les, y de escalas supranacionales, como la de los mercados glo- bales, en dominios donde antes dominaba la escala nacional. El punto clave aquí es que dichas modificaciones en las escalas pueden escapar a las formalizaciones existentes de la autoridad estatal. Como ya se ha señalado, estas dinámicas escalares atra- viesan el marco institucional y los encajes del territorio y de la autoridad que surgie ron de la formación del Estado nacional (Taylor, 2000; Ruggie, 1993; Robinson, 2004). Esto plantea pre- guntas respecto de su impacto sobre la capacidad regulatoria del Estado y la posibilidad de socavar la autoridad estatal tal como ella se ha constituido en el transcurso de los últimos dos siglos. En términos más analíticos, podríamos plantear la posibilidad de que estas tendencias apunten hacia nuevos tipos de imbricación entre la autoridad el territorio. Todo esto puede estudiarse a través del modo en que la digita- lización ha posibilitado el fortalecimiento tanto de viejos acto- res y espacios no-estatales como de la formación de otros nuevos, capaces de competir con la autoridad estatal en materia de juris- dicción, alcance y exclusividad. Discuto aquí casos empíricos en que la digitalización ha cumplido una función transformadora —el mercado financiero global y los nuevos tipos de activismo polí- tico transfronterizo—. En cierta medida, se trata de fenómenos sobredeterminados en tanto conllevan múltiples causalidades y contingencias. Al concentrarse en la digitalización, no se pretende postular que es una causalidad única. Por el contrario, ésta se encuentra íntimamente relacionada con otras dinámicas que con frecuencia modelan su desarrollo y sus usos; en algunos casos, incluso, la digitalización es un proceso derivado, un mero ins- trumento deesas otras dinámicas, y en otros es un fenómeno que puede constituir nuevos dominios (Benkler, 2006). Un supuesto
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 103 clave en este análisis es que para comprender las imbricaciones entre la digitalización y los procesos político-económicos resulta necesario reconocer la articulación del espacio digital con otros espacios y resistirse a las lecturas puramente tecnológicas de las capacidades técnicas que el fenómeno acarrea. En este apartado se elaboran esas cuestiones mediante un exa- men de dos dinámicas distintas. La primera es el vínculo entre Internet y la autoridad estatal, una introducción necesaria a un tema sobrecargado de supuestos acerca de la capacidad intrín- seca de Internet para superar las relaciones existentes entre dere- cho y territorio, sobre todo por el hecho de que las empresas, las personas y las onG pueden eludir el control gubernamental cuando operan enel ciberespacio. La segunda esla relación entre la autoridad estatal y el mercado global de capitales, en particu- lar porque dicho mercado no sólo es, en gran medida, suprana- cional y electrónico, sino porque además tiene un poder enorme. Una tercera dinámica —que se desarrolla en profundidad en el capítulo 6— es la formación de nuevos tiposde actividad política global, que surgen de las peculiaridades de las causas y las luchas locales, pero ala vez expanden la participación democrática más allá de las fronteras estatales, incluso cuando esos actores están inmovilizados en la localidad. Se trata de versiones de la política global que no son cosmopolitas y que en muchos sentidos gene- ran interrogantes acerca de la relación entre el derecho el terri- torio opuestos a los que genera el mercado global de capitales. Internet y la regulación estatal La idea de Internet como red de redes descentralizada ha contri- buido a reforzar la noción de que posee una autonomía intrín- seca con respecto al poder estatal, además de una gran capaci- dad para mejorar la democracia desde la base mediante un
104 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN fortalecimiento de las dinámicas del mercado y del acceso a ella por parte de la sociedad civil.5 Internet es una red formada por puntos de interconexión (1xP), backbones o redes troncales nacio- nales, redes regionales y redes locales, que, por lo general, hoy per- tenecen a entidades privadas. El 24 de octubre de 1995, el Federal Networking Council, organismo encargado de administrar las redes federales en los Estados Unidos, dictó una resolución donde el término “Internet” quedaba definido de la siguiente manera: Internet hace referencia a un sistema global de información que: i) está relacionado lógicamente por un único espacio de direcciones globales basado en el protocolo de Internet o en sus extensiones; ii) es capaz de soportar comunicaciones usando el conjunto de protocolos TCPAP o sus extensiones u otros protocolos compatibles con el 1p; y iii) emplea, provee o hace accesible, de manera privada o pública, servicios de alto nivel en capas de comunicaciones y otras infraestructu- ras relacionadas aquí descritas (véase http://wwww.itrd.gov/ (http://wv fnc/Internet_res.html). Sin embargo, aunque en principio muchos de los elementos clave de Internet tienen esta capacidad de mejorar la democracia, su grado de apertura y su tecnología también contienen un poten- cial de control importante, además de brindar la posibilidad de imponer límites al acceso. 15 El carácter constitutivo de Internet cambia continuamente (World Information Order, 2002; Dean et al., 2006). Hace algunos años todavía podía definirse como una red de redes computarizadas que empleaban un mismo protocolo de comunicación (el protocolo 1P). Hoy, los portales también conectan a ciertas redes que utilizan protocolos diferentes. Es más, la red no se compone sólo de computadoras conectadas con otras computadoras: hay, además, terminales comerciales, cámaras, robots, telescopios, teléfonos celulares, televisores y otros dispositivos electrónicos conectados a Internet.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 105 Si bien en muchos sentidos Internet elude o supera la mayo- ría de las jurisdicciones convencionales (Post, 1995; Rogers, 2004), esto no necesariamente implica que haya ausencia de regula- ción. Gran parte del material publicado sobre este tema opera en dos niveles diferentes. Por un lado, se encuentra un conjunto de ideas generalizadas, con su origen en las primeras etapas de Internet, que conciben a dicha red como un espacio descentra- lizado en el que no se puede instituir ninguna estructura de auto- ridad. Por otro lado, hay un corpus creciente de textos técnicos, estimulado en gran parte por el aumento de la importancia de las cuestiones relativas a las direcciones web y al sistema de regis- tro de dominios, con las correspondientes problemáticas jurí- dicas y políticas asociadas con este fenómeno. Un dato que se pasa por alto con demasiada frecuencia en los comentarios generales sobre Internet es el hecho de que exis- ten al menos tres factores que constituyen una administración de facto de dicho medio. Uno deellos es la autoridad guberna- mental, que se ejerce a través de la imposición de normas téc- nicas y operativas, tanto para el hardware como para el software. El segundo es el poder cada vez mayor de los intereses empre- sariales en la configuración de la orientación creciente de Inter- net hacia la privatización de las capacidades. En tercer lugar, se encuentra el hecho de que hace años existe una especie de auto- ridad central que supervisa algunos elementos fundamentales de Internet en materia de direcciones, números y dominios. Aun- que estas tres condiciones no bastan para afirmar 1pso facto que la regulación es posible, sí señalan que una representación de Internet como espacio que escapa a todo tipo de autoridad es inadecuada (Goldsmith y Wu, 2006; Mueller, 2004). Boyle (1997), entre otros, ha estudiado el modo en que el con- junto intrínseco de normas que constituyen dicha red por sí mismo socava la posición de aquellos que afirman que el Estado
106 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN no puede regularla. En efecto, el autor sostiene que el diseño mismo de las tecnologías ya contiene en parte el programa regu- lador del Estado. Así, el Estado tiene la posibilidad de regular, aun cuando no sea por medio de sanciones. De hecho, Boyle advierte que el carácter tecnológico y privado de la aplicación de las normas en este ámbito alejaría a dicho poder de policía del escrutinio del derecho público, con lo que los estados que- darían liberados de ciertos límites constitucionales y de otra índole que en general restringen sus opciones. Esto puede resul- tar problemático, incluso en los estados donde rige el imperio de la ley, como lo evidencian ciertos casos de abuso de poder por parte de diversos organismos del gobierno estadounidense. El segundo factor “regulador” es el poder de los intereses empresariales privados para la configuración del espacio activo de Internet, lo que pone en evidencia que las condiciones para una gobernabilidad democrática de Internet exceden la capa- cidad de los tipos de organismos creados para gobernar, y no sólo en regímenes democráticos. Más allá de la gobernabili- dad, los actores que configuran el crecimiento de Internet son muy variados, y van desde el grupo original de expertos en infor- mática que desarrollaron la primera red de carácter abierto y descentralizado, hasta las empresas multinacionales que desean proteger los derechos de propiedad intelectual. Además, hace poco comenzaron fortalecerse las agrupaciones civiles y polí- ticas que se preocupan por el grado en que los intereses empresa- riales privados están configurando el acceso a Internet, su de- sarrollo y sus contenidos. Uno de los críticos más radicales es 16 La facultad del gobierno estadounidense en lo que respecta a la vigilancia, incluso en las empresas de países con gobiernos fuertes y aliados de los Estados Unidos, quedó demostrada cuando se alegó que dicho país había empleado el sistema Echelon para espiar a algunas empresas europeas (World Information Order, 2002: cap. 6; Rogers, 2004; Lovink, 2003).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 107 Lovink (2003), quien encuentra que la cultura Internet origi- nal ha perdido su potencial para fortalecer a la sociedad civil, y que la única manera de asegurarse hoy este objetivo es a través de una nueva Internet y de una nueva cultura Internet (véase también Thierer y Crews, 2003). Un dato central que refleja esta divergencia de intereses es el hecho de que desde mediados de la década de 1990 las princi- pales iniciativas para el desarrollo de software para Internet han consistido en la creación de redes internas empresariales protegidas, túneles protegidos para las transacciones interem- presariales, sistemas de verificación de la identidad, protección de las marcas registradas y facturación. El aumento acelerado de este tipo de programas y de su uso en Internet no fortalece el carácter público de la red, y genera el riesgo de que las capaci- dades que representa Internet se orienten cada vez más hacia los intereses empresariales y comerciales. Esto cobra especial impor- tancia cuando la producción de programas destinados a refor- zar la apertura y la descentralización de Internet es menor, como sucedía en sus etapas iniciales. A partir de 1995-1996, los avan- ces técnicos y políticos generaron un fenómeno que puede inter- pretarse como un incremento en el control (Lessig, 1999; Sas- sen, 1999a; Dean et al., 2006). Antes de 1995, los usuarios tenían mayor libertad de acción, acceso con menos controles y facili- dad para mantener el anonimato, y era más difícil verificar su identidad, lo que garantizaba la protección del derecho a la privacidad. La estructura de Internet limitaba la aplicación de técnicas que posibilitan la discriminación en materia de acceso.” Desde entonces, con el afán por facilitar el comercio electrónico, 17 Lessig denomina “código” a esta estructura de Internet, compuesta por el software y el hardware que constituyen la red y determinan los modos de existencia e interacción de las personas en dicho espacio.
108 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN la estructura de Internet facilita la desigualdad* Es inevitable que todas esas condiciones entren en juego en las iniciativas actuales que buscan gobernar Internet. El tercer factor es la existencia de una autoridad central que gobierna ciertas funciones clave de Internet, autoridad que en sus orígenes fue informal pero que se formaliza cada vez más.” Si bien la naturaleza de esta autoridad no es equivalente a la de los entes reguladores que existen hoy, se trata de un sistema de filtro que genera la posibilidad de cierta supervisión. Estas capa- cidades de supervisión crean una seria necesidad de renovar los conceptos actuales sobre lo que constituye la regulación.” La creación de la ICANN (Internet Corporation for Assigned 18 Planteo un argumento similar, usando la noción de la cibersegmentación, en Sassen (1999a). 19 Esta función centralizada de Internet supone el control y la asignación de los números que las computadoras necesitan para localizar una dirección, y de ahí instruir a los principales servidores primarios de dominios o root servers (las computadoras que ejecutan las órdenes de búsqueda de direcciones). Obviamente, esto constituye una suerte de poder. Como ya se sabe, la función de asignar direcciones es fundamental, y durante años estuvo bajo el control informal de un científico, que fundó la “Internet Assigned Numbers Authority” o Agencia de Asignación de Números de Internet. En líneas generales, hace años que la comunidad de científicos que desarrolló la red para su uso público (si bien al comienzo éste fue un “público” restringido al mundo científico y a los hackers, una especie de científicos informales de computadora) y debió ponerse de acuerdo acerca de una gran variedad de cuestiones técnicas, también constituye una especie de “autoridad” central. Si esto se hubiera dado en otros ámbitos científicos y culturales, esos actores ya habrían creado un organismo formal y reconocible, con un poder considerable, lo que desde una perspectiva sociológica hace muy interesante a ese grupo inicial. 20 También existen elementos específicos que pueden afectar la regulación de determinadas actividades digitales en función de la infraestructura. Hay una variedad de tipos de actividad digital a la que corresponden infraestructuras a menudo distintas, como se observa, por ejemplo, cuando se comparan los mercados financieros al por mayor y los teléfonos celulares.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 109 Names and Numbers o Corporación de Internet para la Asig- nación de Nombres y Números), que se fundó en el verano de 1998 y hoy controla el sistema de asignación de dominios en Internet, representa una formalización de esa original autori- dad informal .' Al comienzo fue básicamente un grupo de exper- tos en la materia, gobernado por un estatuto bastante flexible y poco eficaz. Hacia principios de 1999 ya se habían dictado nor- mas para dirimir conflictos de intereses, se habían celebrado algunas asambleas y se había comenzado a elaborar un meca- nismo para elegir a los integrantes de la junta directiva a fin de generar una mayor contabilidad pública.” Sin embargo, la crea- ción de la ICANN no ha resuelto todos los problemas, si bien ha confirmado algunos intereses fuertes del sector empresarial. 21 El crecimiento de los intereses comerciales en Internet a partir de mediados de 1990 comenzó a generar una crítica a la autoridad de facto de los científicos pioneros y, especialmente, a su lógica en la asignación de dominios. Un caso conocido es el de las empresas que descubrían que sus nombres habían quedado en manos de terceros y no podían hacer demasiado al respecto. El concepto de marca registrada y la propiedad intelectual sobre los nombres no fue parte de la cultura de la Internet original. 22 Desde octubre de 2000,la junta directiva de la ICANN detenta la autoridad máxima en materia de normas para Internet, pero en realidad existe una compleja red de organizaciones dedicadas a distintos aspectos de la administración de Internet. La Internet Society y sus organizaciones subsidiarias (la Internet Architecture Board, el Internet Engineering Steering Group, la Internet Engineering Task Force y la Internet Research Task Force) son responsables por la elaboración de normas y protocolos de comunicaciones y operaciones que posibiliten la comunicación de los usuarios a través de Internet. La Internet Societal Task Force se dedica a las políticas relativas a Internet. La Internet Society, por su parte, también posee los derechos de propiedad intelectual sobre el protocolo. Otras organizaciones como el www Consortium también se especializan en la elaboración de normas para ciertos servicios de Internet (para una historia detallada, véase Latham, 2005). 23 El “Marco para el comercio electrónico global” del gobierno federal estadounidense durante la presidencia de Clinton (un documento de trabajo
110 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Es más, la ICANN es tema de debate en un número cada vez mayor de subculturas digitales, muchas de las cuales consideran que se trata de un aparato antidemocrático, dominado en gran parte por intereses estadounidenses, sobre todo de las grandes empre- sas” (véanse Klein, 2004; Siochru et al., 2002). Lo que quiero subrayar aquí es la existencia, y por ende la posibilidad, de un proceso de gestión de Internet. Además, estos fenómenos muestran algo que quizá sea aun más importante: la necesidad de establecer un gobierno justo para garantizar que el interés público también incida en el desarrollo de Internet. Como afirman muchos autores, no basta con las fuerzas de mer- cado para asegurar que Internet contribuya al fortalecimiento sobre gobernabilidad en Internet) sostiene que la regulación debe ser mínima, ya que Internet tiene alcance global y su tecnología aún está evolucionando. Asimismo, señala que en las pocas esferas donde se necesitan reglas, como es el caso del derecho ala intimidad y de las cuestiones impositivas, dichas políticas deben formularse en el marco de organismos cuasi gubernamentales, como la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (omPr) o la ocDE. Una de las fallas de estas propuestas es la falta de transparencia y los problemas que esto acarrea, como resulta evidente al analizar uno de los principales dilemas de Internet en materia de políticas: la práctica de los ciberocupas (los especuladores privados que se apropian de marcas o de nombres comerciales valiosos en Internet y luego cobran sumas enormes por vendérselos a las empresas que llevan esos nombres). En Internet, las direcciones web son elementos importantes para establecer la identidad, por lo cual las empresas quieren imponer una regla que les asegure la titularidad de todos los dominios donde figuren sus marcas comerciales. Sin embargo, el uso de Internet no se limita al comercio electrónico, por lo que los defensores de los derechos del consumidor sostienen que una regla de esa índole restringiría injustamente los derechos de los museos, las escuelas, los partidos políticos y otros usuarios no comerciales. No obstante, en los debates de la OMPI participan mayormente las grandes empresas, y las asambleas se realizan a puertas cerradas. Con esto se privatiza el impulso de diseñar reglamentos para el uso de Internet. 24 Véase el resumen de los debates en Lovink y Schultz (1997), y Dean et al. (2006).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 111 de las instituciones democráticas. Dado que el tamaño de la red ha crecido, en el nivel de internacionalización y en la impor- tancia económica, parece haber una inquietud cada vez mayor por la necesidad de un sistema más organizado y responsable. Las opiniones acerca de Internet y de su gobernabilidad están bastante divididas.” Para simplificar un conjunto de posiciones que se superponen, se podría afirmar que algunos conciben Internet como una entidad pasible de ser gobernada mediante ciertos mecanismos, mientras que otros no consideran que sea una entidad, sino una red de redes descentralizada que a lo sumo puede prestarse a cierta coordinación de normas y reglas. Entre aquellos que la conciben como una entidad, gran parte de la problemática gira en torno de la creación de un sistema de derechos de propiedad y de otras protecciones de esa índole, con los respectivos medios de aplicación, aunque existe desacuer- do en lo que respecta al modo de administrar y hacer valer dicho sistema. Para algunos (véase Foster, 1996) sería necesario vincu- lar el sistema con algún organismo multilateral, como la OMPI y la ur, precisamente porque sólo existe legislación nacional sobre marcas comerciales, pero Internet es una entidad glo- bal. Esto garantizaría el reconocimiento de dicho sistema por parte de los estados que conforman esos organismos. Para otros, el mecanismo de gobierno debería provenir de las institucio- nes mismas que existen en Internet. Gould (1996), por ejem- plo, sostiene que no hay ninguna necesidad de apelar a insti- tuciones ajenas, ya que las prácticas de Internet podrían producir una suerte de gobernabilidad constitucional pertinente exclu- sivamente al ámbito de la red. Mathiason y Kuhlman (1998), 25 Las distinciones propuestas aquí siguen en partela clasificación y las investigaciones de Pare (2003: cap. 3). Véanse tambien Drake y Williams (2006) y Mueller (2004).
112 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN por su parte, plantean una tercera propuesta: crear una con- vención internacional a la que adhieran los distintos estados que sirva como marco para el gobierno de Internet, similar a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Por otro lado, los autores que descartan la existencia de Inter- net como una entidad en sí misma y consideran que es apenas una red de redes descentralizada han planteado que la regula- ción o coordinación externa es innecesaria. Es más, el carácter descentralizado del sistema tornaría ineficaz todo tipo de regu- lación externa. Sin embargo, estos especialistas tienden a coin- cidir con aquellos que proponen la necesidad de un marco para establecer un sistema de derechos de propiedad. Gillett y Kapor (1996) defienden la funcionalidad de los mecanismos de coor- dinación difusa. Más aun, sostienen que la autoridad de dicha coordinación podría legitimarse con mayor facilidad en ámbi- tos de redes distribuidas, como es Internet, sobre todo por el carácter global de la comunidad de interesados. Mueller (1997) se opone firmemente a la regulación de Internet y a la protec- ción de las marcas comerciales, e incluso critica la noción misma de gobernabilidad en el marco de Internet, ya que el propósito de la redes facilitar la interconexión, y dicho gobierno sería con- tradictorio con ese propósito. Para Mueller, demasiada atención y demasiados esfuerzos han buscado restringir la capacidad de interconectarse (véase también Mueller, 2004). Uno de los estudios más sistemáticos de todas estas perspec- tivas es el realizado por Pare (2003), quien afirma que ninguno de estos dos enfoques es muy útil en la tarea de examinar los procesos concretos que están configurando la trayectoria de la gobernabilidad en Internet, y en especial del sistema de asigna- ción de dominios. Pare señala que dichos enfoques tampoco dan cuenta de la estructura operativa de las organizaciones que hoy
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 113 administran las funciones centrales de Internet (tanto en el nivel nacional como en el internacional) ni exploran sus probabili- dades de supervivencia.” Una cuestión importante es el rol de las características mis- mas de la tecnología en la configuración de algunas posibilida- des o formatos para su gobierno o coordinación (Pare, 2003: cap. 5; Latham y Sassen, 2005; Rogers, 2004; Mueller, 2004). Las redes electrónicas transnacionales producen un conjunto de jurisdic- ciones diferentes a las de los estados territoriales, razón por la cual carecería de sentido tratar de replicar en Internet las for- mas de regulación de estos últimos. Una opción para regular diversas dimensiones de la interconexión en la red podría ser una serie de leyes emergentes descentralizadas, tales como la asignación de dominios, que a largo plazo podría converger en un conjunto de normas comunes para la coordinación mutua. Para otros, que hacen hincapié en la tecnología, Internet es de por sí un ámbito regulado por las normas y las limitaciones intrínsecas del hardware y el software que la componen. Así, Rei- denberg (1996) coincide en que la red socava la gobernabilidad territorial en materia de regulación, pero considera que se han creado y se siguen creando nuevos modelos y fuentes de regu- lación sobre la base de las normas técnicas y de su capacidad para establecer límites por defecto, que imponen un orden a las redes (véanse también Lessig, 1999; Goldsmith y Wu, 2006; 26 Pare (2003) propone otro tipo de enfoque para el estudio de las cuestiones de gobernabilidad y coordinación. Para él, la preocupación por los resultados finales y por la noción de estrategias óptimas de gobierno que presentan todos los autores arriba mencionados genera ciertos puntos ciegos en el análisis. Una de las cuestiones fundamentales es la necesidad de comprender la relación dinámica que existe entre las formas institucionales que producen tecnología y las estructuras de red que surgen con el tiempo (véanse también Lessig, 1999; Latham y Sassen, 2005; Mueller, 2004).
114 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Dean et al., 2006). Las normas técnicas, por su parte, pueden utilizarse como instrumentos de políticas públicas, y es en este sentido que Reidenberg plantea el surgimiento de una lex informatica. Para aquellos que en la actualidad se dedican a la economía global, este planteo presenta claras reminiscencias de la antigua lex mercatoria, concepto que está cobrando nueva vida a la luz de la globalización económica las privatizacio- nes (Sassen, 2006a: cap. 5). Sin embargo, Internet es apenas una parte del vasto mundo digital de hoy y, en mi interpretación, el poder que sele atribuye de socavar o desestabilizar la autoridad estatal en gran medida proviene de la existencia de otras redes privadas digitales, como las que usan los mercados financieros mayoristas y que anali- zaremos a continuación. La distinción entre el espacio digital privado y el espacio digital de acceso público Muchas de las afirmaciones sobre la dinámica el potencial de la era digital se refieren en realidad a procesos que tienen lugar en el espacio digital privado y que poco tienen que ver con la Internet de acceso público (más allá de si ésta es o no gratuita). Se trata de una confusión grave, pero no por eso menos común. En efecto, la mayor parte de la actividad financiera mayorista y de otras actividades económicas digitales se da en el marco de las redes digitales privadas.” Se trata de un tipo de espacio pri- 27 Para las operaciones minoristas de inversión y compraventa de valores se usa Internet. Lo mismo vale para las inversiones directas que se realizan en Internet, que en general son minoristas y representan una porción mínima del mercado financiero global. Incluso si se considera que el valor de dichas operaciones se triplicará en los próximos tres o cuatro años, éstas no tendrán el grado de poder que caracteriza al mercado financiero mayorista a nivel global.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 115 vado que puede incluir, por una parte, espacios de Internet pero privatizados, como esel caso de los sitios protegidos por “fire- Walls”, y, por otra parte, redes privadas con enlaces dedicados. Las redes digitales privadas posibilitan la existencia de cier- tas formas de poder concentrado que difiere del poder “distri- buido” asociado con las redes digitales públicas (Sassen, 2006a: cap. 7). Un buen ejemplo de ello son los mercados financieros. Las tres propiedades de las redes electrónicas (el acceso y la distribución descentralizados, la simultaneidad de transaccio- nes y la interconectividad) han generado aumentos considera- bles en la magnitud del mercado global de capitales. En un sen- tido técnico más elemental, podría compararse este incremento con el crecimiento notable de las transacciones que una persona puede realizar en un lapso determinado utilizando Internet (que la conecta a muchas otras personas simultáneamente) con la cantidad de transacciones que en ese mismo lapso podrían rea- lizar utilizando viejas tecnologías. Sin embargo, como las redes digitales dedicadas a las actividades financieras están insertas en un campo social específico (el sector financiero, cuyo interés no se corresponde con el del modelo técnico de estas redes pero sí con la lógica “social” del mundo financiero, es decir, la renta), el resultado de estos avances técnicos es una mayor concentra- ción en vez de una mayor distribución (como en principio lo permitiría la capacidad técnica de estas redes). Al mismo tiempo, los efectos transformadores de la digitalización en este sector determinan los límites del peso del contexto: por ejemplo, el aumento en la inestabilidad y en el riesgo que han comportado estas tecnologías (para una discusión detallada de estos temas, véase Sassen, 2006a: cap. 7). Uno de los principales resultados de la digitalización de los mercados financieros ha sido un gran salto en su magnitud, al que ella ha contribuido de tres maneras básicas. En primer lugar,
116 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN el uso de programas informáticos complejos, característica clave de los mercados financieros actuales, posibilitó un gran núme- ro de innovaciones, elevó el nivel de liquidez e incrementó las posibilidades de licuar ciertos activos que hasta hace poco se consideraban ilíquidos.** Aunque estos procesos pueden reque- rir instrumentos de gran complejidad, la posibilidad de emplear las computadoras facilitó, no sólo el desarrollo de dichos ins- trumentos, sino también su uso generalizado, ya que la comple- jidad está “empaquetada”, por así decir, en el software. En segundo lugar, las redes digitales pueden maximizar las consecuencias de la integración del mercado global pues posi- bilitan la simultaneidad de los flujos y de las transacciones inter- conectadas. Desde fines de la década de 1980, cada vez más cen- tros financieros se han integrado al mercado global gracias a la desregulación de las economías nacionales. Esta condición no digital intensificó los efectos de la digitalización de dichos mer- cados y de sus instrumentos. En tercer lugar, debido a que la actividad financiera pasa más por las transacciones que por el simple flujo de dinero, las propiedades técnicas específicas de las redes digitales han aportado un nuevo significado, ya que el número de tansacciones que es posible realizar dentro de un lapso determinado de tiempo se multiplican con la incorpora- 28 Por ejemplo, en México, después de la crisis financiera de fines del 1994 (el llamado “efecto tequila”) y antes de los primeros síntomas de la crisis asiática, las principales empresas deservicios financieros cerraron una serie de tratos muy novedosos que contribuyeron a expandir aun más el volumen negociado en los mercados financieros y a incorporar nuevas fuentes de ganancia, con lo que garantizaron la liquidez en el mercado global en una situación de crisis al menos parcial. En general, esos tratos aplicaban conceptos novedosos sobre los modos de vender deuda y aquello que se consideraba vendible como tal. Es decir, que en vez de optar por la prudencia, se optó por experimentar con nuevos tipos de instrumentos especulativos y por forzar una interpretación que hiciera aceptable lo que se había considerado inaceptable.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 117 ción de cada nuevo participante —sea individuo, empresa, o cen- tro financiero—. En otro trabajo analizo la complejidad organi- zativa como variable clave para maximizar la utilidad que las empresas pueden extraer del uso de la tecnología digital (Sassen, 2001: 115-116). Es posible afirmar que esa complejidad alcanza su forma más avanzada en el caso de los mercados financieros y que, por ende, la utilidad que obtienen las empresas financieras es máxima comparada con, por ejemplo, una biblioteca pública con acceso a Internet o una simple empresa. La combinación de estas condiciones ha permitido ubicar al mercado global de capitales en una posición distintiva respecto de otros componentes de la economía global. Los índices que se emplean para este análisis son los valores monetarios concretos y, aunque resulta más difícil de medir, el peso cada vez mayor de los criterios financieros en las transacciones económicas —fenó - meno que a veces se describe como una “financiarización de la economía”—. Entre 1980 y 1995 —en el período de lanzamiento del nuevo mercado financiero— el total de activos financieros cre- ció tres veces más rápido que el PIB de los veintitrés países de - sarrollados que conformaban la ocDE en ese período, y el volu- men negociado en divisas, bonos y acciones aumentó cinco veces más rápido (Woodall, 1995). A fines de la década de 1990, el PIB total de esos países era de 30 billones de dólares, mientras que la suma total de todos los valores negociados internacionalmente superaba los 65 billones de dólares. Para 2004, esta suma ascen- día a 290 billones de dólares. Para poner esta cifra en perspectiva resulta útil compararla con el valor de otros componentes impor- tantes de la economía global, como el índice de comercio trans- fronterizo (cerca de 11 billones de dólares en 2004) y la inver- sión directa extranjera (8 billones de dólares en 2004). En 1983, las transacciones en el mercado de divisas superaron diez veces en magnitud al comercio internacional, pero en 1999 esa cifra
118 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ya era 70 veces mayor, y en 2003, más de 80 veces mayor, aun cuando el comercio internacional también ha crecido conside- rablemente en este lapso.” En síntesis, la desregulación de los mercados financieros nacionales, la integración global de un número cada vez mayor de centros financieros, las computadoras y las telecomunica- ciones han contribuido al crecimiento explosivo de los merca- dos financieros.3* Combinado con la posibilidad de transmi- sión instantánea, el alto grado de interconectividad indica que existe un potencial enorme de crecimiento exponencial.*' Es posible argumentar que, en sí mismo, el aumento en el volu- men negociado es un dato secundario, pero cuando dicho volu- men puede utilizarse, por ejemplo, para arrasar a los bancos centrales, como sucedió en México en 1994 y en Tailandia en 1997, se transforma en una variable importante. Es más, cuando los mercados electrónicos globales permiten que los inversores 29 El mercado de divisas fue el primero en globalizarse (a mediados de la década de 1970). Hoy es el más grande y, en muchos sentidos, el único mercado verdaderamente global. Ha pasado de un movimiento diario de unos 15.000 millones de dólares en la década de 1970, a aproximadamente 60.000 millones a principios de la década de 1980 y 1,3 billones de dólares en 1999, cuando las reservas totales de divisas extranjeras de los países ricos industrializados sumaban cerca de un billón de dólares. En 2004, llegó a más de 1,3 billones. 30 Para más datos empíricos sobre los temas analizados en este apartado, véase Sassen (2001: caps. 3,4 y 7; 2006b: cap. 2). Para una perspectiva diferente sobre algunos temas relativos al mercado financiero global, véanse Garrett (1998); Eichengreen (2003); para un análisis que muestra que incluso gobiernos no muy fuertes tienen opciones enfrentadas con el mundo financiero global, véase Datz (2007). 31 Según algunos cálculos, en la actualidad se está viviendo el punto intermedio de un proceso de 50 años que llevará a la integración absoluta de estos mercados. Dada la dinámica de crecimiento posibilitada por la digitalización, los mercados financieros podrían expandirse aun más en relación con la magnitud de otros componentes de la economía global, como la inversión directa y el comercio.
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 119 retiren sin demora más de 100.000 millones de dólares de unos pocos países —como sucedió en la crisis del Sudeste asiático de 1997-1998— y los mercados de divisas tienen una magnitud capaz de alterar radicalmente las tasas de cambio de algunas mone- das, la digitalización pasa a ser una variable significativa más allá de sus características técnicas. El sistema financiero global y la autoridad del Estado Estas condiciones generan una serie de interrogantes acerca de los efectos de semejante concentración de capital en los merca- dos globales, y del hecho de que hacen posible un alto grado de entrada y salida de capitales entre países. ¿Es posible afirmar que el mercado global de capitales tiene el poder de “disciplinar” a los gobiernos nacionales y de someter al menos a algunas polí- ticas fiscales y monetarias criterios financieros que hasta enton- ces no se aplicaban? ¿Cómo afecta este fenómeno a las econo- mías nacionales y a las políticas estatales? ;¿Altera de alguna manera el funcionamiento de los gobiernos democráticos? ¿Semejante concentración de capital sirve para reconfigurar la relación de responsabilidad del gobierno electo con el pueblo? ¿Afecta de alguna manera a la soberanía nacional? Y, por último, ¿es posible que estos cambios reposicionen a los estados y el sistema interestatal en el mundo de las relaciones transfronte- rizas? Se trata sólo de algunos de los interrogantes que generan los modos específicos en que la digitalización interactúa con otras variables para producir los caracteres distintivos del mer- cado global de capitales en la actualidad. Las respuestas de los especialistas en el tema varían: algunos aún conciben el Estado como la autoridad última en estas cuestiones (Helleiner, 1999) y otros ven un poder emergente y superior al Estado, por lo menos en algunas instancias (Panitch, 1996; Robinson, 2004).
120 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Si la formación del mercado global de capitales representa una concentración de poder con capacidad para influir en las políticas económicas de los gobiernos nacionales y, por exten- sión, en sus otras políticas, entonces las normas que rigen estas posibilidades constituyen una de las cuestiones clave. Hoy los mercados financieros globales no sólo son capaces de emplear un poder coercitivo, sino que han producido una lógica que se integra a las políticas públicas nacionales y un conjunto de cri- terios que definen la política económica “adecuada”. La lógica operativa del mercado de capitales contiene criterios para defi- nir qué es una política financiera “justa” para los principales intereses financieros. Ahora bien, en los últimos años dichos cri- terios se han transformado en normas para mucho más que el mundo financiero: para componentes importantes de las polí- ticas económicas nacionales, que exceden en gran medida al sec- tor financiero mismo. Se trata de una dinámica que se percibe en los países a medida que se van integrando en los mercados financieros globales. Para muchos de ellos, dichas normas les son impuestas desde el exterior. Como ya se ha dicho más de una vez, algunos estados son más soberanos que otros.33 Entre 32 En mi investigación intento captar esta transformación normativa en la noción de la privatización de ciertas facultades normativas que en la historia reciente de los estados regidos por el imperio de la ley pertenecían al dominio público. (Es decir, no incluyo aquí situaciones como, por ejemplo, la de la Iglesia Católica, que hace años tiene lo que podría describirse como una facultad normativa privada, ya que se trata de una institución no-estatal, o al menos eso es lo que se supone.) Ahora comienzan a presentarse como normas públicas lo que en realidad son elementos de una lógica privada que representa ciertos intereses particulares. Si bien ésta no es una situación nueva para los estados nacionales donde rige el imperio de la ley, lo que quizá sea diferente es la medida en que dichos intereses son globales (para un análisis más completo, véase Sassen, 2006a: cap 5). 33 Una característica importante para la presente investigación sobre la desnacionalización es que muchos estados —más bien algunos de sus
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 121 los elementos más conocidos de estas normas de “política eco- nómica adecuada” se encuentran la importancia de la autono- mía de los bancos centrales, las medidas antiinflacionarias, la paridad en las tasas de cambio y la variedad de políticas que en general se describen como “las condicionalidades del FMI”3* La digitalización de los mercados y de los instrumentos finan- cieros cumplió una función fundamental en el aumento de la magnitud, la integración transfronteriza y el correspondiente poder coercitivo del mercado global de capitales. Sin embargo, las lógicas y los intereses que moldearon este proceso no tenían mucho que ver con la digitalización en sí misma, aunque ésta resultó esencial. Ello refleja el grado de inserción de los merca- dos digitales en ámbitos institucionales complejos, en gran medida de carácter nacional, aun cuando las ciudades globales contienen y facilitan importantes procesos de desnacionaliza- ción. Además, el poder coercitivo que obtuvo el mercado glo- bal de capitales gracias a la digitalización facilitó la institucio- nalización de ciertos criterios financieros en las políticas nacionales, pero este cambio en las políticas jamás se habría logrado por obra de la digitalización por sí sola. Una delas consecuencias de esa inserción específica del mer- cado financiero global es que el espacio supranacional de los mercados electrónicos, que en parte operan por fuera de la juris- dicción exclusiva de los estados, en realidad constituye sólo uno organismos y sectores específicos— han participado en la formación y en la aplicación de dichas reglas y condiciones. 34 Algunos detalles de estas normas se han revisado después de la crisis financiera del Sudeste asiático en 1997-1998. Un ejemplo de ello es la paridad cambiaria, que hoy no se exige en términos tan estrictos. La crisis que se desató en la Argentina en diciembre de 2001 generó aun más interrogantes sobre algunos aspectos de las condicionalidades impuestas por el FMI, pero ninguna de las dos crisis mencionadas ha eliminado dichas condicionalidades.
122 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN de los espacios de este sector digitalizado. El otro espacio está caracterizado por la gran densidad de centros financieros con- cretos, donde las leyes nacionales todavía se aplican, aun cuando se hayan visto profundamente alteradas. En estos centros finan- cieros y de negocios, la inserción territorial del espacio electró- nico privado para fines económicos conlleva la formación de enormes concentraciones de infraestructura y la interacción compleja entre la digitalización y una variedad de actividades localizadas en esos centros y, por ende, más sujetas a la autori- dad estatal directa. El concepto de “ciudades globales” captura este tipo particular de inserción del mercado global de capita- les en los centros financieros concretos.3> En el caso de los espa- cios digitales privados, como los que emplean los mercados financieros globales, esta inserción acarrea ciertas consecuen- cias importantes para la teoría y para la política, especialmente en función de las condiciones en que los gobiernos y los ciuda- danos pueden intervenir sobre este nuevo mundo electrónico parcialmente territorializado. En síntesis, el espacio digital privado del mercado global de capitales se intersecta al menos de dos maneras específicas con el ámbito de la autoridad estatal y con el derecho. Por un lado, la intersección se da mediante la introducción en las políticas de Estado nacionales de un nuevo tipo de normas que reflejan la lógica operativa del mercado global de capitales. Por otro lado, una segunda intersección se da mediante la inserción parcial de los mercados financieros digitales en los centros financieros concretos, lo que devuelve al mercado global de capitales, al 35 Por ejemplo, el crecimiento de las transacciones financieras electrónicas y de las alianzas electrónicas entre los mayores centros financieros refleja el modo particular en que los mercados digitales se encuentran parcialmente inmersos en esas grandes concentraciones de recursos humanos y materiales que son los centros financieros (véase Sassen, 2006a: caps. 5 y 7).
EL ESTADO FRENTE A LA ECONOMÍA GLOBAL Y LAS REDES DIGITALES | 123 menos en parte, al ámbito de los gobiernos nacionales. La digi- talización de los mercados financieros globales permite leer algu- nas de las imbricaciones complejas y novedosas que se dan entre el derecho y el territorio, sin reducirlas a una mera superación de la autoridad del Estado. En realidad, no se trata tanto de supe- ración como de uso de dicha autoridad para implementar leyes y reglamentos que responden los intereses del mercado glo- bal de capitales, pero también de un peso renovado de dicha autoridad en el caso de los centros financieros.
