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Mente, conducta y cerebro

Mente, conducta y cerebro

Notas de clase organizadas y complementadas

Reconstrucción y organización de apuntes sueltos de clase. El objetivo de este documento es conservar la intención teórica del profesor, corregir ambigüedades, ordenar los conceptos y desarrollar con mayor claridad el contenido implícito en las notas originales.


1. Idea central de la clase

La clase plantea una discusión metateórica sobre la relación entre mente, conducta y cerebro. La pregunta de fondo no es únicamente neurológica ni únicamente filosófica, sino ambas a la vez: qué tipo de marco teórico permite explicar mejor los fenómenos psicológicos y neuropsiquiátricos.

El problema central puede formularse así: cuando intentamos explicar la vida mental y la conducta, ¿debemos recurrir a teorías reduccionistas que bajan todo a mecanismos cerebrales localizados?, ¿debemos defender la autonomía de lo psicológico como un nivel separado?, ¿o necesitamos una teoría de la integración entre distintos niveles de organización?

La tesis que atraviesa toda la clase parece ser que ni el reduccionismo clásico ni una autonomía fuerte de lo mental bastan por sí solos. Algunos fenómenos se dejan explicar bien por lesiones localizadas o funciones anatómicas precisas, pero otros exigen una comprensión más amplia de tipo sistemista, funcional, emergentista, evolutiva y ecológica.


2. El punto de partida clínico: por qué la clínica obliga a pensar mejor

La reflexión parte de la clínica neuropsiquiátrica, porque allí se vuelve evidente que no todos los fenómenos mentales y conductuales pueden explicarse del mismo modo.

En algunos casos, el esquema clásico funciona muy bien: una lesión localizada produce un déficit relativamente específico. Ese es el tipo de caso que dio fuerza histórica a ciertas formas de neuropsicología clásica. Por ejemplo, una lesión en determinadas áreas del lenguaje puede producir una afasia con rasgos bien delimitados. En estos casos, la relación entre estructura dañada y función alterada parece relativamente directa.

Sin embargo, la clínica también muestra casos que resisten una explicación puramente localista. Allí aparecen fenómenos como la anosognosia, ciertos tipos de delirio, alteraciones del sentido de realidad, trastornos del reconocimiento o quiebres entre la capacidad funcional objetiva y la interpretación subjetiva que hace el paciente de sí mismo. En estos casos, ya no basta con decir que “se dañó una zona y por eso apareció tal síntoma”, porque el fenómeno involucra niveles de integración mucho más amplios.


3. Aclaración importante: síndrome de Anton y síndrome de Cotard

En las notas originales aparecen mezclados dos cuadros distintos: el síndrome de Anton y el síndrome de Cotard. Conviene separarlos con claridad.

3.1. Síndrome de Anton

El síndrome de Anton describe una forma de ceguera cortical con negación del déficit. Usualmente se asocia a lesiones bilaterales en corteza occipital. El paciente no ve, pero insiste en que sí puede ver y a veces intenta desplazarse como si su visión siguiera intacta. Tropieza, choca con objetos o da explicaciones erróneas de lo que sucede, pero no reconoce de manera adecuada su ceguera.

Este caso es filosófica y clínicamente importante porque muestra una disociación entre:

  • la función objetiva realmente disponible,
  • la conducta observable,
  • y la autointerpretación del sujeto.

Aquí ya se ve que el fenómeno no se agota en la lesión visual: también involucra conciencia del déficit, autoacceso, integración perceptiva y monitoreo de la propia acción.

3.2. Síndrome de Cotard

El síndrome de Cotard, en cambio, se refiere a delirios nihilistas. El paciente puede creer que está muerto, que sus órganos no existen, que ya no pertenece realmente al mundo o que algo fundamental de su ser ha desaparecido.

Este tipo de fenómeno no se deja reducir con facilidad a una sola alteración local del mismo modo en que podría hacerse con un déficit sensorial o motor puntual. Aquí aparece con fuerza el problema de los fenómenos emergentes y de la necesidad de pensar en términos de integración funcional.

3.3. Qué enseñan estos casos

La lección general es que la clínica muestra dos tipos de fenómenos:

  1. Fenómenos relativamente localizables, explicables en el marco clásico de lesión-función.
  2. Fenómenos complejos o emergentes, cuya comprensión requiere articular lesión, función, integración sistémica, historia del organismo, regulación corporal y entorno social o simbólico.

4. El límite del reduccionismo clásico

La clase no niega la utilidad del reduccionismo. Más bien señala su alcance limitado.

Las teorías reduccionistas pueden ser válidas y útiles, porque permiten identificar correlatos anatómicos, mecanismos fisiológicos y relaciones causales específicas. Sería absurdo descartarlas por completo. El problema es otro: cuando se absolutizan, terminan dejando por fuera la forma en que los agentes psicológicos existen realmente, es decir, como organismos situados en contextos corporales, sociales, culturales e históricos.