3 Ciudades globales: la recuperación del lugar y las prácticas sociales Las imágenes que dominan el discurso sobre la globalización económica son la hipermovilidad, la capacidad de comunica- ción global y la neutralización del territorio y de la distancia. Se tiende a tomar como un hecho la existencia de un sistema eco- nómico global y a considerarlo como una función del poder de las empresas multinacionales y las comunicaciones globales, y como resultado de ello el énfasis se coloca en el poder y en los atributos técnicos de la economía global corporativa. Ahora bien, las investigaciones sociológicas deberían ir más allá de lo que se da como un hecho y de los meros atributos, y examinar el pro- ceso de formación de esas condiciones y sus consecuencias. Las nuevas tecnologías informáticas y el poder de las empre- sas transnacionales contienen facultades de operación, coordi- nación y control global que deben producirse de algún modo. Cuando se estudia el proceso de producción de dichas faculta- des, se agrega una dimensión muchas veces desatendida en el discurso sobre la globalización. El enfoque se desplaza hacia las prácticas que constituyen lo que se entiende por “globaliza- ción económica” y “control global”, es decir, hacia la labor de producir y reproducir la organización y la administración de un sistema de producción global y de un mercado global de capi- tales, ambos marcados por la concentración económica. Este análisis de la globalización económica centrado en las prácti-
126 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cas recupera las categorías de lugar y de procesos de trabajo, categorías que suelen soslayarse en los estudios centrados en la hipermovilidad del capital y el poder de las empresas multina- cionales. La elaboración de dichas categorías no niega la centra- lidad de la hipermovilidad y del poder empresarial, sino que trae a primer plano el hecho de que muchos de los recursos necesa- rios para la actividad económica global carecen de dicha hiper- movilidad y, en efecto, se encuentran profundamente inmer- sos en algún territorio, como las ciudades globales y las zonas francas de exportación. ¿Por qué es importante recuperar las categorías de lugar y de proceso de producción para el análisis de la economía global, sobre todo en los casos de las grandes ciudades? Porque dichas categorías permiten observar la multiplicidad de economías y culturas del trabajo donde se inserta el sistema económico glo- bal, así como también recuperar los procesos concretos y loca- lizados que materializan la globalización y afirmar que el mul- ticulturalismo de las grandes urbes forma parte de ese fenómeno tanto como el mercado financiero internacional. Por último, el lugar y los procesos de trabajo nos permiten describir los carac- teres específicos de una geografía de territorios estratégicos a escala global. En el presente trabajo, dicho fenómeno se define como una “nueva geografía de la centralidad”, y uno de los inte- rrogantes que se plantean consiste en saber si esta nueva geo- grafía transnacional también constituye el espacio para una nueva política transnacional. Por otro lado, en tanto el análisis económico de las ciudades globales recupera la gran variedad de empleos y culturas del trabajo que forman parte de la eco- nomía global, pese a que no son reconocidos como tales, dicho análisis permite examinar la posibilidad de que existan nuevas formas de desigualdad derivadas de la globalización económica. Asimismo, permite detectar un nuevo tipo de actividad polí-
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 127 tica entre los trabajadores que tradicionalmente se encuentran en desventaja; es decir, permite comprender en términos empí- ricos si el operar en la geografía económica transnacional de las ciudades globales representa algún beneficio para dichos tra- bajadores. En este caso, la actividad política estaría sustentada por la participación en la economía global de aquellos que rea- lizan los “otros” trabajos, como los obreros fabriles de una zona franca de Asia, los trabajadores explotados de la industria tex- til de Los Ángeles o el personal de limpieza de los edificios de Wall Street. Una pregunta sociológica específica que organiza el análisis de estas cuestiones es si realmente se están formando nuevas configuraciones en medio de las viejas condiciones sociales. El poder, la movilidad del capital, las desventajas económicas y políticas, el desamparo de los sin techo y las pandillas son fenó- menos que han existido por siglos y que preceden a la globali- zación actual. Habría que preguntarse, por tanto, si a partir de la década de 1980 fenómenos tales como el poder, la movili- dad, la desigualdad, el desamparo, la clase profesional, las pan- dillas o la política adquieren modalidades —aunque sólo sea en algunos de sus componentes— que permitan distinguirlos de modo suficiente de los fenómenos anteriores y, como conse- cuencia, especificarlos como nuevos, aun cuando en términos generales esto sea difícil de establecer. En este capítulo se intentará responder dichos interrogan- tes. El primer apartado examina la posibilidad de que la ciu- dad (como un tipo de territorio complejo) haya vuelto a con- vertirse, como lo fue a comienzos del siglo anterior, en un prisma a través del cual se pueden observar los procesos importantes que están desestabilizando los alineamientos existentes. En el segundo apartado se analiza el rol del lugar y de los procesos de producción en la economía global. A partir de esta recupe-
128 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ración de actividades territorializadas para la economía global, el tercer apartado postula la formación de nuevas geografías transfronterizas de la centralidad y la marginalidad, constitui- das por dichos procesos territoriales de la globalización. El cuarto apartado examina hasta qué punto estos tipos de procesos indi- can la formación de un nuevo orden socioespacial en las ciu- dades globales. En el quinto apartado se describen algunas de las localizaciones de lo global, con especial atención en las muje- res inmigrantes residentes en las ciudades globales. Por último, en el apartado final se propone una noción de la ciudad global como nexo donde todas estas tendencias se reúnen y producen nuevos alineamientos políticos. EL RETORNO DE LA CIUDAD COMO PRISMA PARA LA TEORÍA SOCIAL La ciudad tiene una larga historia como espacio estratégico para la exploración de los grandes temas de la sociedad la sociolo- gía. Pero no siempre ha sido un espacio con capacidad heurís- tica, es decir, la capacidad de producir conocimiento sobre las principales transformaciones de una época histórica. Sí la tuvo durante la primera mitad del siglo xx, cuando su estudio fue central para la sociología, como puede comprobarse en la obra de Simmel, Weber, Benjamin, y, sobre todo, en la escuela de Chi- cago con Park y Wirth, quienes recibieron una fuerte influencia de la sociología alemana (habría que incluir también a Lefebvre, si bien pertenece a una época posterior). Estos sociólogos se hallaban ante procesos de una magnitud descomunal, como la industrialización, la urbanización, la alienación y ante una nueva configuración cultural que denominaron “urbanidad”. El estu-
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 129 dio de las ciudades no se limitaba al estudio de lo urbano, sino que abarcaba los principales procesos sociales de la época. Desde entonces, el estudio de las ciudades y la sociología urbana fue- ron perdiendo su posición privilegiada como productores de categorías analíticas importantes y como prismas de la disci- plina, lo que encuentra su explicación en muchos motivos, prin- cipalmente relacionados con ciertos avances en el método y en los datos de la sociología en general. Un fenómeno crítico fue el hecho de que las ciudades dejaron de ser el punto de apoyo para las transformaciones históricas y, por lo tanto, el espacio estratégico para la investigación de procesos no urbanos. La sociología urbana comenzó a interesarse cada vez más por lo que luego se denominó la “problemática social”. Hoy en día, en el comienzo de un nuevo siglo, la ciudad resurge como espacio estratégico para entender tendencias críticas en la reconfiguración del orden social. Tanto la ciudad como la región metropolitana constituyen lugares estratégicos para la materia- lización de ciertas tendencias macrosociales importantes y, por lo tanto, se pueden constituir en objeto de estudio. Entre las ten- dencias mencionadas se encuentra la globalización, el auge de las nuevas tecnologías informáticas, la intensificación de las diná- micas transnacionales y translocales y una mayor presencia y voz de instancias específicas de diversidad sociocultural. Cada una de estas tendencias tiene sus propias condicionalidades, sus propios contenidos y sus propias consecuencias. Su fase urbana es apenas una fase en una trayectoria amenudo compleja y mul- titerritorial. Ahora bien, ¿es posible que, como a principios del siglo xx, el estudio sociológico de las ciudades produzca mate- rial intelectual y herramientas de análisis útiles para entender las transformaciones sociales profundas que están en marcha hoy en día? Resulta fundamental descubrir si dichas transfor- maciones contienen instancias urbanas lo bastante complejas
130 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN y polivalentes como para posibilitar la construcción de un objeto de estudio. En el presente trabajo se considera que la fase urbana de los procesos mencionados los hace pasibles de ser estudiados “en concreto”, es decir, de un modo que no sería posible en otras fases de sus trayectorias: por ejemplo, el centro financiero es más concreto que la red electrónica por la que circulan los capita- les, así como lo es un barrio segregado cuando se lo compara con la idea de racismo. Al mismo tiempo, la actual tendencia hacia una especie de urbanización de importantes dinámicas globales, aun cuando sea parcial, reposiciona a la ciudad como objeto de estudio. Y, una vez más, se plantea la pregunta: ¿de qué se habla hoy en día cuando se usa el término “ciudad”? Hace tiempo quela idea de ciudad es un concepto debatible, tanto en los textos de otras épocas (Lefebvre, 1974; Castells, 1977; Harvey, 1982) como en las obras más recientes (Brenner, 1998; Lloyd, 2005; Paddison, 2001; Drainville, 2004; Satler 2006). En la actualidad, se está dando una desarticulación parcial del espacio nacional y de la jerarquía tradicional de escalas centrada en lo nacional, donde la ciudad quedaba anidada entre lo local y lo regional. Esta desarticulación, aunque sea parcial, dificulta una conceptuali- zación de la ciudad dentro de dicha jerarquía anidada. Histó- ricamente, las grandes ciudades constituyen nodos donde se entrecruzan diversos procesos en concentraciones muy pronun- ciadas. En el contexto de la globalización, muchos de esos pro- cesos operan a escala global y atraviesan las fronteras históri- cas, con la correspondiente complejidad que esto agrega. Las ciudades emergen como una instancia territorial o esca- lar dentro de una dinámica transurbana.' Aquí no se concibe a 1 He teorizado esto en términos de la red de ciudades globales, donde el crecimiento económico de éstas es, en parte, una función de dicha red. Por
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 131 las ciudades como unidades cerradas, sino como estructuras complejas donde se puede articular una variedad de procesos transfronterizos que son reconstituidos como condiciones par- cialmente urbanas (Sassen, 2001). Es más, las ciudades globales no pueden ubicarse con facilidad dentro de una jerarquía esca- lar, por debajo de lo nacional, lo regional y lo global, ya que son uno de los espacios de lo global, donde dicha escala se inserta directamente, con frecuencia pasando por alto lo nacional. Es posible que algunas ciudades hayan tenido esta capacidad mucho antes de la época actual, pero hoy en día las condiciones se han multiplicado y amplificado al punto de que pueden ser consi- deradas generadoras de una nueva fase urbana, diferente en tér- minos cualitativos. Varios teóricos sociales (como Giddens, 1990; Taylor, 1996; Brenner, 1998; 2004; Beck, 2006; Robinson, 2005) han anali- zado el “estatismo” que caracteriza a las ciencias sociales en gene- ral y que se ha transformado en obstáculo para la producción teórica sobre lo global. Dicho estatismo supone explícita o implí- citamente que el Estado-nación es el único contenedor de los procesos sociales. A ello agrego dos nociones ya examinadas en el capítulo anterior: la correspondencia implícita entre el terri- torio nacional y la escala nacional y, por ende, la noción de que lo nacional y lo no nacional son dos condiciones que se exclu- yen mutuamente. Estos supuestos funcionan bien para muchos de los temas que estudian las ciencias sociales, pero no sirven para dar cuenta de una cantidad cada vez mayor de situaciones ejemplo, el crecimiento de los centros financieros de Nueva York y Londres se ve impulsado por los flujos de la red mundial de centros financieros, flujos que han aumentado muchísimo con la desregulación de las economías nacionales. Las ciudades que ocupan las posiciones más elevadas de esta jerarquía global concentran las capacidades para maximizar su captación de la renta, por así decirlo.
132 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN generadas por la globalización y por la variedad de procesos transnacionales que los estudiosos de las ciencias sociales abor- dan hoy en día. Además, tampoco sirven para desarrollarlas téc- nicas de investigación necesarias. En efecto, como ya se ha expli- cado en el capítulo anterior, si bien describen situaciones presentes en la historia del Estado moderno desde la Primera Guerra Mundial, o incluso antes, hoy asistimos a su desarticu- lación parcial. Este fenómeno reviste especial importancia para el análisis y la producción teórica planteados en este libro acerca de importantes transformaciones sociales, como la globaliza- ción, y para la posibilidad de concentrarse en la ciudad con el fin de captar algunas de las características empíricas fundamen- tales de dichas transformaciones. Además, acarrea ciertas con- secuencias interesantes para la ciudad como objeto de estudio. Cuando la producción teórica y las investigaciones se cen- tran en la ciudad, es posible hacer un corte a través de ese esta- tismo y rescatar la reconfiguración de las jerarquías espaciales que se están dando en la actualidad. Varias disciplinas mues- tran interés en la ciudad como espacio para la investigación de las principales dinámicas contemporáneas, cada una con sus pro- pias herramientas analíticas. Pero las herramientas tradiciona- les de la sociología y de la teoría social, incluso de la sociología urbana, sólo dan cuenta de algunos aspectos de estas tendencias, con la sal vedad de una de las primeras generaciones de teóricos dela sociología urbana (Castells, 1989; Rodríguez y Feagin, 1986; Gottdiener, 1985; Timberlake, 1985; Chase-Dunn, 1984; King, 1990; Zukin, 1991; Sassen-Koob, 1982; 1984, por citar algunos) que se propuso de manera explícita analizar esas nuevas con- diciones y especificarlas en el plano empírico. Hoy en día, esta rama dela sociología sigue siendo pequeña, pero está creciendo a gran velocidad. Sin embargo, otras ramas de la sociología recu- rren tradicionalmente a la instancia urbana para construir un
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 133 objeto de estudio, incluso de carácter no urbano. Esto ocurre también porque las ciudades son territorios donde interactúan tendencias importantes, y amenudo complejas, lo que rara vez sucede en otros ámbitos. En la actualidad, todo esto es válido para el estudio de lo global en sus localizaciones urbanas.* Además del desafío al estatismo, la sociología enfrenta el reto de recuperar la noción de lugar en el contexto de la globaliza- ción, las telecomunicaciones y la proliferación de las dinámi- cas transnacionales y translocales. Tal vez sea una de las ironías de este nuevo siglo el hecho de que los viejos interrogantes de la escuela de sociología urbana de Chicago hayan resurgido como elementos prometedores y estratégicos para comprender cier- tas cuestiones fundamentales de la actualidad. Podría pregun- tarse si sus métodos servirían más que otros para recuperar la categoría de lugar (Park y Burgess, 1925; Suttles, 1968; véase tam- bién Duncan, 1959), en un momento en el que las fuerzas domi- nantes, como la globalización y las telecomunicaciones, pare- cen indicar que el lugar y las peculiaridades de lo local ya no son importantes. Robert Park y los integrantes de la escuela de Chi- cago definían las “áreas naturales” como zonas geográficas deter- minadas por fuerzas subculturales no planificadas. Esta rama de la sociología urbana, que realizó su trabajo de campo en el marco de la ecología humana, aportó muchos estudios intere- ez santes sobre las distintas “áreas naturales” de Chicago, con una 2 Varias disciplinas han realizado aportes significativos en este sentido. Entre ellas se encuentran la antropología (Bestor, 2001; Low, 2001), la geografía económica (Knox y Taylor, 1995; Short y Kim, 1999) y los estudios culturales (Palumbo-Liu, 1999; Krause y Petro, 2003 ). Todas ellas han desarrollado una extensa producción intelectual en materia de fenómenos urbanos. Últimamente, algunos economistas (como Glaeser y Gottlieb, 2006; Fujita et al., 2004) han comenzado a estudiar la economía urbana y la economía regional con premisas que difieren de la vieja tradición de economía urbana, que ha perdido vigor y poder de persuasión.
134 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cartografía de su distribución y una descripción de su comple- mentariedad funcional. Sin embargo, las categorías de esa vieja escuela no son sufi- cientes.* Algunas de las principales condiciones actuales de las ciudades, como la instancia urbana de las dinámicas no urbanas, ponen en cuestión las formas tradicionales de producción teó- rica y de análisis empírico urbano. El trabajo de campo es un paso necesario para captar muchos de los aspectos de la condi- ción urbana, incluso aquellos que se relacionan con las tenden- cias examinadas en este capítulo. Sin embargo, dar por sentada la complementariedad o la funcionalidad de las diversas áreas urbanas significa retrotraerse a la noción de ciudad como espa- cio cerrado, cuando en realidad lo que se busca es concebir a la 3 Vemos esto en los primeros trabajos de la escuela de Chicago, como The Taxi Dance Hall y The Gold Coast and the slum, pero también en trabajos posteriores (véase Suttles, 1968). 4 La globalización, el auge de las nuevas tecnologías informáticas, la intensificación de las dinámicas transnacionales y translocales y el fortalecimiento en la presencia y la voz de ciertos tipos específicos de diversidad sociocultural son fenómenos que se encuentran a la vanguardia del cambio social. Por eso, la sociología debe incorporarlos a sus análisis en un grado mucho mayor que hasta ahora. Al mismo tiempo, es importante destacar que dichas tendencias no abarcan la mayoría de las condiciones sociales. Por el contrario, la mayor parte de las realidades sociales de la actualidad probablemente correspondan a tendencias anteriores y más conocidas que continúan existiendo. Por eso, gran parte de la tradición y los subcampos sociológicos conservarán su importancia y seguirán constituyendo el núcleo de la disciplina. Es más, existen motivos de sobra para explicar por qué la mayor parte de la sociología urbana no logra dar cuenta de las características y las consecuencias de estas tres tendencias en sus instancias urbanas: los conjuntos de datos actuales sobre las ciudades resultan insuficientes para abordar estas tendencias a nivel urbano. Sin embargo, aunque dichas tendencias sólo afecten parcialmente a la condición urbana y no se limiten a ella, resultan estratégicas en tanto la determinan de manera novedosa y, a su vez, la transforman en un espacio clave de investigación.
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 135 ciudad como uno más entre los lugares donde se entrecruzan diversos procesos transfronterizos para producir determinadas formaciones socioespaciales. Es más, para recuperar esta catego- ría de lugar o territorio no basta con las técnicas de investigación de la vieja escuela de Chicago, ni tampoco con las de la nueva lla- mada escuela de Los Ángeles (véase la polémica en Cities and communities 1, 1 [2002] y en Progressive geography, 2007; Soja, 2000; Dear, 2002; véase también David A. Smith, 1995). No obs- tante, es indudable que resulta necesario regresar a la profundi- dad de los análisis de la escuela de Chicago sobre las zonas urba- nas, así como a su proyecto de producir cartografías detalladas de los fenómenos que allí se observan. El tipo de etnografía que realizan Duneier (1999), Wright (1997), Lloyd (2005), Klinenberg (2002), Small (2004) y los autores de Burawoy et al. (2000), así como el tipo de análisis espacial desarrollado por Sampson y Raudenbush (2004), son excelentes ejemplos de cómo usar varias técnicas asociadas con dicha escuela y a la vez trabajar con un marco conceptual basado en supuestos diferentes. Sin embargo, eso es apenas una parte del reto que representa recuperar la categoría de lugar o de territorio. La gran ciudad de hoy es el espacio estratégico para una amplia gama de ope- raciones nuevas, de carácter político, económico, “cultural” y subjetivo (Anderson, 1990; Lloyd, 2005; Abu-Lughod, 1994; Miles, 2000; Yuval-Davis, 1999; Nashashibi, 2007; Clark y Hoffman- Matinot, 1998; Allen et al., 1999; Fincher y Jacob, 1998; Krause y Petro, 2003; Bartlett, 2007; Hagedorn, 2006). La ciudad global constituye uno de los nexos donde se materializan y se vuelven concretas nuevas reivindicaciones políticas. El debilitamiento del poder nacional genera la posibilidad de nuevas formas de poder y de política a nivel subnacional. Es más, en tanto se va fracturando el ámbito nacional como contenedor de los pro- cesos sociales, en sus múltiples modalidades (véanse Taylor, 1995;
136 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Sachar, 1990; García, 2002; Parsa y Keivafi, 2002), se abren nue- vas posibilidades para una geografía política transfronteriza que vincule los espacios subnacionales y en la que las ciudades tie- nen un papel protagónico. Esto abre un interrogante acerca del surgimiento de un nuevo tipo de política transnacional que se localizaría en dichas ciudades. La inmigración, por ejemplo, es uno de los principales pro- cesos que han comenzado a constituir una nueva economía polí- tica transnacional, tanto en el nivel macro de los mercados labo- rales globales como en el nivel micro de las estrategias de supervivencia translocales de los hogares. Se trata de un pro- ceso inmerso en gran medida dentro de las ciudades, ya que la mayoría de los inmigrantes se concentra en las grandes urbes, sobre todo en países desarrollados como los Estados Unidos, el Japón y las naciones de Europa Occidental (Castles y Miller, 2003; Bhachu, 1985; Iredale et al., 2002; Tsuda, 1998), aun cuando crezca el flujo hacia la pequeña ciudad y los suburbios (Light, 2006; Buntin, en prensa). Según algunos autores (Castles y Miller, 2003; Sassen, 1998: parte 1; Ehrenreich y Hochschild, 2003; Skeldon, 1997; Samers, 2002), la inmigración es uno de los procesos cons- titutivos de la globalización actual, aunque la mayoría de los estu- dios sobre la economía global no lo reconocen ni lo represen- tan como tal. Y la ciudad constituye uno delos lugares clave para el estudio empírico de los flujos migratorios transnacionales y las estrategias de supervivencia de los migrantes y sus hogares. El capital global y la nueva fuerza laboral inmigrante son dos importantes actores transnacionales, conalgún paralelismo en gran parte de sus trayectorias pero que se sitúan en posicio- nes opuestas cuando se encuentran en las ciudades globales (Sassen, 1998: cap. 1; Ehrenreich y Hochschild, 2003; véase tam- bién Bonilla et al., 1998; Cordero-Guzmán et al., 2001). Para investigar estas nuevas formaciones políticas y teorizar sobre
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 137 ellas será necesario un enfoque que se aleje de los análisis más tradicionales sobre lasélites políticas, la política partidaria local, las asociaciones barriales, las comunidad inmigrante y otras entidades similares, que la sociología ha empleado hasta ahora para conceptualizar el panorama político de las ciudades y las regiones metropolitanas. LAS CATEGORÍAS DE LUGAR Y DE PRODUCCIÓN EN LA ECONOMÍA GLOBAL La globalización puede desconstruirse en términos de los luga- res estratégicos donde se materializan los procesos globales y los vínculos que los conectan, como ya se ha discutido en los dos capítulos precedentes. Entre dichos lugares se encuentran las zonas francas de exportación, los centros bancarios “offshore” y, en un nivel mucho más complejo, las ciudades globales. Esto produce una serie de geografías específicas de la globalización y subraya el hecho de que el fenómeno no abarca todo el pla- neta.” Es más, se trata de geografías cambiantes, que en ciertos casos han sufrido cambios a lo largo delos siglos y, en una nueva 5 La globalización es un proceso que también genera diferenciaciones, pero éstas son de una naturaleza muy distinta a las que surgen de nociones diferenciadoras como la de cultura nacional, sociedad nacional o carácter nacional. El mundo empresarial de hoy en día, por ejemplo, tiene una geografía global, pero no está presente en todas partes del planeta: de hecho, ocupa espacios muy definidos y estructurados. Además, se diferencia cada vez más de los segmentos no empresariales que también constituyen las economías de los espacios locales (como la ciudad de Nueva York) o los países donde opera. La homogeneización se da en ciertas líneas que atraviesan las fronteras nacionales, pero dentro de dichas fronteras existe una diferenciación marcada.
138 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN fase, a partir de 1980.* En su etapa más reciente, estas geogra- fías también han incorporado el espacio digital. La geografía de la globalización económica contiene simul- táneamente una dinámica dedispersión y una dinámica de cen- tralización, lo que sólo ha comenzado a reconocerse de un tiempo a esta parte (Friedmann, 1986; Friedman y Wolff, 1982; Sassen, 1982, 1984). Así, se han reconocido las fuertes tendencias hacia la dispersión de las actividades económicas a nivel metropoli- tano, nacional y global, pero lo que sólo ahora comienza a adver- tirse es que muchas de esas tendencias también han aumen- tado la necesidad por parte de las empresas de nuevas formas de centralización territorial para las operaciones de control y gestión de primera línea. 7 Por lo tanto, la dispersión espacial de la actividad económica posibilitada por las telecomunicacio- nes contribuye a una expansión de las funciones centralizadas, cuando se da en el marco de la concentración del control, la pro- piedad y la apropiación de la renta que caracteriza a las gran- des empresas en el sistema económico actual. * 6 Es necesario reconocer las condiciones históricas específicas de los distintos conceptos de lo “internacional” y lo “global”. Existe una tendencia a concebir la internacionalización de la economía como un proceso que opera en el centro, inmerso en el poder de las empresas multinacionales de la actualidad o de las compañías coloniales del pasado. Sin embargo, se podría observar que las economías de muchos países periféricos están profundamente internacionalizadas debido a los altos niveles de inversión extranjera en muchos sectores económicos y a la gran dependencia de los mercados globales para la obtención de moneda fuerte. Lo que poseen los países centrales es una concentración estratégica de empresas y mercados que operan a escala global, así como un gran poder y una gran capacidad de control y coordinación global. Se trata de una configuración de lo internacional que difiere mucho de aquella que está presente en los países periféricos. 7 Éste es uno de los conceptos centrales del modelo de ciudad global que propongo (véase Sassen, 2001: “Prefacio a la nueva edición” y cap. 1). 8 Desde una perspectiva más conceptual, podría preguntarse si un sistema económico con semejante tendencia hacia la concentración puede funcionar
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 139 Los mercados nacionales y globales, así como las organiza- ciones transnacionales, necesitan lugares centrales donde se rea- lice el trabajo más complejo del manejo de la globalización. Es más, el sector informático también requiere una enorme infraestructura física de nodos estratégicos con una hipercon- centración de instalaciones. Resulta indispensable trazar una diferencia entre la capacidad de transmisión y comunicación global y las condiciones que la posibilitan. Por último, incluso los sectores informáticos más avanzados poseen un proceso de producción ligado al menos en parte al territorio, ya que —aunque sus productos sean hipermóviles— requieren una combinación de recursos determinados. En otro trabajo (Sassen, 2006a: caps. 5 y 7) desarrollo la tesis de que el sector financiero se encuentra cada vez más centrado en la transac- tividad, debido a las redes electrónicas a través de las cuales fun- ciona, y, por esa misma razón, es cada vez más dependiente del mundo concreto de los centros financieros. La razón de ello en una economía del espacio carente de puntos de aglomeración física. Es decir, ¿el poder, en este caso económico, tiene un correlato espacial? 9 Los servicios al productor, y más específicamente los servicios financieros y los servicios empresariales avanzados, constituyen un sector que produce los insumos organizativos necesarios para la implantación y la gestión de los sistemas económicos globales (Sassen, 2001: caps. 2-5). Los servicios al productor tienen un carácter intermedio, ya que son comprados por las empresas, y se relacionan con asuntos financieros, jurídicos y administrativos de índole general, como los servicios de innovación y desarrollo de productos, diseño, administración, recursos humanos, tecnología de producción, mantenimiento, transporte, comunicaciones, distribución mayorista, publicidad, limpieza, seguridad y almacenamiento. Algunos elementos centrales del sector de servicios al productor tienen un mercado mixto, compuesto por empresas y consumidores directos, como es el caso de los seguros, las asociaciones de profesionales y los servicios bancarios, financieros, inmobiliarios, jurídicos y contables. La obra más abarcadora sobre el tema es la de Bryson y Daniels (2006).
140 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN reside en que los centros financieros contienen todos los recur- sos y los talentos para manejar la velocidad y la gran cantidad de transacciones, así como las culturas técnicas especializadas para interpretar, de manera instantánea, cuál es una buena inver- sión o compra y cuál no lo es. En suma, la nueva topografía económica que el espacio elec- trónico está generando es apenas una instancia o fragmento de una cadena económica aun más amplia inserta, en buena medida, dentro de espacios no electrónicos. No existe ninguna industria o empresa absolutamente virtual. Incluso los sectores más avan- zados de la industria informatizada, como el sector financiero, se instalan sólo parcialmente en el espacio virtual. Lo mismo sucede con los sectores de producción de bienes digitales, como el diseño de software. La digitalización creciente de las activi- dades económicas no ha eliminado la necesidad de contar con centros comerciales y financieros importantes a nivel interna- cional, o con centros del tipo de Silicon Valley, con todos los recursos materiales que ellos concentran, desde la infraestruc- tura informática de vanguardia hasta el talento de los recursos humanos (Castells, 1989; Graham y Marvin, 1996; Sassen, 1984; 2006a: caps. 5,7 y 8). En estudios anteriores he caracterizado a las ciudades de la época actual como espacios de producción para las principales industrias de la información, a fin de recuperar la “infraestruc- tura” de actividades, empresas y empleos necesarios para el fun- 10 La informática y la globalización se han transformado en dos de las fuerzas fundamentales que reconfiguran la organización del espacio económico. Esta reconfiguración atañe tanto ala digitalización de una cantidad cada vez mayor de actividades económicas como a los cambios en la geografía del ambiente construido para la actividad económica. Ya sea en el espacio virtual o en el ambiente construido, esta reconfiguración acarrea ciertos cambios organizativos y estructurales.
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 141 cionamiento de la economía empresarial avanzada." En general, se describe a dichas industrias en función de la hipermovilidad de sus productos y del alto grado de especialización de sus pro- fesionales, pero se dejan de lado los procesos de trabajo y la infraestructura de instalaciones y trabajos no calificados que éstas requieren. Un análisis detallado de las economías urba- nas de servicios demuestra que existe una articulación consi- derable de empresas, industrias y trabajadores que a primera vista pueden parecer ajenos a una economía urbana dominada por el mercado financiero y los servicios especializados, pero que, en realidad, cumplen una serie de funciones integrales para dicha economía. Sin embargo, esta articulación se da en condi- ciones de una segmentación profunda en materia social, de ingre- sos y, con frecuencia, étnica o racial (Sassen, 2001: caps. 8 y 9). Para el funcionamiento cotidiano del complejo de servicios altamente especializados, existe una gran proporción de empleos manuales y mal remunerados que en gran parte son ocupados por las mujeres y los inmigrantes. Aunque estos trabajadores y sus puestos de trabajo nunca son representados como compo- nentes de la economía global, en realidad forman parte de la infraestructura necesaria para implantar y manejar el sistema económico global, incluso en el caso de formaciones avanza- 11 En términos metodológicos, ésta es una manera de abordar la cuestión de la unidad de análisis para el estudio de los procesos económicos contemporáneos. La categoría de “economía nacional” resulta problemática porque existe un alto grado de internacionalización económica, mientras que la categoría de “economía mundial” resulta problemática porque en esa escala no puede realizarse un estudio empírico detallado. Las ciudades con un alto grado de internacionalización, como Nueva York o Londres, ofrecen la posibilidad de examinar los procesos de globalización con gran detalle dentro de un ámbito determinado y en todos sus aspectos, múltiples y a veces contradictorios. King (1990) señala que es necesario diferenciar lo internacional de lo global y, en muchos sentidos, el concepto de “ciudad global” cumple ese objetivo.
142 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN das como el sector financiero internacional.” Resulta mucho más fácil identificar como propios de un sistema económico avanzado a los componentes de élite de la economía empresa- rial (encarnada por los grandes edificios que simbolizan el cono- cimiento experto, la precisión y la techné) que a los transpor- tistas o aotros trabajadores deservicios industriales, a pesar de que estos últimos constituyen una parte irremplazable del sis- tema.3 Aquí se detecta una dinámica de valorización que genera una creciente desigualdad entre estos dos mundos de la econo- mía de servicios avanzados. Abordar estas cuestiones desde la sociología implica traba- jar con distintos sistemas de representación y construir espacios de intersección. Hay fases en el análisis en que se entrecruzan dos sistemas de representación diferentes que a menudo se inter- pretan como espacios del silencio o la ausencia, y constituye un reto descubrir qué sucede en ellos, qué operaciones (analí- ticas, de poder, de sentido) tienen lugar allí. Una versión de esos espacios de intersección son lo que he llamado “zonas fronteri- zas analíticas” (Sassen, 2006a: cap. 8). ¿Por qué “fronterizas”? 12 Para este tipo de análisis resultan útiles como herramienta metodológica las nociones de circuitos de distribución e instalación de las operaciones económicas. Estos circuitos permiten, por un lado, seguir el hilo de la actividad económica en ciertos terrenos que escapan a las representaciones dominantes y cada vez más estrechas de la “economía avanzada” y, por otro lado, traspasar las fronteras de los espacios socioculturales discontinuos. 13 El siguiente fenómeno sirve como ejemplo de lo expuesto. En 1987, cuando se produjo la primera crisis bursátil grave tras años de crecimiento considerable, se publicaron muchos artículos periodísticos sobre el desempleo masivo y repentino que afectaba a los profesionales de Wall Street con ingresos elevados. Pero lo que no se advirtió, porque no tenía cabida en la representación dominante del sector, fue la desocupación que afectó a las secretarias y a los trabajadores manuales de la zona; por ejemplo, el derrumbe del mercado de valores generó un nivel de desempleo muy concentrado en la comunidad dominicana del norte de Manhattan, donde vivían muchos de los trabajadores de limpieza y mantenimiento de Wall Street.
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 143 Porque son espacios constituidos por discontinuidades: en ellos, la discontinuidad no se reduce a una mera línea divisoria, sino que adquiere un territorio. Gran parte de mi trabajo sobre las ciudades y la globalización económica se centra en esas dis- continuidades y se propone reconstruirlas analíticamente como terrenos fronterizos (que, en su mayoría, no tienen nada que ver con la frontera geográfica de un país) más que como líneas divi- sorias. Así se produce un terreno en el que las discontinuidades pueden reconstituirse en términos de operaciones económicas cuyas propiedades no son sólo una característica de los espacios que se encuentran a ambos lados de una línea divisoria, sino también, y lo que es más importante, una característica de la dis- continuidad misma, ya que ésta se considera como un compo- nente o parte integral del sistema económico. UNA NUEVA GEOGRAFÍA DE CENTROS Y MÁRGENES El auge del sector informático y la expansión de la economía global, dos fenómenos entrelazados de manera inextricable, han contribuido a generar una nueva geografía de la centralidad y la marginalidad, que en parte reproduce las desigualdades ya existentes, pero que también surge de una dinámica específica de las formas actuales de crecimiento económico. Dicha geo- grafía adopta múltiples formas y opera en muchos campos, desde la distribución de las instalaciones necesarias para las telecomu- nicaciones hasta la estructura económica y laboral. Las ciuda- des globales acumulan concentracionesinmensas de poder eco- nómico, mientras que otras ciudades que en su momento fueron centros industriales importantes hoy sufren una decadencia des- proporcionada. Los centros de las ciudades y las zonas comer-
144 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ciales de las áreas metropolitanas reciben inversiones enormes en materia inmobiliaria y de comunicaciones, mientras que las áreas urbanas y metropolitanas de bajos ingresos son privadas de recursos. Los trabajadores altamente calificados del sector empresarial reciben aumentos extraordinarios en sus remune- raciones, mientras que los ingresos de los trabajadores semica- lificados o no calificados se desploman. Los servicios financie- ros generan ganancias excepcionales, mientras que el sector industrial de pequeñas empresas apenas sobrevive." La más poderosa de estas nuevas geografías de la centralidad a escala global es la que vincula a los principales centros comer- ciales y financieros del mundo: Nueva York, Londres, Tokio, París, Frankfurt, Zurich, Amsterdam, Los Ángeles, Sidney y Hong Kong, entre otros. Sin embargo, en la actualidad dicha geografía tam- bién incluye otras ciudades, como Shanghai, Bangkok, Taipei, San Pablo y México D. F. Se ha registrado un aumento conside- rable en la intensidad y la magnitud de las transacciones entre esas ciudades, en especial a través de los mercados financieros, el comercio de servicios y las inversiones (véase Sassen, 2006b: cap. 2).5 Al mismo tiempo, se ha producido un incremento en 14 Existe gran cantidad de fuentes que documentan uno o más de estos fenómenos. Para el inicio de este proceso, véase Fainstein et al. (1993); para datos corrientes, véase Sassen (2006b: cap. 6), y para datos sobre varios países, Sassen (2001: cap. 8). 15 Que esto haya contribuido a la formación de sistemas urbanos transnacionales es objeto de debate. El crecimiento del mercado global de finanzas y servicios especializados, la necesidad de redes de servicios transnacionales causada por el incremento marcado en la inversión extranjera, la disminución de la importancia del gobierno para la regulación de la actividad económica internacional y el correspondiente ascenso de otros campos institucionales (como los mercados globales y las oficinas empresariales) son fenómenos que apuntan ala existencia de entidades económicas transnacionales con sede en más de un país. Estas ciudades no se limitan a competir entre sí por la participación en el mercado, como con
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 145 la desigualdad con respecto a la concentración de recursos y actividades estratégicas entre cada una de esas ciudades y las demás ciudades del mismo país.'* Paralelamente a estas nue- vas redes jerárquicas globales y regionales de las ciudades, existe un vasto territorio que se está volviendo cada vez más perifé- rico y que está quedando cada vez más excluido de los princi- pales procesos que alimentan el crecimiento económico en la nueva economía global. Se observa una decadencia y una pér- dida de funciones en los centros industriales y en las ciudades portuarias que antes eran importantes, no sólo en los países subdesarrollados, sino también en las economías más avanza- das. Algo similar sucede con la valoración de los insumos labo- rales: la sobrevaloración de los servicios especializados y de los trabajadores profesionales ha signado a las “otras” actividades económicas y a los “otros” trabajadores como innecesarios o irrelevantes para las economías avanzadas. Existen otras formas de demarcación segmentada para seña- lar lo que es y lo que no es una instancia de la nueva economía global. El discurso dominante sobre la globalización, por ejem- frecuencia se afirma o se supone. En realidad, existe una división del trabajo que incorpora ciudades de múltiples países y, en ese sentido, puede hablarse de un sistema global (por ejemplo, financiero) a diferencia de un sistema simplemente internacional (véase Sassen, 2001: caps. 1-4,7). Aquí se puede observar la formación incipiente de un sistema urbano transnacional. 16 Asimismo, la orientación marcada hacia los mercados mundiales que se evidencia en esas ciudades abreciertos interrogantes respecto de la articulación con los estados-nación, las regiones y las estructuras sociales y económicas más amplias de dichas ciudades. En general, las ciudades se encuentran profundamente insertas en las economías de sus regiones y con frecuencia reflejan las características de dichas regiones. Sin embargo, las urbes más estratégicas de la economía global tienden a desconectarse parcialmente de sus regiones. Esta afirmación entra en conflicto con una premisa fundamental de la teoría tradicional sobre los sistemas urbanos, a saber: que estos sistemas promueven la integración territorial de la economía regional y lo nacional.
146 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN plo, reconoce que la presencia de empresas o de personal extran- jero ha creado una clase internacional de trabajadores profesio- nales y varios ámbitos comerciales sumamente internacionali- zados. Lo que no se reconoce esla posibilidad de que esa economía también contenga trabajadores manuales o de servicios mal remu- nerados, que componen una fuerza laboral igualmente interna- cionalizada, ni que muchos componentes de las comunidades inmigrantes también constituyan ámbitos comerciales interna- cionalizados. Esos procesos siguen interpretándose en términos de la inmigración mediante un discurso arraigado en un pe- ríodo histórico anterior, lo que indica que ciertas representacio- nes de lo global o de lo transnacional no se reconocen como tales o resultan conflictivas. Entre ellas se encuentra la inmigración, así como la multiplicidad de ámbitos laborales a los que ésta contri- buye en las grandes ciudades, que con frecuencia se subsume bajo la noción de economía étnica o economía informal. Podría con- jeturarse que muchos de los fenómenos que aún se narran con el lenguaje de la inmigración y la etnicidad en realidad son una serie de procesos relacionados, por un lado, con la globalización de la formación de identidades y la actividad económica y cultu- ral y, por otro lado, con la racialización cada vez más pronunciada de la segmentación laboral. Así, los elementos inmigrantes de los procesos de producción de la economía global avanzada y basada en la información no se reconocen como parte de dicha economía. La inmigración y la etnicidad se constituyen como alte- ridad. Al concebir estos fenómenos como un conjunto de proce- sos mediante el cual los elementos globales se localizan, el mer- cado laboral internacional se constituye y las culturas de distintas partes del mundo se desterritorializan para luego reterritoriali- zarse, dichos fenómenos quedan colocados en el centro de la cues- tión -junto con la internacionalización del capital— como aspec- tos fundamentales de la globalización (véase el capítulo 4).
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 147 Ahora bien, ¿cómo han surgido estos nuevos procesos de valo- ración y desvaloración, con las desigualdades que generan? En el próximo apartado se intentará responder esta pregunta. LOS ELEMENTOS DE UN NUEVO ORDEN SOCIOESPACIAL La implantación de los procesos globales en las grandes ciuda- des ha generado una expansión importante del sector interna- cionalizado de la economía urbana, que a su vez ha impuesto un conjunto de criterios nuevos para la valorización de las acti- vidades y de los productos económicos. Esto tiene efectos devas- tadores en muchos sectores de la economía urbana, ya que no se trata de una simple transformación cuantitativa, sino que se detectan los elementos de un nuevo régimen económico. La ten- dencia hacia la polarización adopta formas distintivas en: 1) la organización espacial de la economía urbana, 2) las estructu- ras para la reproducción social, y 3) la organización del pro- ceso de trabajo. En dichas tendencias hacia diversos tipos de polarización residen las condiciones para la creación de una nueva forma de pobreza y marginalidad urbana centrada en el trabajo (no en el desempleo), así como para la instauración de nuevas formaciones de clase. El ascenso de la economía de servicios especializados, y en especial el nuevo complejo financiero, genera lo que podría inter- pretarse como un nuevo régimen económico, ya que a pesar de constituir apenas una parte de la economía urbana, este sector se impone sobre los otros componentes de dicha economía. La imposición se manifiesta, por ejemplo, en la gran rentabilidad de la actividad financiera y en la desvalorización de la activi- dad industrial y de los servicios de poco valor agregado. La
148 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN enorme rentabilidad que caracteriza a muchos de los sectores más importantes en el sistema económico actual surge de una combinación compleja de nuevas tendencias, a saber: el desarro- llo de tecnologías que posibilitan la hipermovilidad del capital a escala global y la desregulación de los mercados que permite implementar esa hipermovilidad; innovaciones financieras, como la titulización, mediante las cuales se puede licuar el capital ilí- quido para que éste circule y genere ganancias adicionales. A esto hay que agregar el crecimiento en la demanda de servicios para la empresa en todos los sectores, con el correspondiente incremento en la complejidad y la especialización de dichos ser- vicios, que ha ayudado a valorizarlos, incluso en exceso, como lo demuestran los aumentos salariales extraordinarios que, desde comienzos de la década de 1980, beneficiaron a los profesiona- les y a los directivos de las empresas de primera línea. La glo- balización aporta una mayor complejidad a estos servicios, enfa- tiza su carácter estratégico y aumenta su atractivo, con lo que contribuye a su sobrevaloración. La presencia de una masa crítica de empresas con capacidad de generar ganancias exorbitantes contribuye a elevar el precio del espacio comercial, los servicios industriales y otros insumos comerciales, lo que vuelve precaria la supervivencia de las empre- sas de mediana o baja rentabilidad. A pesar de que estas últimas son esenciales para el funcionamiento de la economía urbana, incluso de los sectores más avanzados, y para las necesidades coti- dianas de la población, su viabilidad económica se ve amena- zada, en un contexto en que el sector financiero y de servicios especializados puede obtener ganancias extraordinarias. Los pre- cios elevados y la renta cuantiosa del sector internacionalizado y sus actividades complementarias, como los restaurantes y los hoteles de primer nivel, hacen que para los demás sectores resulte cada vez más difícil competir por el espacio y las inversiones. Es
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 149 más, muchos de éstos han sufrido un deterioro y/o un despla- zamiento considerable, como sucede por ejemplo cuando las tiendas de barrio adaptadas a las necesidades locales se ven reem- plazadas por boutiques y restaurantes de primera línea destina- dos a las nuevas élites urbanas de altos ingresos. Siempre ha existido desigualdad en la rentabilidad de distin- tos sectores de la economía, pero lo que se observa hoy tiene una magnitud nunca vista y está generando distorsiones enor- mes en el funcionamiento de diversos mercados, desde el inmo- biliario hasta el laboral. La polarización entre las empresas y los hogares en la organización espacial de la economía, por ejemplo, contribuye a informalizar una variedad cada vez mayor de acti- vidades económicas en las economías urbanas avanzadas. Cuando las empresas de rentabilidad baja o moderada producen bienes y servicios cuya demanda continúa existiendo, e incluso crece, en un contexto donde otros sectores importantes de la econo- mía obtienen ganancias excepcionales, con frecuencia no pue- den competir, aun cuando tengan mercado para sus productos. En general, una de las pocas maneras de sobrevivir bajo estas condiciones es comenzar a funcionar informalmente, por ejem- plo, ocupando espacios no aptos para uso comercial o indus- trial por cuestiones de zonificación, como los sótanos en laszonas residenciales, o por cuestiones de salubridad pública, de seguri- dad, de prevención de incendios, etc. (Sassen, 2001: cap. 9). En los sectores de rentabilidad baja, las nuevas empresas veces sólo pueden lanzarse al mercado si funcionan informalmente, incluso cuando la demanda es fuerte. Otra opción para las empresas de baja rentabilidad es la tercerización de algunas de sus tareas, que acaban en manos de entidades informales. 17 En términos más generales, se observa la formación de un nuevo tipo de segmentación en el mercado laboral, con dos características notables. Por un
150 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Esta creciente polarización acarrea a su vez una recomposi- ción en los empleos, en algunos elementos de la reproducción social y en el consumo. Si bien los estratos sociales intermedios todavía constituyen la mayoría, las condiciones que contribu- yeron a la expansión de su poder político-económico en la pos- guerra (que tuvo un rol central en el crecimiento económico de la producción y el consumo masivo) se han visto desplazadas por nuevas fuentes de crecimiento. El desarrollo acelerado de los sec- tores con una gran concentración de puestos de trabajo muy bien y muy mal remunerados ha reestructurado el consumo, lo que a su vez tiene un efecto sobre la organización del trabajo y los tipos de empleos que se generan. El crecimiento de la fuerza labo- ral altamente remunerada, junto con la aparición de nuevas formas culturales, ha producido un proceso de elitización de alto poder adquisitivo, que descansa, en última instancia, en la dis- ponibilidad de una enorme oferta de trabajadores mal remune- rados. En buena medida, las necesidades de consumo de los habi- tantes con ingresos bajos en las grandes ciudades son satisfechas por establecimientos industriales y minoristas que no tienen gran tamaño, dependen de la mano de obra familiar y con frecuen- cia violan las normas básicas de salubridad y seguridad laboral. Las prendas de vestir producidas a bajo costo en talleres locales de trabajo esclavo, por ejemplo, pueden competir con las impor- tadas de Asia. Existe una oferta cada vez mayor y variada de productos y servicios para la población de bajos recursos, desde los muebles económicos fabricados en sótanos hasta los taxis lado, se distingue un debilitamiento en el rol de las empresas para la estructuración de las relaciones laborales, que quedan a merced del mercado. Por otro lado, se evidencia una reestructuración en el mercado laboral relacionada con el desplazamiento de sus funciones hacia los hogares o hacia la comunidad. Para un análisis definitorio de estas cuestiones, véanse Mingione (1994) y Venkatesh (2006).
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 151 informales y las guarderías instaladas en hogares de familia. Este complejo de tendencias asume sus modalidades más extre- mas en las ciudades globales. Una manera de conceptualizar la informalización en las eco- nomías urbanas avanzadas es situarla como el equivalente sis- témico de lo que se denomina desregulación en el nivel supe- rior de la economía (véase Sassen, 1998: cap. 8). La desregulación creciente de las industrias de servicios avanzados y la informa- lización creciente de los sectores con baja rentabilidad se pue- den concebir como ajustes que se dan en un contexto de tensión en aumento entre las nuevas tendencias económicas y las vie- jas regulaciones (Venkatesh, 2006; Buechler, 2007). El conjunto de estas tendencias constituye nuevas geografías de la centralidad y la marginalidad, que atraviesan la vieja divi- sión entre países ricos y pobres. Esta nueva geografía de los cen- tros y los márgenes que se evidencia en las grandes ciudades, tanto de países desarrollados como de naciones en vías de de- sarrollo, no sólo contribuye a reforzar las desigualdades existen- tes, sino que pone en marcha todo un espectro de nuevas diná- micas de la desigualdad. 18 Al establecer un vínculo entre la informalización y el crecimiento económico, busco situar al análisis más allá de la idea de que la aparición de sectores informales en ciudades como Nueva York y Los Ángeles es producto de la presencia de inmigrantes, quienes supuestamente son propensos a replicar las estrategias de supervivencia típicas de los países del Tercer Mundo. Otro efecto de este vínculo es situar el análisis más allá de la noción de que los principales factores de informalización en la fase actual de las economías avanzadas son el desempleo y la recesión. Este enfoque señala algunas características del capitalismo avanzado que en general no se consideran. Para una antología excelente de trabajos actuales sobre la economía informal en distintos países, véase Komlosy et al. (1997), y para un análisis sobre patrones estructurales y de coyuntura, véase Tabak y Chrichlow (2000).
152 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN LAS LOCALIZACIONES DE LO GLOBAL La globalización económica debe entenderse también en térmi- nos de sus múltiples localizaciones, y no sólo en términos de los procesos amplios y extendidos que se dan a nivel macroeconó- mico y dominan las descripciones más corrientes del fenómeno. Es más, hace falta destacar que algunas de esas localizaciones generalmente no se codifican como procesos relacionados con la economía global. La ciudad global puede concebirse como una instancia estratégica de localizaciones múltiples. En este apartado, analizo localizaciones de lo global general- mente no reconocidas como tales. Muchas de éstas se dan en un contexto de transición demográfica en dichas ciudades, donde una buena proporción de los trabajadores que allí residen son inmigrantes y mujeres, con frecuencia pertenecientes a mino- rías étnicas. En estas ciudades se percibe una expansión de los empleos mal remunerados que no encaja con la imagen domi- nante de la globalización, pero que forma parte de dicho pro- ceso. Uno de los factores que generan la desvalorización de dichos trabajadores y su cultura del trabajo, así como la “legitima- ción” de ese proceso, es precisamente su inserción en la transi- ción demográfica de las grandes ciudades, con la consiguiente invisibilidad de esos actores. Esto puede interpretarse como una ruptura de la dinámica tradicional por la que la pertenencia a un sector de la econo- mía en auge creaba las condiciones para la formación de una “aristocracia obrera” y de sindicatos fuertes, lo que fue parte de la historia de las economías industrializadas de Occidente. La dupla “mujeres e inmigrantes” viene a reemplazar a la catego- ría de los trabajadores que ganan un salario “familiar”, es decir, que les permite mantener (y generar) la categoría “mujeres y niños” del fordismo industrial (Sassen, 1998: cap. 5; Ehrenreich
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 153 y Hochschild, 2003; Parennas, 2002).'* Una de las localizacio- nes de estas dinámicas de la globalización es el proceso de rees- tructuración económica de las ciudades globales. La polariza- ción socieconómica que este proceso acarrea ha causado la desvalorización y la destrucción del salario familiar, junto con el gran aumento en la demanda de trabajadores para empleos de salario bajo que ofrecen escasas posibilidades de progreso, y pocas protecciones, en un contexto en que, al mismo tiempo, se da un auge en la concentración urbana de riqueza y poder. El par “mujeres e inmigrantes” se transforma en una fuerza labo- ral que facilita la imposición de salarios bajos y la falta de poder en un contexto de gran demanda de ese tipo de mano de obra para ocupar empleos en sectores con altos niveles de crecimiento. Así se quiebra el nexo histórico que habría otorgado cierta capa- cidad de negociación alos trabajadores y se “legitima” esta rup- tura desde el plano cultural en una sociedad que desvaloriza a los trabajadores inmigrantes y a las mujeres. Otra localización que rara vez se asocia con los procesos glo- bales es la informalización, que reintroduce las categorías de comunidad y hogar como espacios económicos importantes de las ciudades globales. Dentro de este contexto, la informali- zación podría ser un equivalente de bajo costo y con frecuen- cia feminizado para la desregulación en el estrato superior del sistema. La informalización, al igual que la desregulación (por ejemplo, financiera), aporta flexibilidad, reduce las “cargas” de la regulación y disminuye los costos, en especial los costos labo- rales. Cuando el proceso se da en las grandes urbes de los paí- ses desarrollados (como Nueva York, Londres, París o Berlín) 19 En este caso más reciente se evidencia con mayor fuerza que en el caso del contrato fordista la importancia económica de estos actores, que en el contrato fordista quedaba velada o amortiguada por la existencia del salario familiar.
154 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN es posible concebirlo como una degradación de una variedad de actividades para las que existe una demanda concreta, pero a la vez una desvalorización y una competencia enorme, ya que los costos de entrada son bajos y existen pocas formas alter- nativas de empleo. La vía informal constituye un modo de pro- ducir y distribuir bienes y servicios con mayor flexibilidad y menores costos, lo que a su vez devalúa aun más este tipo de actividades. Los inmigrantes y las mujeres son actores impor- tantes en las nuevas economías informales de estas ciudades. De hecho, absorben los costos de la informalización (véanse Sassen, 1998: cap. 8, y Buechler, 2007). La reconfiguración de los espacios económicos relacionada con la globalización en las grandes ciudades ha tenido efectos diferenciados en las mujeres y en los hombres, en las culturas del trabajo femeninas y en las masculinas, y en las formas de poder y de potenciación centradas en lo masculino y enlo feme- nino. La reestructuración del mercado laboral acarrea un des- plazamiento de algunas de sus funciones hacia el hogar o la comunidad. La mujer y el hogar surgen como entidades que deben incluirse en la teorización sobre las formatos sociales que emergen de estas dinámicas económicas, y señalan un contraste marcado con el fordismo y con la época del auge de la produc- ción en masa, que, por lo general, habían desplazado al trabajo pago fuera del hogar. No obstante sus características sumamente negativas, estas transformaciones tienen posibilidades, aunque limitadas, para la autonomía y la potenciación de las mujeres. Una pregunta posi- ble, por ejemplo, es si el crecimiento de la informalización en las economías urbanas avanzadas reconfigura algunas delas rela- ciones económicas entre los hombres y las mujeres. Este proceso conlleva un resurgimiento del barrio y del hogar como espacios de actividad económica, lo que presenta sus propias posibilida-
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 155 des dinámicas para las mujeres. La degradación económica crea “oportunidades” para las trabajadoras y las emprendedoras de bajos ingresos, y con ello reconfigura algunas de las jerarquías laborales y domésticas en que se encuentran inmersas dichas mujeres. Esto resulta más que evidente en el caso de las mujeres inmigrantes que provienen de países con culturas tradicionales fuertemente masculinas. Existe una gran cantidad de material publicado acerca de los efectos que sobre las relaciones de género tiene el trabajo asalariado de las inmigrantes y su mayor acceso a otros dominios públicos (Fernández Kelly y Shefner, 2005; Kof- man et al., 2000; Ribas-Matteos, 2005; Buechler, 2007). Bajo estas condiciones, las mujeres inmigrantes obtienen mayor autonomía e independencia personal, mientras que los hombres pierden terreno. Ellas logran un mayor control sobre las cuestiones del presupuesto hogareño y sobre otras decisio- nes domésticas, además de la posibilidad de ejercer más presión para que los hombres las ayuden con las tareas del hogar. Asi- mismo, el acceso a los servicios públicos y a otros recursos de ese tipo les da la oportunidad de surgir como la cara pública del hogar, y por tanto como actores públicos. Es más, en gene- ral son ellas las integrantes del hogar que median en este pro- ceso de incorporación en la sociedad. Es probable que algunas mujeres se beneficien más que otras con estas circunstancias: hace falta investigar más para determinar cuáles son los efectos de la clase social, la educación y el nivel de ingresos en estos resul- tados diferenciados por género (véase, por ejemplo, Chesney- Lind y Hagedorn, 1999). En suma, además de la potenciación relativa de la mujer en el hogar gracias al trabajo asalariado, se observa una mayor participación de las mujeres en la esfera pública y un posible surgimiento como actores de dicha esfera. Las mujeres inmigrantes desempeñan un papel público activo en dos campos principales: las instituciones de asistencia pública
156 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN y privada y la comunidad étnica o de inmigrantes. La incor- poración de la mujer al proceso migratorio refuerza las pro- babilidades de radicación en la ciudad y genera una mayor par- ticipación de los inmigrantes en sus comunidades y frente al Estado (Chinchilla y Hamilton, 2001). Hondagneu-Sotelo (1994), por ejemplo, señala que las mujeres inmigrantes adoptan un rol más activo en la esfera pública y social, lo que fortalece su posición en el hogar y en el proceso de radicación. Las muje- res son más activas en los procesos de construcción de la comu- nidad y en la política comunitaria, y se ubican de manera dis- tinta a los hombres en relación con el Estado y con la economía, en el más amplio sentido (Moghadan, 2005). Son ellas quienes probablemente lidian con la vulnerabilidad jurídica de sus fami- lias en el proceso de obtención de servicios públicos y socia- les. Esta mayor participación femenina insinúa la posibilidad de que se constituyan como actores más visibles y enérgicos, con lo que también se volvería más visible el papel que desem- peñan en el mercado laboral. La condición de las mujeres den- tro de las ciudades globales combina, en gran medida, dos diná- micas diferentes. Por un lado, ellas integran una clase de trabajadores invisibles y sin poder al servicio de los sectores estratégicos de la economía global (Ehrenreich y Hochschild, 2003). Esta invisibilidad evita que constituyan el equivalente contemporáneo (cualquiera fuera éste) de la “aristocracia obrera” que caracterizó a las formas anteriores de organización económica, en las que los empleados de bajos ingresos que trabajaban en los sectores de avanzada se veían potenciados por el mismo hecho de trabajar allí y, por ejemplo, contaban con la posibilidad de sindicalizarse. Por otro lado, el acceso a los salarios (aunque sean bajos), la proporción creciente de muje- res en la fuerza laboral y la feminización de las oportunidades comerciales producida por la informalización alteran las jerar-
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 157 quías de género en las que estas mujeres se encuentran inmer- sas (Buechler, 2007).2* LA CIUDAD GLOBAL: UN NEXO PARA LOS NUEVOS ALINEAMIENTOS POLÍTICO-ECONÓMICOS Como se analizó en el primer capítulo, el carácter estratégico de las ciudades globales como territorio para la valorización de las nuevas formas de capital global otorga carácter estratégico a las instancias de localización que venimos describiendo, cuyos protagonistas son trabajadores sin poder y a menudo invisi- bles, pero que poseen el potencial de crear una nueva política transnacional. En general, los análisis sobre la globalización de la economía privilegian como tema la reconstitución del capital como enti- dad globalizada y hacen hincapié en el carácter vanguardista de dicha reconstitución. Al mismo tiempo, no contemplan en absoluto otro elemento fundamental de esta transnacionaliza- ción, que para algunos autores constituye la contracara del capi- tal global: se trata de la transnacionalización de la mano de obra, más allá de la clase profesional. En la actualidad, aún se usa el discurso sobre la inmigración y su marco teórico para descri- bir este proceso. Asimismo, dichos análisis pasan por alto la 20 Otra instancia importante de localización de las dinámicas globalizadoras es el surgimiento de un nuevo estrato de mujeres profesionales. En otros trabajos examino los efectos del incremento de mujeres profesionales de primera línea en la reurbanización de la vida familiar de la clase media y en la elitización de las zonas residenciales y las zonas comerciales de las ciudades globales (véase Sassen, 2001: cap. 9). 21 Cada vez con más frecuencia, dicho discurso concibe a la inmigración como un proceso devaluado, en tanto se centra en las personas provenientes de
158 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN transnacionalización en la formación de identidades y lealtades dentro de diversos segmentos de la población que rechazan de manera explícita el imaginario de la nación como comunidad. Esto genera nuevas nociones de pertenencia y nuevos lazos soli- darios. Las grandes ciudades se alzan como espacios estratégi- cos, tanto para la transnacionalización de la mano de obra como para la formación de identidades transnacionales. En este sen- tido, constituyen un territorio para un nuevo tipo de operacio- nes políticas. Las ciudades son el terreno donde es posible que interactúen personas de distintos países y donde se reúna una multiplicidad de culturas. El carácter internacional de las grandes urbes yace no sólo en su infraestructura de telecomunicaciones y empre- sas multinacionales, sino también en la gran diversidad de ámbi- tos culturales donde se encuentranlos trabajadores. Ya no es posi- ble pensar en los centros comerciales y financieros internacionales simplemente en términos de la infraestructura y la cultura empre- sarial. Hoy en día, las ciudades globales constituyen en parte el espacio del poscolonialismo y, en efecto, contienen las condi- ciones para la formación de un discurso poscolonialista (véanse Hall, 1991; King, 1990; Ribas-Matteos, 2005; Tsuda, 1999). países más pobres en busca de una vida mejor, que supuestamente sólo el país receptor puede ofrecerles. En este sentido, el discurso sobre la inmigración contiene una valorización implícita de los países receptores y una desvalorización de los países de origen. 22 Resulta interesante preguntarse por la naturaleza de la internacionalización en las ciudades de las antiguas colonias. El análisis de King (1990: 78) sobre las condiciones históricas distintivas y diferentes en las que se construyó el concepto de lo “internacional” reviste gran importancia. Allí, el autor demuestra que durante el período imperial, algunos de los principales centros coloniales tenían un grado mucho mayor de internacionalización que las metrópolis. El concepto actual de internacionalización se considera arraigado en la experiencia del centro. Esto señala un punto ciego en los análisis contemporáneos, que Hall capta a la perfección al observar que la
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 159 La gran urbe occidental de la actualidad concentra la diversi- dad. En sus espacios está inscrita la cultura empresarial domi- nante, pero también otras culturas e identidades múltiples. El deslizamiento es evidente: la cultura dominante puede abarcar sólo una parte de la ciudad. Y si bien el poder empresarial iden- tifica a estas culturas e identidades múltiples con la “alteridad”, y así las devalúa, ellas permanecen omnipresentes. Con la inmi- gración, por ejemplo, llega una variedad de culturas original- mente locales que ahora forman parte de grandes ciudades cuyas élites se consideran “cosmopolitas” por trascender lo local. Hoy en día, existe un inmenso abanico de culturas originales de un país o pueblo en particular que se han reterritorializado en unas pocas ciudades, como Nueva York, Los Ángeles, París, Londres crítica poscolonial y posimperialista actual surge en los antiguos centros de los imperios, pero nada dice sobre una serie de condiciones presentes hoy en las ciudades o en los países que fueron coloniales (en cuanto a la especificidad de la época colonial, veánse Spivak, 1999; Mbembe, 2001; Mamdami, 1996). Otro de estos puntos ciegos es la falta de reconocimiento de la interacción entre la internacionalización del capital iniciada con el colonialismo y los grandes movimientos migratorios internacionales hacia el centro desde esos antiguos territorios coloniales o hacia los nuevos territorios neocoloniales, como en el caso de los Estados Unidos y, más recientemente, del Japón (Sassen, 1988). 23 Dicho “deslizamiento” resistencia puede adoptar distintas formas. La cultura global de masas homogeneiza y es capaz de absorber una inmensa variedad de elementos culturales locales, pero éste es un proceso que no se completa nunca. Mi análisis sobre los datos del sector de la industria electrónica demuestra que el empleo en los sectores más avanzados de la economía ya no garantiza la pertenencia a una “aristocracia obrera”. Las mujeres del Tercer Mundo que trabajan en zonas francas de exportación, por ejemplo, no han adquirido mayor capacidad de negociación: el capitalismo puede aprovechar la diferencia. Otro ejemplo es el de los inmigrantes “ilegales”, en que se observa que la existencia de fronteras nacionales genera y a la vez criminaliza la diferencia. Las diferenciaciones de este tipo son centrales para la formación del sistema-mundo (Wallerstein, 1990).
160 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN y, más recientemente, Tokio, generando una variedad de nue- vos tipos de cosmopolitismo.4 Es más, este modo de narrar el fenómeno de la migración en la época de la posguerra capta la continua influencia del colo- nialismo y de las formas imperiales poscoloniales en los princi- pales procesos de globalización, en especial los que vinculan a los países de origen y los países receptores de los inmigrantes (véase el capítulo 5). Si bien la génesis y los contenidos específi- cos de su responsabilidad podrán variar según el caso el perío- do, los principales países receptores no son espectadores inocen- tes (Sassen, 1988, 1999). La centralidad de la ciudad global en los procesos migratorios, incluido su rol como frontera poscolonial, genera una apertura económica y política transnacional para la formación de nuevas reivindicaciones y, por lo tanto, de nuevos derechos, sobre todo relacionados con el lugar, así como para la constitución de la “ciudadanía” (para una variedad de puntos de vista, veánse por ejemplo Hamilton y Chinchilla, 2001; Farrer, 2007; Stasiulis y Yuval-Davis, 1995). En efecto, la ciudad aparece como el espacio para las nuevas reivindicaciones: por un lado, por parte del capital global, que la emplea como “recurso orga- nizativo” y, por otro lado, por parte de los sectores desfavoreci- 24 Actualmente, en Tokio hay varias concentraciones de inmigrantes legales e ilegales, en su mayoría obreros, que provienen de China, Bangladesh, Pakistán olas Filipinas. Dado el carácter cerrado de la legislación y de la cultura japonesa en materia de inmigración, se trata de un fenómeno muy notable. Ahora bien, ¿puede describirse como una mera consecuencia de la pobreza en los países de origen? Esa explicación no es suficiente, ya que la pobreza existe hace años en dichos países. Se podría afirmar que la internacionalización de la economía japonesa, con sus formas específicas de inversión en esos países y su creciente influencia cultural a partir de la década de 1980, ha tendido puentes entre ellos y el Japón y ha servido para reducir la distancia subjetiva con dicho país (véanse Sassen, 2001: 307-315; Tsuda, 2003; Komai, 1995; Farrer, 2007).
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 161 dos de la población urbana, que con frecuencia constituyen un actor tan internacionalizado como lo es el capital. Veo aquí un tipo de apertura política que contiene a la vez una capacidad unificadora transfronteriza y una capacidad de generar conflictos cada vez más profundos dentro de las fron- teras nacionales. El capital global y la mano de obra inmigrante son dosinstancias de transnacionalización con propiedades uni- ficadoras internas en cada una deellas, pero que en las ciuda- des globales se encuentran en conflicto. Como ya se ha dicho, estas ciudades son el espacio para la sobrevaloración del capi- tal empresarial y la subvaloración de los trabajadores en situa- ción de desventaja. Tanto el funcionamiento como la organi- zación de los sectores de avanzada de dicho capital han adquirido un carácter global. Y gran parte de los trabajadores desfavore- cidos de dichas ciudades son mujeres, inmigrantes y personas de color, grupos que a su manera desbordan lo nacional, en parte porque no han sido acogidos plenamente por la nación, incluso si son ciudadanos (veánse, por ejemplo, Chatterjee, 1993: caps. 1,6 y 7; Crenshaw et al., 1996; Geddes, 2003; Schiffauer et al., 2006). En este contexto, las ciudades globales son territorios estratégicos para las operaciones políticas y económicas de ambos actores: el capital global y la amalgama de grupos minoritarios desfavorecidos. Si se establece una comparación con lo que ocurre en la ciu- dad provincial o en el suburbio, en las ciudades globales es menos probable que el vínculo entre las personas y el territorio esté mediado por el Estado-nación o por la “cultura nacional”. Se observa una desarticulación entre la identidad y las fuentes tradicionales de identidad, como la nación o la aldea (Yaeger, 1996; Nashashibi, 2007). Este desanclaje en el proceso de for- mación de la identidad crea nuevas nociones de comunidad de pertenencia y de titularidad de derechos. A su vez, también
162 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN se puede pensar en las consecuencias políticas de la transnacio- nalización estratégica del espacio en términos de formación de nuevas reivindicaciones sobre ese espacio. La globalización econó mica ha configurado, al menos en parte, la aparición de nuevas reivindicaciones, especialmente visibles en el caso del capital global. Las empresas extranjeras y la nueva clase de profesionales transnacionales tienen cada vez más derecho a operar en estas ciudades gracias a la desregulación progresiva de las economías nacionales. Éstos son algunos de los nuevos “usuarios de la ciu- dad” (Martinotti, 1993), que han marcado profundamente el paisaje urbano. En el otro extremo están aquellos que emplean la violencia política urbana para expresar sus reivindicaciones sobre la ciudad, ya que carecen de la legitimidad de facto de que sí gozan los anteriores (Body-Gendrot, 1999; Hagedorn, 2006); se trata aquí de demandas dirigidas hacia la ciudad misma por actores que buscan el reconocimiento de sus derechos a la ciu- dad.” Con esto se hace evidente que la falta de poder no eli- mina la posibilidad de ser un actor político. Para referirme a esta posibilidad utilizo el término “presencia”: en efecto, den- tro de un espacio estratégico como la ciudad global, los habi- tantes desfavorecidos que se describen en este apartado no 25 Para una combinación diferente de estos elementos, véase Dunn (1994) y Drainville (2004). 26 Body-Gendrot (1999) demuestra que la ciudad sigue siendo un terreno de conflicto, caracterizado por la aparición de nuevos actores cada vez más jóvenes. Es un terreno donde las dificultades y las limitaciones institucionales del gobierno para responder a las demandas de igualdad generan desorden social. Para Body-Gendrot, la violencia política urbana no debería interpretarse como una ideología coherente sino como un elemento temporal de estrategia política que permite alos actores más vulnerables entrar en contacto con los detentadores del poder en términos un poco más favorables para los débiles.
CIUDADES GLOBALES: LA RECUPERACIÓN DEL LUGAR | 163 son simplemente marginales, sino que adquieren presencia en un proceso político más amplio que trasciende los límites de las estructuras políticas formales. Esta presencia señala la posi- bilidad de una nueva política, cuya configuración dependerá de los proyectos y las prácticas específicas de diversas comuni- dades (Drainville, 2004; Bartlett, 2007). En tanto el sentido de pertenencia a dichas comunidades no se subsume en lo nacio- nal, podría nacer una política transnacional pero centrada en espacios locales concretos. CONCLUSIÓN Las grandes urbes del mundo son el territorio donde múltiples procesos de globalización adquieren un carácter concreto y loca- lizado. Estas instancias localizadas constituyen en buena medida la globalización. Si se considera además que las grandes ciuda- des también concentran una proporción cada vez mayor de gru- pos demográficos en situación de desventaja (como los inmi- grantes en Europa y los Estados Unidos, los afroamericanos y los hispanos en los Estados Unidos, las masas de habitantes de las villas y los barrios pobres en las megalópolis del sur global), se puede postular que éstas se han convertido en un territorio estratégico para todo un espectro de conflictos y contradiccio- nes. A partir de esto es posible concebir a las ciudades como uno de los espacios donde se materializan las contradicciones de la globalización económica. Por un lado, poseen una concentra- ción desproporcionada de poder empresarial y son el terreno clave para la sobrevaloración de la economía corporativa; por otro lado, poseen una concentración desproporcionada de habi- tantes en situación de desventaja y son el terreno clave para la
164 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN subvaloración de dichos habitantes. Esta presencia conjunta se da en un contexto donde: a) la transnacionalización de la eco- nomía ha crecido y ha convertido a las ciudades en espacios cada vez más estratégicos para el capital global, y b) los habitantes marginados van ganando presencia política y están haciendo oír sus demandas a la ciudad. La creciente distancia entre estos dos actores destaca aun más su presencia conjunta en las ciu- dades globales. El espacio conformado por la red mundial de ciudades glo- bales, con su nuevo potencial político y económico, tal vez sea uno de los espacios más estratégicos para la formación de nue- vos tipos de identidades y comunidades, incluso transnaciona- les. Se trata de un espacio que se centra en el territorio y se inserta en lugares determinados y estratégicos, pero que a la vez tiene carácter transterritorial porque vincula ciudades que no com- parten una proximidad geográfica, pero cuyas transacciones mutuas van aumentando rápidamente. En este contexto, surge la posibilidad de un espacio para una nueva política transna- cional, inserta al menos parcialmente en la política de la cultura y la identidad, pero a la vez superadora de ésta. El análisis pre- sentado en este capítulo indicaría que sí, en tanto la centrali- dad del lugar en el contexto de los procesos globales genera una apertura económica y política transnacional para la forma- ción de nuevas reivindicaciones e incluso de nuevos derechos, sobre todo relacionados con el lugar. Esto podría también con- tribuir a la formación de nuevos tipos de “ciudadanía” y a una diversidad de prácticas ciudadanas. Tanto la creciente desnacio- nalización del espacio urbano como las nuevas reivindicacio- nes por parte de actores transnacionales y de actores localiza- dos transforman a la ciudad global en una zona fronteriza para un nuevo tipo de alineamiento político-económico.
4 La conformación de los movimientos migratorios internacionales! Como sucede con las categorías de Estado y de ciudad, para incorporar los fenómenos migratorios internacionales en una sociología de la globalización es necesario recurrir a una vasta producción intelectual sobre el tema, que típicamente no se cen- tra en la globalización. Dicha incorporación también supone manejar un tipo de producción intelectual muy diferente de aquél, que, aun cuando es menor, se incrementa rápidamente. Se trata de un enfoque que concibe a la inmigración como resul- tado de la globalización, supuesto al que arriba no por conocer en detalle el fenómeno migratorio, sino porque hace extensi- vas a él las nociones dominantes sobre la globalización. Mien- tras que en el primer caso se trata de una fuente de datos y de técnicas de investigación fundamentales para los estudios socio- 1 De todos los temas tratados en este libro, ninguno tiene un número de pequeños estudios empíricos con detalles importantes como el de este capítulo, lo que hace imposible realizar un análisis más global. El capítulo hace referencia a varios trabajos que procuran cubrir el campo de investigación y a algunos trabajos especializados, que contienen mucha bibliografia sobre el tema. Parte de este capítulo está basado en trabajos anteriores, que a su vez presentan gran cantidad de fuentes: Guests and aliens (Nueva York, New Press, 1999); “Beyond sovereignty: De-facto transnationalism in immigration policy” (European Journal of Migration Law 1,1: 177-198, 1999); y “Women's burden: Countergeographies of globalization and the feminization of survival” (Journal of International Affairs 53, 2: 503- 524, primavera de 2000).
166 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN lógicos sobre la globalización, en el segundo se trata de una con- cepción muy problemática que, con alguna excepción, es nece- sario evitar. Los movimientos migratorios transfronterizos existían mucho antes de la etapa actual de la globalización. Por lo tanto, el obje- tivo es comprender de qué modo y hasta qué punto los distin- tos tipos de migraciones que se observan hoy en día están o no moldeados por la globalización, asentados en ella o simplemente influidos por ese fenómeno. La abundante producción intelec- tual sobre el tema demuestra, por ejemplo, que incluso siglos atrás muchos flujos migratorios generaban redes internacio- nales entre países de origen y países receptores. Si bien dichas redes presentaban claras diferencias con las actuales en mate- ria de contenido y de modos de comunicación, ellas existían en tanto hecho social. En el mismo sentido, los autores dedicados a la inmigración han señalado que hoy en día se conservan muchos elementos del pasado, como la migración en cadena y la reunificación familiar. Esto abre varios interrogantes en materia de migraciones y de globalización: ¿de qué modo se insertan los movimientos migra- torios internacionales en la globalización actual? ¿Son fenóme- nos constitutivos de este proceso? ¿Es posible que un análisis de las migraciones arroje luz sobre la globalización y ayude a comprenderla? O, a la inversa, ¿es posible que un análisis de esta última arroje luz sobre los movimientos migratorios y ayude a comprenderlos? Las investigaciones sobre dichos movimientos pueden permitir, por ejemplo, un estudio de las microestruc- turas de lo global, como el realizado en el capítulo anterior sobre las mujeres inmigrantes y la ciudad global. Asimismo, gracias a la presencia de comunidades de inmigrantes diversas y múlti- ples en las ciudades y en las zonas metropolitanas del hemisfe- rio norte, la historia poscolonial no se limita ya al hemisferio
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 167 sur. Por otro lado, la investigación sociológica de la globaliza- ción puede aportar detalles sobre distintas dinámicas de con- tacto (como las cadenas de producción internacional o los ima- ginarios generados por la industria global del entretenimiento) gracias a las cuales los inmigrantes potenciales se sienten conec- tados con el país al que quieren dirigirse. MÁS ALLÁ DE LOS FACTORES DE ATRACCIÓN Y EXPULSIÓN Los análisis económicos y demográficos suelen explicar la con- figuración de los movimientos migratorios internacionales en términos de factores de atracción y de expulsión. Entre los prin- cipales factores de expulsión se encuentran la pobreza el de - sempleo, mientras que los factores de atracción más importan- tes son la posibilidad de obtener un empleo y una mejor remuneración. Por lo tanto, los factores de atracción y de expul- sión generalmente se refieren a las condiciones del sistema en una zona o país determinado. Ahora bien, si se los interpreta en un sentido estricto, dichos factores deberían provocar movi- mientos migratorios masivos hacia otros países. Sin embargo, sobran las pruebas para demostrar que no es así. De esta manera, esos factores pueden explicar por qué emigran algunas perso- nas, pero no por qué la mayoría de las personas que viven en las mismas condiciones permanecen en sus países de origen. Sin duda, existen variables adicionales que según algunas opinio- nes transforman esas condiciones en motivos de emigración. Lo que la sociología y la antropología pueden aportar al estudio de las migraciones es la explicación de esas variables adiciona- les, tal vez menos sistémicas, como la contratación directa por parte de los empleadores en el país de destino o la decisión fami-
168 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN liar de enviar a un miembro del hogar a vivir a otro país. Los factores de expulsión son importantes, sobre todo en el caso de la pobreza, pero la pregunta clave es bajo qué condiciones la pobreza llega a funcionar como un factor de expulsión. Ahora bien, centrarse en los casos individuales no es sufi- ciente. Si bien muchos inmigrantes consideran que la migración es resultado de sus decisiones personales, la opción de migrar en sí misma es un producto social. Este dato se pierde con faci- lidad en gran parte de los análisis sobre el tema porque los movi- mientos migratorios suelen compartir muchas características: en efecto, la mayoría de los inmigrantes provienen de países menos desarrollados que el país receptor y tienen un nivel de ingresos y de educación bajo o medio, lo que a su vez genera la idea de que la pobreza y el desempleo son los principales facto- res de expulsión. Sin embargo, muchos países con tasas eleva- das de pobreza y de desocupación carecen de una tradición migratoria significativa, y en otros la emigración es un fenó- meno reciente, aunque la pobreza exista hace años. Para que la pobreza se transforme en un factor de expulsión, es preciso que se den otras condiciones y, aun así, lo más probable es que sólo una minoría de personas de clase media y baja intenten emigrar. Por lo tanto, se puede afirmar que la emigración no es una fuga indiferenciada de la pobreza y el desempleo hacia paí- ses que prometen la prosperidad. Las explicaciones basadas en los factores de atracción y de expulsión no incluyen la racionalidad mucho más compleja de los inmigrantes o ciertos motivos subjetivos que entran en juego. Un dato fundamental es que muchos inmigrantes se muestran dispuestos a vivir en condiciones de incomodidad extrema y a realizar trabajos indeseables que no aceptarían en sus propios países, y que incluso aceptarían ubicarse por debajo de su estrato social y educativo. Por lo tanto, los inmigrantes de primera gene-
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 169 ración tienen un nivel de motivación que debe contemplarse como una variable más. Por otro lado, la globalización pro- duce un efecto puente que genera nuevos imaginarios y condi- ciones materiales a partir de los cuales la emigración aparece como una opción, cuando antes no lo era. Cada país es único y cada emigración se produce en deter- minadas condiciones de tiempo y de espacio (véanse Appleyard, 1999; Okuda, 2000; Castles y Miller, 2003; Cohen, 1995). Pero para comprender los efectos posibles de condiciones generales, como la globalización económica y cultural sobre la forma- ción y la reproducción de los movimientos migratorios, es nece- sario hacer abstracción de las peculiaridades y examinar las ten- dencias más amplias. Es preciso subrayar la especificidad y la complejidad de las migraciones, y no limitarse a descripciones generales y simplificadas. Para ello, habrá que reunir las varia- bles que ayudan a explicar las características de los movimien- tos migratorios específicos, sin caer ni en una generalización excesiva que busca abarcar todos los períodos históricos y todos los lugares, ni en las particularidades de cada migración. En este sentido, un conjunto de condiciones que hoy se reconocen como significativas son, por ejemplo, los lazos entre las antiguas colo- nias y los países colonizadores. Así, la mayoría de los inmigran- tes argelinos de Europa viven en Francia, y la mayoría de los emi- grantes de los países del subcontinente indio viven en Gran Bretaña. Este patrón se repite en el caso de muchos países colo- nizadores, cada uno con sus propias historias de inmigración. Más controvertido es el reconocimiento de que el dominio eco- nómico y la formación de espacios transnacionales de actividad económica, asociados con la presencia de empresas estadouni- denses en otros países, pueden funcionar como factores que explican algunos de los patrones de inmigración hacia los Esta- dos Unidos desde países tan distintos como México y la Repú-
170 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN blica Filipina (Sassen, 1988). De manera similar, la actividad mili- tar directa o indirecta de los Estados Unidos en países extran- jeros, desde Vietnam hasta El Salvador, constituye claramente un factor que condicionó algunos flujos migratorios de dichos países hacia el país del Norte en las décadas de 1970 y 1980, y de 1980 y 1990, respectivamente (Portes y Rumbaut, 2006). Hoy en día, el aumento pronunciado en la exportación orga- nizada de mano de obra, tanto legal como ilegal, agrega una nueva dinámica a las anteriores —una dinámica de mercado que no se ajusta a las tendencias observadas en el pasado—. Dicha exportación puede crear lazos de carácter totalmente diferente entre los países de origen y los países receptores, en la medida en que van más allá de los vínculos económicos que surgieron del colonialismo o de la globalización actual. Sin embargo, incluso estos nuevos fenómenos en general se relacionan con condi- ciones contextuales. Así, las actuales redes globales de tráfico de personas a menudo parten de lo que eran viejas redes regio- nales o nacionales: en ese sentido, son nuevas y viejas al mismo tiempo. La formación de los sistemas globales ha contribuido a esta nueva escala global de ciertas redes que solían ser mucho más localizadas. Asimismo, ha inducido la creación de nuevos tipos de tráfico y de flujos que en general responden a los efec- tos devastadores de la globalización sobre las economías de los países pobres 0 a la construcción de complejos turísticos gigan- tescos en el sur global, que generan una demanda para la lla- mada industria del entretenimiento. Son varios los patrones que pueden transformar una situa- ción de pobreza y desempleo generalizado en un factor de expul- sión (para los distintos condicionamientos, véanse Massey y Goldring, 1994; Massey et al., 1993; Battistella y Assis, 1998; Wallace y Stola, 2001; Parnreiter, 1995; Papademetriou y Martin, 1991). La mayoría de los movimientos migratorios comienzan mediante
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 171 una contratación directa de mano de obra por parte de empre- sas, gobiernos, contratistas o traficantes. Este fenómeno se ha dado en distintos grados durante períodos históricos diferen- tes y en diversas partes del mundo. Sin embargo, una vez que existe la comunidad de inmigrantes en una ciudad determinada, el funcionamiento de la red de inmigrantes comienza a reem- plazar a la contratación por medio de la inmigración en cadena. En segundo lugar, en general la contratación realizada por empre- sas y gobiernos se da cuando ya existen lazos establecidos entre el país receptor el país de origen, ya sean de carácter colonial, neocolonial, militar 0, cada vez con más frecuencia, global. En tercer lugar, la globalización económica ha reforzado aun más la interdependencia existente entre una cantidad cada vez mayor de países, y es posible que haya contribuido con la creación de nuevos factores de expulsión en países cuyas deudas públicas, a menudo considerables, se incrementaron a partir de los efec- tos negativos de los planes de ajuste estructural impuestos por el FMI. En cuarto lugar, durante la década de 1990 comienza a incrementarse en gran medida la exportación organizada de mano de obra. Un dato de especial importancia en este sentido es el crecimiento abrupto en los niveles de tráfico internacio- nal de personas para la industria sexual o el trabajo esclavo. (Para fuentes de datos sobre estas cuatro tendencias, véanse Castles y Miller, 2003; Portes y Rumbaut, 2006; Cohen, 1995; Battistella y Assis, 1998). En suma, pueden detectarse tres tendencias principales para la articulación de los movimientos migratorios internaciona- les con las condiciones fundamentales de la globalización actual: a) la geoeconomía de los movimientos migratorios internacio- nales, que explica la presencia de patrones en común a través de diversos movimientos y ofrece un contexto fundamental para comprender la dinámica que hace de una condición generali-
172 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN zada de pobreza, desempleo o subempleo un factor de expul- sión; b) la conformación actual de mecanismos que vinculan a los países de origen con los países receptores, en especial los efec- tos de las diversas formas de globalización económica; y c) la exportación organizada de mano de obra, ya sea legal o ilegal. A continuación se examinan estos tres temas. LA GEOECONOMÍA DE LAS MIGRACIONES Tanto en el siglo xIx como en la actualidad, el origen de los movi- mientos migratorios con frecuencia yace en algún tipo de cam- paña de contratación organizada por las empresas mismas o por el gobierno en nombre de las empresas. Sin embargo, quién con- trata y desde dónde lo hace constituye un asunto que, por lo general, ha sido moldeado por los múltiples imaginarios glo- bales de la actualidad y por otros vínculos político-económi- cos previos, como el colonialismo, la inversión extranjera y otras operaciones empresariales en el contexto de la globalización eco- nómica. Con el correr del tiempo, la mayoría de los movimien- tos migratorios adquieren cierta autonomía respecto de los meca- nismos de contratación organizada, pero aún tienden a estar moldeados por esos imaginarios y vínculos históricos. Los flujos migratorios masivos del siglo x1x surgieron como parte de la formación de un sistema económico transatlántico que vinculó a varios estados-nación mediante las alianzas béli- cas y las transacciones económicas. Esta economía transatlán- tica constituyó la base para el desarrollo estadounidense. En efecto, a partir de estos flujos de capital, bienes y mano de obra se constituyó el sistema transatlántico que, una vez estable- cido, facilitaría las nuevas migraciones de Europa a América. En
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 173 el período precedente, el flujo transatlántico de mano de obra había sido en gran medida forzado, como en el caso de los escla- VOS, y proveniente en su mayor parte de los territorios coloni- zados de África y Asia. Otro ejemplo geoeconómico es el de las migraciones al Reino Unido, especialmente Inglaterra, en la década de 1950, provenientes de sus antiguos territorios colo- niales. Los movimientos migratorios hacia Europa Occidental en las décadas de 1960 y 1970, por su parte, fueron efecto de una campaña directa de contratación y se dieron en un contexto de dominio regional sobre el Mediterráneo y algunos países de Europa del Este. En síntesis, los países tradicionalmente recep- tores participan del proceso que deriva en la formación de flu- Jos migratorios internacionales (para detalles y fuentes de infor- mación, véase Sassen, 1988; 1999). El resurgimiento de la inmigración masiva hacia los Estados Unidos en la década de 1960, tras cincuenta años de flujos inmi- gratorios casi nulos, se dio en el contexto de una actividad eco- nómica y militar expandida de esa nación en países de Asia y de la zona del Caribe. El núcleo del sistema internacional de pro- ducción e inversiones que vincula a estas distintas regiones es precisamente ese país. En las décadas de 1960 y 1970, los Esta- dos Unidos desempeñaron un papel fundamental en el desarro- llo de un nuevo sistema económico mundial. Allí se aprobaron leyes y se impulsaron acuerdos internacionales con el fin de abrir las puertas de la economía propia y externa al flujo de capita- les, bienes, servicios e información. Esta función central en el ámbito militar, económico y polí- tico contribuyó tanto a la creación de las condiciones que movi- lizaron a los inmigrantes internos e internacionales como a la formación de lazos entre los Estados Unidos y países que final- mente servirían de puentes, con frecuencia imprevistos, para los movimientos migratorios internacionales. Si bien controver-
174 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN tida, mi interpretación de los patrones observados es que las medidas que supuestamente evitan la emigración de los paí- ses en vías de desarrollo (como la inversión extranjera y la promoción del desarrollo basado en las exportaciones) al pare- cer han surtido el efecto contrario, por lo menos a corto y mediano plazo (Sassen, 1988; 1999). Durante las décadas de 1970 y 1980, gran parte de los inmigrantes que ingresaron en los Esta- dos Unidos provenían de países del sur y del sudeste asiático con tasas de crecimiento exorbitantes, que en general se atri- buían a la inversión directa extranjera para la producción indus- trial de bienes de exportación, llevada a cabo en el marco de los procesos de tercerización. Actualmente, existe un análisis simi- lar sobre los efectos de “desarrollo” como producto de la imple- mentación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) en lo que respecta al aumento de la corriente migratoria de México hacia los Estados Uni- dos, cuya estabilización no tendrá lugar antes de treinta años (véase Martin, 1993; 2002). Las formas específicas de internacionalización del capital que se observan desde el período de la posguerra han ayudado a movilizar las corrientes migratorias y a construir puentes entre los países de origen y los Estados Unidos. Desde la década de 1960, mucho antes de la etapa actual de la globalización, uno de los principales factores generadores de emigración en esos países ha sido la implantación de las estrategias de desarrollo occidentales. La aplicación de dichas estrategias causó la occi- dentalización de los sistemas educativos, el reemplazo de la agri- cultura minifundista por la agricultura comercial orientada a la exportación y otros efectos similares que contribuyeron con la mo vilización de las corrientes migratorias regionales, naciona- les y transnacionales (para el caso latinoamericano, probable- mente el mejor estudiado, véanse Portes y Walton,1981; Safa, 1995;
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 175 Campos y Bonilla, 1982; Bonilla et al.,1998; Portes y Bach, 1985). Finalmente, y en un registro diferente, es muy probable que este efecto de puente o contacto se haya visto reforzado por la Gue- rra Fría y las campañas ideológicas sobre las ventajas y los bene- ficios de las sociedades “abiertas y democráticas”. Las nuevas migraciones también utilizan (pero en dirección contraria) los puentes construidos para el flujo de capitales, de información y de personal de alto nivel desde el centro hacia las colonias y la periferia, parte de las redes administrativas, comerciales y de desarrollo de los antiguos imperios europeos, la reconfiguración de dichas redes bajo la pax americana, y final- mente las resultantes de la formación de los sistemas globales actuales (como la inversión extranjera directa, las zonas fran- cas de exportación y las guerras por la democracia). Hall (1991) describe el ingreso de inmigrantes del Commonwealth a Gran Bretaña durante la posguerra y señala que Inglaterra y lo inglés eran conceptos tan presentes en su Jamaica natal que los habi- tantes sentían que Londres era la capital donde tarde o temprano todosirían a vivir. Este modo de narrar el fenómeno de las migra- ciones capta la influencia permanente del colonialismo y de las formas imperiales poscoloniales en los principales procesos de globalización, en la medida en que vincula a los países de ori- gen con los países receptores de inmigrantes. Si bien la génesis y los contenidos específicos de su responsabilidad podrán variar según el caso y el período, los principales países receptores no son meros espectadores. En un plano más conceptual, estas tendencias podrían gene- ralizarse para sostener que los flujos migratorios se dan en el inte- rior de sistemas, que a su vez pueden ser descritos de distintas maneras (véanse Bustamante y Martínez, 1979; Morokvasic, 1984; Sassen, 1988; 1999; Bonilla et al., 1998; Potts, 1990; King, 2001; Ricca, 1990). La especificación económica de tales sistemas que
176 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN elaboramos aquí representa apenas una de muchas posibilida- des. En otros casos, el sistema dentro del cual se producen los movimientos migratorios puede describirse en términos polí- ticos o étnicos. Una pregunta posible, por ejemplo, sería si existe algún vínculo sistémico subyacente en los flujos migratorios que surgen en la década de 1990 de Europa Central hacia Alemania y Austria, ya que antes de la Segunda Guerra Mundial, tanto Ber- lín como Viena recibían grandes cantidades de inmigrantes pro- venientes de una amplia región oriental (Fassmann y Muenz, 1994; Sassen, 1999). Más aun, estas prácticas producen y repro- ducen sistemas migratorios en sí mismos. Finalmente, la intensa campaña que se lanzó durante la Guerra Fría para mostrar a Occi- dente como un lugar donde el bienestar económico es lo normal y sobran los empleos bien remunerados surtió el efecto deindu- cir a las personas a emigrar hacia esa zona durante y especial- mente después de la Guerra Fría. Una descripción más precisa de la situación en Occidente bien podría haber disuadido a inmi- grantes potenciales, con excepción de aquellos que hubieran emi- grado a cualquier costo. Estas condiciones históricas y actuales contienen elementos útiles para especificar la variedad de siste- mas dentro de los que ocurre la migración contemporánea de Europa del Este hacia Europa Occidental. Los principales patrones de inmigración observados indican que existe una geoeconomía de las migraciones. Si fuera sólo una cuestión de políticas y de voluntad gubernamental para hacer cumplir la ley, muchos de los flujos ilegales de la actuali- dad no deberían existir (Cornelius et al., 2003; Massey, 2005). En el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, la gran reforma aprobada en 1965 tuvo efectos inesperados, debido, en parte, a que en ese momento los Estados Unidos habían instalado una red extensa de sitios de producción y de bases militares en varias naciones que finalmente se volverían países de emigración hacia
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 177 los Estados Unidos. Por lo tanto, más allá de una demanda acu- mulada, había también una amplia red de conexiones entre los Estados Unidos y esos países. Además, existe otro dato que prueba que la nueva ley no fue suficiente para generar los flujos espe- rados. En efecto, pese a que la ley estaba basada en la reunifica- ción familiar y, por lo tanto, se esperaba que una mayoría de los nuevos inmigrantes serían parientes de los que ya vivían allí, en general europeos, la mayor parte de los inmigrantes pro- vino de países de América Latina, el Caribe y Asia. Todo lo cual sugiere que por sí solas las políticas gubernamentales no bas- tan para generar movimientos migratorios y determinar su com- posición (Portes y Rumbaut, 1996; Briggs, 1992), así como tam- poco para detenerlos. También en los países europeos resulta evidente esta geoe- conomía de las migraciones. En el caso del Reino Unido, el 60% de los residentes extranjeros provienen de países asiáticos o afri- canos que fueron dominados o colonizados por el país recep- tor. Hasta hace pocos años, la inmigración europea fue mínima, y casi tres cuartas partes de los inmigrantes europeos eran oriun- dos de Irlanda, otro territorio colonizado. En el Reino Unido habitan pocos inmigrantes de países como Turquía o Yugosla- via, que son mayoría en Alemania, pero allí viven casi todos los inmigrantes a Europa provenientes del subcontinente indio y del Caribe británico. En la misma línea de razonamiento, cabe señalar que durante los primeros diez años de la posguerra, la gran mayoría de los “inmigrantes” que ingresaron en Alemania eran los ocho millo- nes de los llamados “alemanes étnicos” (personas de ascenden- cia alemana cuyos antepasados habían vivido durante varias generaciones en Rusia y en los países del Este de Europa), que fueron desplazados después de la guerra y que, en cierto sen- tido, regresaban a su país (un movimiento de algún modo para-
178 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN lelo al de los colonos que regresan a la “madre patria”). Otro grupo importante del flujo de posguerra a Alemania fue el de los tres millones de inmigrantes provenientes de la República Democrática Alemana, que ingresaron antes de que se cons- truyera el muro de Berlín, en 1961. Por otro lado, durante la época de la gran migración laboral —las décadas de 1960 y 1970—, tam- bién residían en Alemania el 86% de los inmigrantes griegos de toda Europa, casi el 80% de los inmigrantes turcos y el 76% de los yugoslavos. Finalmente, Alemania expandió sus áreas de con- tratación de mano de obra a Portugal y España, y también a Argelia, Marruecos y Túnez, aunque la gran mayoría de los inmi- grantes originarios de esos países viven en Francia. En síntesis, lo que se observa en Alemania es, en primer lugar, una gran corriente migratoria arraigada en la larga historia de dominio sobre la región oriental de Europa, y, en segundo lugar, flujos migratorios provenientes de países menos desarrollados de la Europa mediterránea, que siguen la dinámica clásica de los países importadores y exportadores de mano de obra. Tanto Holanda como Bélgica, por su parte, recibieron en la posguerra un número importante de inmigrantes de sus anti- guas colonias, flujo que en algunos casos continúa, así como trabajadores provenientes de países exportadores de mano de obra, como Italia, Marruecos y Turquía. Algo similar sucedió con Suiza, adonde emigran trabajadores de países que tradicio- nalmente exportan mano de obra, como Italia, España, Portu- gal, Yugoslavia y Turquía. Al comienzo, esos tres países recepto - res organizaron la contratación de los trabajadores inmi grantes, hasta que finalmente se estableció un flujo migratorio en cierta medida autónomo. Hasta hace poco tiempo, Suecia había recibido más del 90% de los inmigrantes finlandeses. Allí, al igual que en otros paí- ses, finalmente se expandió el ámbito de contratación para incluir
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 179 trabajadores provenientes del Mediterráneo, zona que se había establecido como exportadora de mano de obra. Con el correr del tiempo, los flujos migratorios de mano de obra tienden a diversificarse en lo que respecta al país de destino, fenómeno que indica la consolidación de cierta autonomía con relación a los vínculos coloniales y poscoloniales del pasado. La estructuración de los flujos en cuanto a origen y destino ha continuado en la Unión Europea, cuyos residentes nacidos en países miembros tienen derecho a la movilidad transfronte- riza, excepto si provienen de los países integrados en la última etapa de expansión de la Unión. Los datos muestran niveles muy modestos: sólo el 5% de los nacidos en países miembros migra- ron de un país miembro a otro en la etapa anterior a las incor- poraciones iniciadas en 2004, y en la etapa posterior lo hizo el 5,5% (Eurostat, 2006), que en números absolutos representa 25 millones de inmigrantes de la Unión provenientes de cualquiera de los 25 países que constituían la Unión en 2005, año en que se realizó la investigación. Dadas las diferencias en el nivel de ingreso y de desarrollo del bienestar social, eran esperables niveles mucho más elevados, ya antes pero especialmente después de la expan- sión de la Unión, que comenzó en 2004. LOS PUENTES DE CONTACTO Las diversas condiciones económicas que contribuyen a la for- mación de vínculos migratorios entre países de origen y países receptores pueden agruparse en tres categorías principales, que no son mutuamente excluyentes: a) los lazos generados por la globalización económica, b) los lazos que surgen de la contra- tación de trabajadores extranjeros, y c) la exportación organi-
180 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN zada, legal e ilegal, de mano de obra. En el presente apartado se analizan las dos primeras categorías, y en el siguiente, la tercera. Los lazos económicos Los lazos generados por la globalización económica abarcan desde la presencia fuerte de empresas multinacionales en los mercados de consumo de los países de donde provienen los inmigrantes, hasta la internacionalización de la producción y la implanta- ción de la agricultura para exportación, mediante las inversio- nes extranjeras, en esos mismos países. Estas dos últimas moda- lidades desplazan las actividades económicas tradicionales y así eliminan oportunidades de supervivencia para los pequeños pro- ductores, que se ven obligados a convertirse en trabajadores asalariados, y también para los minifundistas y los productores artesanales, que migran en busca de trabajo. Todos estos grupos desplazados son candidatos a la migración, al comienzo dentro de su propia región pero, a largo plazo, hacia otros países. Exis- ten múltiples instancias de esta dinámica. Mahler (1995), por ejemplo, observó que los inmigrantes salvadoreños de los Esta- dos Unidos con frecuencia tenían experiencia previa como tra- bajadores golondrina en las plantaciones de café en su país de origen. Fernández Kelly (1982), por su parte, detectó que en el caso de algunos trabajadores mexicanos la migración interna hacia la zona de industrialización fronteriza norteña finalmente se transformaba en emigración hacia los Estados Unidos. Cam- pos y Bonilla (1982) observaron un efecto similar en los pro- gramas de desarrollo auspiciados por el gobierno estadouni- dense (“Bootstraps Operation”) en Puerto Rico, que acabaron por promover la emigración hacia los Estados Unidos. Otro tipo de lazo económico deriva del desarrollo a gran escala de plantas industriales por parte de grandes multinacionales
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 181 de las economías avanzadas en países donde la mano de obra es más barata (las zonas francas para la manufactura constituyen el caso emblemático de esta modalidad). El objetivo de dichas empresas es bajar los costos de producción de bienes destina- dos a los mercados de sus países de origen, que una vez produ- cidos son reexportados. Este fenómeno genera varios lazos obje- tivos y subjetivos entre los países desarrollados y los países en que la mano de obra es más barata, y tiene dos condiciones que fomentan las migraciones. Por un lado, los trabajadores mejor posicionados pueden acceder a los contactos necesarios para emigrar y, por otro lado, los trabajadores más desfavorecidos, a menudo “desechados” después de pocos años en trabajos que perjudican su salud, necesitan encontrar nuevas formas de sobre- vivir y de ayudar a sus familias, lo que a su vez puede provocar su emigración hacia otros países. Todos estos trabajadores están insertos parcialmente en un mercado laboral extendido o par- cialmente desterritorializado, que conecta a los dos países invo- lucrados (para una elaboración más completa de estas cuestio- nes, véase Sassen, 1988; 1995). Asimismo, el crecimiento de esta modalidad afecta a los trabajadores de los países avanzados, pues también allí aumentan las presiones para bajar los costos labo- rales a fin de mantener la competitividad, lo que, a su vez, puede generar las condiciones para una demanda creciente de traba- jadores inmigrantes dispuestos a aceptar salarios más bajos. Esto, que puede dar lugar al debilitamiento de los sindicatos en los países avanzados, en líneas generales, dentro de los países des- arrollados ha provocado un aumento en la oferta de trabaja- dores dispuestos a aceptar bajos salarios. Resulta interesante el caso del Japón, ya que nos permite captar el inicio de procesos que en otros países avanzados tie- nen ya una larga historia. En efecto, allí podemos ver la inter- sección incipiente de la internacionalización económica y la
182 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN inmigración, pues se trata de un país con una historia y una cultura radicalmente distintas a las de otros países desarrolla- dos, y, aunque en menor medida, con una organización econó - mica también diferente. En la historia reciente del Japón, la ausencia de una tradición migratoria (que existió sin embargo en el siglo x1x) ofrece un panorama más claro de estas diná- micas. Aunque el proceso fue mucho más lento que en otras economías avanzadas, el Japón cuenta hoy con una fuerza labo- ral creciente compuesta de inmigrantes legales e indocumen- tados que aceptan trabajos no calificados y mal remunerados, en un contexto en el que los jóvenes japoneses rechazan dichos puestos (Tsuzuki, 2000; Mori, 1997). En el caso del Japón, es inevitable la pregunta de por qué este proceso se da en la actualidad y no en el período de crecimien- to económico acelerado que tuvo lugar en las décadas de 1950 y 1960, cuando el país sufrió una escasez aguda de mano de obra. La diferencia clave, según mi interpretación, reside en que en la década de 1980 el Japón adquirió una presencia importante en el sistema económico regional asiático, donde se convirtió en la mayor fuente de inversiones, el principal proveedor de ayuda externa y el más importante exportador de bienes de consumo, incluso culturales. En esa misma década, para tener un mayor acceso a mano de obra, las empresas japonesas comenzaron a instalar numerosas plantas industriales, muchas de las cuales se concentraron en distintos países de Asia. Este proceso generó redes formales e informales entre el Japón y esos países, los que a su vez se convertirían en las principales fuentes de inmigran- tes (Morita y Sassen, 1994). Durante el período de crecimiento acelerado, el Japón carecía de redes y lazos con potenciales paí- ses emisores de emigrantes, y tal vez por eso la formación de corrientes migratorias internacionales se vio dificultada. Ahora bien, al internacionalizar su economía y transformarse en uno
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 183 de los principales inversores del sur y del sudeste asiático, el Japón creó, quizás de manera involuntaria, un espacio transnacional para la circulación de bienes, capital y cultura que, con el tiempo, derivó en la circulación de personas. La situación que se observa hoy podría describirse como la primera etapa de formación de un mercado laboral internacional, un espacio donde pueden ingresar tanto los empleadores y los contratistas como los inmi- grantes, incluso indocumentados, y que actualmente también incluye a profesionales (Farrer, 2007). Cuando el gobierno japo- nés advirtió que la escasez de mano de obra continuaba, pese a que los inmigrantes asiáticos habían ocupado puestos de tra- bajo con bajos salarios en varias industrias, inició una cam- paña de contratación de descendientes japoneses en el Brasil y en el Perú, para lo cual debió modificar su legislación inmigra- toria. Estas comunidades relativamente nuevas de inmigrantes ya han ingresado en la etapa de inmigración en cadena (Tsuda, 1999; Tsuzuki, 2000). Los lazos antes mencionados también se configuran mediante la occidentalización creciente de los sistemas de educación avan- zada (Portes y Walton, 1981; Aneesh, 2006; Farrer, 2007), que faci- lita el ingreso de los trabajadores altamente calificados en los países desarrollados de Occidente. Se trata de un proceso —cono- cido como “fuga de cerebros”— que comenzó hace varias déca- das y que en la actualidad está adoptando una forma específica debido a la interdependencia cada vez más fuerte entre los paí- ses y al surgimiento de los mercados y las empresas globales. Lo que se observa es la formación de un mercado laboral trans- nacional, cada vez más complejo y flexible, compuesto de pro- fesionales altamente calificados para la prestación de servicios empresariales avanzados. Este mercado, que adopta incluso modalidades virtuales (Aneesh, 2006), conecta a una cantidad creciente de países desarrollados y en vías de desarrollo (Sassen,
184 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN 2006b; véase también Skeldon, 1997). El mismo fenómeno se observa en la industria tecnológica de avanzada, en que las empresas de los países desarrollados realizan campañas explí- citas de contratación de expertos en computación y en progra- mación, sobre todo oriundos de la India. En líneas más gene- rales, esta dinámica y otras similares pueden captarse en la fuerte tendencia a la inmigración bimodal en términos de nivel edu- cativo: por un lado, se detecta una gran concentración de tra- bajadores inmigrantes no calificados y mal remunerados, mien- tras que, por otro lado, también existe una alta concentración de trabajadores inmigrantes altamente calificados. La contratación y las redes étnicas El segundo tipo de lazo supone una serie de mecanismos para la contratación organizada o informal de trabajadoresinmigran- tes. La contratación de esta clase de mano de obra puede darse en el marco de una campaña auspiciada por el gobierno, o bien organizada directamente por los empleadores. Asimismo, puede producirse mediante el tráfico ilegal de trabajadores o mediante la influencia de las redes de parentesco o vecindad. Sin embargo, algunos de estos factores pueden funcionar también como cana- les de migración más generalizados. Los lazos étnicos entre las comunidades de origen y las comunidades de inmigrantes de los países receptores, que suelen materializarse en la formación de familias transnacionales o de estructuras de parentesco ampliado, constituyen elementos fundamentales una vez que existe un flujo migratorio, pues garantizan su reproducción en el tiempo (véanse Wong, 1996; Wallace y Stola, 2001; White, 1999; Farrer, 2007; Levitt, 2001; Grasmuck y Pessar, 1991; Smith, 2006; Basch et al., 1994). Tanto los lazos étnicos como los constituidos por los mecanis- mos de contratación suelen operar dentro de los espacios trans-
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 185 nacionales más amplios constituidos por los procesos neocolo- niales y/o la internacionalización económica. Uno de los principales factores que hacen posible el funcio- namiento de las redes étnicas y de las redes de contratación labo- ral es la existencia en los países receptores de una demanda de trabajadores inmigrantes, en mayor medida en las economías avanzadas. La demanda efectiva en el mercado laboral de traba- jadores provenientes de distintas culturas, por lo general con un grado de desarrollo más bajo, fue desde el comienzo, y continúa siéndolo, una cuestión problemática para las economías avan- zadas. Existe una larga tradición de inmigrantes contratados para ocupar puestos de trabajo con baja remuneración y esca- sos requisitos de educación, a menudo en los sectores menos avanzados de la economía. En general, muchos de los textos publicados acerca de la socie- dad postindustrial y las economías avanzadas describen un aumento enorme enlas últimas dos o tres décadas de la demanda de trabajadores altamente calificados, y una disminución de la necesidad de cubrir los puestos de trabajo ocupados en su mayor parte por inmigrantes. Esta versión de la economía postindus- trial postula una marcada disminución en las oportunidades de empleo para los trabajadores con menor nivel educativo, y en particular los inmigrantes. Sin embargo, varios estudios empíri- cos exhaustivos sobre las grandes ciudades de los países desa- rrollados demuestran que hay una demanda continua de mano de obra inmigrante y una oferta significativa de empleos nuevos y viejos con remuneración baja y escasos requisitos en materia de educación (Munger, 2002; Harris, 1995; Parrenas, 2001, 2005). En la actualidad, resulta controvertido determinar si esa oferta de empleo: a) tiene carácter meramente residual y también se encuentra alimentada por la gran oferta de mano de obra barata (a la que en parte contribuye esta inmigración), o b) constituye
186 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN una reconfiguración de la oferta de empleo y de las relaciones de trabajo que caracterizan hoy a las economías avanzadas, es decir, que forma parte integral de dichas economías. Sobre este punto no existen mediciones precisas, y un análisis de los pues- tos de trabajo ofrecidos no ayudaría a esclarecer el tema. En efecto, se sabe que generalmente suponen un salario bajo y escasos requi- sitos de educación, y que son empleos indeseables, sin oportu- nidad de progreso y con muy pocos beneficios adicionales. Sin duda, algunos aspectos de la dinámica del crecimiento en las eco- nomías avanzadas generan al menos parte de esta oferta de empleo (Sassen, 2001: caps. 8 y 9; Munger, 2002; Roulleau-Berger, 2003), que es, a su vez, un elemento clave para analizar los lazos desarro- llados por los connacionales y los contratistas o empleadores. Una condición para la reproducción de esos lazos es que en las últimas décadas, y en algunos casos durante el último siglo, algunos países han quedado signados como exportadores de mano de obra. En muchos sentidos, se coloca al país exporta- dor de mano de obra en posición de subordinación y se lo repre- senta como tal en los medios de comunicación y en el discurso político. Lo mismo sucedía en el siglo pasado, cuando algunas zonas exportadoras de mano de obra se encontraban en condi- ciones de subordinación económica y, con frecuencia, de su- bordinación política. Ejemplo de ello fueron los antiguos terri- torios polacos, que tras la ocupación alemana se transformaron en una región con un flujo migratorio importante de polacos “étnicos” hacia Alemania Occidental y otros países. Otro ejem- plo es el de los irlandeses que viven en Inglaterra, o el caso de Italia, que se mantuvo como un país generador de mano de obra para el resto de Europa. Sin duda, la historia del desarrollo económico da cuenta de que, tras convertirse en regiones importantes de emigración, ciertas zonas no pueden converger fácilmente en términos de
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 187 desarrollo con las áreas que se constituyen en importadoras de mano de obra. Precisamente porque estas últimas presentan tasas elevadas de crecimiento, al menos en términos relativos, en ellas se produce un efecto de causalidad acumulativa que genera, de manera circular, una acumulación creciente de ven- tajas. Aunque no resulta fácil determinar el grado de influencia de la inmigración en este proceso de causalidad acumulativa, existen numerosos estudios que demuestran que los países recep- tores de inmigrantes han obtenido beneficios múltiples del acceso a la mano de obra inmigrante en ciertos períodos de crecimiento económico (Portes y Rumbaut, 1996; Castles y Miller, 1998). Asi- mismo, tampoco es fácil determinar si el hecho de estar signado como país exportador de mano de obra contribuye a una cau- salidad negativa en los países de origen de los emigrantes. Según los datos existentes, es posible que el proceso beneficie a las eco- nomías locales y a los hogares de los emigrantes, pero no a las economías nacionales de los países de origen. Los datos histó- ricos indican que la acumulación de ventajas, evidente en los países receptores, en general no se da en los países de origen, ya que estos últimos o bien no pueden converger o bien quedan estructuralmente excluidos de la espacialización concreta del crecimiento, dado que éste se caracteriza por un desarrollo de- sigual. Tanto Italia como Irlanda fueron países exportadores de mano de obra durante dos siglos, lo que no redundó en ven- tajas macroeconómicas para ellos. El dinamismo económico actual de esos dos países y el hecho de que han pasado a ser países receptores de inmigrantes no tiene mucha relación con su historia previa como emisores de emigrantes, sino más bien con un conjunto de procesos económicos y actores específicos (el Estado en Irlanda y las nuevas redes de empresarios en el norte de Italia) que pusieron en marcha proyectos particulares y rápidamente expandieron la economía.
188 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN En síntesis, desde una perspectiva analítica se podría sostener que los países receptores de mano de obra inmigrante fueron ampliando su zona de contratación e influencia a medida que se volvían más ricos y desarrollados. En la actualidad, dicha zona abarca un conjunto cada vez mayor de países y una gran varie- dad de dinámicas migratorias, ya se basen en las condiciones imperiales del pasado o en asimetrías actuales, que subyacen a gran parte de los flujos migratorios. Los movimientos migra- torios de trabajadores están insertos en una dinámica de de- sigualdad que continúa constituyendo a algunas regiones en exportadoras y a otras en importadoras de mano de obra, aun- que algunos países pueden cambiar de categoría, como en los casos de Irlanda y de Italia. LA EXPORTACIÓN ORGANIZADA DE MANO DE OBRA En la década de 1990, se registró un aumento considerable de la exportación legal e ilegal de mano de obra. Esta exportación organizada no es simplemente la cara pasiva de la contratación activa de inmigrantes descrita en los apartados anteriores, sino que posee sus propias características distintivas: se trata de ope- raciones realizadas para obtener renta o para incrementar los ingresos públicos. En términos de condicionamientos econó- micos, resulta fundamental investigar y explicar cuáles son los lazos sistémicos, si es que existen, entre el crecimiento de esa exportación organizada y las principales condiciones económi- cas de los países en vías de desarrollo, como el aumento del desempleo, el cierre de numerosas pequeñas y medianas empre- sas orientadas al mercado interno y la existencia de una deuda pública cada vez más cuantiosa. Si bien estas naciones con fre-
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 189 cuencia son englobadas bajo la categoría de “países en vías de desarrollo”, en algunos casos se trata de economías con dificul- tades, estancadas o incluso en estado de contracción (por cues- tiones de espacio, aquí se utiliza el término “en vías de desarro- llo” para designar cualquiera de esas tres situaciones). Aunque es cierto que los datos sobre dichos condicionamientos son par- ciales e incompletos, entre los especialistas existe un consenso cada vez mayor acerca de su crecimiento y de su mayor efecto sobre las mujeres, quienes a menudo constituyen la mayoría de las personas con las que se realiza un tráfico legal o ilegal, incluso en situaciones que antes eran típicamente masculinas (véanse 1IOM, 2006; Banco Mundial, 2006). Los diversos tipos de exportación de mano de obra se han visto fortalecidos en un período en que las dinámicas ligadas a la globalización económica tienen una profunda incidencia sobre los países en vías de desarrollo, que han debido adaptarse a las nuevas condiciones generadas por la globalización y se han visto compelidos a aplicar un conjunto de políticas bajo la presión de organismos internacionales como el FMI y la omc. Entre las nue- vas políticas y condiciones pueden mencionarse los planes de ajuste estructural, la apertura de sus economías a las empresas extranjeras, la eliminación de múltiples subsidios estatales y las inevitables crisis financieras que estos cambios conllevan. A esta altura, resulta evidente que en la mayoría de los países afec- tados dichas condiciones han generado costos enormes para ciertos sectores económicos y demográficos, sin haber contri- buido a reducir en una proporción considerable la deuda pública, que, por el contrario, ha tendido a crecer. Como ya se ha analizado en el capítulo anterior, entre los cos- tos mencionados se encuentran, sobre todo, el aumento en la tasa de desempleo, el cierre de numerosas empresas de sectores tradicionales orientados al mercado local o nacional y la pro-
190 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN moción de los cultivos comerciales para la exportación en reem- plazo de la producción agrícola para consumo propio o para distribución en el mercado interno. La carga cada vez más pesada de la deuda pública y los recortes severos en el presupuesto para adquirir elementos esenciales para el bienestar social de los pobres y para el desarrollo económico orientado a las necesi- dades del pueblo han tenido un efecto crítico; ejemplo de ello son los casos de Zambia, Ghana y Uganda en la década de 1990 (véase Ismi, 1998), cuando el Banco Mundial calificó a estos tres países como cooperativos y responsables en la implementación de los programas de ajuste estructural. Así, Zambia pagó 1.300 millones de dólares por servicios de la deuda, pero sólo destinó 37 millones a la educación primaria; Ghana pagó 375 millones de dólares en intereses de la deuda y sólo destinó 75 millones al bienestar social, y, finalmente, Uganda pagó 9 dólares per cápita sobre su deuda pero sólo invirtió 1 dólar per cápita para salud pública. Existe una articulación sistémica entre estos dos procesos: por un lado, el crecimiento de la exportación organizada de mano de obra desde los países en vías de desarrollo y, por otro lado, el aumento en dichos países de la tasa de desempleo y de la deuda pública. Una manera de articular esas dos situaciones sería pos- tular que ha crecido la importancia de los medios alternativos para ganarse la vida, obtener renta o recaudar fondos públicos debido a: a) la disminución de las oportunidades de empleo en esos países, b) la reducción de las posibilidades de obtener renta por los medios empresariales más tradicionales (que se ven ame- nazados por la competencia de las empresas extranjeras en muchas industrias y presionados por la necesidad de desarro- llar el sector de exportaciones), y c) la caída de los ingresos públi- cos, vinculada en parte con las condiciones anteriores y con la carga de la deuda pública.
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 191 Ahora bien, la prostitución y la inmigración laboral consti- tuyen dos medios alternativos para ganarse la vida. El tráfico legal e ilegal de mano de obra para la industria del sexo y para otros sectores es un modo de obtener renta por medio de una empresa a menudo delictiva. Finalmente, las remesas enviadas por los emigrantes, junto con los fondos obtenidos por la expor- tación organizada de mano de obra, son fuentes cada vez más importantes de divisas extranjeras para algunos gobiernos. Tanto en el caso del tráfico ilegal de mano de obra para la industria sexual como en los proyectos gubernamentales de exportación organizada, las mujeres constituyen cada vez más el grupo mayo- ritario de inmigrantes (para fuentes de datos sobre estas ten- dencias, véase Sassen, 2000). La exportación organizada de mano de obra, ya sea legal o ilegal, se ve facilitada en parte por la infraestructura técnica y organizativa de la economía global, es decir, por la formación de los mercados globales, por el fortalecimiento de las redes transnacionales y translocales y por el desarrollo de métodos de comunicación tecnológicos que escapan sin dificultad a los medios convencionales de vigilancia. Lo que posibilita el fortalecimiento de las redes globales existentes y, en algunos casos, la formación de nuevas redes es la presencia de un sis- tema económico global y el consiguiente surgimiento de diver- sos soportes institucionales para los mercados transfronteri- zos y para el flujo de divisas. Dado que la globalización ya cuenta con una infraestructura institucional, los procesos que antes se daban básicamente a escala nacional pueden trasla- darse a la escala global, aunque eso no sea necesario para su funcionamiento. En este sentido, dichos procesos se diferen- cian de aquellos que son propiamente globales, como la for- mación de una red de centros financieros sobre la que se basa el mercado global de capitales.
192 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Desde la década de 1980, los problemas relacionados con la deuda pública y el pago de los intereses han cobrado el carácter de característica sistémica de los países en vías de desarrollo y han contribuido al incremento de las actividades de exportación de mano de obra, tanto legales como ilegales. Se han realizado numerosas investigaciones que demuestran el efecto perjudi- cial de la deuda sobre los programas gubernamentales para muje- res y niños, sobre todo en materia de educación y salud, que sin duda son dos áreas de inversión necesarias para garantizar un futuro mejor. Asimismo, según se ha demostrado, el aumento en la tasa de desempleo, generalmente asociado con los planes de ajuste y austeridad preparados por los organismos internacio- nales para resolver el problema de la deuda, ha tenido efectos adversos sobre amplios sectores de la población. Se han regis- trado incrementos en las estrategias de subsistencia, tales como la producción de alimentos, el trabajo informal, la emigración y la prostitución. Además, la carga de la deuda pública y la des- ocupación generalizada han creado la necesidad de buscar fuen- tes alternativas de ingresos públicos, mientras que la disminu- ción de las oportunidades comerciales tradicionales ha provocado un uso más extenso de mecanismos ilegales para la obtención de renta por parte de las empresas y las organizaciones. En general, la mayoría de los países que se endeudaron de manera considerable durante la década de 1980 no han logrado resolver el problema. A su vez, durante la década de 1990 un nuevo conjunto de países cayó en la misma situación. En esas dos décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial introdujeron muchas novedades mediante sus planes de ajuste estructural y sus préstamos, respectivamente. Estos últimos, por ejemplo, se otorgaban para instaurar una reforma de las políticas económicas, más que para financiar algún pro- yecto en particular. El objetivo de esos planes y préstamos era
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 193 lograr que los estados fueran más “competitivos”, lo que en gene- ral supone la aplicación de recortes importantes en diversos pro- gramas sociales (para datos más precisos, veáse Ward, 1990; Bene- ria y Feldman, 1992; Bradshaw et al., 1993; Cagatay y Ozler, 1995; Pyle y Ward, 2003; Buechler, 2007). En la década del 1990, de los 41 países pobres muy endeuda- dos (PPME), 33 pagaron tres dólares de intereses a los países del norte por cada dólar prestado para fomentar el desarrollo. En muchos PPME, la proporción del Producto Nacional Bruto (PNB) que se les obliga a usar para pagar los intereses de la deuda no es sostenible (UNCTAD, 1999). Hoy en día, dicha proporción supera por un gran margen los niveles que se consideraban inaceptables durante la crisis de la deuda latinoamericana en la década de 1980. Esto se da sobre todo en África, donde la cifra alcanza el 123%, mientras que en América Latina llega al 42% y en Asia al 28%. El FMI exige a los PPME que paguen entre un 20% y un 25% de sus ingresos por exportaciones para cubrir los inte- reses de la deuda, mientras que en 1953 los Aliados cancelaron el 80% de la deuda contraída por Alemania durante la guerra y apenas solicitaron entre un 3% y un 5% de los ingresos por expor- taciones. Estas condiciones también se registraron en la histo- ria reciente cuando Europa Central salió del comunismo y se le exigió un 8%. Como resulta evidente, la carga de la deuda pública tiene repercusiones inevitables en la composición del gasto público y, por lo tanto, en la población. Estas condiciones todavía se mantienen en la actualidad. En 2003, los pagos de intereses como proporción de los ingresos de la exportación seguían en niveles extremadamente altos: por ejemplo, el 29,6% en Zambia y el 27,7% en Mauritania. Sin embargo, en algunos países habían descendido notablemente: por ejemplo, del 19,8% en 1995 al 7,1% en 2003 en Uganda, y del 34,5% en 1995 al 6,9% en 2003 en Mozambique (Banco Mun-
194 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN dial, 2005; PNUD, 2005). En 2006, reconociendo que la mayoría de estos países endeudados no lograrían pagar sus deudas y que ya habían pagado en intereses mucho más que la deuda ori- ginal, los gobiernos de los países muy desarrollados decidieron cancelar la deuda de los dieciocho países más pobres y, final- mente, la de unos cuantos países más. Hay varios trabajos de investigación sobre los efectos devas- tadores de la deuda pública tras la aplicación de los primeros planes de ajuste estructural en distintos países en desarrollo durante la década de 1980. También se han estudiado los efec- tos nocivos de la segunda generación de dichos planes, aplica- dos en la década de 1990 y más relacionados con la implanta- ción de la economía global. Todos estos trabajos documentan que la carga de esos costos cayó desproporcionadamente sobre la clase media baja y los trabajadores pobres, sobre todo en el caso de las mujeres (véanse Ward, 1990; Bose y Acosta-Belén, 1995; Buechler, 2007; Tinker, 1990; Oxfam, 1999; PNUD, 2005). Estas condiciones empujan a individuos y a hogares a buscar exportadores de mano de obra, legales o ilegales, que los lleven a trabajar donde haya posibilidades. Sin embargo, incluso en condiciones tan severas, con trafi- cantes que funcionan como contratistas para iniciar el pro- ceso, quienes emigran son apenas una minoría de los habitan- tes. Por otra parte, la participación de los traficantes altera en cierta medida los patrones migratorios asociados con el reclu- tamiento a través de la contratación privada o estatal, patrones que surgen de lazos más antiguos entre los países receptores y los países de origen, como ya se ha analizado. Es importante hacer hincapié en la importancia de las reme- sas enviadas por los inmigrantes como fuente de divisas extran- jeras para muchos países en desarrollo. Aunque el flujo de reme- sas puede ser mínimo si se lo compara con el enorme flujo diario
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 195 de capitales que circulan en los mercados financieros, se trata de un monto muy significativo para las economías que están en dificultades y para gobiernos muy endeudados. Las remesas han aumentado considerablemente en la última década: en 1998, las remesas totales enviadas por los inmigrantes a sus países de origen a través del sistema bancario superaron los 70.000 millo- nes de dólares, y en 2005 llegaron a los 230.000 millones (Banco Mundial, 2006). Para comprender la relevancia de esta cifra, no habría que compararla con el flujo global de capitales sino con el PIB y con las reservas de divisas extranjeras de los países en cuestión. En los últimos años, por ejemplo, las remesas repre- sentaron la tercera fuente de entrada de divisas extranjeras a Fili- pinas, uno de los principales países emisores de inmigrantes, y en especial de mujeres para la industria del entretenimiento. En Bangladesh, otro país con una cantidad importante de trabaja- dores en Oriente Medio, el Japón y varias naciones europeas, las remesas representan cerca de un tercio de las divisas extranje- ras. Y en México es la segunda fuente más importante de divi- sas extranjeras, después del petróleo. Si bien aporta al flujo de remesas legales, la exportación ile- gal de mano de obra inmigrante es un negocio rentable sobre todo para los traficantes. Según un informe de las Naciones Unidas, en la década de 1990 los sindicatos del crimen obtuvie- ron alrededor de 3.500 millones de dólares por año en renta proveniente del tráfico de mano de obra inmigrante, tanto feme- nina como masculina (10M, 1996). Hacia 2005, el tráfico de trabajadores sólo para la industria del sexo llegó a 19.000 millo- nes de dólares según INTERPOL y a los 27.000 millones según la o1T. El ingreso del crimen organizado al tráfico de mano de obra inmigrante es un hecho reciente: en el pasado solía ser un negocio dirigido principalmente por delincuentes de poca monta, pero en la actualidad es toda una industria que fun-
196 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ciona a escala global. Además, se sabe que los sindicatos del cri- men están forjando alianzas intercontinentales estratégicas mediante las redes de connacionales en varios países, lo que facilita el transporte, el contacto local, la distribución y la obten- ción de documentos falsos. Tanto hombres como mujeres suelen recurrir ellos mismos alos traficantes para conseguir trabajo, pero las mujeres corren más riesgo de derivar en el comercio sexual. Si bien algunas saben que terminarán dedicándose a la prostitución, para muchas las condiciones de contratación y el grado de abuso y de servidum- bre al que son sometidas sólo se vuelve manifiesto tras haber lle- gado al país receptor. Con frecuencia, las condiciones de confi- namiento son extremas, equivalentes a la esclavitud, y lo mismo sucede con el abuso, ya que sufren maltratos físicos, violacio- nes y otras formas de violencia sexual. Además, son muy mal remuneradas y muchas veces les retienen su dinero. Los próximos apartados ofrecen más detalles sobre dos aspec- tos de la exportación organizada de mano de obra: las campa- ñas realizadas por los gobiernos exportadores y el tráfico ilegal de mujeres para la industria sexual. La exportación de mano de obra organizada por el gobierno Para los gobiernos, la exportación de mano de obra constituye un modo de afrontar el problema del desempleo y de la deuda externa. Mediante dicha estrategia, los estados obtienen beneficios de dos maneras: por un lado, mediante la exportación formalizada de mano de obray, por otro lado, mediante la exportación de tra- bajadores como mera consecuencia de otros procesos migrato- rios. Casos como el de Corea del Sur y Filipinas, y ahora China, son ejemplos destacados de la primera modalidad (Sassen, 1988; Parreñas, 2001). En la década de 1970, Corea del Sur puso en
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 197 marcha varios programas para fomentar la exportación de mano de obra, inicialmente a los países de Oriente Medio de la Orga- nización de Países Exportadores de Petróleo (oPEP) y luego al resto del mundo, como parte integral de su creciente industria de la construcción en el exterior (China ha comenzado a desarro- llar este modelo en sus inversiones en África). Cuando la econo- mía de Corea del Sur experimentó un auge, la exportación de mano de obra cayó y comenzó la importación de trabajadores (Seol y Skrentny, 2003). El gobierno de Filipinas, por el contra- rio, expandió y diversificó el concepto de exportación de mano de obra como modo de combatir el desempleo y obtener reser- vas en divisa extranjera mediante las remesas (Sassen, 1988). El caso de Filipinas arroja luz sobre toda una serie de cues- tiones relacionadas con la exportación gubernamental de mano de obra (Yamamoto, 2006). El gobierno ha desempeñado un papel importante en la emigración de mujeres filipinas a los Esta- dos Unidos, Oriente Medio y el Japón mediante la Oficina Fili- pina de Empleo en el Extranjero (POEA, por sus siglas en inglés), fundada en 1982 para organizar y supervisar la emigración labo- ral de enfermeras y mucamas hacia zonas del mundo con una demanda elevada de trabajadoras. Esta política resultó atrac- tiva debido a la combinación de una alta tasa de desempleo y una alta deuda externa. Durante los últimos años, los trabaja- dores filipinos en el exterior han enviado un promedio de casi 1.000 millones de dólares anuales a su país. Por su parte, los diver- sos países importadores de mano de obra tienen sus propios motivos para agradecer esta política. En el caso de los países de Oriente Medio pertenecientes a la oPEP, después del auge petro- lero de 1973 se registró un aumento pronunciado en la demanda de empleadas domésticas. En el caso de los Estados Unidos, había una escasez aguda de enfermeras, profesión que requiere años de capacitación y por la que se obtienen bajos salarios, poco pres-
198 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN tigio y ningún reconocimiento. En ese contexto, se aprobó la Immigration Nursing Relief Act, una ley de 1989 que autorizaba el ingreso de enfermeras inmigrantes al país, y que hoy es criti- cada por las enfermeras de los Estados Unidos debido a que debi- lita su posición para negociar mejores condiciones de trabajo. Cerca del 80% de las trabajadoras que ingresaron a los Estados Unidos amparadas por dicha ley eran filipinas. En el caso del Japón, se promulgó una ley que permitía el ingreso de “trabaja- doras para la industria del ocio” durante la década de 1980, cuando la economía estaba atravesando un período de intensa actividad caracterizado por un aumento en el poder adquisitivo y una gran escasez de mano de obra. El gobierno filipino también dictó normas que autorizaban a las agencias matrimoniales a seleccionar a jóvenes filipinas para casarse, bajo una especie de acuerdo contractual, con hom- bres extranjeros (entre los cuales los principales clientes eran japoneses y norteamericanos) que procuraban tales matrimo- nios. El crecimiento acelerado de este negocio se atribuye sobre todo a que se trató de un proyecto organizado por el gobierno. Gran parte de las novias filipinas emigraban hacia las comuni- dades agrícolas japonesas dada la enorme escasez de habitantes, y en especial de mujeres jóvenes, en las zonas rurales de ese país durante el período de auge económico, cuando las áreas metropolitanas presentaban una demanda de mano de obra mucho más elevada. En ese contexto, los gobiernos municipa- les adoptaron la política de aceptar a las novias filipinas. Por su parte, el gobierno filipino autorizó el funcionamiento de la mayo- ría de las agencias matrimoniales por correo hasta 1989, cuando las denuncias de los abusos cometidos por los esposos extran- jeros llevaron al gobierno de Corazón Aquino a prohibir el sis- tema. Sin embargo, resultó prácticamente imposible eliminar dichas agencias, que continúan funcionando por fuera dela ley.
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 199 La mayor parte de las mujeres filipinas que emigraron a tra- vés de los canales habilitados por el gobierno hoy trabajan en el exterior como mucamas, sobre todo en otros países de Asia (Parreñas, 2001, 2005; Chin, 1997; Heyzer, 1994). El segundo lugar lo ocupan las trabajadoras de la industria del ocio, un grupo que está creciendo de manera acelerada, sobre todo en el Japón (Sassen, 2001: cap. 9; Yamamoto, 2006). El rápido incremento en el número de mujeres que emigran para trabajar en la industria del ocio se debe principalmente a la existencia de más de quinientas “agencias artísticas” filipinas que operan por fuera del paraguas estatal, aunque es posible que el gobierno también se vea beneficiado por las remesas de esas trabajadoras. La función de dichas agencias es ofrecer mano de obra para la industria del sexo en el Japón, que en principio está controlada por sindicatos del crimen que no responden al pro- grama gubernamental para el ingreso de trabajadoras. Supues- tamente, se contrata a las mujeres para trabajar como cantan- tes o animadoras, pero casi siempre acaban viéndose obligadas a ejercer la prostitución. Los canales de contratación e ingreso al país pueden ser legales o ilegales, pero en ambos casos las trabajadoras tienen escasa posibilidad de resistir. Además, pese a que ganan una suma inferior al salario mínimo, generan una renta importante para las agencias y los empleadores, lo que a su vez ha provocado un crecimiento considerable en la supuesta “industria del entretenimiento” del Japón. Si bien se podría afirmar que Filipinas es el país con el pro- grama de exportación de mano de obra más desarrollado del mundo, hay otros países que han explorado estas estrategias. Después de la crisis financiera de 1997-1998, Tailandia lanzó una campaña de promoción de la inmigración laboral y la con- tratación de trabajadores tailandeses en el extranjero. El obje- tivo del gobierno era exportar mano de obra a Oriente Medio,
200 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Australia y Gre- cia. El gobierno de Sri Lanka, por su parte, ha tratado de lograr la emigración de otros 200.000 trabajadores, aunque ya tiene un millón de trabajadores en el exterior. En 1998, mujeres de Sri Lanka, en su mayoría empleadas domésticas que trabajaban en Oriente Medio y en Extremo Oriente, enviaron a su país reme- sas por un valor de 880 millones de dólares. En la década de 1970, Bangladesh ya había organizado programas extensivos de expor- tación de mano de obra alos países de Oriente Medio de la oPEr. Estos programas continúan en marcha y, junto con la inmigra- ción individual a esos países y a muchos otros como los Esta- dos Unidos y Gran Bretaña, representan una fuente importante de divisas extranjeras. En la segunda mitad de la década de 1990, los trabajadores de Bangladesh enviaron a su país remesas por un valor de 1.400 millones de dólares anuales (David, 1999). La trata de mujeres En la última década se ha registrado un incremento marcado en la trata internacional de mujeres para la industria sexual (véanse Lin y Marjan, 1997; Shannon, 1999; Kyle y Koslowski, 2001; 1OM, 2005). La información disponible indica que es una actividad muy rentable para los que la dirigen. La Organización de las Naciones Unidas calcula que cuatro millones de personas emi- graron a través de traficantes en 1998, lo que generó una renta de 7.000 millones de dólares para los sindicatos del crimen. Una parte de esos fondos proviene de las remesas enviadas por las prostitutas y de los pagos efectuados a los organizadores y tra- ficantes de los países de origen. Asimismo, se calcula que desde la década de 1990 varios millo- nes de mujeres y niñas se han visto sometidas a este tipo de trá- fico dentro y fuera de Asia y en la ex Unión Soviética, dos zonas
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 201 de actividad intensa en este sentido. El crecimiento del fenómeno en dichas zonas puede atribuirse al empobrecimiento de muchas mujeres o a su venta a los traficantes por parte de sus mismas familias debido a la carencia de recursos. El alto nivel de desem- pleo en las repúblicas de la ex Unión Soviética es un factor que impulsa el crecimiento de los sindicatos del crimen y de la trata de mujeres. Las ucranianas y las rusas, por ejemplo, son muy valo- radas en el mercado del sexo, y representan para los traficantes una ganancia de entre 500 y 1.000 dólares por mujer ingresada al país receptor. En algunos casos se pretende que estas mujeres atiendan a un promedio de quince clientes por día y ganen unos 215.000 dólares al mes para la mafia que las explota (10M, 1996). Las redes criminales de traficantes también facilitan la circu- lación organizada de mujeres a otros países, por fuera del país receptor y el país de origen. Los traficantes, por ejemplo, llevan mujeres de Burma, Laos, Vietnam y China a Tailandia, mientras que las tailandesas son transportadas al Japón y a los Estados Unidos. Existen diversos informes sobre los movimientos trans- fronterizos característicos de esta clase de tráfico. Los trafican- tes malayos, por ejemplo, venden a sus mujeres a redes de pros- titución australianas. Las mujeres de Albania y Kosovo son ofrecidas como prostitutas por grupos de traficantes en Londres (Hamzic y Sheehan, 1999). También se han registrado casos de clientes de Arabia o de África que compran adolescentes traídas de París u otras ciudades europeas (Shannon, 1999). En los Esta- dos Unidos, la policía desmanteló una red internacional asiática que traficaba mujeres chinas, tailandesas, coreanas, malayas y viet- namitas (Booth, 1999). A las mujeres se les cobraba un contrato de entre 30.000 y 40.000 dólares que debían pagar con lo obte- nido de su trabajo en el comercio sexual o en la industria textil. El crecimiento pronunciado del turismo, a partir de la década de 1990, y su transformación en una de las principales estrate-
202 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN gias de desarrollo para ciudades, regiones y países enteros, ha llevado a un auge del sector del entretenimiento, que a su vez está empezando a considerarse como otra estrategia clave de desarrollo. En muchos lugares, el comercio sexual forma parte de dicho sector y ha crecido en paralelo con éste. Llegado cierto punto, resulta evidente que la industria sexual en sí misma puede convertirse en una estrategia de desarrollo para zonas con tasas elevadas de pobreza y desempleo, donde los gobiernos están de- sesperados por recaudar más ingresos y divisas extranjeras. Cuando la producción industrial y agrícola local deja de fun- cionar como fuente de empleo, de renta y de ingresos fiscales, lo que antes era una forma marginal de obtener ganancias, renta y fondos públicos adquiere una relevancia mucho mayor. El aumento en la importancia de esos sectores para el desarrollo tiene efectos secundarios cada vez mayores. Por ejemplo, cuando el FMI y el Banco Mundial presentan al turismo como una solu- ción para algunas situaciones de estancamiento en muchos paí- ses pobres y ofrecen préstamos para incentivar esa actividad, bien podrían estar contribuyendo a la conformación de un ámbito institucional más amplio para la expansión de la indus- tria del ocio, lo que conllevaría de manera indirecta un creci- miento del comercio sexual. Este vínculo con las estrategias de desarrollo indica que en el futuro será muy probable observar una mayor expansión de la trata de mujeres. La participación de los sindicatos del crimen en el comercio sexual, la conformación de redes étnicas transfronterizas y la creciente transnacionalización del turismo, todos ellos son fenó- menos que indican una mayor probabilidad de desarrollo de una industria global del sexo, lo que podría generar un aumento en los intentos de introducir al sector en un mayor número de “mercados”, así como su expansión general. Dada la cantidad cada vez mayor de mujeres que tienen muy pocas oportunida-
LA CONFORMACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERNACIONALES | 203 des de trabajo o ninguna en absoluto, el panorama es preocu- pante. En algunas economías, las trabajadoras de la industria sexual constituyen un eslabón fundamental para la cadena de crecimiento de la industria del ocio y, a su vez, del turismo, que se concibe como una estrategia de desarrollo y, por lo tanto, como una fuente de ingresos públicos. Estas conexiones son estructurales y no forman parte de ningún tipo de conspiración. La influencia sobre la economía de este tipo de actividad será cada vez mayor ante la ausencia olas limitaciones de otras fuen- tes de ganancias, renta e ingresos fiscales para los trabajadores, las empresas y los gobiernos respectivamente. CONCLUSIÓN El objetivo del presente capítulo ha sido delinear los modos en que los movimientos migratorios internacionales se ven con- dicionados por dinámicas político-económicas amplias, cuyas articulaciones requieren que el análisis incluya un número mayor de variables sociológicas. Una de las principales conse- cuencias de este tipo de análisis es que, en el marco de dichas dinámicas, resulta necesario observar la conformación de la opción migratoria en sí misma, más allá de los factores de expul- sión que suelen estar en la base de las explicaciones, y situar las decisiones individuales de los inmigrantes en un contexto a menudo complejo. Hay tres tipos de condiciones sociales que facilitan o impulsan dichas decisiones. En primer lugar, existe un conjunto de situaciones estructurales generalizadas que son efecto de los lazos económicos creados por la internacionaliza- ción económica y sus diversas instancias, como los vínculos colo- niales y neocoloniales, los enlaces típicos de las formas actuales
204 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN de globalización económica o los imaginarios promovidos por la industria global del entretenimiento. En segundo lugar, se encuentra la contratación directa de mano de obra extranjera realizada por medio de las redes internacionales de inmigrantes o por los empleadores y los gobiernos en nombre de estos últi- mos. En tercer lugar, se puede mencionar la exportación orga- nizada de mano de obra y el tráfico de hombres, mujeres y niños, dos fenómenos que han creado nuevos tipos de vínculos entre los países de origen de los inmigrantes y los países receptores, más allá de los antiguos lazos coloniales y los nuevos lazos gene- rados por la globalización económica. Estos lazos activos confi- guran el contexto dentro del cual los individuos y las familias toman la decisión de emigrar, pero a su vez dichos lazos en parte derivan su importancia objetiva y subjetiva de la existencia de grandes configuraciones sistémicas en cuyo interior se encuen- tran tanto los países receptores como los países de origen de los inmigrantes. Cada uno deestos vínculos se sitúa en la intersección de sis- temas formales y de prácticas concretas. Es aquí donde algunas de las dinámicas globales y desnacionalizadoras contemporá- neas adquieren relevancia para ayudarnos a entender los flujos migratorios actuales, incluso si sólo explican una parte del fenó- meno. El proyecto de investigación que surge de esta propuesta conlleva un examen detallado de la variedad de encuadres ins- titucionales que determinan ese conjunto de procesos que lla- mamos “inmigración”. Para entender cómo la fase actual de las migraciones difiere de fases anteriores en el mundo capitalista, es necesario considerar la implementación de cambios comple- jos y a menudo microsociales en esas migraciones, en su repre- sentación ideológica y en el significado subjetivo que adquiere para los propios migrantes.
5 Nuevas clases globales El concepto de clase tiene una larga y distinguida trayectoria en la sociología. En el presente capítulo, utilizo el término en un primer intento por agregar una variedad de grupos socia- les diversos que comienzan a convertirse en formaciones so- ciales globales reconocibles, y para ello debo disponer de cierta libertad con respecto al concepto original. Estas clases se mol- dean en órdenes institucionales específicos —como el aparato estatal, la economía y la sociedad, en su sentido más estricto—. Un punto de interés para una sociología de la globalización es que la conformación de estas nuevas clases apunta hacia una desarticulación parcial en el interior de lo nacional. Asimismo, esa desarticulación de lo nacional, incluso cuando es suma- mente parcial, debilita la incidencia histórica de la política, los sistemas y los regímenes nacionales sobre los grupos que hoy están conformando las nuevas clases globales. Al mismo tiempo, las características particulares de dichas clases, y sobre todo su posición ambivalente entre lo nacional y lo global, indican que se mantiene su inserción, si bien parcial y específica, en dominios nacionales, por lo que quizá sea mejor denominar- las clases desnacionalizadas. A su vez, esta interpretación se opone intrínsecamente a laidea generalizada de que las nuevas clases globales tendrán una tendencia hacia el cosmopolitismo y que, por lo tanto, quedarán más allá del alcance de lo nacio-
206 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN nal. Pero dado que “clase global” es el término más usado, es el que utilizaremos aquí. En el primer apartado me propongo destacar los elementos útiles presentes en los trabajos sociológicos sobre clases sociales (el concepto de clase siempre fue una categoría central del aná- lisis sociológico), aun cuando el enfoque de la mayoría de ellos es nacional, y no global. En los demás apartados se analizan los elementos de clase que van generando tres clases sociales emer- gentes. Cabe insistir en que el término “clase” se usa en un sen- tido laxo, como un concepto de apoyo para el desarrollo de esta problemática pues evita reducciones prematuras, como es el caso de la afirmación típica de que si existe una clase social global ella está constituida por los profesionales transnacionales. EL SIGNIFICADO DE LA CLASE SOCIAL ANTE LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES En su sentido más amplio, el análisis propuesto en el presente capítulo se opone a las teorías que sostienen que dentro de las sociedades industriales avanzadas las clases sociales tienen una importancia menor. Algunos autores se concentran en cues- tiones relacionadas con la formación de clases y la organización política (Clark y Lipset, 1991; Pakulski y Waters, 1996). Otros sos- tienen que las transformaciones asociadas con el postindustria- lismo o el posfordismo también señalan la desintegración de la estructura de clases (para una explicación de la diferencia entre formación de clases y estructura de clases, véase Wright, 1985). Estos trabajos atribuyen en gran medida la dinámica de la for- mación de clases a las relaciones de autoridad inmersas en una estructura empresarial burocrática y vertical. Tal vez los mejo-
NUEVAS CLASES GLOBALES | 207 res análisis de las clases sociales basados en dichas relaciones de autoridad sean los de Edwards (1979) y Burawoy (1979), ya que evitan reducir el concepto de clase a esas relaciones. Edwards sitúa su análisis de manera más estructural desde la perspec- tiva de la organización de la lucha de clases en el lugar de tra- bajo, mientras que Burawoy lo hace desde el punto de vista de los trabajadores mismos frente a las estructuras organizativas del trabajo. Por lo tanto, en este marco podría afirmarse que el deterioro de esas formas de organización reduce la dinámica estructural de la jerarquía social (véanse Piore y Sabel, 1984; Amin, 1994; para una crítica de esta teoría, véase Portes, 2000). Los cambios en la organización del trabajo y la creciente diver- sificación de las ocupaciones han contribuido a un tipo de aná- lisis que postula la aparición de condiciones estructurales más alejadas de una definición estricta de clase social y más cerca- nas a una noción más laxa, que podría ser expresada por laidea de “estilos de vida posmodernos” (de índole fragmentaria, iden- titaria y básicamente no análoga a la de clase social), en tanto que las profundas desigualdades fundacionales que todavía exis- ten ya no generan un equivalente de la conciencia de clase (Har- vey, 1989; Stuart Hall, 1988). Todos estos argumentos adoptan una definición específica de clase social basada en la idea de dominación. Se trata de una noción weberiana que establece una relación de equivalencia entre jerarquía y ejercicio del poder por parte de actores orga- nizados: la jerarquía organizativa origina una centralización de los recursos valiosos en manos de una pequeña élite. Sin embargo, las lecturas de corte marxista hacen hincapié en la exis- tencia de las clases dentro del marco estructural de un deter- minado modo de producción y en la interdependencia de las distintas clases (Wright, 1979; 1985). Según esa lectura, los cam- bios en la estructura organizativa de la actividad empresarial
208 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN modifican la formación de clases incluso si la estructura de clases capitalista se mantiene en pie e impone ciertos límites objetivos a dicha formación. De ahí que el deterioro de las jerar- quías organizativas pueda afectar las situaciones coyunturales de clase, sin afectar la estructura de clases en sí misma. Si bien el énfasis de Wright sobre la estructura tiende a colocar en segunda línea el análisis de los grupos y de los actores concre- tos que ocupan las distintas posiciones en la estructura de cla- ses, ofrece un punto de partida para teorizar la persistencia de la categoría de clase social a lo largo de las distintas transfor- maciones del capitalismo. Teorizar sobre los procesos concretos de formación de clases requiere un método que pueda captar tanto las dimensiones subjetivas de la estructura de clases como las objetivas. Para ello, es necesario desplazar la atención desde la idea abstracta de la formación de clases hacia las situaciones prácticas que compo- nen la estructura de clases y el sistema más amplio dentro de los cuales funcionan. De acuerdo con Bourdieu (1977), es posible observar las manifestaciones concretas de la estructura: su modo de limitar las posibilidades de la acción colectiva y definir un espacio estratégico para los actores. Grusky y Sorensen (1998) (véase también Grusky, Weeden y Sorensen, 2000) avanzan en este sentido cuando prestan atención alos grupos ocupaciona- les empíricos y sostienen que ese nivel de análisis es más ade- cuado para dar cuenta de las conductas, las culturas y las prác- ticas concretas de los actores de clase. Sin embargo, con dicho énfasis en los procesos de clase “dis- gregados” o microsociales se pierde la teorización sobre las mac - roestructuras mencionadas por autores como Wright, y sobre cómo éstas emergen de las microinteracciones y de los proce- sos concretos (Portes, 2000). Las limitaciones estructurales que se imponen a la acción colectiva no se definen sólo por el poder
NUEVAS CLASES GLOBALES | 209 relativo de los distintos grupos, sino también por las necesi dades que impone la valorización del capital (Postone, 1993; Harvey, 1982). La competencia entre distintos grupos se da en el marco de un conjunto de reglas institucionalizadas (Eligstein, 2001) que pueden interpretarse en términos de una determinación hege- mónica por parte del capital y los mercados. Si bien estas “reglas” estructuran de manera objetiva las acciones de los grupos econó - micos, su importancia para el análisis de clases también reside, al menos, en dos ejes diferentes. Primero, como señala Bourdieu, dichas reglas definen un contexto estratégico para la acción colec- tiva. Ampliando esta afirmación, postularía que la conexión con posiciones importantes desde el punto de vista funcional den- tro del sistema económico global puede aumentar el acceso a los recursos valiosos y, como consecuencia, el poder del grupo. Es más, dicha competencia estratégica tiene como resultado la posibilidad de ocupar una posición en la estructura de clases, definida por la posición funcional en el proceso de valorización, con lo que no se pierde el sistema como referente. Segundo, dichas reglas no son absolutas en sí mismas. Cuando los gru- pos sociales procuran alcanzar una posición funcional enla eco- nomía global y tender puentes entre lo global y lo local, pue- den imprimir, hasta cierto punto, sus prácticas y sus culturas particulares a la estructura de la economía global; por ende, la estructura está mediada por las prácticas y por las culturas (Deza- lay y Garth, 1995; Giddens, 1984). Es decir que las clases globales deben ser estudiadas tanto desde el punto de vista objetivo como subjetivo. Un análisis que describa las posiciones estructurales determinadas por la lógica abstracta del capital es insuficiente, pero también lo es el que se limite a describir las estrategias y las acciones de los grupos particulares, ya sean económicos o sociales. Las clases globales emergen de ambos tipos de procesos en la medida en que los
210 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN grupos tratan de aprovechar las oportunidades estratégicas crea- das por un sistema global en funcionamiento, y al mismo tiempo se encuentran limitados por los sistemas nacionales (Sassen, 2006a: caps. 5 y 7). Existe ya un corpus teórico, si bien no muy extenso todavía, dedicado al surgimiento de lo que podría denominarse una nueva clase global, cuyo enfoque se centra en el nuevo estrato confor- mado por los profesionales y los ejecutivos transnacionales (Pijl, 1998; Sklair, 2001; Robinson, 2004). Sin embargo, en el presente trabajo se incorporan al menos otras dos clases globales, espe- cificadas en términos de posición funcional y de los intereses asociados con ella. Una segunda clase global surge de la proli- feración de redes transnacionales de funcionarios públicos de distintos países, tales como los especialistas en aspectos funda- mentales de la economía global, que deben coordinar sus accio- nes alrededor del mundo. Entre ellos se encuentran los jueces, que deben aplicar una cantidad cada vez mayor de normas y prohibiciones internacionales con cierto grado de estandariza- ción transfronteriza, los agentes de inmigración, que necesitan coordinar el control fronterizo, o los agentes de policía dedica- dos a descubrir los flujos financieros destinados al terrorismo. Y una tercera clase global surge de la combinación de grupos de trabajadores migrantes desfavorecidos —activistas con esca- sos recursos, ciertos sectores clave de la sociedad civil, las redes de diásporas y los hogares y las comunidades transnacionales de inmigrantes—. Aunque el material empírico sobre cada uno de es tos grupos es cada vez mayor, en ningún caso se le ha apli- cado la noción de clase global emergente. Una segunda característica de los análisis existentes sobre la clase de los profesionales transnacionales en tanto clase global es la tendencia generalizada a establecer una equivalencia entre esta clase y el cosmopolitismo. Sin embargo, un examen cuida-
NUEVAS CLASES GLOBALES | 211 doso de dicha clase me plantea ciertos interrogantes sobre su supuesto cosmopolitismo, y lo mismo ocurre en lo que respecta a las otras dos clases globales. Según esta lectura, enlos tres casos se observan formas de la globalidad que no corresponden al cos- mopolitismo. Aunque pueda resultar asombroso, cada una de las clases globales está inserta en ámbitos locales densos, como lo son, respectivamente, los centros comerciales y financieros, los gobiernos nacionales y las microestructuras locales de la vida y de las luchas cotidianas, respectivamente. Cada una de estas clases está guiada por una lógica única más que por la multi- plicidad de lógicas que conforma el núcleo del auténtico cos- mopolitismo: en el caso de las nuevas élites profesionales, su lógica es la de la renta (más allá de que sus gustos culturales sean cosmopolitas); en el caso de los funcionarios públicos, su lógica es la de ciertas cuestiones estrictas y específicas de gobernabili- dad dentro de su dominio particular; y en el caso de la socie- dad civil, las diásporas globales y las redes de inmigrantes, su lógica es la de las luchas y los conflictos locales. La existencia de clases globales que no son necesariamente cosmopolitas y que en parte permanecen insertas en ámbitos locales me lleva a postular que, en definitiva, se trata más bien de clases parcialmente desnacionalizadas, cuya continua inser- ción en espacios nacionales plantea una serie de cuestiones importantes para este trabajo. Una de ellas es que en tanto dichas clases son elementos constitutivos de las formas actuales de de sigualdad económico-social, bien podría postularse que ellas y las estructuras socieconómicas que comportan podrían estar sujetas alas políticas y a los mecanismos gubernamentales más de lo que se reconoce en el discurso típico sobre la globalidad, y que en este caso las opciones políticas serán distintas a las disponibles para las clases cosmopolitas genuinas. Ahora bien, aunque no son cosmopolitas, su carácter global incipiente marca
212 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN una diferencia. Se podría pensar que estas clases constituyen un puente entre los ámbitos nacionales densos (donde sigue funcionando en su mayor parte la vida política, económica y civil) y las dinámicas globales que “desnacionalizan” ciertos com- ponentes específicos de esos ámbitos nacionales. Una segunda característica de las clases globales es su asen- tamiento en una variedad de estructuras económicas, políticas y subjetivas, como es el caso de las redes globales que subyacen a cada una de estas clases, redes que tienen distintos grados de formalización e institucionalización, es decir que no son homo- géneas, como suele pensarse. Se trata de redes irregulares que contienen nodos (como las ciudades globales, las principales instituciones supranacionales y ciertas redes de activistas), y es en esos nodos donde en gran medida se acciona lo global. Asi- mismo, ciertos contextos como la economía global corporativa o el régimen internacional de los derechos humanos desempe- ñan una función fundamental en la proliferación de esas redes globales. Ésas y otras dinámicas de la globalización han contri- buido al debilitamiento de la autoridad exclusiva, ya sea obje- tiva o subjetiva, del Estado-nación sobre las personas, sobre su imaginario y sobre su sentido de pertenencia, lo que a su vez facilita el ingreso de actores no estatales a los dominios inter- nacionales que antes eran terreno exclusivo del Estado. En la actualidad, los procesos económicos, políticos y civiles antes confinados en gran medida a la esfera nacional pueden volverse globales, aun cuando para muchos de los actores involucrados sólo se trata de una realidad abstracta, de un imaginario o de una predisposición subjetiva más que de una realidad cotidiana. Hoy, estos procesos globales sólo generan nuevas formas socia- les concretas en algunos dominios específicos. De mis investi- gaciones se deduce que el Estado-nación ha perdido su poder de moldear la pertenencia y la identidad, principalmente en los
NUEVAS CLASES GLOBALES | 213 estratos más altos y más bajos del sistema social, pero también que los procesos de transformación no han afectado demasiado a los estratos intermedios, ya sea de trabajadores, empresas o espacios geográficos, ni a la mayor parte de las labores estatales, con la salvedad del grupo específico de funcionarios guberna- mentales que se encuentra a la vanguardia del desarrollo de la infraestructura técnica para la globalización empresarial y de algunos aspectos fundamentales de la gobernabilidad global. Gran parte de los estudios sociológicos clásicos sobre la for- mación de clases se centra en la dialéctica entre clase y Estado (Poulantzas, 1973; Skocpol, 1979, 1985; Wright, 1979). En gran medida, el Estado se incorpora a estos análisis como uno de los elementos principales de los procesos de transformación de los grupos sociales, definidos por un interés económico obje- tivo y compartido, en actores colectivos congruentes, capaces de articular sus intereses y dedicarse ellos, ya sea junto con otros grupos sociales o enfrentados con ellos. La variante marxista de estos estudios destaca que la estructura objetiva de clases, definida por la posición en un modo de producción, se tra- duce en luchas de clases empíricas y concretas: en este proceso de formación de clases, ciertos factores ideológicos y políticos determinan cuáles son las clases sociales objetivas que se trans- formarán en actores colectivos organizados, y cuáles permane- cerán sin organizarse. En tanto poder centralizado, el Estado desempeña una función fundamental en este proceso (Wright, 1979; 1985; Przeworski, 1985; Piven y Cloward, 1971). En contraste, la vertiente weberiana define la clase social según ciertas “opor- tunidades de vida” compartidas (1944: 181 y ss.), determinadas por la situación del mercado. Esta última, a su vez, se ve influida por el poder relativo de los grupos organizados, que logran monopolizar los recursos escasos y de esa manera extraen renta. Parkin (1979), por su parte, destaca la propiedad privada y el
214 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN “credencialismo” como mecanismos primordiales para lograr ese monopolio y subraya el papel del Estado en la aplicación de dichos mecanismos (véase también Bok, 1993). En los análisis mencionados, el Estado-nación figura como un elemento fundamental por su centralidad en las luchas de poder, cualquiera que sea su definición. Por el hecho de que detenta el “monopolio del uso legítimo de la violencia física den- tro de un territorio determinado” (Weber, 1946: 78; véase tam- bién Giddens, 1987) y centraliza los aparatos represivos e ideo- lógicos estatales (Althusser, 1971), dentro del espacio político nacional el Estado funciona como un elemento esencial para el dominio de clases y, por lo tanto, para la organización de dichas clases. Sin embargo, cuando la autoridad estatal se invoca para organizar a actores no nacionales o para garantizar derechos transfronterizos (Sassen, 1996; 20064), el Estado afecta la orga- nización de clases no sólo en escala nacional, sino a través de múltiples escalas. En el mismo sentido, cuando en la organiza- ción de los grupos sociales crece la participación de las onG transnacionales, la hegemonía del Estado sobre la organiza- ción de las clases sociales se ve amenazada. La dialéctica entre clase y Estado ha adquirido un nivel de complejidad mayor que el que se se le ha reconocido en los tra- bajos existentes sobre la formación de clases, ya que tanto las clases como los estados desarrollan simultáneamente un cre- ciente número de actividades nacionales y no nacionales, y lo hacen bajo una serie de nuevas modalidades (Sassen, 20064: caps. 5 y 6). Si bien en el análisis la centralidad de la organiza- ción no está necesariamente ligada a la escala geográfica del Estado-nación, cabe señalar que lo está de hecho en las inves- tigaciones que se han centrado típicamente en el espacio nacio- nal para examinar la interrelación entre el Estado-nación y las clases nacionales y la lucha entre las clases dominantes y las cla-
NUEVAS CLASES GLOBALES | 215 ses dominadas. El análisis de la formación de clases en el con- texto global requiere abordar la difícil tarea de especificar la variedad de los ámbitos institucionales en que surgen las cla- ses y teorizar sobre la consiguiente interpenetración de las esca- las de poder y su efecto sobre la aparición de nuevas clases. Por ende, las clases globales emergentes que se analizan en este capítulo son resultados parciales y específicos, que no consti- tuyen, necesaria ni intrínsecamente, nuevas formaciones socia- les, sino que pueden surgir de un reposicionamiento subjetivo y autorreflexivo en un marco transnacional de ciertas condi- ciones o prácticas sociales ya existentes. Las familias transna- cionales de inmigrantes, por ejemplo, existen hace siglos como formaciones sociales, pero en la actualidad adquieren un nuevo significado, algo que los inmigrantes saben y en función de lo cual actúan. Asimismo, si bien desde hace años existe una clase internacional de élites poderosas, en el contexto actual su exis- tencia genera nuevas consecuencias. Como se verá en la con- clusión de este capítulo, las nuevas clases globales derivan su importancia política, en parte, de su posición objetiva dentro del sistema y, en parte, de una interpretación subjetiva. Según mi lectura del fenómeno, una de las principales dinámicas que entran en funcionamiento para ello es el proceso de desnacio- nalización incipiente de aquello que históricamente se cons- truyó como lo nacional. LAS ÉLITES TRANSNACIONALES La pertenencia y la identidad nacional de las empresas globales y al menos de algunos desus clientes se están debilitando, pro- ceso que se da con especial intensidad en Occidente, aunque
216 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN también puede desarrollarse en otras regiones del mundo. La desregulación y la privatización han diluido la identificación de muchas empresas con la economía nacional. En los mercados nacionales es posible acceder a productos financieros globales, y los inversores nacionales pueden operar en los mercados glo- bales. Por ejemplo, hoy las empresas extranjeras pueden coti- zar directamente en las grandes Bolsas, pasando por alto las Bol- sas de sus propios países. A su vez, las grandes Bolsas se están volviendo objeto de adquisición entre ellas, como lo muestra el caso de la Bolsa de Nueva York, que trata de comprar Euro- next (que comprende las Bolsas de París, Madrid, Amsterdam y Bruselas). Otro indicador de este proceso de dilusión de la identificación con lo nacional es lo que ocurre con las grandes empresas, que instalan sus sedes centrales donde más les con- viene, independientemente del país donde se encuentren. Los principales bancos de inversiones estadounidenses y europeos, por ejemplo, han instalado oficinas especializadas en Londres para administrar varias facetas de su negocio global, fenómeno que está creciendo y que fue mucho menos habitual en el pasado. Incluso los bancos franceses han instalado en esa ciudad ofici- nas dedicadas a las operaciones globales, algo que era inconce- bible hace diez años y que aún no forma parte de la retórica nacional. Las empresas japonesas también han optado por Lon- dres para dirigir desde allí las operaciones financieras con el con- tinente europeo. Por último, la mayoría de las empresas impor- tantes cuentan con una amplia red internacionalde filiales y con otras modalidades de colaboración con empresas locales. En conjunto, estas tendencias comienzan a desnacionalizar elemen- tos de la economía nacional, no obstante la renacionalización del discurso político en esos mismos países. La proliferación de esas actividades y de esas redes mundia- les puede concebirse como una especie de infraestructura ope-
NUEVAS CLASES GLOBALES | 217 rativa para la globalización económica empresarial. Para que ella pueda existir y funcionar, hace falta una gran cantidad de profesionales, gerentes, ejecutivos y personal técnico. Esta fuerza laboral de primera línea es bastante móvil y fácilmente puede considerarse como una nueva clase transnacional de profesio- nales que no se define principalmente por su “relación de pro- piedad con los medios de producción”: al igual que la “nueva clase media” o que el estrato gerencial identificado en las inves- tigaciones sobre las clases sociales de la posguerra, este grupo se define más por el control que por la propiedad de los medios de producción (Berle y Means, 1968; Dahrendorf, 1959; Wright, 1985). Mientras que aquella clase media se caracterizaba por su posición dentro de una burocracia vertical integrada (véase Whyte, 1956; y para una crítica más controvertida véase Wright, 1985), la inserción de la actual clase profesional en un marco de desintegración burocrática indica que su posición en la econo- mía ha registrado un desplazamiento. En principio, las investigaciones del pasado se centraban en la posición social de la empresa, integrada dentro de una estruc- tura que se especificaba en términos de otras empresas y otros bancos (Zeitlin, 1974; Mintz y Schwartz, 1985; Mizruchi y Stearns, 1994: 319-326); hoy en día cobran cada vez más importancia los contactos sociales entre los profesionales mismos, lo que altera de manera fundamental el campo estratégico en que se inserta esta clase emergente: la movilidad caracteriza no sólo el tra- bajo para la empresa, sino también la maximización del capital social de esa clase. Aunque las formas de poder institucional que se identificaron en investigaciones anteriores (atribuidas espe- cialmente a los bancos) no han desaparecido, los profesionales con extensas redes de contactos propios ofrecen una fuente de información valiosa para las empresas y para los inversores en sectores económicos de alta complejidad, lo que les permite obte-
218 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ner renta. Como consecuencia, es muy probable que la compe- tencia entre los grupos ocupacionales por el control de los flu- jos de información adquiera una importancia renovada y se trans- forme en un punto fundamental para la articulación de los grupos ocupacionales con la estructura de clases. Postulo que bajo esas condiciones, ser miembro de esta clase profesional transnacio- nal es equivalente a un bien ligado a la posición. La lógica básica de esta clase sigue dictada por la obtención de ganancias, que hoy se encuentra inmersa de manera contin- gente en el trabajo transnacional y en formatos organizaciona- les en red. A través de ese tipo de trabajo, los integrantes de esta clase contribuyen a cimentar las normas y las transacciones trans- fronterizas. Además, requiere de toda una infraestructura física de primer nivel (el hiperespacio de la economía global) com- puesta de edificios de oficinas, zonas residenciales, aeropuertos y hoteles. Su instancia más desarrollada es la red mundial de las aproximadamente cuarenta ciudades globales que funcionan como una infraestructura organizativa para el trabajo de gestión y coordinación de la economía global corporativa (véanse los capítulos 1 y 3), y hay que agregar que esta infraestructura orga- nizacional es un elemento crítico para delinear el complejo de características propias de la nueva clase profesional transnacio- nal. Ella circula a través de ese espacio económico empresarial y transfronterizo y en esa circulación contribuye a construirlo. 1 Para entender cómo funciona la estructura social en el mercado del arbitraje, véanse Beunza y Stark (2004), y MacKenzie (2005); para comprender cómo se aprovecha la organización social de estos grupos y profesionales en las empresas con el fin de generar renta, véanse Grabher (2001 y 2002); Girard y Stark (2002). Si bien ninguno deestos autores siquiera menciona el concepto de clase, sus trabajos ofrecen elementos esenciales para comprender las transformaciones del contexto organizativo en que se conforma la clase global de profesionales.
NUEVAS CLASES GLOBALES | 219 En este punto, resulta importante señalar tres distinciones. En primer lugar, la fuerza motriz que impulsa el surgimiento de este ámbito trasnfronterizo guarda muy pocas semejanzas con aquellas que impulsan y constituyen el cosmopolitismo en su sentido más genuino. Si bien es posible que los profesionales que integran esta nueva clase transnacional muestren cierta aper- tura hacia una diversidad de tradiciones culinarias y de paisa- jes urbanos, la condición específica que los constituye como clase global es una lógica estrechamente utilitaria: la obtención de ganancias. En sí misma, ésta no es una lógica cosmopolita, aun- que el contexto global necesario para su ejecución pueda ayu- dar a estos profesionales a volverse un poco más mundanos. En segundo lugar, es importante distinguir la posición sistémica de esta nueva clase global y la de la comunidad empresarial nacio- nal, aunque algunos individuos puedan circular tanto en una como en otra. Con su trabajo, esta nueva clase global contribuye a un cambio cada vez más importante en su relación con el sis- tema de estados-nación. En tercer lugar, debemos distinguir la hipermovilidad de esta clase de su trabajo, en tanto este último se encuentra parcialmente inmerso en ciertos territorios nacio- nales, sobre todo en la red de ciudades globales. Para ser hiper- móvil y global, esta clase necesita una infraestructura de avan- zada. De ahí surge una especie de dependencia parcial con respecto al Estado de los países en los que circula y trabaja, lo que resulta fácilmente oscurecido en el discurso del nuevo cos- mopolitismo y de la hipermovilidad del capital. La producción de esta plataforma se inscribe en el marco de una desnacionalización parcial y con frecuencia muy especiali- zada de ciertos dominios institucionales, condición necesaria para la globalización económica como se la conoce en la actua- lidad (hemos discutido buena parte de esta temática en los capí- tulos 1, 2 y 3). Ahora quiero hacer hincapié en una cuestión aún
220 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN no discutida: la inserción territorial de la economía global con- lleva la necesidad de permitir el ingreso de la nueva clase pro- fesional en un número creciente de países -los estados naciona- les han reciclado viejas visas y generado otras nuevas para los profesionales transnacionales—. Pero lo que no se ha advertido lo suficiente en la investigación y en el comentario general es que los principales acuerdos de libre comercio (como la omc y el NAFTA) contienen cláusulas que otorgan a esta nueva clase profesional derechos de movilidad (de entrada y de residencia) específicos, que constituyen una suerte de infraestructura legal. En toda una variedad de sectores altamente especializados, como las finanzas y las telecomunicaciones, estos profesionales tienen derecho a residir durante tres años en cualquiera de los países miembros y a obtener como residentes una variedad de dere- chos y protecciones. Dichas cláusulas contradicen la postura explícita de estos convenios, que no incluyen el tema de la inmi- gración. Los derechos a la movilidad que estos convenios ofre- cen a la nueva clase global de profesionales están incluidos bajo temáticas tales como la inversión y el comercio internacionales de servicios al productor, o de telecomunicaciones, o algún ren- glón semejante. Este vocabulario oscurece el hecho de que se conceden derechos de movilidad a quienes son, en última ins- tancia, trabajadores migrantes. Este proceso de desnacionalización parcial y especializada se ha visto fortalecido por las políticas estatales de privatización y de permiso de adquisición para las empresas extranjeras. Se podría afirmar que de alguna manera la crisis financiera de Asia funcionó como mecanismo para desnacionalizar, al menos en parte, el control nacional sobre sectores clave de la economía, que, si bien permitían el ingreso de grandes olas de inversiones extranjeras, permanecían en manos del Estado y de los gran- des actores económicos nacionales.
NUEVAS CLASES GLOBALES | 221 La red de ciudades globales produce lo que podría denominar se una nueva subcultura, un desplazamiento desde la versión “nacional” de las actividades internacionales hacia una versión “global” de dichas actividades. Tanto la tradicio- nal resistencia europea a las fusiones y adquisiciones (sobre todo a las que se consideran hostiles) como la reticencia del Sudeste asiático a la propiedad y al control empresarial por parte de entidades extranjeras señalan la existencia de cultu- ras naciona les que en cierta medida son incompatibles con la nueva cultura económica global. Las ciudades globales y los diversos encuentros sobre la economía global (como el Foro Económico Mundial de Davos y otros similares) contribuyen a la desnacionalización parcial de las élites empresariales (y también de las gubernamentales). No discutimos aquí el carác- ter beneficioso o nocivo de este fenómeno, pero no se puede negar que constituye una de las condiciones para instaurar los sistemas y las subculturas que el sistema económico glo- bal necesita. Por todo lo dicho, es posible afirmar que una de las principales características de esta nueva clase global es su posición intermedia entre lo nacional y lo global. LAS REDES TRANSNACIONALES DE FUNCIONARIOS PÚBLICOS Las redes transnacionales gubernamentales existen desde hace siglos. En las décadas de 1980 y 1990 surgieron nuevos tipos de redes gubernamentales, conectadas, por un lado, con la globa- lización de las empresas y, por otro, con la globalización de un número creciente de responsabilidades y objetivos gubernamen- tales en otros dominios globales, como la defensa de los dere-
222 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN chos humanos, la protección del medio ambiente y, más recien- temente, la lucha contra el terrorismo. Los organismos internacionales son una de las especies más antiguas y tradicionales de redes gubernamentales internacio- nales. Sus principales actores son los funcionarios públicos, que representan a sus respectivos ministerios u organismos nacio- nales. Existen diversos ejemplos de redes de regulación trans- gubernamental, como es el caso de la omc para los ministros de Comercio, el FMI para los ministros de Economía y de Finan- Zas, la OTAN para los ministros de Defensa y Relaciones Exte- riores, el Banco de Pagos Internacionales para los directores de los bancos centrales, organismos como la ocDE, y organismos del Consejo de Ministros de la Unión Europea. En uno de los estudios más exhaustivos sobre el tema, Anne-Marie Slaughter (2004) afirma que, en general, se trata de redes muy poderosas de funcionarios públicos a cargo de ciertas tareas fundamenta- les para el desarrollo de la economía global corporativa. En algu- nos casos, la secretaría de estas entidades internacionales intenta formar de manera explícita una red de funcionarios públicos pertenecientes a determinados países con el objeto de que nego- cien por adelantado la elaboración de las nuevas normas que, a largo plazo, se aplicarán a todos los países miembros del orga- nismo. Son ejemplos de esta modalidad las negociaciones para el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Inte- lectual relacionados con el Comercio, para el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), para el control de Internet, etcétera. En el contexto de los acuerdos ejecutivos también existen redes intergubernamentales (Slaughter, 2004) que funcionan por fuera de las instituciones internacionales formalizadas y cuyos inte- grantes operan dentro de un marco constituido por los acuer- dos entre los jefes de sus respectivos gobiernos. Pollack y Shaffer
NUEVAS CLASES GLOBALES | 223 (2001) examinan varios acuerdos ejecutivos de este tipo celebra- dos entre los presidentes de los Estados Unidos y la comisión directiva de la Unión Europea destinados a fomentar la coope- ración, como es el caso de la Declaración Transatlántica de 1990, la Nueva Agenda Transatlántica de 1995 (con un plan de acción conjunta de ambas partes) y el Acuerdo de Colaboración Eco- nómica Transatlántica de 1998. Los autores señalan que cada uno de estos acuerdos generó reuniones ad hocen torno de los temas compartidos entre los funcionarios de menor jerarquía, las empresas, los grupos ambientalistas y las asociaciones de defensa del consumidor de los países involucrados. Por último, cabe destacar la aparición de un fenómeno muy reciente: la formación de redes informales que operan por fuera de los acuerdos intergubernamentales (es decir, por fuera de los tratados y los acuerdos ejecutivos) (Slaughter, 2004), como por ejemplo el Comité de Basilea, dedicado a la supervisión finan- ciera, la comunidad de arbitraje internacional, los grupos de miembros jerárquicos del Poder Judicial y las agrupaciones de expertos en normas internacionales, tanto del sector público como del sector privado. Si bien sus disposiciones no son vin- culantes para las partes, con frecuencia sirven para preparar futu- ros acuerdos formales. La turbulencia de los mercados financie- ros y la incertidumbre que enfrentan las empresas globales han alimentado la influencia y la importancia estratégica de estas deliberaciones informales (para una discusión sobre la impor- tancia de las culturas técnicas informales en el sector finan- ciero de alto nivel, véase Sassen, 2006a: cap. 7). Otro fenómeno reciente es la proliferación de acuerdos entre organismos regu- ladores nacionales de dos o más países, que han crecido en mayor medida que los tratados tradicionales. Estos acuerdos pueden ser instituidos por los propios organismos reguladores y, en
224 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ese sentido, constituyen una instancia interesante de desnacio- nalización de la labor estatal, ya que no requieren la aproba- ción de los legisladores nacionales (Sassen, 1996: cap. 1; 2006a). El elemento crítico para la configuración de estas redes trans- gubernamentales como clase global se dio con la globalización que comenzó en la década de 1980 (Sassen, 2006a: cap. 4), momento que representó un punto de inflexión de una época que asistió al fin de la cooperación intergubernamental caracterís- tica de la posguerra dentro del marco de los acuerdos de Bretton Woods. El objetivo había dejado de ser la comunicación y la coo- peración entre gobiernos con el fin de proteger a las economías nacionales de las fluctuaciones internacionales excesivas. Las nuevas redes transgubernamentales surgen como un pro- yecto de desregulación que apunta a desnacionalizar aquellos componentes dela labor estatal necesarios para la globalización económica o, en otros ámbitos, para la aplicación de tratados globales sobre el medio ambiente, los derechos humanos, etc. Para decirlo brevemente, en la primera época de Bretton Woods existía un proyecto de gobernabilidad global para la protec- ción de las economías nacionales, pero en la década de 1980 el objetivo pasó a ser la apertura de dichas economías y la creación de ámbitos acogedores e institucionalizados para las empresas y los mercados globales (véanse los capítulos 1 y 2). Ello derivó en una proliferación de redes transgubernamentales altamente especializadas y con diversos propósitos, como, entre otros, la instauración mundial de políticas compatibles en materia de competencia comercial, normas contables e informes financie- ros. El trabajo de los funcionarios públicos pertinentes, que en general es muy especializado, comienza orientarse hacia el pro- yecto global corporativo. Una de las consecuencias de este pro- ceso reside en que los funcionarios de cada red, independien- temente de cuál sea su país de origen, comparten cada vez más
NUEVAS CLASES GLOBALES | 225 sus objetivos, mientras simultáneamente mantienen una dis- tancia cada vez mayor con sus colegas de las burocracias nacio- nales de sus propios países. En este sentido, es posible hablar de una clase global incipiente que, como se ha descrito en el apartado anterior, ocupa una posición ambivalente entre lo nacional y lo global. Aunque gran parte de las labores destinadas a crear normas y prácticas transfronterizas uniformes dentro de la economía global pueden concebirse en el marco de una relación funcio- nal con las estructuras del capital, hay al menos dos cuestiones que destacan el carácter limitado de ese tipo de análisis. Primero, como ya se ha indicado, deberían considerarse las estrategias políticas encarnadas en la adopción de medidas neoliberales. Los tipos de políticas que se aplican se ven afectados sustan- cialmente por el significado subjetivo de las situaciones econó- micas y los motivos que los actores gubernamentales tienen para la adopción de dichas medidas (Babb y Fourcade-Gourinchas, 2002). Esto señala la segunda limitación de la perspectiva estruc- turalista: si las estrategias y las interpretaciones de los órganos de gobernabilidad influyen sobre la acción gubernamental, ¿no cabría la posibilidad de que en general dicha acción tuviera mayor autonomía respecto de los intereses de la clase dominante y de las necesidades funcionales del capital? ¿Es posible pensar que la relación entre las instituciones de gobernabilidad econó - mica y el capital es contingente? Y, en ese caso, ¿sería posible que, con una organización y un poder político suficientes, dichas ins- tituciones guiaran la gobernabilidad mediante paradigmas nor- mativos alternativos? ¿O existe una relación estructural y nece- saria entre la gobernabilidad económica y la lógica capitalista, equivalente a la identificada por una generación de autores que estudiaron el Estado capitalista avanzado (Offe, 1984; Jessop, 1982: cap. 3)? El análisis coyuntural de la sociología histórica de
226 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Skocpol (Skocpol et al., 1985) puede ofrecer un enfoque más ade- cuado para abordar la cuestión: mi pregunta entonces es en qué condiciones (económicas, sociales, políticas, ideológicas, etc.) será posible que el nuevo estrato de agentes encargados de la gobernabilidad económica se oponga a las necesidades funcio- nales del capitalismo o accione en contra de los intereses del mercado o de las clases dominantes, ya sean locales o transna- cionales (sobre las élites municipales en economías nacionales globalizadas, véase Buechler, 2007). Obviamente, si se considera el actual desplazamiento de las funciones de gobernabilidad hacia los límites institucionales del Estado se advierte la impor- tancia de evitar hacer extensivos al período contemporáneo los resultados de las investigaciones históricas sobre el Estado. Pero dicho desplazamiento también abre otra serie de interrogan- tes. En el contexto actual es necesario avanzar en la teorización sobre la relación del Estado-nación con las clases dominantes nacionales, así como sobre la relación de las nuevas redes guber- namentales transnacionales con aquellas dos entidades. LA NUEVA CLASE GLOBAL DE LOS DESFAVORECIDOS Hoy se observa el surgimiento de una nueva clase global clara- mente distinguible, compuesta de diversos individuos, sectores demográficos y organizaciones. A pesar de la pronunciada diver- sidad interna y de la escasa interacción entre sus integrantes, existen condiciones y dinámicas objetivas que los vinculan. Pos- tulo que esta clase no puede concebirse como un equivalente de la sociedad civil global, aunque por momentos algunos de sus componentes forman parte de esa sociedad, y que el imagina- rio de esta última es una condición subjetiva importante para
NUEVAS CLASES GLOBALES | 227 algunas de las personas y las organizaciones que integran esa nueva clase. Un dato de especial interés para el presente tra- bajo es que la mayoría de las personas que integran esta forma- ción global gozan de escasa movilidad. No pertenecen a una clase transnacional hipermóvil ni a la nueva élite internacional de la sociedad civil. Sin embargo, forman parte de ciertas formas espe- cíficas de la globalidad, ya sea de manera objetiva o subjetiva. Unos de mis esfuerzos destinados a desarrollar la categoría de desnacionalización reside en captar los tipos de redes trans- fronterizas que pueden construir e integrar las personas y las organizaciones de bajos recursos aunque no tengan movilidad (Sassen, 20064: caps. 6 y 7; véase el capítulo 6 de la presente obra). Lo importante es que las causas políticas locales pueden ser glo- bales aunque estén totalmente inmersas en lo local y aunque no se cuente con el permiso o con los medios para viajar. Estos fenómenos pueden concebirse como localizaciones de la socie- dad civil global, y sus principales espacios son las ciudades glo- bales, que albergan múltiples redes y organizaciones de inmi- grantes y activistas. Entre sus actores pueden encontrarse ciertos sectores desfavorecidos: una variedad de agrupaciones y orga- nizaciones con recursos limitados, carentes de poder y sin la documentación adecuada. Con frecuencia, estos sectores son invisibles para los grupos políticos y para la sociedad civil nacio- nal: no se los reconoce como actores políticos y sociales y no se los autoriza a actuar en el sistema político formal. Las ciudades, que constituyen un terreno esencial para la socie- dad civil global, contienen al menos dos espacios fundamenta- les para este tipo de actores: por un lado, el espacio concreto de las actividades cívicas y políticas urbanas (distinto del espacio sumamente formalizado de la política nacional y de la socie- dad civil nacional) y, por otro lado, el ambiente de avanzada construido para las funciones de control y para la reproducción
228 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN social del capital global, que además hace visible a este último (véase el capítulo 3). Otro espacio crítico —parcialmente deste- rritorializado— es el constituido por las redes electrónicas glo- bales. En este caso, el acceso público a Internetreviste gran impor- tancia, ya que posibilita una comunicación sencilla y de bajo costo y una buena distribución de la información, si bien lo esen- cial es que permite la formación de dominios virtuales donde se pueden reunir múltiples actores de varios espacios locales dis- tintos (véase el capítulo 6). Estas condiciones nos permiten identificar cinco cuestiones pertinentes a la discusión sobre la emergencia de una clase glo- bal de grupos desfavorecidos. La primera se relaciona con las formas de participación política y civil que los sectores desfavo- recidos pueden ejercer en las ciudades globales, en parte gra- cias ala globalización y al régimen internacional de los derechos humanos. La segunda se relaciona con la presencia de comuni- dades de inmigrantes que producen formas específicas de par- ticipación transnacional, como la formación de las diásporas globalizadas. Por ejemplo, se observa un aumento en la canti- dad de redes de inmigrantes dedicadas a causas específicas, como la denuncia de las organizaciones ilegales que trafican perso- nas y de las agencias matrimoniales que ofrecen novias por correo. Este fenómeno surte el efecto de reorientar parcialmente a dichas comunidades, que dejan de tener una relación exclu- siva con sus países de origen y se conectan con activistas de otras comunidades de inmigrantes en su ciudad o con sus propios connacionales que viven en otros países receptores. La tercera cuestión comprende los modos de contacto y de intercambios, sean o no conflictivos, que la ciudad global posibilita entre los sectores desfavorecidos y el poder global corporativo. Ejemplo de ello son las luchas contra la elitización de ciertas zonas urba- nas o el combate contra la transformación de las zonas indus-
NUEVAS CLASES GLOBALES | 229 triales en áreas de oficinas de lujo. En cuarto lugar, el acceso a los nuevos medios, especialmente a Internet, permite que gru- pos diversos (como las organizaciones de mujeres pobres, los ambientalistas o los defensores de los derechos humanos) trans- nacionalicen sus actividades, o los induce a ello. Muchos de estos grupos, que al comienzo eran absolutamente locales, han empe- zado a conectarse con otros similares del exterior. La vincula- ción no se da a través de viajes y reuniones, sino a partir de obje- tivos en común. La quinta cuestión se relaciona con el grado en que estas múltiples actividades contribuyen a desnacionali- zar la ciudad global y de esa manera permiten el surgimiento de una conciencia o un sentido de pertenencia más global, incluso entre los sectores desfavorecidos o carentes de movilidad. Todos los elementos mencionados forman parte de las microestructu- ras localizadas de la sociedad civil global. En las ciudades globales de la actualidad se produce una espe- cie de transnacionalismo in situ cuando grandes cantidades de personas provenientes de distintas partes del mundo se encuen- tran por primera vez en la calle, en su lugar de trabajo o en el barrio. Dichos encuentros también pueden tener lugar con per- sonas de la misma etnia que ocupan puestos profesionales de primera línea (en este caso, se trataría de un encuentro de cla- ses). Asistimos al surgimiento de un nuevo reconocimiento de la globalidad de los desfavorecidos, que con frecuencia se con- figura gracias al conocimiento de que prácticamente en todas las ciudades existen luchas y desigualdades similares. Este cono- cimiento, que es posible gracias a los medios de comunicación globales y al uso cada vez más generalizado de Internet por parte de los activistas, funciona al mismo tiempo como un dato obje- tivo y como una formación subjetiva. Los viajes que he reali- zado a distintas partes del mundo me han permitido observar que esa dimensión subjetiva faculta cada vez más los sectores
230 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN locales y desfavorecidos a detectar la presencia de lo global en sus ciudades y a reconocer su propia participación en el fenó- meno de la globalización: así, lo global se torna visible. Esto, a su vez, produce una posición ambivalente entre lo nacional y lo global también para dichos actores, que en general pertene- cen a grupos de activistas, a sectores desfavorecidos y a comu- nidades locales. CONCLUSIÓN Tal vez sea más exacto definir a las nuevas clases globales como fuerzas sociales emergentes, que no se insertan en la sociedad mediante los marcos de políticas establecidas ni mediante las luchas políticas más tradicionales, representadas por la activi- dad partidaria y el sindicalismo. Sin embargo, un punto clave del análisis que presento aquí reside en que, pese a que son glo- bales, se encuentran parcialmente insertas en ámbitos nacio- nales, dato que resulta fundamental para captar su articula- ción con estructuras de clase nacionales e incluso para saber hasta qué punto las desestabilizan. Entonces, una primera cuestión a tener en cuenta es la rela- ción de estas clases con el ámbito nacional. Sin duda, existen entre ellas importantes diferencias en lo que respecta a su grado de inserción en el contexto nacional. La nueva clase transnacional de profesionales tiene muchas más opciones de salida que las otras dos, pero, como se intenta demostrar en este capítulo, tam- bién se encuentra mucho más ligada al territorio geográfico de lo que indica el imaginario dominante. En el caso de la clase com- puesta por la fusión de distintos sectores desfavorecidos se observa lo contrario: está mucho más inserta en el espacio de trabajo glo-
NUEVAS CLASES GLOBALES | 231 bal y en la política transnacional que lo que indica el imagina- rio asociado con ella. Por último, la proliferación de redes de fun- cionarios públicos especializados puede considerarse como una acumulación de capital social internacional para los gobiernos participantes, si bien para aprovechar la utilidad de dicho capi- tal social hará falta tender puentes entre la política interna y la internacional en materia de asuntos que se consideraban tradi- cionalmente nacionales; habrá que reconocer que lo global se constituye en parte dentro de los ámbitos nacionales. Estas tres clases se insertan, cada una a su manera, en con- textos territoriales e institucionales, como las ciudades y los gobiernos nacionales. Se podría decir que cada una de ellas trans- forma lo global en un elemento parcialmente endógeno decier- tos ámbitos nacionales específicos. Según mi lectura, esto aca- rrea consecuencias, tanto para el análisis de clase como para las políticas del gobierno nacional. Pero dichas consecuencias son distintas, e incluso opuestas, de las que resultarían de nocio- nes como la de “clases cosmopolitas”, sin ataduras geográficas, ni necesidades nacionales ni vínculos con lo nacional. En segundo lugar, cabe agregar que existe una relación entre estas nuevas clases globales y la estructura de clases de cada país, sobre todo en el caso de los profesionales y de los trabajadores desfavorecidos. Aunque sea posible escribir mucho sobre este tema, por cuestiones de espacio aquí haremos hincapié en dos condiciones fundamentales. Una de ellas es que estas dos clases globales forman parte de una profunda reestructuración eco- nómica que contribuye a un aumento en la demanda deprofe- sionales de primera línea y de trabajadores de bajo salario, tanto en el sector de los servicios como en el de la producción indus- trial. Este fenómeno resulta evidente dentro de las ciudades glo- bales más que en ningún otro espacio, ya sea que se consideren la experiencia o las estadísticas. Por lo tanto, las formas actua-
232 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN les de globalización incrementan la desigualdad existente e incluso generan nuevos tipos de desigualdad. En este sentido, se presentan dos desafíos analíticos. El primero consiste en reco- nocer las interconexiones que se dan entre ciertos fenómenos y ciertas formaciones sociales que en general se conciben como desconectados entre sí. Por ejemplo, los centros financieros internacionales de avanzada en ciudades como Londres o Nueva York en realidad dependen de una diversidad mucho más mar- cada de empresas y trabajadores que lo que en general se ima- gina, ya que constituyen un lugar de trabajo global para todo tipo de trabajadores de bajo salario y empresas de baja renta, especialmente en el sector servicios. Sin embargo, la opinión pública y los marcos normativos consideran, erróneamente, a estos trabajadores de baja remuneración como integrantes de los sectores económicos atrasados. Para elaborar políticas de lucha contra las nuevas formas de desigualdad habrá que corre- gir este tipo de análisis. Un análisis de clase —que debe distinguirse de un análisis de estratificación social o de grupos ocupacionales— se centraría en interconexiones sistémicas, lo que permitiría reconocer que ambos tipos de trabajadores y de empresas pertenecen a una formación económica avanzada. Pero este tipo de análisis requi- riría una nueva elaboración de las categorías contenedoras típi- cas (el Estado-nación y la empresa) para el análisis de clases cen- trado en lo nacional. El segundo desafío analítico consiste en reconocer que a estas nuevas fuerzas globales se las suele pasar por el filtro de dos cul- turas políticas y normativas diferentes: por un lado, una cultura política y normativa neoliberal, que abre las puertas del país para el ingreso de los circuitos profesionales del capital global, y, por otro lado, una política inmigratoria que cierra las puertas del país a los circuitos inferiores del mercado laboral. Cuando
NUEVAS CLASES GLOBALES | 233 estos procesos incipientes pasan por el filtro de esos marcos nor- mativos previos quedan ocultas precisamente las características que se pretende destacar en este capítulo, a saber: el hecho de que la nueva clase global de profesionales está más atada al espa- cio geográfico de lo que parece y el hecho de que la nueva clase de trabajadores desfavorecidos tiene un carácter más global de lo que parece. La existencia de esos dos marcos normativos desconectados refuerza los nuevos tipos de segmentación que estas dos clases globales emergentes introducen en la estructura política y civil de la sociedad como parte del capitalismo avan- zado. El análisis de clase debe incorporar las estructuras espe- cíficas del capitalismo avanzado y el hecho de que en la actua- lidad, mucho más que en el siglo xx, funcionan a través de nuevas geografías —globales y al mismo tiempo nodales—. Las políticas destinadas a reducir las nuevas desigualdades sólo serán útiles si en ellas se contempla que existen interconexiones entre estas dos clases y que, como ya se ha mencionado, una de ellas está más vinculada a lo territorial de lo que parece (y, por lo tanto, es más susceptible de intervenciones políticas), mientras que la otra es más global de lo que parece, y, por lo tanto, presenta indi- cios del futuro más que del pasado o de un sector retrasado.
6 Los actores locales en la política global La globalización y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) han posibilitado el ingreso de una variedad de actores políticos locales en ámbitos internaciona- les antes exclusivos de los estados, fenómeno que se manifiesta en múltiples tipos de reivindicaciones y actividades políticas de oposición. Así, la globalización de dichos actores se ha visto facilitada y condicionada, en parte, por la infraestructura de la eco nomía global, aun cuando ésta sea muchas veces el objeto de esa oposición política. Asimismo, un dato muy importante para el presente análisis es que los imaginarios globales han promovido la participación en la política global de actores que no gozan de movilidad geográfica, entre otros, las onG y los pueblos indígenas, los inmigrantes y los refugiados (que se han transformado en sujetos de derecho sobre los que se expi- den los tribunales de derechos humanos), así como los grupos de defensa de dichos derechos y del medio ambiente. De este modo, los actores extraestatales pueden ingresar y cobrar visi- bilidad en los fueros internacionales o en la política global como individuos y como comunidades y, por lo tanto, salir de la invi- sibilidad a la que los condenaba la pertenencia al Estado-nación representado de manera exclusiva por el poder soberano. Uno de los modos de interpretar este fenómeno es en térmi- nos de la creciente desarticulación de la autoridad estatal exclu-
236 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN siva sobre el territorio y sus habitantes, asociada históricamente con la figura del Estado. Se podría afirmar que la instancia más estratégica de esta desarticulación es la ciudad global, que opera como plataforma parcialmente desnacionalizada para el capital global y que, como ya se mencionó en capítulos anteriores, está cobrando importancia en tanto espacio clave para una combi- nación inédita de personas provenientes de distintas partes del mundo. La intensidad cada vez mayor de las transacciones entre grandes ciudades está creando una geografía transfronteriza de carácter estratégico que supera en parte al Estado-nación. Las nuevas tecnologías de redes, a su vez, fortalecen aun más estas transacciones, ya se trate de transferencias electrónicas de ser- vicios especializados entre empresas o de comunicaciones por Internet entre los integrantes de diásporas y organizaciones de la sociedad civil que se encuentran dispersos en distintas par- tes del planeta. Las nuevas TIC, en especial la Internet de acceso público, han reforzado esta política de lugares y han expan- dido el espacio de los actores de la sociedad civil más allá de la red de ciudades globales, para abarcar también en algunos casos las localidades periféricas. Estas tendencias diversas han permitido la configuración de una nueva política de lugares conectados por redes globales, que también funciona como una infraestructura crítica para las nue- vas nociones de sociedad civil global. Uno de los principales temas que organizan el presente capítulo es el de los modos en que los actores y las causas locales constituyen en lo concreto estos nue- vostipos de actividad política y subjetividad globales. En ese sen- tido, aquí se postula que los actores locales, aun cuando carez- can de movilidad geográfica y de recursos suficientes, pueden contribuir con la formación de dominios globales o esferas públi- cas virtuales y, por lo tanto, de un tipo de subjetividad política que debe distinguirse de las formas tradicionalmente asociadas
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 237 con lo local. En este proceso, las nuevas TIC son importantes, pero, como ya se verá, lo son bajo dos condiciones. La primera es la existencia de redes sociales. En este punto se tornan funda- mentales las geografías transfronterizas que conectan distintos lugares (en especial, las ciudades globales), ya que ofrecen un ámbito propicio para dichas redes sociales. La segunda condi- ción, que con frecuencia se pasa por alto en los nuevos trabajos académicos sobre este tema, es el enorme trabajo necesario para cambiar, organizar y desarrollar programas informáticos e infraes- tructuras técnicas que puedan ser usadas por organizaciones pobres. Las organizaciones de la sociedad civil han desempeñado funciones muy importantes, sobre todo al adaptar la tecnología del Norte global a las condiciones del Sur global. El resultado de todo este proceso ha sido la posibilidad de que ciertas instan- cias particulares de lo local se constituyan en escalas múltiples y construyan formaciones globales que tienden a componerse de redes lateralizadas y horizontales, que difieren notablemen- te de las configuraciones verticales y jerárquicas que caracteri- zan alos principales actores globales, como el FMI y la omc. En el presente capítulo se analizan estas cuestiones prestando especial atención a las diversas tecnologías y prácticas políticas utilizadas. En el caso de las tecnologías, se trata de un elemento analítico importante, en parte porque las ciencias sociales aún no han llegado a estudiarlas y a comprenderlas bien. Un fenómeno de interés especial reside en la posibilidad de que las organiza- ciones locales y los individuos de bajos recursos puedan formar parte de redes y luchas globales. El enfoque adoptado en el pre- sente capítulo también sirve para que el análisis no se limite a las nuevas geografías de la centralidad construidas mediante la red de las cuarenta ciudades globales del mundo actual, examinadas en el capítulo 3. Este enfoque abre la posibilidad de que incluso las localidades periféricas formen parte de las redes globales.
238 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Esos fenómenos nuevos generan tipos de prácticas políticas y subjetividades claramente distinguibles. A continuación se exa- minan las dos dinámicas que se combinan para producir dichas prácticas y subjetividades novedosas. El primer apartado está dedicado al ascenso de los espacios y de los actores subnacio- nales y transnacionales. El segundo y el tercero están dedica- dos a los modos en que las nuevas TIC posibilitan que los acto- res locales integren redes globales. En el último apartado se analizan las consecuencias de estos nuevos fenómenos para la subjetividad política. LOS MICROESPACIOS Y LOS MICROACTORES DE LA SOCIEDAD CIVIL GLOBAL Las ciudades y las nuevas geografías estratégicas que las conec- tan pueden concebirse como elementos constitutivos de la in- fraestructura de la sociedad civil y de otras esferas globales. Ahora bien, dicha infraestructura se construye de abajo hacia arriba, mediante múltiples microespacios y microtransacciones. En este paisaje político se inscriben diversas organizaciones dedicadas a cuestiones transfronterizas en materia de inmigraciones, asilo político, defensa de los derechos de la mujer, luchas contra la globalización y muchas otras. Si bien no todas ellas poseen una orientación o una génesis necesariamente urbana, suelen con- verger en las ciudades. Irónicamente, las nuevas tecnologías de red, sobre todo la de Internet, han fortalecido la cartografía urbana de estas redes transfronterizas. Aunque no hay razón para que siempre sea así, en este momento las ciudades y las re - des interurbanas funcionan como puntos de anclaje de las luchas transfronterizas, a la vez que las facilitan. Por lo tanto, puede
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 239 afirmarse que las ciudades globales son ámbitos de una gran densidad que posibilitan este tipo de actividades, aunque las redes en sí mismas no sean urbanas. En este sentido, las ciuda- des globales ayudan a que por lo menos algunas personas se sien- tan como integrantes de redes globales extraestatales a nivel de la vida cotidiana y pongan en acto alguna versión de lo global en los microespacios cotidianos más que en una supuesta ins- tancia puramente global. Un nexo fundamental de esta configuración es el que se da entre el debilitamiento de la autoridad formal y exclusiva de los estados sobre los territorios nacionales y el ascenso de los espacios y los actores subnacionales y transnacionales en los pro- cesos cívicos y políticos. Estos espacios y actores incluyen a aque- llos antes confinados a la esfera nacional y que ahora pueden formar parte de redes globales, lo que constituye un fenómeno novedoso en el contexto de la globalización y de las nuevas TIC. Como ya se ha analizado en el capítulo 1, la pérdida de poder a nivel nacional genera la posibilidad de que surjan nuevas for- mas de poder y de política en el nivel subnacional y en el supra- nacional, a la vez que se resquebraja la función de lo nacional como contenedor del poder y de los procesos sociales (Taylor, 2000; Abu-Lughod, 1999b). Estos quiebres producen una geo- grafía de la política y de la actividad civil donde se vinculan distintos espacios subnacionales y en que las ciudades ocupan un lugar protagónico. La densidad de culturas políticas y cívi- cas que pueden encontrarse en una gran ciudad sirve para loca- lizar a la sociedad civil global en la vida cotidiana de sus habi- tantes (véase, por ejemplo, Bartlett, 2007). Como ya se ha mencionado en capítulos anteriores, el aspecto organizativo de la economía global se materializa en una red mundial de lugares estratégicos donde las principales posicio- nes están ocupadas por los grandes centros comerciales y finan-
240 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cieros internacionales. Reiteramos: esta red puede concebirse como una nueva geografía económica de la centralidad, que atraviesa las fronteras nacionales y la vieja división Norte-Sur, y surge como un espacio transnacional para la formación de nuevas demandas por parte del capital global. Ahora bien, el objetivo del presente capítulo es analizar la posibilidad de que otros tipos de actores planteen sus propias reivindicaciones en esta nueva geografía transnacional de la centralidad, de qué manera es posible que lo hagan y hasta qué punto pueden cons- tituir otras geografías políticas paralelas. La globalización económica las telecomunicaciones han con- tribuido a la construcción de una espacialidad urbana que depende de las redes transfronterizas desterritorializadas y de los espacios territoriales con enormes concentraciones de recur- sos, fenómeno que no es completamente nuevo. Hace siglos que las grandes urbes se encuentran en la intersección de procesos de escala supraurbana e incluso intercontinental. En su época, ciudades como Atenas y Roma en la antigiiedad, las ciudades de la Liga Hanseática, Génova, Venecia, Bagdad, El Cairo o Estam- bul estuvieron en el centro de diversas dinámicas importantes (Braudel, 1984). Lo que ha cambiado hoy es la coexistencia en ellas de múltiples redes, así como la complejidad de estas redes, su intensidad y su alcance. Ello implica un aumento de la can- tidad de ciudades integrantes de redes transfronterizas, que con frecuencia operan a gran escala geográfica. En estas condicio- nes, gran parte de lo que se vive y se representa como local es, en efecto, un microambiente con alcance global. La nueva espacialidad urbana que surge de este proceso es par- cial en un doble sentido: por un lado, da cuenta de apenas una parte de lo que sucede en las ciudades y de lo que éstas son y, por otro lado, habita sólo una parte de aquello que puede con- siderarse como “espacio de la ciudad”, tanto si se entiende en tér-
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 241 minos de sus fronteras administrativas como si se concibe en térmi nosde la vida pública de sus habitantes. No obstante, se trata de un modo de integrar a las ciudades en la infraestructura viva de la sociedad civil global. Sin embargo, las grandes ciudades y la infraestructura de las redes globales también posibilitan las ope- raciones de organizaciones paramilitares, criminales y terroris- tas, dado que la globalización, las telecomunicaciones y la flexi- bilidad de las identidades y las lealtades facilitan la formación de geografías transfronterizas para una variedad cada vez mayor de actividades y comunidades de pertenencia. Las pruebas reve- ladas desde el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, por ejemplo, demostraron quelos terroristas habían aprovechado el sistema financiero global y que la red de Al-Qaeda tenía bases en varias ciudades importantes de Europa. Por otra parte, muchas organizaciones paramilitares han instalado sus redes internacio- nales de bases en grandes ciudades. Londres, por ejemplo, es un espacio clave para la secretaría internacional de los Tigres de Libe- ración de Tamil Eelam, un grupo separatista de Sri Lanka que también tiene centros de actividad en numerosas ciudades de Francia, Noruega, Suecia, Canadá y los Estados Unidos. Asimismo, se sabe que la organización terrorista Al-Qaeda, de Osama Bin Laden, cuenta con una red de apoyo en Gran Bretaña que se admi- nistraba mediante una oficina en Londres, la “Comisión de Ase- soramiento y Reforma”, ahora clausurada, que se fundó en 1994 (para más detalles, véase la descripción de Al-Qaeda en Anheier et al., 2002: cap. 1). Estos espacios en red pueden ser considerados como ensam- blajes de redes, que implican inserciones territoriales, una mul- tiplicidad de transacciones y diversos actores en juego. Dichos ensamblajes, que no constituyen entidades formalizadas, son, en gran medida, el resultado de las lógicas sociales de los acto- res, en combinación con las nuevas tecnologías. Además, no nece-
242 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN sariamente globalizan a los actores en juego o eliminan las arti- culaciones de éstos con localidades especificas, pero sí pueden transformar estas globalidades incipientes en recursos. Los ensam- blajes más complejos pueden acumular capital social y político global (para un desarrollo de esta temática, véase Sassen, 2006a: cap. 8) y, en este sentido, son más que un mero acto político. Ejemplo de ello es el espacio constituido por la red mundial de ciudades globales. LAS REDES POPULARES: UNA MICROPOLÍTICA PARA LA SOCIEDAD CIVIL GLOBAL La red transfronteriza de ciudades globales constituye un espa- cio donde se observa la formación de un nuevo tipo de política “global” que se opone ala globalización empresarial, a la viola- ción de los derechos humanos y ambientales, y plantea otras políticas de reivindicación. Las manifestaciones del movimiento alterglobalización indican que existe un potencial para desarro- llar una política que se centre en los lugares entendidos como localidades en las redes globales. Se trata de un tipo de política territorial con alcance global, que se encuentra profundamente inserta en las acciones y en las actividades de individuos pero que resulta posible, en parte, gracias a la existencia de lazos digi- tales globales. Las organizaciones que se dedican a este tipo de política tienden a operar a través de redes urbanas y a trabajar con actores políticos informales, es decir, con actores que no necesariamente participan de la política desde una condición de ciudadanos en sentido estricto, ya que votar no es el acto que los define como tales. Entre dichos actores se puede men- cionar a las mujeres que participan de luchas políticas desde su
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 243 condición de madres, a los militantes antiglobalización que via- jan al exterior como turistas pero allí se dedican a la actividad política y a los inmigrantes indocumentados que participan de las protestas contra la violencia policial. Todas estas prácticas constituyen un tipo específico de polí- tica global que atraviesa las localidades y no depende de la exis- tencia de instituciones globales, aunque la lucha pueda darse contra dichas instituciones, como el FMI y la omc, o contra ins- tituciones locales, como un gobierno o una fuerza policial local acusada de atentar contra los derechos humanos. Desde una perspectiva teórica, este tipo de política global da cuenta de la diferencia entre una red global y las operaciones concretas que la constituyen: el carácter global de una red no implica necesa- riamente que sus operaciones también sean globales o que todo en ella deba darse a nivel global. En ese sentido, queda de mani- fiesto que lo local es multiescalar. La tecnología informática ha realizado un gran aporte. La Internet de acceso público' es importante no sólo por los bajos 1 Si bien Internet es un elemento fundamental para estas prácticas políticas, cabe destacar que desde principios de la década de 1990 se ha iniciado una nueva etapa en la historia de las redes digitales, ya que los actores empresariales más poderosos y las redes de alto rendimiento se han unido para fortalecer el rol del espacio digital privado y alterar la estructura de acceso público a Internet (Sassen, 1999a; 2000b). El espacio digital surge no sólo como un medio de comunicación sino también como un nuevo escenario importantísimo para la acumulación de capital y las operaciones de los capitales globales. No obstante, la sociedad civil en sus varias modalidades está cada vez más presente en el ciberespacio (para obtener distintas perspectivas sobre el tema, véanse Mansell et al., 2007; Rimmer y Morris-Suzuki, 1999; Poster, 1997; Frederick, 1993; Miller y Slater, 2000). Cuanto mayor es la diversidad de grupos y culturas, mejor es el potencial político y cívico de Internet y más eficaz es la resistencia al peligro de que el mundo empresarial imponga todas las normas (para un análisis del uso de las TIC por parte de distintos grupos, véanse APCWNsP, 2000; Allison, 2002; Women Action, 2000; Yang, 2003; Camacho, 2001; Esterhuysen, 2000).
244 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN costos de conexión y la posibilidad de un uso eficaz, incluso cuando el ancho de banda disponible no sea muy bueno, sino especialmente por algunas de sus características esenciales. El acceso simultáneo y descentralizado puede ayudar a los acto- res locales a adquirir cierta sensación de participación en cau- sas que, si bien no necesariamente son globales, tienen una dis- tribución global por su recurrencia en numerosas localidades, y esto puede ocurrir aun cuando tal acceso sea infrecuente. De esta manera, la tecnología también puede contribuir a la creación de una esfera pública transfronteriza para este tipo de actores, sin la necesidad de recurrir a las instituciones globales” y mediante formas de reconocimiento que no dependen demasiado de la interacción directa o de la acción de campo conjunta. Estas dos opciones conllevan, entre otras consecuencias, la posibilidad de formar redes globales prescindiendo de una autoridad central y, lo que es aun más importante para las organizaciones de bajos recursos, la posibilidad de que quienes no pueden viajar sí pue- dan pertenecer a una esfera pública y a una causa global. Las formas de reconocimiento descritas ya han existido en la historia, pero hay dos cuestiones específicas que señalan la nece- sidad de una mayor investigación teórica y empírica sobre aque- llas que fueron posibilitadas por las TIC, como ya se ha mencio- nado en la introducción. En primer lugar, gran parte de las conceptualizaciones sobre lo local de las ciencias sociales han dado por sentado que se define por la proximidad física o geo- gráfica y, en consecuencia, por una delimitación territorial cla- ramente definida, con la consiguiente atribución de un carác- ter cerrado. En segundo lugar, existe una fuerte tendencia a 2 Por ejemplo, en los siglos anteriores, las religiones contaban con redes extensas y a menudo globales de misioneros y clérigos, pero éstas dependían al menos en parte de una autoridad central.
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 245 concebir lo local como parte de una jerarquía anidada dentro de los estados nacionales. En gran medida, estas conceptualizacio- nes son válidas para la mayoría de las instancias locales, sobre todo para las prácticas y las formaciones concretas que suelen conformar lo local en la mayor parte del mundo. Sin embargo, hoy en día se presentan determinadas condiciones que ayudan a desestabilizar estas prácticas y formaciones y, por lo tanto, invi- tan a reconceptualizar lo local de manera tal que quede espacio para incorporar un conjunto de instancias que no se incluyen en las conceptualizaciones dominantes sobre el tema. Una de las principales condiciones mencionadas es la globalización y/o la globalidad en tanto fenómeno constitutivo no sólo de espacios institucionales transfronterizos, sino también de imaginarios muy potentes que permiten aspirar a una práctica política trans- fronteriza, incluso cuando se trata de actores sin movilidad. Las mujeres, por ejemplo, constituyen un grupo cada vez más activo en este mundo de las prácticas transfronterizas. Con fre- cuencia, esto implica la transformación potencial en espacios políticos de todo un espectro de condiciones “locales” o domi- nios institucionales “domésticos” (como el hogar, la comunidad o la vecindad), donde por lo general las mujeres quedan confi- nadas a sus roles domésticos. En este tipo de situaciones, la mujer puede configurarse como un actor político y cívico sin tener que dejar esos espacios domésticos (véanse, por ejemplo, Hamilton y Chinchilla, 2001; Friedman, 2005). Esos ámbitos, que antes eran vividos como domésticos o apolíticos, se transforman en micro- ambientes de alcance global (Naples y Desai, 2002; Nash, 2005; Moghadam, 2005). Así, puede surgir una comunidad enla prác- tica que cree múltiples lazos de colaboración, comunicación, solidaridad y apoyo con carácter lateral u horizontal. Como ya se ha indicado, la ciudad constituye un espacio para la política mucho más concreto que la nación, ya que se abre a
246 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN los actores políticos informales. Desde la perspectiva del indi- viduo, la política nacional se canaliza en los sistemas formales existentes, ya sea el sistema electoral o el sistema judicial (cuando se demanda a un ente estatal). Para poder participar en dichos sistemas, hay que ser ciudadano nacional, y es por ello que los actores políticos informales se vuelven invisibles con más faci- lidad en el espacio de la política nacional. En la ciudad, ade- más, se puede dar todo un espectro de actividades políticas, como la ocupación de propiedades inmobiliarias, las manifes- taciones contra la violencia policial, la lucha por los derechos de los inmigrantes y los sin techo, etc., pero también existe una amplia gama de problemáticas, como la política de la cultura y la identidad ola temática de los homosexuales. En gran medida, todo esto se vuelve visible enla calle: los individuos pueden inter- venir en la política urbana de manera directa y concreta, mien- tras que la política nacional está mediada por los medios tecno- lógicos masivos. Este tipo de actividad política urbana que se practica en la calle posibilita la formación de nuevos sujetos polí- ticos, que ya no necesitan la mediación del sistema formal. En este sentido, las personas que carecen de poder y están “desautorizadas”, como los inmigrantes indocumentados, los sectores desfavorecidos, los excluidos y las minorías discrimi- nadas, pueden adquirir presencia en las ciudades globales, tanto ante el poder como ante otros grupos de semejantes (Sassen, 2006a: cap. 6). Un buen ejemplo de esto fueron las manifesta- ciones realizadas en toda Europa por los kurdos de origen turco contra el arresto de Ocalan: imprevistamente aparecieron en el mapa no sólo como una minoría oprimida sino propiamente como una diáspora, diferente de la turca. Se podría pensar que esto señala la posibilidad de un nuevo tipo de política centrada en un nuevo tipo de actores. Aquí la cuestión no se reduce a tener o no tener poder, sino que existen nuevas bases híbridas sobre
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 247 las cuales actuar. Hay cada vez más organizaciones globales y nacionales que se dedican a una variedad de agravios cometi- dos contra los grupos y los individuos carentes de poder. Esto implica que, pese a que no tienen poder, dichos grupos e indi- viduos están adquiriendo presencia en un marco político y cívico más amplio.> Una característica de las organizaciones mencionadas es que la actividad política global que desarrollan no es cosmopolita. Gracias en parte a Internet, los activistas locales pueden crear redes globales para hacer circular información (sobre cuestio- nes de vivienda, medio ambiente, política, etc.), pero también pueden ejecutar estrategias y participar de un accionar político concreto. Estos grupos siguen dedicándose a problemáticas muy específicas y con frecuencia se concentran en sus localidades, incluso cuando operan como parte de una red global. Existen muchos ejemplos de este nuevo tipo de labor política transfron- teriza, como es el caso de sPARC (la Sociedad para la Promo- ción de Centros de Recursos Zonales), una asociación fundada por mujeres y dedicada a ellas cuyo objetivo inicial era organi- zar alos habitantes de los barrios pobres de Bombay para obte- ner viviendas. Actualmente, la asociación cuenta con una red de grupos en múltiples ciudades de Asia y en algunas ciudades lati- noamericanas y africanas. Tanto el objetivo como los partici- pantes y los gobiernos interpelados son locales. Las distintas organizaciones que conforman esta red no necesariamente obtie- nen poder o recursos materiales de sus conexiones globales, pero 3 Esta combinación de dinámicas puede ejemplificarse con el caso de la Federación de Clubes Michoacanos de Illinois (Estados Unidos). Se trata de agrupaciones de inmigrantes muy pobres que están comenzando a participar en proyectos de desarrollo transfronterizos y que, en el proceso, movilizan recursos adicionales y capital político tanto en sus países de origen como en los Estados Unidos.
248 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN sí adquieren una mayor fuerza para sí mismas y para enfrentarse a los organismos ante los cuales efectúan sus demandas. Ésta es una de las formas fundamentales de actividad política esencial que Internet posibilita: una política de lo local con una gran diferencia respecto de otras formas, ya que se da en locali- dades conectadas entre ellas dentro de una región, de un país o del mundo entero. Aunque la red sea global, no toda la acti- vidad se da en ese nivel. EL USO DE LAS NUEVAS TIC La tecnología interactiva computarizada ha desempeñado una función importante en el contexto de la globalización y de los imaginarios globales, ya que facilita las transacciones mul- tiescalares y las interconexiones simultáneas entre quienes están confinados en gran medida a sus espacios locales. Esta tecno- logía puede utilizarse para profundizar las estrategias exis- tentes (véanse Tsaliki, 2002; Lannon, 2002) o para crear nue- vas formas de organización política, como la militancia virtual (Monberg, 1998; Bousquet y Wills, 2003; Denning, 2001; Smith, 2001; Yang, 2003). El tipo de TtC más utilizado es Internet y, den- tro de ella, la herramienta de correo electrónico, ya que en gene- ral las organizaciones del Sur global tienen conexiones lentas con muy poco ancho de banda, lo que le resta practicidad y efi- cacia al uso de los sitios web. Para lograr el nivel de globalidad que se propone en el presente capítulo, es importante que las principales organizaciones transnacionales dedicadas al Sur global reconozcan estas limitaciones, lo que, por ejemplo, impli- caría armar bases de datos de sólo texto, sin imágenes ni códi- gos HTML, sin hojas de cálculo y sin ninguna de las demás herra-
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 249 mientas que requieren un ancho de banda considerable y una conexión veloz (véase, por ejemplo, Pace y Panganiban, 2000: 113; para espacios de trabajo colectivo virtuales, véanse Bach y Stark, 2005; Sack 2005).* Como ya se ha reconocido en muchos ámbitos, las nuevas TIC no reemplazan totalmente las técnicas anteriores.? Aunque no hay pruebas sistemáticas y el objeto de estudio cambia perma- nentemente, pueden identificarse dos patrones básicos. Por un lado, existen situaciones en las que no hay una auténtica nece- sidad de las nuevas TIC debido al carácter de la organización o por una cuestión de subutilización (para analizar los casos de algunas organizaciones en particular, véanse Tsaliki, 2002; Ceder- man y Kraus, 2005). Por ejemplo, una encuesta realizada entre 4 Hay varias organizaciones que se han tomado el trabajo de ajustarse a esas limitaciones o de ofrecer los programas y los equipos adecuados a las oNG desfavorecidas. Bellanet (2002), por ejemplo, una organización sin fines de lucro fundada en 1995, tiene como objetivo difundir información en el Sur y ayudar a esas ONG a obtener acceso a la información que se encuentra en Internet. Con ese fin, ha instalado dos servidores que pueden enviar páginas web por correo electrónico a los usuarios que no tienen un buen ancho de banda. Además, la organización ha creado distintas líneas de servicios, como la de Desarrollo Abierto, cuyo fin es posibilitar la cooperación entre onG mediante el uso de programas gratuitos, contenidos abiertos y estándares abiertos. En ese marco, la organización adaptó el programa gratuito PhP-Nuke y creó un espacio virtual de cooperación para la Red de Plantas Medicinales. Asimismo, Bellanet adoptó el sistema de contenido libre u “Open Content” para todos los contenidos de su sitio en Internet (que están a disposición del público gratuitamente) y financia el desarrollo de un Estándar Abierto para la información sobre proyectos (el International Development Markup Language o 1DML), que permitiría compartir datos. 5 Para una serie de cuestiones sobre esta temática, véanse, por ejemplo, Woolgar (2002); Lievrouw y Livingstone (2002); Elmer (2004); Coleman (2004). 6 En su estudio sobre los sitios en Internet de distintas onG ambientalistas nacionales e internacionales con base en Finlandia, el Reino Unido, Holanda,
250 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN ONG locales y de base dedicadas a los derechos humanos y pro- venientes de varias regiones del mundo revela que Internet faci- lita el intercambio de información y ayuda a desarrollar otros tipos de cooperación, pero que no es útil para la puesta en mar- cha de proyectos conjuntos (Lannon, 2002: 33). Por otro lado, se ha probado que algunas organizaciones hacen un uso muy creativo de las nuevas TIC en combinación con otros medios ya existentes para adaptarse a las necesidades particulares de las comunidades (Dean et al., 2006). Un buen ejemplo de este patrón es el uso de Internet para enviar archivos de audio que luego se transmitirán por medio de altoparlantes a los grupos que no tie- nen acceso a Internet o que no están alfabetizados. La M. S. Swa- mintham Research Foundation del sur de la India adoptó este tipo de estrategia al instalar en las aldeas centros de recursos des- tinados a sectores demográficos que, si bien en su mayoría eran analfabetos, sabían exactamente qué información necesitaban —es el caso, por ejemplo, de los agricultores y los pescadores—. Al considerar el uso de técnicas combinadas, resulta evidente que en muchas oportunidades Internet puede desempeñar una función creativa si se la usa junto con otras tecnologías, ya sean nuevas o viejas. La secretaría mundial de Amnistía Internacio- nal, por ejemplo, ha instalado una infraestructura para recibir boletines de noticias vía satélite, que luego se procesan y se redis- tribuyen al personal en sus propias computadoras (Lebert, 2003). Asimismo, se ha documentado que el uso de las nuevas TIC derivó en el surgimiento de nuevos tipos de organizaciones y formas de activismo, especialmente a partir de algunas de las España y Grecia, Tsaliki (2002: 15) llegó a la conclusión de que Internet resulta útil sobre todo para la cooperación y el contacto con otras organizaciones o dentro de la misma, pero en la mayoría de los casos complementa otras técnicas ya existentes de promoción y concientización.
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 251 innovaciones más recientes, como la red “peer-to-peer (P2P)” y la tecnología wiki. Yang (2003), por ejemplo, observó que en China algunas oNnG activas dedicadas a cuestiones ambientales habían nacido como grupos de discusión en Internet sobre dicha temática (véase también Calhoun, 1997). Un resultado intere- sante de esta génesis es que esas onG tienen miembros a nivel nacional, distribuidos en distintas partes del país. Denning (1999), por su parte, analiza una amplia variedad de formas de acti- vismo virtual, en gran medida novedosas. Uno de los casos más conocidos en que el uso de Internet fue un aporte estratégico es el del movimiento zapatista, que gracias a dicha tecnología adquirió una doble faceta: por un lado, sigue siendo una rebe- lión local en México y, por otro lado, también se configuró como un movimiento de la sociedad civil transnacional, para lo cual contó con la participación de varias onG dedicadas a la paz, al comercio justo, a los derechos humanos y a distintas luchas socia- les. Con el objeto de presionar al gobierno mexicano, el movi- miento zapatista aprovechó tanto los medios convencionales como las posibilidades ofrecidas por Internet (Cleaver, 1998; Ronfeldt y Arquilla, 2001). Cabe destacar que este proceso generó un nuevo concepto de organización civil: el de una multiplici- dad de grupos autónomos conectados entre sí de manera rizo- mática (Cleaver, 1998; véase también Bennett, 2003). Sin embargo, un dato mucho menos conocido acerca de este proceso es que la rebelión local de los zapatistas operaba bási- camente sin la infraestructura necesaria para el uso del correo electrónico (Cleaver, 1998). El comandante Marcos no estaba conectado a Internet como para usar el correo electrónico o for- mar espacios virtuales de trabajo cooperativo. Para que sus men- sajes llegaran a las manos de quienes los distribuían por Inter- net, primero había que transportarlos a pie y cruzar las barricadas militares. Además, no todos los grupos integrantes de las redes
252 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN solidarias tenían correo electrónico, y las comunidades locales que se identificaban con la causa muchas veces sufrían proble- mas de acceso a Internet (Mills, 2002: 83). Así y todo, los medios virtuales hicieron un gran aporte a la causa zapatista, en buena medida gracias a la preexistencia de otras redes sociales (véase también García, 2002). Entre las redes electrónicas que partici- paron del proceso, cabe destacar el papel fundamental que de- sempeñó LaNeta para la globalización de la causa zapatista. LaNeta es una red de la sociedad civil que se fundó gracias al aporte del Instituto para las Comunicaciones Globales (1GC, por sus siglas en inglés), una ONG con sede en San Francisco. En 1993, LaNeta se transformó en miembro de la Asociación para el Pro- greso de las Comunicaciones (APC) y comenzó a funcionar como un medio fundamental de conexión entre distintas organizacio- nes civiles mexicanas y de otros países. En este sentido, es inte- resante señalar que gracias a un movimiento local en las mon- tañas de México, LaNeta se convirtió en un punto neurálgico transnacional para la circulación de información. No cabe duda de que la acumulación, el almacenamiento y la distribución de información son tres funciones clave de este tipo de organizaciones (Meyer, 1997; Tuijl y Jordan, 1999; Bach y Stark, 2005; véase también Bowker y Starr, 1999). En este momento, las principales áreas donde se apunta a construir bases de datos y archivos en Internet son la de los derechos humanos, la del de sarrollo y la de las cuestiones ambientales (véanse los sitios de Human Rights Internet, Greenpeace y Oxfam). En el caso de Oxfam, por ejemplo, el sitio en Inter- net ofrece una sección de in formes especializados en alguna temática particular, como los derechos agrarios en África, con bancos de recursos sobre el tema (Warkentin, 2001: 136). Asi- mismo, las campañas especiales para algún fin determinado, como la prohibición de las minas terrestres, la oposición a la
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 253 oMc y la condonación de la deuda externa para los países alta- mente endeudados (Jubileo, 2000), también han sido útiles para desarrollar bancos de datos y nuevas herramientas para el uso de las TiC (Donk et al., 2005; Kuntze et al., 2002). Por otra parte, se ha observado la creación de programas infor- máticos especiales para atender a las necesidades específicas de determinadas organizaciones o campañas. El HR Information and Documentation Systems International (HURIDOCS), una red transnacional de organizaciones dedicadas a los derechos huma- nos, se ha propuesto como objetivo mejorar el acceso ala infor- mación sobre derechos humanos, su difusión y su utilización. Con ese fin, puso en marcha un programa destinado a desarro- llar herramientas, estándares y técnicas para documentar los casos de violación a esos derechos. Los datos existentes sobre el uso de Internet por parte de las ONG también demuestran la importancia de los mecanismos ins- titucionales y del uso del software adecuado. Amnistía Interna- cional, por ejemplo, ha diseñado un mecanismo institucional por el cual se ayuda alas víctimas de violaciones de los derechos humanos a tomar contacto con organizaciones transnacionales que podrán colaborar: el sistema Urgent Action Alert sirve para enviar por correo electrónico a todo el mundo mensajes de alerta sobre violaciones de los derechos humanos. Este sistema cuenta con 75 redes de miembros que redactan las cartas sobre los casos urgentes y las envían a las entidades pertinentes.7 7 Un caso muy distinto es el de Oxfam/Estados Unidos, que se propuso ayudar al personal del Sur global a que enviara información por medios electrónicos sin demoras ni dificultades, lo cual es un objetivo complicado en los países que no cuentan con conexiones veloces y confiables o que tienen otros obstáculos para el trabajo en Internet. La meta era ayudar al personal del Sur global a que administrara y publicara información de manera eficiente. Con ese fin, Oxfam adoptó un Sistema de Gestión de Contenidos ejecutado por el
254 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN LA POLÍTICA MULTIESCALAR DE LOS ACTORES LOCALES EN LA FORMACIÓN DE NUEVAS SUBJETIVIDADES POLÍTICAS Todos los procesos mencionados en el apartado anterior posi- bilitan un nuevo tipo de política transfronteriza centrada en dis- tintas localidades con una intensa conexión por vía de los medios digitales (Mills, 2002; Kuntze et al., 2002; Whittel, 2001). Adams (1996), entre otros, señala que las telecomunicaciones crean nue- vos lazos a través del espacio, que sirven para destacar la impor- tancia de las redes de relaciones y para superar parcialmente la vieja jerarquía de escalas. Gracias a la tecnología, los activistas pueden formar redes para la circulación de información local (sobre situaciones ambientales, políticas o inmobiliarias de algún lugar específico) y así integrarla a la labor y a las estrategias polí- ticas destinadas a abordar una problemática global, como el deterioro del medio ambiente, el aumento de la pobreza y del desempleo a nivel mundial, la falta de publicidad sobre la con- tabilidad de las empresas multinacionales, etc. Lo que importa en este caso no es la posibilidad de existencia de dichas prácti- cas políticas, que en el pasado ya estaban presentes con otros medios y otra velocidad, sino su magnitud, su alcance y su simul- taneidad. En la actualidad, la tecnología, las instituciones y los imaginarios que caracterizan el contexto digital global inscri- ben nuevos significados y nuevos potenciales en las prácticas políticas locales. servidor y una herramienta de producción de contenidos llamada Publ-X que permite alos usuarios finales crear o editar artículos en código XML sin necesidad de estar conectados a Internet y luego enviarlos al servidor cuando están concluidos, para que entonces los reciba el editor y la información sea publicada de inmediato. 8 En otro trabajo (Sassen, 2000a) se propone conceptualizar estas redes “alternativas” como contrageografías de la globalización, ya que están
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 255 Existen muchos ejemplos que ilustran estas nuevas posibi- lidades y potenciales de acción. Además de los casos mencio- nados enlos apartados anteriores, hay un vasto espectro de medi- das que pueden tomarse cuando se cuenta con la opción del activismo electrónico. El Center for Victims of Torture (Cen- tro para Víctimas de la Tortura), por ejemplo, puso en marcha el proyecto de “Nuevas Tácticas para los Derechos Humanos”, en cuyo marco se compiló un manual con 120 tácticas de opo- sición a la tortura, varias de las cuales eran formas de acción exclusivamente virtuales (véase www.cvt.org/new_tactic/tools/ index.html). El sitio en Internet del Electronic Disturbance The- ater (Teatro Electrónico de Disturbios), un grupo de artistas y ciberactivistas con sede en Nueva York, también contiene infor- mación detallada sobre distintas formas de acción electrónicas (véase www.thing.net/-rdom/ecd/EDTEC.html). La Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres, que se lanzó oficialmente en 1992 por iniciativa de seis onG de los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Alemania, fue evo- lucionando hasta convertirse en una coalición de más de mil ONG de sesenta países. Uno de sus logros tuvo lugar en 1997, estrechamente relacionadas con algunas dinámicas importantes y capacidades constitutivas de la globalización, sobre todo económica, pero no son parte de su aparato formal ni de los objetivos de tal aparato, como la formación de mercados globales. La existencia de un sistema económico global y de los correspondientes marcos institucionales para los flujos transfronterizos de dinero, información y personas ha permitido la intensificación del desarrollo de redes locales y transnacionales y de tecnologías para la comunicación que escapan a los medios tradicionales de vigilancia (uno de los mejores trabajos críticos y descriptivos sobre este fenómeno se encuentra en World Information Order, 2002; Nettime, 1997; y Lovink, 2003). Dichas contrageografías son dinámicas y cambiantes en cuanto a sus características locales, y cubren una gran variedad de acciones, como por ejemplo la proliferación de actividades delictivas.
256 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cuando 130 países firmaron el Tratado de Prohibición Total de las Minas Terrestres (Williams y Goose, 1998). En dicha cam- paña se utilizaron medios tradicionales y las nuevas TIC, pero los medios digitales fueron más eficaces y más económicos que el fax y el teléfono para la distribución masiva de información (Scott, 2001; Rutherford, 2002). La campaña Jubileo 2000, por su parte, también aprovechó con grandes resultados los medios electrónicos. En el sitio de Internet se reunió toda la informa- ción considerada necesaria sobre la deuda externa las activi- dades de campaña. Al mismo tiempo, la información se distri- buía mediante programas de administración de listas como majordomo listserv, mediante bases de datos y mediante la libreta de direcciones del correo electrónico * En general, para llevar a cabo este tipo de acciones y para enviar alertas de correo desti- nadas lograr una movilización rápida resulta importante con- tar con redes preexistentes de comunicación electrónica. Las herramientas de acceso distribuido son fundamentales: cada vez que una alerta ingresa en la red desde cualquier punto de acceso, puede difundirse a gran velocidad entre todos los integrantes. Esto sucede, por ejemplo, con el sistema Urgent Action Alert de Amnistía Internacional. Las redes de comunicación tam- bién están conformadas por sitios anónimos, como en el caso de S.11.org, un sitio en Internet que puede usarse para las movi- lizaciones internacionales en tanto forma parte de múltiples redes electrónicas de comunicación. Para la manifestación que se organizó en Melbourne como respuesta a una reunión regio- nal del Foro Económico Mundial (entre el 11 y el 13 de septiem- bre de 2000), en el sitio se unieron grupos de activistas de todo 9 Sin embargo, cabe señalar que incluso en el marco de esta campaña, pese a que está centrada en el Sur global y diseñada para comunicarse con organizaciones de ese ámbito, estas últimas muchas veces no lograban ingresar alos sitios (Kuntze ef al., 2002).
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 257 el país con el fin de coordinar sus acciones y paralizar con éxito buena parte del primer encuentro en la historia del Foro (Red- den, 2001). A esta altura, ya se organizaron muchas más movi- lizaciones a través de Internet —por ejemplo, la protesta de Seat- tle en 1999 contra la omc o la movilización contra Nike, por mencionar algunas de las más conocidas— (véanse Khagram et al., 2002; Donk et al., 2005).* Una característica importante de la política local multiesca- lar es que no está confinada a moverse dentro de un conjunto de escalas jerárquicas anidadas (de lo local a lo regional y a lo nacional, y de allí a lo internacional), sino que sus actores pue- den acceder directamente a otros actores locales semejantes en 10 Existen muchas otras campañas menos conocidas. Por ejemplo, cuando Intel anunció que el nuevo microprocesador Pentium 111 tendría un número de serie único y personal, los grupos de defensa del derecho a la intimidad protestaron contra esa invasión a la privacidad. Tres organizaciones de distintos lugares se unieron para armar un sitio en Internet llamado Big Brother Inside, que serviría de espacio organizativo para agrupaciones de dos países y ala vez les permitiría usar a todas los recursos específicos de cada contexto local (Leizerov, 2000). En 1997, un grupo llamado Public Citizen, con sede en Washington, publicó en su sitio de Internet un borrador del Acuerdo Multilateral de Inversiones (un documento confidencial que la OCDE estaba negociando a puertas cerradas) y así inició una campaña global que puso fin a las negociaciones ocho meses más tarde. Ahora bien, estas campañas no siempre suponen directamente una lucha de poder. La campaña Reclaim the Streets, por ejemplo, se lanzó en Londres para oponerse a la Ley de Justicia Penal de Inglaterra, que permitía a la policía incautar equipos de sonido y usar medidas disciplinarias contra los participantes de las fiestas rave. Una táctica que se aplicó en este caso fue organizar, casi simultáneamente, fiestas callejeras en todas las ciudades del mundo. Mediante Internet, los participantes pudieron intercambiar notas y tácticas para lidiar con la policía, además de crear un espacio de encuentro virtual. Por último, uno de los fenómenos más significativos en este sentido es la aparición de Indymedia, una extensa red global de grupos mediáticos alternativos basados en las nuevas TIC, con sedes en distintas partes del mundo. Otros grupos alternativos semejantes son MediaChannel.org, Zmag.org, Protest.net y McSpotlight.org.
258 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN el mismo país o en el exterior. Un tipo de tecnología basada en Internet que refleja la posibilidad de evitar las jerarquías ani- dadas es el espacio de trabajo virtual, que con frecuencia se usa para el trabajo en equipo en Internet, y que puede definirse como una comunidad de prácticas (Sharp, 1997) 0 como una red de conocimiento (Creech y Willard, 2001). Un ejemplo de espacio de trabajo virtual es la Red de Comunicaciones sobre Desarro- llo Sostenible, también definida como una red de conocimiento (Kuntze et al., 2002), creada en 1998 por un conjunto de orga- nizaciones civiles. Se trata de una organización virtual, abierta y cooperativa, fundada con el objeto de realizar actividades con- juntas de comunicación para informar a un público más nume- roso sobre el desarrollo sostenible y capacitar a sus integrantes para emplear las TiC de manera eficaz. La organización cuenta con un portal de acceso trilingie donde se integran y se exhi- ben las actividades de los miembros destinadas a la comunica- ción. Además, contiene enlaces a miles de documentos aporta- dos por los grupos que la componen, una bolsa de trabajo y listas de correo sobre desarrollo sostenible. Ésta es apenas una de las numerosas ONG que se dedican a fomentar la cooperación entre las organizaciones civiles mediante el uso de las TIC. Otras orga- nizaciones similares son la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), One World International y Bellanet. La posibilidad de evitar la jerarquía escalar no impide que otros actores poderosos puedan aprovecharse de la existencia de escalas jurisdiccionales distintas (Morrill, 1999), ni que la resistencia local se vea limitada por los modos en que el Estado despliega dichas escalas en la esfera jurisdiccional, administra- tiva y normativa (Judd, 1998). Por el contrario, bien podría ser que las condiciones analizadas entre otros por Morrill y Judd lleven la problemática a su punto límite, por así decirlo. ¿Cuál es la necesidad de trabajar en el marco de las relaciones
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 259 de poder moldeadas en torno de una jerarquía de escalas donde el Estado ocupa el lugar central? ¿Por qué no pasarlas por alto si existe la opción? Es posible observar esta combinación de condiciones y opciones en investigaciones que demuestran cómo el poder gubernamental puede subvertir las reivindicacio - nes legítimas de los pueblos aborígenes (Howitt, 1998; Silvern, 1999), fenómeno que a su vez ha llevado a que estos últimos busquen representación directa en los foros internacionales, pasando por alto la autoridad del Estado." En este sentido, me interesa rescatar un tipo específico de contexto multiescalar caracterizado por las transacciones directas entre la escala glo- bal y la local o por una multiplicidad de transacciones locales que forman parte deredes globales. En ninguno de los dos casos se podría hablar de escalas anidadas. Hay múltiples instancias de este tipo de actividad política transfronteriza. En principio, pueden distinguirse dos formas, cada una de las cuales capta un tipo de interacción escalar espe- cífica. En la primera, la escala de la lucha siguesiendo local y el objetivo es interpelar a ciertos actores locales (por ejemplo, a los organismos locales de vivienda o medio ambiente), pero con el conocimiento y la invocación tácita o explícita de que se cuenta con muchas otras localidades del mundo involucradas en luchas similares y con actores locales de características similares. Esta combinación de multiplicidad y autorreflexividad ayuda a cons- tituir dichas prácticas y retóricas locales en una condición glo- bal —una globalidad—. En cierto sentido, se trata de tomar la noción de “espacios de compromiso” escalares de Cox y situarla en un contexto específico, que no necesariamente será el que el 11 Aunque los objetivos son diferentes, un conjunto de condiciones semejantes sirve para explicar el crecimiento de las redes transnacionales de apoyo económico y político entre los inmigrantes (véanse Smith, 1994, 2006; Cordero et al., 2001; Escudero y Gzsech, 2002).
260 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN autor tenía en mente. Además del carácter fundamental de las relaciones escalares para la política local, también habría que destacar la construcción social y política de la escala como un accionar social (Howitt, 1993; Swyngedouw, 1997; Brenner, 1998). Por último, otro elemento esencial en este análisis es el conte- nido denso, concreto y particularizado de cada una de las luchas o dinámicas que se materializan (Sassen, 2006a: cap. 7). La segunda forma de interacción multiescalar es la que se observa cuando las luchas locales se dan contra ciertos actores globales, como la omc, el FMI o las empresas multinacionales, ya sea a escala global o en múltiples localidades.3 Una caracte- rística importante de esta modalidad es que permite de manera simultánea la descentralización de las operaciones y la integra- ción organizacional. Aquí puede establecerse un paralelo con el análisis ya realizado del crecimiento del sistema global finan- ciero, es decir, la articulación del mercado de capital con un número creciente de centros financieros a lo largo del mundo. El hecho de que los activistas se basen en la Internet de acceso público y en el sistema financiero en redes electrónicas priva- 12 Algunas de estas cuestiones están muy bien formuladas en el trabajo de Adam (1996) sobre la revuelta de la plaza de Tiananmen en 1989, el movimiento popular por la democracia en Filipinas a mediados de la década de 1980 y el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos durante la década de 1950 (véanse también Zhao, 2004; Calhoun, 1997). La protesta, la resistencia, la autonomía y el consentimiento pueden concebirse como escalas que escapan alos confines de las jurisdicciones territoriales. 13 En este sentido, se podría distinguir un tercer tipo de actividad política: la dedicada a transformar un suceso único en un evento mediático global, lo que sirve a su vez para movilizar a individuos y organizaciones de todo el mundo en torno de ese suceso inicial o en situaciones similares en otras zonas. Las acciones políticas iniciales de los zapatistas y muchas de las que siguieron se encuentran entre las más poderosas y emblemáticas de este tipo de actividad política. La posibilidad de que un solo caso de violación a los derechos humanos se convierta en un suceso mediático global es una herramienta muy útil para los defensores de esos derechos.
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 261 das exclusivas no altera el formato organizacional, ni tampoco sus efectos escalares: la posibilidad de constituir esferas trans- fronterizas para prácticas compartidas, y no sólo, como se dice a menudo, la búsqueda y el acceso a la información y a la comu- nicación global. A medida que las nuevas tecnologías de red for- talecen y generan nuevos tipos de actividades transfronterizas entre actores no-estatales, facilitan la formación de una condi- ción distintiva y sólo parcialmente digital, que suele designarse como la sociedad civil global o el espacio público global. Desde las causas por los derechos humanos y ambientales, hasta las huelgas y las campañas contra los grandes laboratorios farma- céuticos por las patentes de los medicamentos contra el sIDA, Internet se ha transformado en un medio muy poderoso para que todos aquellos que no pertenecen las élites puedan comu- nicarse, apoyar las causas de sus semejantes y crear el equiva- lente de los núcleos duros de la política tradicional, tanto en la escala global como en la escala local.4 Además, la posibilidad de esta práctica a nivel transnacional en momentos en que estas cuestiones escapan cada vez más al dominio del Estado-nación le confiere una importancia aun mayor. Otro elemento escalar fundamental es el potencial de uso de las redes digitales por parte de los activistas políticos para for- talecer sus transacciones locales —dentro de una región, de una ciudad o de un vecindario—. Diseñada para abarcar el mundo 14 Es posible que Internet siga siendo un espacio para las prácticas democráticas, pero en parte lo será como una forma de resistencia contra los poderes globales de la economía y de las fuerzas jerárquicas (véanse Calabrese y Burgelman, 1999; Warf y Grimes, 1997; Lovink, 2003; May y Sell, 2005), más que como un espacio de libertad ilimitada, que sería la representación más romántica del medio. Es necesario incorporar a esta representación las imágenes de la resistencia y la oposición a los intereses comerciales y militares, para que no quede sólo la idea de la libertad y la interconectividad (Sassen, 19994).
262 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN entero, la estructura de las redes digitales también puede ser útil para intensificar la interacción entre los habitantes de una ciu- dad oregión, para posibilitarles conocer a las comunidades veci- nas y para lograr que comprendan las problemáticas locales con repercusiones positivas o negativas en las comunidades de la misma ciudad, además de las ubicadas en otros lugares del país y del mundo (Riemens y Lovink, 2002). Desde el punto de vista conceptual, es importante rescatar la idea de que la nueva tec- nología digital es útil para las iniciativas y las alianzas locales dentro de una misma ciudad, en lugar de destacarla, como habi- tualmente ocurre, casi exclusivamente por su alcance global.> Si se retoma la idea de Howitt (1993) sobre la propia cons- trucción de las escalas geográficas en que puede darse el accio- nar social, cabría señalar que, al igual que la ciudad, el ciberes- pacio es un espacio más concreto para las luchas sociales que el provisto por el sistema político nacional. De manera paralela a lo que ocurre en la ciudad, el ciberespacio se convierte en un lugar donde los actores políticos informales pueden hacer política, algo que resultaría mucho más dificultoso si quisieran hacerlo a tra- vés de los canales institucionales del sistema político nacional. El ciberespacio puede abarcar un amplio espectro de causas socia- les y facilitar el surgimiento de nuevos tipos de subjetividades políticas que no necesariamente ingresarán al sistema político 15 La necesidad de incorporar lo local puede ejemplificarse con la problemática de las bases de datos disponibles para las organizaciones locales. Según algunos autores (Wilks, 2001), por ejemplo, el Banco de Conocimientos creado por el Banco Mundial para fomentar el uso y las aplicaciones de las TIC (con el fin de generar y difundir conocimientos) es demasiado extenso como para ser de utilidad para actores con recursos y tiempo limitados. Una buena base de datos con el tamaño y la estructura adecuados puede encontrarse en Kubatana.net, una ONG de Zimbabwe que ofrece contenidos y servicios de TIC para otras ONG del mismo país. En vez de orientarse hacia lo global, esta base de datos se ocupa de la información nacional sobre Zimbabwe.
LOS ACTORES LOCALES EN LA POLÍTICA GLOBAL | 263 formal. Las personas y los grupos que históricamente quedan excluidos de los sistemas políticos formales, y cuyas luchas pue- den materializarse en parte por fuera de dichos sistemas, halla- rán en el ciberespacio un ámbito hospitalario tanto para su trans- formación enactores políticos informales como para sus luchas. La combinación de las redes locales/globales con el activismo político concreto que llevan a cabo las organizaciones mencio- nadas genera condiciones para la formación de identidades al menos parcialmente transnacionales. La posibilidad de identi- ficarse con comunidades de pertenencia o de prácticas más exten- sas puede provocar un desanclaje parcial de lasidentidades, como se analizó en el primer apartado de este capítulo. Si bien esto no neutraliza necesariamente los vínculos con el país o con las causas nacionales, logra provocar un desplazamiento que posi- bilita que dichos vínculos se extiendan a las comunidades trans- locales, lo que constituye una base fundamental para la cons- trucción de una política global realizada por actores localizados, es decir, una política que incorpora las microprácticas y los microobjetivos de la vida local y cotidiana, tanto como sus pasio- nes. La posibilidad de que a partir de la densidad de la micro- política -de lo local— surjan identidades transnacionales de escaso espesor social plantea una interesante problemática teórica, más allá de su importancia para potenciar una política global hecha por actores locales. Sin embargo, en esta dinámica también existe el riesgo de caer en el nacionalismo o en el fundamentalismo. Las prácticas políticas que se describen en este capítulo no se corresponden conla visión cosmopolita delo global, ya que 16 Ésta es una problemática central de mis trabajos actuales: la posibilidad de que haya formas de globalidad no cosmopolitas, que deriva en parte de una crítica ala noción generalizada y poco cuestionada de que las formas de política, de pensamiento y de conciencia global son siempre cosmopolitas (véase Sassen, 2006a: caps. 6 y 7; véase también el capítulo 5 de esta obra).
264 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN adquieren carácter global gracias a una multiplicidad creciente de prácticas locales que se repiten a través del mundo y a la con- ciencia que de este hecho tienen los actores locales. Son tipos de sociabilidad y luchas sociales con una profunda inserción en las acciones y en las actividades de la gente. Asimismo, son maneras de construir instituciones con alcance global que pue- den provenir de los actores sociales informales y de las locali- dades o redes locales con recursos limitados. Este proceso de construcción de órdenes institucionales con alcance global no tiene por qué transformar a sus integrantes en cosmopolitas, ya que éstos pueden conservar su orientación local y particu- lar, y permanecer comprometidos con las causas de sus hoga- res y sus comunidades al mismo tiempo que participan de una política global emergente.
7 Nuevas formaciones sociales El tema de este libro es la historia en proceso de construcción. En cada capítulo se ha buscado detectar configuraciones y deli- near objetos de estudio en torno de lo que en última instancia puede compararse con un animal errante que avanza cada vez con mayor energía y velocidad. En este capítulo exploro lasins- tancias extremas de “formaciones globales emergentes”, donde pueden captarse con más claridad algunas de las tendencias ana- lizadas en apartados anteriores. Si hay un concepto presente en todos los fenómenos y proce- sos estudiados, ése es el de frontera. En el primer apartado se des- compone la institución de la frontera en los múltiples elemen- tos que la conforman, con el fin de captar los reposicionamientos y las reubicaciones de algunos de dichos componentes, que pue- den ser muy marcados y generar un nuevo tipo de formación con funciones de frontera. El segundo apartado examina la for- mación de microambientes con alcance global, que constituyen una instancia acentuada y tal vez extrema de nuevos tipos de demarcaciones fronterizas. Ejemplos de tales microambientes pueden ser tanto un hogar como una empresa con orientación hacia algún tipo de redes globales y con capacidad técnica para conectarse. En tales casos, se desestabiliza profundamente la idea de contexto y de entorno como elementos de la localidad. Por último, se presentan los elementos para una sociología del espa-
266 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cio digital, centrada en los espacios electrónicos interactivos y en su carácter social; estos espacios incluyen formaciones tan diver- sas como los mercados y las redes de activistas electrónicos. En suma, este capítulo cierra el libro con una serie de exploracio- nes parciales acerca de nuevas formaciones globales. DE LAS FRONTERAS NACIONALES A LAS NUEVAS DEMARCACIONES FRONTERIZAS' La globalización de una gran variedad de procesos está gene- rando rupturas en el entramado de los regímenes de fronteras y está contribuyendo ala formación de nuevos tipos de fronte- ras, lo que a su vez comienza a alterar el significado de ese con- cepto. Dichas rupturas y nuevas formaciones ayudan a volver más legibles las características y las condicionalidades delrégi- men de fronteras dominante, asociado con la formación del Estado-nación, que, a pesar de seguir siendo el sistema más exten- dido en la época actual, ha perdido peso en los últimos quince años. Estas transformaciones permiten ver hasta qué punto la historiografía y la geografía dedicadas a la geopolítica de los últi- mos dos siglos parten de la perspectiva del Estado-nación, lo que ha producido una especie de nacionalismo metodológico. La centralidad del Estado-nación en dichos métodos de análi- sis ha servido para simplificar la cuestión de la frontera: en gran medida, la categoría de frontera se reduce a una condición geo- gráfica y al aparato institucional inmediato mediante el cual se la controla, se la protege y se la gobierna. 1 Este texto está basado en la A. von Humboldt Lecture de 2004, que a su vez se basó en un proyecto más extenso ya publicado (Sassen, 2006a: cap. 9).
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 267 La globalización actual conlleva una desarticulación tanto concreta como heurística de esa categoría de frontera repre- sentada tradicionalmente como una condición unitaria en el discurso político, y, por ello, hoy comienzan a hacerse legi- bles sus múltiples componentes. La globalización económica corporativa, por ejemplo, conlleva una apertura de las fron- teras para el paso de los flujos de capital y servicios, pero esta apertura se ve acompañada de un cierre cada vez mayor para la inmigración de mano de obra de bajo salario. Asimismo, estas rupturas y nuevas demarcaciones fronterizas hacen visi- ble la extensión de las fronteras mucho más allá de las divi- siones geográficas reconocidas en los tratados internaciona- les y las instituciones vinculadas de manera directa con dichas divisiones, como los consulados y las autoridades migrato- rias de los aeropuertos. Con estos procesos, salta a la luz que las representaciones tradicionales de la frontera dejan afuera a una serie, hoy día creciente, de instituciones y espacios donde ésta también se inscribe. A continuación, trazo un mapa de las complejidades de las fronteras y las múltiples instituciones y posiciones que las cons- tituyen, para arribar a un examen de algunas de las demarcacio- nes fronterizas que surgen de las nuevas dinámicas globales. Por último, analizo las consecuencias de estas transformacio nes pa
ra la autoridad exclusiva del Estado sobre el territorio, es decir, para un componente básico de la categoría de “frontera” tal como se la ha construido históricamente y se la ha representado en la teoría durante los últimos dossiglos. La desarticulación de la categoría de frontera La multiplicidad de regímenes que constituyen a la frontera como institución pueden agruparse en dos categorías: por un
268 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN lado, el aparato formalizado que integra el sistema interestatal y, por otro lado, el espectro hasta ahora mucho más informal de nuevas demarcaciones fronterizas que en gran medida escapan al marco de dicho sistema. En el primer caso, el núcleo está cons- tituido por un corpus de normas que regulan diversos flujos internacionales (como el flujo de bienes, de capitales, de per- sonas, de servicios y de información). A pesar de su variedad, todos los regímenes que componen esta categoría suelen coin- cidir en dos puntos: a) la autoridad unilateral del Estado para definir y aplicar normas, y b) la obligación estatal de respetar y hacer valer las normas provenientes del sistema de tratados inter- nacionales o de los acuerdos bilaterales. En el segundo caso, el de las nuevas dinámicas de demarcación fronteriza que surgen por fuera del sistema interestatal, no se da necesariamente un cruce concreto de fronteras, sino que existe un espectro de diná- micas relacionadas con ciertos fenómenos contemporáneos espe- cíficos, tales como las legislaciones globales emergentes y el aumento en la variedad de dominios interactivos conectados digitalmente. Los sistemas jurídicos globales no se centran en el derecho estatal y por ello deben distinguirse de los sistemas nacionales e internacionales. Los dominios digitales e interactivos, por su parte, son informales en su mayoría y, en consecuencia, que- dan por fuera del sistema de tratados existentes; amenudo están emplazados en localidades subnacionales que forman parte de redes transfronterizas. El establecimiento de legislaciones glo- bales y de dominios digitales de alcance global supone una mul- tiplicidad de espacios con demarcaciones fronterizas —donde no entran en juego las fronteras nacionales tradicionales—, que pue- den operar a escala transnacional, supranacional o subnacional. Y a pesar de que esas legislaciones y esos espacios pueden cru- zar las fronteras nacionales, ello no significa que formen parte
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 269 de los nuevos regímenes estatales de apertura de fronteras, como sucede por ejemplo con el sistema de comercio global y el sis- tema financiero global. En tanto se trata de dominios con demar- caciones fronterizas globales, suponen una instancia novedosa del concepto de frontera. A continuación se elaboran brevemente algunas distincio- nes analíticas fundamentales que pueden servir para desarti- cular en diversos componentes los regímenes de fronteras cen- trados en el Estado y para ubicar ciertos lugares determinados en una red global de espacios demarcados. El locus de la frontera en los regímenes fronterizos estatales Hoy en día existe una multiplicidad de regímenes con diversos contenidos y ubicaciones. Los flujos transfronterizos de capi- tales, por ejemplo, requieren una serie de intervenciones que se distinguen de las necesarias para el flujo de bienes y presen- tan una ubicación geográfica e institucional totalmente distinta. El cruce concreto de fronteras geográficas es un elemento del flujo transfronterizo de bienes, pero no necesariamente del flujo de capitales, salvo en los casos en que se transporta dinero en efectivo. Cada intervención de control fronterizo se puede con- cebir como una posición en una cadena de posiciones. En el caso del comercio internacional de bienes, una de esas posiciones puede ser la inspección ola certificación en el punto de produc- ción, que puede estar a gran distancia de la frontera. En el caso del flujo de capitales, esa cadena incluye a bancos, mercados bur- sátiles y redes electrónicas de transmisión. La frontera geográ- fica es apenas un punto más en esa cadena, ya que los puntos de intervención institucional para el control fronterizo pueden formar extensas cadenas en el interior del país de ingreso.
270 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Bancos, bienes y cuerpos, todos son posibles espacios para la imposición de regímenes de frontera. Cuando un banco rea- liza una transferencia de dinero común y corriente a otro país, se transforma en espacio para la aplicación de dicho régimen. En el caso de los bienes, un artículo certificado es un objeto que al cruzar la frontera se convierte en espacio de aplicación de ese régimen: un ejemplo emblemático sería el de un producto agrícola certificado. Sin embargo, esta idea también abarca el caso de un turista con la correspondiente visa o de un inmi- grante con el permiso solicitado. Es más, en el caso de las inmi- graciones, el cuerpo mismo del inmigrante se constituye en por- tador de ese régimen y en un espacio esencial para su aplicación. Esto se refleja claramente en la situación de los inmigrantes clan- destinos, donde el cuerpo se constituye tanto en portador de la violación a ese régimen como en receptor del castigo correspon- diente (ya sea la detención o la deportación). Un efecto directo de la globalización, y sobre todo de la glo- balización económica empresarial, ha sido una divergencia cada vez mayor entre los distintos regímenes de fronteras. Así, como ya se ha señalado, al mismo tiempo que se levantan los contro- les fronterizos para una gran variedad de flujos de capitales, ser- vicios e información, otros regímenes de fronteras mantienen las barreras y refuerzan las restricciones para ciertos flujos trans- fronterizos, como el de trabajadores de bajo salario. Asimismo, se observa la construcción de demarcaciones fronterizas espe- cíficas para contener y gobernar ciertos flujos transfronterizos emergentes, que con frecuencia son estratégicos o especializa- dos, como es el caso de los nuevos regímenes para la circulación de profesionales de primera línea según el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y el Sistema del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Mientras que en el
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 271 pasado dichos profesionales quedaban sujetos al régimen gene- ral de inmigraciones de cada país, hoy en día se detecta una diver- gencia creciente entre dicho régimen el régimen especializado que gobierna la circulación de profesionales.” Ubicar un lugar concreto en una red global de fronteras Para ubicar un lugar concreto, por ejemplo, de carácter econó
mico, en una red global de “fronteras”, un primer paso sería con- siderar la economía global como constituida por una serie de circuitos especializados/parciales y una multiplicidad de espa- cios económicos a menudo superpuestos. La pregunta enton- ces sería cómo se articula un espacio geográfico determinado con esos diversos circuitos y espacios económicos. La articulación de dicho lugar conos circuitos globales puede ser directa o indirecta y formar parte de cadenas cortas o lar- gas. Un caso de articulación directa se daría, por ejemplo, cuando ese lugar se ubica en circuitos globales especializados, como el de la producción de madera para la exportación, la produc- ción minera, las cadenas de fabricación internacional o las zonas francas bancarias. Un caso de articulación indirecta se daría, por ejemplo, cuando un lugar se ubica en circuitos económicos nacio- nales, y es a partir de ellos que ingresa a los circuitos globales, como sucede con las plantas de producción de bienes de con- sumo cuyo mercado son los grandes distribuidores y que a veces se exportan por medio de operaciones múltiples y complejas en los mercados urbanos, tanto extranjeros como nacionales. Las cadenas de operaciones, por su parte, suelen ser más cortas en 2 Las consecuencias de esta divergencia para el ámbito de las migraciones se analizan en Sassen (1998).
272 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN el caso de los sectores de extracción de recursos que en el caso de los sectores de producción industrial, sobre todo en el cir- cuito de los bienes de consumo, donde dichas cadenas en gene- ral están compuestas por múltiples distribuidores y empresas encargadas de los trámites de importación y exportación. En cuanto al segundo elemento -la articulación de un lugar con los espacios económicos—, una primera cuestión fundamen- tal reside en que ese lugar puede contener uno o varios espacios económicos. En general, un lugar dedicado a la silvicultura 0 a la agricultura se constituye mediante menos espacios económi- cos que los centros financieros o los polos industriales. En segundo lugar, puede ocurrir que varios, uno o ninguno de dichos espa- cios económicos revistan carácter global. Resulta esencial por tanto desarticular el lugar en estos términos para evitar reificarlo, en este caso, por ejemplo, como meramente “rural”. El espacio económico de un lugar escasamente poblado, como una plan- tación forestal, puede ser mucho más complejo de lo que parece indicar el sentido común. Incluso si ese lugar se articula con un solo circuito global, como sería el de una empresa maderera mul- tinacional que ha adquirido toda la madera que de allí se extrae, va a requerir una gran variedad de servicios contables, jurídicos y financieros especializados, que se llevan a cabo en un espacio económico complejo y muy distinto del punto de extracción de la madera, y ambos estarán sujetos a la normativa tanto nacio- nal como internacional. Por lo tanto, se podría afirmar que esa plantación forestal se constituye a partir de varios espacios eco- nómicos, o al menos de dos: el de la extracción de la madera y el de los servicios empresariales especializados. Sin embargo, es probable que también sea parte de un tercer espacio econó- mico: el de los mercados financieros globales. Por ejemplo, si la empresa maderera cotiza en algún mercado bursátil, bien puede haber “licuado” el valor de la madera mediante contratos futu-
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 273 ros u opciones que circularán como instrumentos financieros en el mercado global de capitales.3 Esta inserción en dicho mercado debe distinguirse de la instancia de financiamiento paralas tareas de extracción de la madera, ya que es parte de las capacidades del mercado financiero global para obtener liquidez incluso de los bienes materiales más inmóviles, como las propiedades inmo- biliarias, a fin de que circulen en el mercado de capitales bajo el formato de instrumentos financieros y permitan de ese modo la obtención de mayor renta, además de la renta potencial que se puede obtener por el bien material en sí mismo. Existe una perspectiva analítica que articula la especificidad de los regímenes de fronteras centrados en el Estado y el trabajo empírico de ubicar un lugar concreto en una red global de dichos regímenes, y cuyo objetivo es descomponer la función de la fron- tera en términos de sus características, ubicaciones geográficas y puntos institucionales. La adopción de esta perspectiva ana- lítica posibilita que las múltiples dimensiones de la “frontera” adquieran legibilidad. Entre estas diversas dimensiones se incluye un número cre- ciente de nuevas dinámicas de demarcación fronteriza que se entrecruzan con la soberanía estatal, lo que implica una deses- tabilización, aun cuando sea parcial, del significado de las fron- teras convencionales. 3 Por último, se podría agregar que una zona geográfica escasamente poblada, cuyas riquezas se han agotado a causa de la explotación, representa una instancia de “tierra muerta” dentro de un circuito global que bien puede seguir siendo muy dinámico (como la empresa internacional que continúa operando en otros lugares del mismo país o del exterior aún no destruidos). Lo que quiero destacar es que el circuito global de la industria maderera, para seguir con nuestro ejemplo, continúa siendo una delas articulaciones clave de ese espacio geográfico. Es tarea de una ciencia social crítica sostener la existencia de ese espacio de “tierra muerta” dentro de loscircuitos que causaron su muerte. ¿Por qué dejar que ese espacio se vuelva invisible?
274 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN Hacia un concepto de frontera desarraigado de las circunscripciones nacionales Un elemento crítico del amplio campo de fuerzas dentro del cual funcionan los estados hoy en día es la multiplicación de ciertos tipos especializados de autoridad privada, que pueden incluir sistemas ya existentes que se expanden a nuevos sectores eco- nómicos, como el de arbitraje privado comercial, o bien toda una variedad de nuevas formas de autoridad privada con un alto grado de especialización y orientadas a sectores específicos de la economía, como la llamada “lex constructionis” (el sistema de normas desarrollado por las grandes empresas de construc- ción y de ingeniería para estandarizar su manejo de los proyec- tos internacionales). La proliferación de estos regímenes de auto- rregulación es más común en los sectores dominados por una cantidad limitada de empresas de gran tamaño. Estas tendencias han contribuido a la formación de un campo de operaciones estratégico que va desarraigando, si bien parcial- mente, ciertas funciones de frontera específicas del ámbito ins- titucional del Estado. Se trata de un campo bastante menos denso que el estatal, con operaciones transfronterizas destinadas a afrontar las nuevas condiciones que la globalización económica produce y demanda. Las transacciones que se dan en este campo tienen carácter estratégico y transfronterizo, y suponen ciertas interacciones específicas entre actores privados y, a veces, orga- nismos o funcionarios gubernamentales. Ahorabien, a diferen- cia de lo que sucede con los tratados internacionales, dichas interacciones no involucran al Estado como tal, sino que refle- jan las transacciones y los objetivos de ciertos actores privados (en este caso, las empresas y los mercados que quieren globali- zar sus operaciones). Entre estas transacciones también se inclu- yen las normas y los reglamentos impuestos a las empresas y los mercados globales, que por tanto presionan para lograr una
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 275 convergencia transfronteriza de las leyes y las normas naciona- les concernientes a la globalización empresarial. Este campo de operaciones posee dos características clara- mente distinguibles que me permiten describirlo como un espa- cio desarraigado en proceso de estructuración. La primera de ellas es que, si bien sus actores operan en ámbitos conocidos (el sistema estatal e interestatal en el caso de los funcionarios y organismos gubernamentales, o el sistema supranacional y el “sector privado” en el caso de los actores económicos extraes- tatales), están constituyendo a través de sus prácticas un espa- cio diferenciado que ensambla componentes, a menudo alta- mente especializados y particulares, del territorio, la autoridad y el derecho nacional. Este nuevo campo de prácticas no puede quedar circunscrito al ámbito institucional del sistema interes- tatal ni tampoco al de lo nacional. La segunda característica es la proliferación de normas que comienzan a ensamblarse para formar sistemas legales parciales y especializados. Entramos aquí a un nuevo dominio de la autoridad privada: se trata de un con- junto de entidades fragmentarias, especializadas y cada vez más formalizadas, no sujetas al sistema jurídico nacional. La proli- feración de sistemas normativos especializados, en su mayoría privados o supraestatales, señala la desestabilización de las nocio- nes convencionales de frontera nacional (para un caso empí- rico, véase, por ejemplo, Chen, 2005). En los últimos veinte años se ha observado una multiplica- ción de sistemas normativos transfronterizos con distintos gra- dos de autonomía respecto del derecho nacional. En un extremo se encuentran los sistemas centrados claramente en el nuevo dominio público transnacional y, en el otro extremo, se hallan los sistemas que gozan de una autonomía casi absoluta y que por lo general son privados. Aunque algunos autores conside- ran que este proceso indica el surgimiento de una legislación
276 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN global (por ejemplo, Teubner, 2004), en el presente trabajo se la concibe como un tipo de legislación desarraigada de los sistemas jurídicos nacionales. El concepto de una ley global, a diferencia dela ley internacional, se basa en la posibilidad de que exista una ley que no esté centrada en el sistema jurídico nacional, como hoy lo está el derecho internacional, y que no se limite a armo- nizar los distintos sistemas jurídicos nacionales (es necesario señalar que este trabajo de armonización es parte fundamental del sistema supranacional diseñado para afrontar las problemá- ticas de la globalización económica, el medio ambiente y los dere- chos humanos). Estos sistemas legales independientes y diferen- ciados, que en algunos casos son privados y autónomos y en otros están articulados con el sistema supranacional, pero no centra- dos enlos sistemas jurídicos nacionales, han empezado a ser con- siderados como los elementos de un sistema legalglobal. Sin embargo, en el ámbito académico no existe consenso acerca de la existencia de un sistema legal global. Dezalay y Garth (1995), por ejemplo, sostienen que lo “internacional” está compuesto en su mayor parte por una competencia entre los distintos enfoques nacionales, con lo cual el sistema jurídico internacional se vuelve un espacio de competencia regulatoria entre diferentes orienta- ciones nacionales, ya sea que se trate de cuestiones ambientales, de temas constitucionales o de derechos humanos (Charny, 1991; Trachtman, 1993; Carbonneau, 2004).* Sin embargo, está sur- giendo una nueva vertiente académica (véase Fischer-Lescano y Teubner, 2004) que señala el nacimiento de un sistema legal 4 Existen otras dos categorías que pueden superponerse en parte con la idea de que la internacionalización representa el triunfo de la influencia estadounidense, pero vale la pena distinguirlas, al menos desde el punto de vista analítico. Se trata del multilateralismo, por un lado, y de aquello que Ruggie (1993) ha denominado “instituciones con perspectivas múltiples” [multiperspectival institutions].
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 277 global centrado en el desarrollo de regímenes autónomos, en general sumamente especializados y, por lo tanto, parciales. El Proyecto sobre Cortes y Tribunales Internacionales ha iden- tificado alrededor de 125 instituciones internacionales con auto- ridades independientes que dictan resoluciones legales vincu- lantes” y pertenecen en algunos casos al sector privado y en otros al dominio público, como los tribunales de derechos humanos. Dichas entidades pueden funcionar como tribunales, como orga- nismos cuasi judiciales o como órganos alternativos para la reso- lución de conflictos (por ejemplo, los órganos de arbitraje comer- cial privado internacional). Entre ellas se puede mencionar el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, los diversos tribu- nales de justicia, las cortes penales internacionales, los tribuna- les de instancia nacional e internacional, los órganos judiciales para el control del comercio y las inversiones, los tribunales regio- nales de derechos humanos y las instituciones judiciales crea- das por convenciones internacionales. Además, existen también otras cortes regionales, como el Tribunal de Justicia de las Comu- nidades Europeas, el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio ola Corte de Justicia de la Unión Económica de Bene- lux. En los últimos diez años se ha registrado un aumento con- siderable en la cantidad de órganos judiciales privados. Estos nuevos regímenes van más allá que los sistemas de legis- lación económica internacional, como los acuerdos sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, que firmó la comunidad de estados de la omc 5 El Proyecto sobre Cortes y Tribunales Internacionales (PcTI1) fue iniciado en 1997 por el Center on International Cooperation (cIc), de la Universidad de Nueva York y la Foundation for International Environmental Law and Development (FIELD). Desde el año 2002 en adelante, el proyecto quedó a cargo del cic y del Centre for International Courts and Tribunals de University College de Londres (véase www.pict-pcti.org).
278 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN para comprometerse a instituir en sus respectivos sistemas nacio- nales ciertas normas particulares. Entre los principales autores que destacan esta característica se encuentra Teubner (2004), quien detecta una multiplicidad de regímenes legales parciales que se superponen sobre los sistemas jurídicos nacionales. Como resultado se da una transformación básica de los criterios para diferenciar normas: éstos ya no pasan por la distinción entre las normas de distintas naciones ni por la diferencia entre el derecho público y el privado, sino por el reconocimiento de los múltiples procesos especializados y segmentados de juridifica- ción, que hoy son en gran medida privados. “La fragmentación social afecta al derecho de manera tal que la regulación política de ciertas esferas sociales diferenciadas requiere una parcelación de los campos según temas específicos, que a su vez se juridifi- can” (Teubner, 2004). Según esta perspectiva, el sistema legal global se encuentra segmentado en distintos regímenes legales transnacionales que reclaman para sí una validez global y que definen el alcance externo de su jurisdicción en función de los temas que tratan más que del territorio. Para tomar un ejemplo concreto, podemos volver a la lex constructionis, donde se ponen de relieve algunas de estas carac- terísticas de la autoridad privada (aunque no todas). En este caso, se combinan la existencia de un sistema global autóno - mo de normas internas para un sector económico y la condi- ción de que el control del sector está en manos de unas pocas empresas importantes, lo que a su vez facilita la producción de dicho sistema privado de normas. Este sector está dominado por una pequeña cantidad de asociaciones privadas muy bien organizadas, como la Federación Internacional de Ingenieros Consultores (FIDIC), la Federación Internacional Europea de la Construcción (FIEC), el Instituto Británico de Ingenieros Civiles (1CE, por sus siglas en inglés), la Asociación Japonesa
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 279 para el Progreso de la Ingeniería (ENAA, por sus siglas en japo- nés) y el Instituto de Arquitectos Estadounidenses (ATA, por sus siglas en inglés). Además, algunos estudios jurídicos interna- cionales, el Banco Mundial y otros organismos como la Comi- sión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Interna- cional (CNUDMI) y el Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado (UNIDROIT) contribuyen a la elabora- ción de normas legales para el funcionamiento de ese sector. Dada la naturaleza de los proyectos de construcción e inge- niería a gran escala, este ejemplo también sirve para demostrar que incluso con un sistema normativo autónomo y con un poder tan grande como el que tienen las empresas globales, no siempre se puede escapar a las obligaciones externas. En efecto, estas empresas cada vez más se ven obligadas a abordar las cuestiones relativas ala protección del medio ambiente. La lex constructionis es en este sentido emblemática, ya que otros sectores con sistemas autónomos actúan de la misma forma: se adopta en gran medida una estrategia de deferencia que busca externalizar (a menudo hacia los gobiernos) la responsabili- dad por la regulación de las cuestiones ambientales que surgen con los proyectos de construcción a gran escala. Esta externa- lización implica que las empresas deben atenerse al ámbito “extracontractual” de la legislación nacional en el país donde se construirá el proyecto, para lo cual se usan ciertas cláusulas de “conformidad” con dicha legislación que hoy forman parte de los contratos estándar. La existencia de éste y otros regímenes y organismos trans- nacionales señala un desplazamiento en la autoridad del sector público hacia el sector privado en materia de gobierno de la economía global. Ellos constituyen, junto con otras institu- ciones semejantes, nuevos mecanismos de gobernabilidad importantes cuya autoridad no está centrada en las institucio-
280 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN nes del Estado. Cada uno de estos sistemas tiene sus propias funciones de frontera, ya que éstas son una condición funda- mental para suvalidez y su eficacia, pero la capacidad de demar- car dichas fronteras nada tiene que ver con la delimitación de las fronteras nacionales. En síntesis, se observa la formación de alineamientos glo- bales, sólo en parte territoriales, que incorporan ciertas protec- ciones tradicionalmente arraigadas en los regímenes de fron- teras nacionales. Así como el Estado siempre ha tenido la capacidad de delimitar su propio territorio mediante instru- mentos legales y administrativos, también posee la capacidad de cambiar esas delimitaciones, por ejemplo, mediante una des- regulación y una apertura de las fronteras para que ingresen las empresas y las inversiones extranjeras. Este proceso a su vez deja las fronteras del territorio nacional abiertas para la inserción de una cantidad cada vez mayor de espacios y regímenes con nuevas demarcaciones fronterizas en el interior del Estado- nación. Ello abre un interrogante acerca del funcionamiento de las propias fronteras, ya que que éstas han sido, históricamente, representadas como una protección del perímetro del territo- rio nacional. REPENSAR EL CONTEXTO: MATERIALIDADES LOCALIZADAS CON ALCANCE GLOBAL Si bien el presente apartado hará hincapié principalmente en los aspectos económicos, la lógica de los argumentos que aquí se plantean también es válida para otro tipo de condiciones, como las descritas en el capítulo sobre los actores locales y la política global (véase el capítulo 6).
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 281 A pesar de estar parcialmente inmersos en el espacio vir- tual, los sectores económicos de avanzada de la actualidad con- llevan una clase específica de materialidad. Como ya se señaló (véanse los capítulos 3 y 5), aun los más globalizados y digita- lizados (por ejemplo, el mercado financiero global) necesitan “pisar tierra” en algún punto de sus operaciones. Y cuando lo hacen, esto sucede en vastas concentraciones de estructuras y recursos materiales. Esta configuración arroja luz sobre tres problemáticas relativas a lo local y al contexto, que atañen a cuestiones relacionadas con algunas dinámicas que ya se tra- taron alo largo de este libro, pero que ahora se analizan desde una perspectiva mucho más específica y precisa: la idea de que cada vez más actividades tienen lugar tanto en el espacio digi- tal como en el espacio real. Los tres temas son: a) la creciente importancia de los formatos en red para manejar procesos eco- nómicos, b) la intersección entre el espacio físico y el espacio digital en cuyo interior operan las empresas o, en líneas más generales, las subeconomías, y c) las consecuencias de estas características para el concepto de “contexto”. Al parecer, los conceptos tradicionales de “contexto” se ven desarticulados por las características de las subeconomías en red (que están en parte centradas en espacios geográficos muy específicos y en parte desterritorializadas, y que operan a escala global en el espacio digital), precisamente en la medida en que dichos concep tos destacan como elemento primordial la conexión con el entorno físico mediante distintas variables (sociales, visuales, operativas o retóricas). Una subeconomía en red La subeconomía en red es emblemática pues presenta las siguien- tes características: está conectada en red internamente, es en
282 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN parte digital, está orientada en gran medida a los mercados globales y opera desde múltiples espacios geográficos específi- cos de distintas partes del mundo. Se trata de un sector com- puesto por una gran cantidad de empresas de servicios suma- mente especializados, que en general son pequeñas. Aunque algunas de estas empresas de servicios financieros puedan movi- lizar grandes sumas de dinero y controlen una cantidad enorme de activos, en especial después de las últimas fusiones, se trata de empresas pequeñas en términos de la mano de obra y del espa- cio físico que requieren para funcionar, sobre todo si se las com- para con las grandes empresas de producción industrial. Ahora bien, a pesar de ser pequeñas, estas firmas suelen tener un alto coeficiente de capital, mientras que las empresas de produc- ción industrial, por ejemplo, suelen tener un alto coeficiente de mano de obra, por más automatizada que esté la producción, y suelen necesitar un espacio físico mucho mayor para su fun- cionamiento. Otra característica fundamental de esta subeco- nomía es que las firmas de servicios especializados requieren y se benefician de la proximidad física de empresas afines, como las dedicadas a los servicios financieros, al asesoramiento jurí- dico, a los servicios contables, a las proyecciones económicas, a la evaluación de riesgo crediticio, al diseño de programas infor- máticos especializados en finanzas, a las relaciones públicas y a otros servicios de una amplia gama de campos del saber. Como ya se señaló en capítulos anteriores, este nodo de actividades interconectadas en red también constituye el núcleo de la fun- ción económica de las ciudades globales. La proximidad física se ha transformado en una ventaja evi- dente, ya que dada la complejidad de las operaciones y la impor- tancia de una respuesta rápida, el contacto directo suele resul- tar más eficaz y rentable que el uso de las telecomunicaciones. En efecto, aunque se contara con un ancho de banda extraor-
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 283 dinario, no podría realizarse todo el espectro de actos de comu- nicación que se dan mediante el contacto directo en un lapso determinado, ya que éste permite el intercambio de enormes cantidades de información en un modo casi taquigráfico. Ahora bien, a pesar de tal proximidad física, el contexto operacional de estas empresas no se limita a su entorno inmediato, pues están conectadas de diversos modos con otras empresas de servicios de otras ciudades, lo que hace que esta subeconomía en red tenga un alcance global. Otro factor que desestabiliza nociones convencionales sobre el contexto es el hecho de que estas firmas funcionan en parte dentro del espacio digital.“ Al estar simultáneamente deste- rritorializadas y territorializadas, requieren que se constru- yan estructuras materiales y digitales con ciertas condicio- nes específicas para desarrollar sus actividades. Como éstas tienen alcance global pero a la vez se encuentran concentra- das en lugares muy específicos, producen una geografía estra- tégica que atraviesa los espacios y las fronteras, aunque se ins- talen en ciertas ciudades determinadas. En conjunto, estas actividades también contribuyen a aumentar la densidad de las redes in terurbanas. La intersección entre el espacio concreto y el espacio digital La nueva topografía de la actividad económica que se hace visi- ble en esta subeconomía también está presente en otros ámbi- tos que no son económicos. Esta topografía se va entretejiendo 6 Algunas de estas cuestiones, como el futuro de los centros financieros a partir del auge de las transacciones electrónicas y de las nuevas alianzas estratégicas entre centros importantes, se analizan en Sassen (2006a: caps. 5 y 7).
284 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN entre el espacio concreto y el espacio digital. Hoy en día, no hay ninguna empresa ni sector económico de carácter pura- mente digital, e incluso el sector financiero, que representa la actividad más globalizada y digitalizada de la actualidad, tiene una topografía en la que se entrelazan el espacio concreto y el digital.7 Con distinto grado según la empresa el sector, las actividades empresariales se distribuyen hoy entre esos dos espacios diferentes. En líneas más generales, estas condicio- nes están reconfigurando la organización del espacio econó - mico (Graham, 2004; Rutherford, 2004; Allen et al., 1999; Tay- lor, 2004), lo que comprende desde la digitalización de un creciente número de actividades económicas hasta la remode- lación del ambiente construido para la actividad económica. Tanto en el espacio electrónico como en la geografía del ambiente construido, esta reconfiguración implica la realiza- ción de cambios organizativos y estructurales (véanse, por ejemplo, Ernst, 2005; Burdett, 2006), de modo tal que las for- maciones concretas se ven sujetas a una variedad de transfor- maciones: a medida que las tareas se computarizan o estan- darizan, los mercados se globalizan, etcétera. Cabe preguntarse si vale la pena pensar, teorizar e investigar el punto de intersección entre estos dos espacios en la labor empresarial y, más generalmente, en cualquier tipo de actividad 7 Otra perspectiva sobre estas cuestiones ha sido propuesta por la Aspen Roundtable on Electronic Commerce, una mesa redonda que se organiza anualmente en Aspen, Colorado, donde se reúnen los directores ejecutivos de las principales empresas de hardware y software, así como los grandes inversores de ese sector. Incluso durante el auge del llamado boom del dot.com, el consenso general de estos expertos fue que el medio tiene sus límites y que no reemplazará a otros tipos de mercados, sino que los complementará. Véase The global advance of electronic commerce: Reinventing markets, management and national sovereignty, Washington, D. C., The Aspen Institute, Communications and Society Program, 1998.
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 285 que se inscriba en ellos. Los análisis más convencionales suelen definir esta intersección como una simple línea que divide a dos espacios mutuamente excluyentes, mientras que en este tra- bajo se la considera, no como una línea que separa dos zonas distintas y excluyentes, sino como una “zona fronteriza” con sus propias características particulares, es decir, como una “frontera analítica” que exige su propia especificación empírica y teó- rica, y que contiene sus propias posibilidades de configurar prác- ticas y formas de organización. Se podría pensar que el espacio ocupado por la pantalla de la computadora es una forma de esa intersección, pero en realidad no lo es, o a lo sumo es sólo una representación parcial de ella. Todo esto permite afirmar que dicha intersección constituye un objeto de estudio más com- plejo y digno de análisis teórico que lo indicado por las repre- sentaciones tradicionales de la interfase. En otro apartado del presente capítulo se profundizará más sobre este tema (véanse también Sassen, 2006a: cap. 7; Latham y Sassen, 2005: cap. 1). Los significados cambiantes de la contextualidad Para conceptualizar acerca del entorno inmediato de una subeco - nomía en red con alcance global que opera simultáneamente en el espacio concreto y en el espacio digital, es necesario elaborar nuevos instrumentos analíticos. También las empresas indivi- duales que conforman esta subeconomía plantean desafíos con- ceptuales similares, pues éstas se orientan simultáneamente hacia lo global y hacia otras empresas en la red, algunas de las cuales pueden estar ubicadas en el mismo espacio urbano o incluso en el mismo edificio. La intensidad de las transacciones inter- nas, tanto a nivel de la empresa como a nivel de la subeconomía, es de tal magnitud que da por tierra con los conceptos tradi- cionales sobre la localidad o la región más amplia dentro de la
286 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN cual se ubica. Como ya se señaló en el apartado anterior, la orien- tación global de las empresas tiene su paralelo en las ciudades globales, donde la orientación hacia los mercados globales es más fuerte que la orientación hacia su región. Las conexiones con otras áreas y sectores dentro de este “contexto” inmediato son confusas y merecen mayor investigación empírica. El entorno físico inmediato de los distritos financieros puede modificarse para adaptarse a la moda del diseño urbano y a la arquitectura “contextual”, que apuntaría a conectar visualmente esos distri- tos con dicho entorno. Sin embargo, según las investigaciones y los análisis que herealizado, esto sería un modo develar u ocul- tar el hecho de que el entorno inmediato en realidad no es el “contexto” de esa subeconomía en red, ya que existe escasa o ninguna conexión directa con éste. Las fragmentaciones espaciales no son por cierto un fenó- meno nuevo, pero sí asumen formatos y contenidos que varían a través del tiempo y de los lugares. ¿Cuál es entonces el “con- texto” en este caso? La nueva subeconomía en red ocupa sólo un fragmento de su ámbito “local”, y sus límites no son los de la ciudad o el “barrio” donde está parcialmente localizada. En realidad, estos límites están determinados por los espacios que ocupa la vasta concentración de recursos materiales necesa- rios para su funcionamiento a escala local y global. Los dis- tritos financieros de casi todas las ciudades globales, por ejem- plo, tienen una infraestructura de redes digitales exclusivas, confinada al distrito mismo, que les permite también dispo- ner de nuevas y costosas innovaciones sin que haya necesidad de instalarlas en toda la ciudad -lo que constituye una espe- cie de segregación casi invisible—. Ahora bien, aunque esta infraestructura no se extienda a toda la ciudad, sí tiene alcance global y sirve para interconectar a todos los distritos finan- cieros globalizados. Por lo tanto, el “interlocutor” de esta sub -
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 287 economía no es su contexto o entorno inmediato sino el con- junto de los demás centros comerciales y financieros importan- tes del mundo, con los que conforma una geografía transfron- teriza estratégica. Pero al mismo tiempo, estas sub economías y las empresas individuales que las componen están encastradas en otros tipos de espacios de las ciudades, que se presentan como pertenecientes a otra economía y a otro momento histórico: son los espacios de la nueva clase de desfavorecidos empleados directa o indirectamente en esta subeconomía, tema ya analizado en el capítulo 3. Aún no están claros los nuevos significados teóricos, empí- ricos y operativos que genera la simultaneidad con que dicha subeconomía se inserta en un espacio geográfico y a la vez se despega de su contexto inmediato (que se ve reemplazado por lo global). La operación estratégica de la subeconomía no esla búsqueda de una conexión con su entorno, sino el acceso a una geografía transfronteriza conformada por una multiplicidad de distritos especializados concretos. El contexto entonces ya no hace referencia sólo al entorno inmediato, sino que es la geogra- fía global estratégica compuesta de múltiples nodos lo que se transforma en el contexto principal, si no dominante, de estas empresas. En el caso de esta subeconomía, se observa que ya no es válida la antigua jerarquía de escalas definidas tradicio- nalmente, por algún criterio elemental de tamaño, como loca- les, regionales, nacionales e internacionales (véase el capítulo 1). El proceso para acceder a la economía mundial ya no consiste en ir pasando de una escala más pequeña a la próxima en tamaño, ya que incluso las empresas menores pueden interactuar de manera directa con otras semejantes de distintas partes del mundo. En este sentido, se está en presencia de la formación de una geografía que hace estallar los límites del contexto, la localidad y la jerarquía tradicional de escalas.
288 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN UNA POSIBLE SOCIOLOGÍA DE LOS ESPACIOS ELECTRÓNICOS GLOBALES Existe un vínculo inextricable entre la globalización y la crea- ción de espacios electrónicos globales, ya sea como infraestruc- turas (para los mercados electrónicos globales, la terceriza- ción del trabajo, etc.) o como formaciones sociales (por ejemplo, los foros de chat y correo electrónico). Para explorar esos espa- cios electrónicos globales hace falta una estructura conceptual específica. En el nivel más general, cabe destacar la importan- cia de las categorías y los marcos analíticos que permiten cap- tar las articulaciones complejas entre las funciones computa- rizadas y los espacios (inmediatos o conectados en red) donde se despliegan y aplican dichas funciones. Un segundo conjunto de operaciones analíticas que servirán para comprender mejor las lógicas sociales en cuestión son las que incumben las prác- ticas y culturas mediadoras que organizan la relación entre la tecnología computarizada y sus usuarios. Hasta hace muy poco tiempo no existía ningún trabajo crítico que diera cuenta de dichas mediaciones, porque se presuponía que las cuestiones relativas al acceso, la competencia y el diseño de interfases cubrían esa experiencia. En tercer lugar, se encuentran las operaciones analíticas para el reconocimiento delas cuestiones relativas a las escalas, una esfera donde dicha tecnología tiene grandes capa- cidades transformadoras y constitutivas. En las ciencias socia- les, las escalas se conciben en gran medida como un hecho, no como un elemento constituido socialmente. Al desestabilizar la existencia de la jerarquía de escalas y la noción de jerarquías anidadas, las nuevas tecnologías han vuelto a poner en primer plano el concepto de escala. En consecuencia, han contribuido a la creación de una nueva heurística que, por cierto, también coincide con nuevas tendencias en el campo de las ciencias natu-
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 289 rales, sobre todo de la ecología, donde ha resurgido la cuestión de las escalas. A continuación se desarrollan brevemente esos tres conjuntos de operaciones analíticas. Las imbricaciones entre lo digital y lo social El trabajo académico sobre la relación entre lo digital y lo social en el espacio electrónico interactivo (y por tanto social) tiende a caracterizarse o bien por el determinismo tecnológico, o bien por el presupuesto de que estas tecnologías son indetermina- das. En el primer caso, la tecnología es la variable independiente que funciona, en última instancia, como una especie de “caja negra” que no es necesario examinar. En el segundo caso, la tecnología es una especie de variable dependiente ya que su espe- cificidad surge de una compleja ecología técnico-social. Con el uso del término “imbricaciones” busco, justamente, identificar un tipo de interacción que no se caracteriza ni por el determinismo ni por la hibridez de la indeterminación. Busco también explorar la posibilidad de que la esfera técnica y la esfera social se configuren y condicionen entre sí, pero al mismo tiempo conserven su carácter específico y mutuamente distinguible. Además, las interacciones pueden darse en cadenas cortas olar- gas: por ejemplo, cuando un fenómeno (social) contribuye con un nuevo elemento técnico éste, a su vez, contribuye con una nueva condición social que luego funcionará como condiciona- miento de la esfera técnica. A lo largo de estas cadenas de interac- ciones la especificidad se conserva, incluso cuando cada una de las esferas sufre transformaciones. En suma, uso el término imbricación para capturar la inter- dependencia y la especificidad simultáneas de lo digital y lo no- digital, especialmente lo social, ya que la interdependencia no necesariamente produce una tercera condición —un híbrido que
290 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN no es ni digital ni social— en la medida en que cada dimensión conserva su carácter irreductible (véase Sassen, 20064: cap. 7). A primera vista, pueden identificarse tres características de este proceso de imbricación. Para ejemplificar, en este caso se usará una de las funciones esenciales de la tecnología compu- tarizada: la de aumentar la movilidad del capital y, por lo tanto, cambiar la relación entre las empresas móviles y los estados- nación territoriales. Una condición central de la mayor movi- lidad del capital es la “desmaterialización” generada por la digi- talización de muchas actividades económicas, un proceso que aumenta la movilidad incluso de aquello que tradicionalmente se considera inmóvil o casi inmóvil. Toda vez que una activi- dad o un bien económico se digitaliza, adquiere el potencial de hipermovilidad, es decir, de circulación instantánea a tra- vés de las redes digitales con alcance global. En general, la movi- lidad y la digitalización se conciben como meros efectos de las nuevas tecnologías, o a lo sumo como características de ellas. En esas concepciones queda elidido el hecho de que para lograr esos resultados hace falta que se cumplan distintas condicio- nes, tan variadas como la existencia de la infraestructura nece- saria y la inserción de modificaciones a la ley (véanse los capí- tulos 2 y 3). Una vez que reconocemos que la hipermovilidad del instru- mento financiero es algo producido, se introducen variables no digitales en el análisis de lo digital. La primera característica, entonces, es que la producción de la movilidad y la desmate- rialización del capital requiere de cierto capital fijo: los ambien- tes de avanzada, la asistencia de profesionales de primera línea en el lugar de trabajo al menos una parte del tiempo, las com- putadoras, la existencia de sistemas jurídicos y la presencia de cierta infraestructura convencional, como las autopistas, los aeropuertos y los ferrocarriles, condiciones todas que están par-
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 291 cialmente sujetas al espacio físico. Dicha interpretación aca- rrea ciertas consecuencias teóricas y prácticas. Por ejemplo, el simple hecho de contar con acceso a estas tecnologías no altera la posición desfavorecida de los países u organizaciones de bajos recursos en un sistema internacional con enormes desigualda- des de recursos, ya sean materiales o humanos.* Una segunda característica que merece ser rescatada es que en este proceso el capital fijo necesario para la hipermovilidad y la desmaterialización se ve él mismo transformado. Algunos aspectos de este hecho pueden ejemplificarse con el caso del sector inmobiliario. Las empresas deservicios financieros han inventado instrumentos que sirven para licuar el capital inmo- biliario? y así facilitar las inversiones y la circulación de dichos instrumentos en los mercados globales. Si bien la propiedad inmobiliaria sigue siendo un capital físico, se ve transformada cuando es representada en instrumentos con un alto grado de liquidez que circulan en los mercados globales. Un modo de captar la diferencia sería comparar esta situación con un caso extremo de “propietario ausente”: la propiedad puede conser- var el mismo aspecto, puede seguir siendo de ladrillos y cemento, 8 Gran parte de mi trabajo sobre las ciudades globales ha sido un intento de conceptualizar y documentar el hecho de que la economía global necesita enormes concentraciones de recursos materiales y sociales para ser lo que es (véase Sassen, 2001). En este sentido, el sector financiero es un intermediario importante, ya que representa la capacidad de licuar varias formas de riqueza ilíquida y de aumentar la movilidad del capital que de por sí es líquido. Sin embargo, incluso el sector financiero necesita una concentración significativa de recursos materiales para lograr eso. 9 Un buen ejemplo de este proceso es la creación de los valores con garantía hipotecaria (MBs, por sus siglas en inglés). Se trata de valores producidos mediante la unión de varios títulos hipotecarios, que se venden a los inversores como una unidad y luego pueden circular de esta manera en los mercados internos e internacionales.
292 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN puede ser nueva o vieja, pero como entidad ha sufrido una trans- formación. Al igual que en el caso de la propiedad inmobiliaria, la natu- raleza de la sujeción al espacio físico difiere de lo que era hace cien años, cuando estaba más ligada con una forma de inmovi- lidad. Hoy en día, esa sujeción al espacio físico está marcada por la hipermovilidad de algunos de sus componentes, sus pro- ductos y sus resultados. Tanto la inmovilidad como la movili- dad del capital se ubican parcialmente en un marco temporal en el que la velocidad es una variable dominante y consecuente. Por lo tanto, no es posible hoy comprender cabalmente la suje- ción del capital al espacio físico si se limita la descripción a sus características materiales y geográficas. Una tercera característica de este proceso de imbricación se puede captar mediante las lógicas sociales que lo organizan. Muchos de los elementos digitales que componen los merca- dos financieros están afectados por las prioridades progra- máticas del sector financiero global, que no son tecnológicas en sí mismas. En manos de usuarios con otros objetivos, las mismas propiedades técnicas pueden producir resultados que difieren de los obtenidos en los mercados financieros electró- nicos. Gran parte de la interacción que se da en el espacio digi- tal carecería de sentido y de referentes si excluyéramos el mundo no digital, pues se trata de una interacción marcada en pro- fundidad por las culturas, las prácticas materiales, los sistemas jurídicos y los imaginarios que existen por fuera del mundo digital. Por lo tanto, resulta necesario distinguir entre las tec- nologías digitales en sí mismas y las formaciones digitales que éstas posibilitan. Los espacios digitales interactivos en cues- tión no son fenómenos exclusivamente técnicos que quedan por fuera de lo social, sino que están insertos en las estructu- raciones sociales, culturales, subjetivas, económicas y de ima-
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 293 ginario que caracterizan a la experiencia viva y a los sistemas dentro de los cuales existen y operan las personas (véase Latham y Sassen, 2005). La digitalización es multivalente: conlleva una amplifica- ción de las capacidades fijas y móviles, y se inscribe en la esfera no digital y a la vez se deja inscribir por ella. El contenido, las implicaciones y las consecuencias específicas de cada una de estas variantes pueden constituir objetos de estudio empí- rico. Cabe entonces preguntarse qué es lo condicionante y qué es lo condicionado cuando estas tecnologías digitales entran en funcionamiento. Resulta difícil captar ese carácter multiva- lente mediante las categorías convencionales, que tienden a generar una dualidad y a suponer la exclusión mutua (en ello se percibe un problema relacionado con el carácter endógeno) (Sassen, 2006a: cap. 1). Desde mi perspectiva, al igual que el carácter parcialmente endógeno de la infraestructura física en los mercados financieros electrónicos, el ejemplo de la pro- piedad inmobiliaria señala que su representación parcial mediante instrumentos financieros negociables produce una imbricación compleja entre el momento material y el momento desmaterializado de aquello que continúa llamándose propie- dad inmobiliaria. Las prácticas y las culturas mediadoras Una consecuencia de la dinámica descrita en el apartado ante- rior es que la articulación entre el espacio digital y sus usua- rios, ya sean éstos actores sociales, políticos o económicos, se da en términos de ciertas prácticas y/o culturas mediadoras. Estas articulaciones derivan en parte delos valores, las culturas, los sistemas de poder y los órdenes institucionales donde se encuentran inmersos dichos actores, ya sean individuos u orga-
294 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN nizaciones. Usar el espacio digital no se reduce a tener acceso a él y a saber cómo utilizar el hardware y el software necesarios (véase, por ejemplo, Dean et al., 2006). En los trabajos publicados sobre este tema, existe una fuerte tendencia a suponer que el uso del espacio digital es un fenó- meno no mediado y, por lo tanto, no problemático, salvo que se traten los problemas del acceso y la competencia, sobre los cuales hay un corpus mucho más extenso de producción crítica. En los mejores casos, el reconocimiento de una cultura media- dora se limita a la cultura techte,* aunque ahora se ha naturali- zado y, por lo tanto, ya no se la concibe siquiera como tal —una entre varias posibles culturas de uso—. Con la excepción de los estudios sobre esta cultura, que parten de conocimientos a menudo densos sobre las computadoras y las tecnologías de red, las prácticas de los usuarios se reducen a cuestiones de compe- tencia y utilidad. Desde la perspectiva de las ciencias sociales, el uso de la tec- nología debería problematizarse en vez de limitarse alos requi- sitos técnicos y al conocimiento necesario para dicho uso (corres- pondientes más bien a las perspectivas de las ciencias de la computación y la ingeniería de sistemas). Jon Anderson (2003), por ejemplo, investigó el uso de Internet en distintos grupos de personas árabes musulmanas y observó que los jóvenes “occi- dentalizados” empleaban dicha herramienta para los mismos fines que muchos jóvenes de las sociedades occidentales, como navegar, chatear o hacer compras. A diferencia de ellos, el grupo más tradicional entre los participantes de la investigación (com-
- Se trata del término utilizado en inglés para designar a las personas que exhiben un interés especial por la tecnología y por los dispositivos electrónicos de última generación, sobre todo en materia de computación. [N. dela T.]
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 295 puesto por estudiosos del Corán) usaba la tecnología de manera mucho más sofisticada, generando sus propios hipervínculos para conectar el texto estudiado con las anotaciones anterio- res. Gracias a su práctica en cuanto a la interpretación y la ano- tación de textos, los estudiosos del Corán contaban con una cul- tura mediadora compleja y antigua, que les permitía hacer un uso mucho más intenso de estas tecnologías (por más “tradicio- nal” que fuera su actividad). Esto permite contemplar la posi- bilidad de que diferentes grupos con culturas mediadoras ante- riores al desarrollo de las nuevas tecnologías se dispongan a acceder al espacio electrónico (esta posibilidad llevaría el tema de las culturas mediadoras a un terreno mucho más complejo y rico que el actual). Asimismo, estas culturas mediadoras pue- den producir un sujeto y una subjetividad que se vuelven parte de la mediación. Los usuarios de las redes de código abierto, por ejemplo, confieren gran importancia al hecho de que sus prác- ticas se oponen al sistema económico-jurídico dominante, cen- trado en la protección de la propiedad privada. Así, los partici- pantes se transforman en sujetos activos en el marco de un proceso que se extiende más allá de sus acciones individuales y que genera una cultura. En suma, hay muchos modos de conceptualizar las articu- laciones entre el espacio digital y sus usuarios. En el plano teó- rico, es importante ir más allá de las cuestiones relativas al acceso y reconocer que estas articulaciones están mediadas social- mente. Es más, hay múltiples modos de examinar las diversas mediaciones sociales que organizan el uso de dicho espacio, desde las etnografías de menor escala hasta las encuestasa nivel macrosocial, pasando por los estudios descriptivos, las rese- ñas con alto contenido teórico, el enfoque basado en la forma- ción de ideas y el análisis de las condiciones estructurales. Todas estas herramientas teóricas y metodológicas pueden ayudar a
296 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN obtener un conocimiento más profundo sobre las culturas mediadoras de lo digital. Las capacidades transformadoras y constitutivas de la tecnología digital en relación con las escalas Si se limita el análisis de las escalas a la formación de ciertos dominios transfronterizos, como por ejemplo la sociedad civil transnacional, las redes corporativas globales y la integración regional, se pueden identificar cuatro tipos de dinámicas distin- tas en la constitución de las formaciones digitales globales. Estas dinámicas no siempre se excluyen mutuamente, como se observa en una de lasinstancias más globalizadas digitalizadas de dichas formaciones: la de los mercados financieros electrónicos, que fueron analizados en el capítulo 2. Un primer tipo de dinámica escalar es la formación de dominios que funcionan en la escala global más evidente, como algunos tipos de las llamadas con- versaciones a gran escala basadas en Internet (véase Sack, 2005) ola tercerización digitalizada (Aneesh, 2006). Un segundo tipo de dinámica escalar puede identificarse en las prácticas y los fenómenos locales que se articulan de manera directa con la esfera global. En este caso, los elemen- tos locales ya no tienen que atravesar la jerarquía tradicional de jurisdicciones centradas en el Estado. En el ejemplo de los mercados financieros electrónicos, el punto de partida serían las operaciones concretas realizadas a viva voz o mediante la pantalla de la computadora en mercados de valores o empre- sas que forman parte de una red mundial de centros finan- cieros. Estas operaciones localizadas se conectan de manera directa con el mercado electrónico global, de modo que lo que comienza en el plano local se reconfigura en materia de esca- las a nivel global.
NUEVAS FORMACIONES SOCIALES | 297 Un tercer tipo de dinámica escalar es la que deriva de la mul- tiplicación de conexiones transfronterizas entre distintas loca- lidades, posibilitada por la interconectividad y el acceso simul- táneo descentralizado. Esto da como resultado un tipo de formación global muy particular, vinculada con el acceso dis- tribuido, que reside en la multiplicación de transacciones late- rales y horizontales o en la recurrencia de un proceso determi- nado dentro de una red de espacios locales, sin la totalización que caracterizaría a una verdadera formación digital de escala global, como los mercados electrónicos. Algunos ejemplos de este tipo de formación podrían ser las redes de desarrollo de soft- ware de código abierto, algunos sistemas de alerta temprana ante los conflictos y las redes mundiales de activistas (véanse los trabajos de Weber, Alker y Sassen, en Latham y Sassen, 2005). Un cuarto tipo de dinámica escalar es la que surge como resul- tado de la inserción parcial de las formaciones globales en los espacios subnacionales y de su capacidad para moverse entre estas prácticas y formas organizativas pertenecientes a distin- tas escalas en un flujo de ida y vuelta continuo. El mercado finan- ciero electrónico global, por ejemplo, se constituye a través de los mercados electrónicos con alcance global y de ciertas enti- dades vinculadas con lo local, como los centros financieros y todo lo que ellos suponen, desde la infraestructura hasta los sis- temas de confianza. Otro ejemplo de esta dinámica son las redes globales de producción tercerizada de las empresas multinacio- nales dedicadas a los productos electrónicos (véase el trabajo de Ernst, en Latham y Sassen, 2005). Las nuevas tecnologías digitales no han causado estos fenó- menos, pero sí los han facilitado y configurado de manera varia- ble y a la vez específica. El efecto general es semejante a la recon- ceptualización del contexto elaborada en el apartado anterior. Se observa un reposicionamiento en el significado de lo local y
298 | UNA SOCIOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN lo global cuando ambos elementos se interconectan en red, ya que cada uno de ellos tiende a volverse multiescalar. A fin de construir para las ciencias sociales un objeto de estudio com- puesto por las estructuras electrónicas interactivas, habrá que dejar de concebir a las escalas como elementos dados de carác- ter independiente y excluyente para comenzar a ubicar dichas estructuras en la complejidad escalar que posibilitan las nue- vas tecnologías.
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