Por eso, el reduccionismo explica bien ciertos fenómenos, pero no explica adecuadamente:

  • la emergencia de patrones psicológicos complejos,
  • la articulación entre percepción, acción y autocomprensión,
  • la dimensión social y cultural del comportamiento,
  • la formación de significados,
  • la metacognición,
  • ni la constitución de un agente integrado.

Dicho de otro modo: el cerebro importa, pero el cerebro aislado conceptualmente no basta.


5. Hacia una teoría integradora: naturalismo, sistemismo y emergentismo

La propuesta de la clase parece inclinarse hacia una aproximación naturalista, sistemista y emergentista.

5.1. Naturalismo

El naturalismo sostiene que mente, conducta y cerebro deben explicarse dentro del orden natural. No hace falta postular sustancias inmateriales separadas ni principios sobrenaturales. Pero naturalismo no significa necesariamente reduccionismo grosero. También puede haber naturalismos no reductivos.

5.2. Sistemismo

La idea sistemista es que todo lo que existe puede entenderse como sistema o como parte de un sistema. Los organismos vivos son sistemas complejos, y los fenómenos mentales o conductuales no son hechos aislados sino configuraciones organizadas de múltiples procesos interdependientes.

Esto implica que para comprender un fenómeno no basta con listar sus partes, sino que hay que entender:

  • su organización,
  • sus relaciones internas,
  • sus intercambios con el entorno,
  • y el nivel en el que aparece la propiedad que queremos explicar.

5.3. Emergencia

El emergentismo defendido por el profesor parece ser un emergentismo débil. Eso significa que las propiedades emergentes no rompen con la base material ni flotan por fuera de ella, pero tampoco se dejan traducir sin resto a una simple descripción de nivel inferior.

Una propiedad emergente aparece cuando la organización de un sistema produce rasgos nuevos que no se comprenden adecuadamente solo por análisis de componentes aislados.

Así, la mente no sería una sustancia separada, sino una forma emergente de organización del organismo vivo.


6. Lo mental: ni sustancia aparte ni simple ilusión

En estas notas, lo mental aparece como la experiencia subjetiva y consciente del agente, junto con los procesos neurocognitivos que hacen posible esa experiencia.

Esto es importante porque evita dos extremos:

  • No convierte la mente en una sustancia metafísica separada del cuerpo.
  • Tampoco la reduce a una ficción sin valor explicativo.

Lo mental sería entonces un nivel real de organización del agente vivo. Hablar de mente no es abandonar la biología, sino describir una dimensión que emerge en organismos capaces de percepción integrada, regulación flexible, memoria, aprendizaje, valoración, acción dirigida a metas y eventualmente metacognición.


7. El papel del organismo: metabolismo, historia y ecología

La clase insiste en una idea decisiva: para comprender lo mental hay que partir del organismo.

El sujeto no es un cerebro aislado ni una conciencia desencarnada. Es un ser vivo sometido a restricciones metabólicas, fisiológicas, ecológicas e históricas. El metabolismo no es un aspecto trivial o secundario: condiciona profundamente el comportamiento.

Esto quiere decir que procesos como hambre, fatiga, regulación interna, equilibrio electroquímico y sostenimiento energético no son un simple trasfondo, sino parte constitutiva de la vida psicológica.

Por eso el profesor sugiere una mirada tomada de la filosofía del organismo y de los sistemas ecológicos. El agente psicológico está corporizado, vive en interacción con un medio y carga una historia evolutiva y ontogenética.


8. Autopoiesis y autonomía de los seres vivos

Uno de los conceptos centrales de la clase es el de autopoiesis.

La autopoiesis se entiende como la condición necesaria y suficiente para caracterizar la organización de los seres vivos: un ser vivo es aquel que produce y mantiene activamente su propia organización mediante sus propios procesos.

El organismo toma materia y energía del entorno, pero no de manera pasiva. Las incorpora en una red de procesos que sostienen su identidad funcional. Aquí encaja la referencia al catabolismo, entendido como el conjunto de procesos mediante los cuales el organismo utiliza y transforma materia para su metabolismo.

8.1. De la autopoiesis a la autonomía

De la autopoiesis se sigue una forma de autonomía metabólica. El ser vivo mantiene ciclos internos, gradientes iónicos, regulación homeostática y condiciones propias de viabilidad.

Más adelante, cuando aparece la locomoción, emerge una nueva dimensión: la autonomía conductual. El organismo ya no solo se conserva internamente, sino que debe desplazarse, seleccionar, evitar, perseguir y regular activamente su intercambio con el entorno.


9. Cognición mínima: por qué la cognición evoluciona

La clase sugiere una definición amplia y evolutiva de la cognición. La cognición no aparece primero como razonamiento abstracto, sino como una capacidad para coordinar el comportamiento en entornos cambiantes y complejos.

En ese sentido, la cognición surge porque la vida móvil y flexible necesita algo más que respuestas rígidas. Un organismo que debe adaptarse no puede depender solo de nexos mecánicos completamente fijos.

Por eso puede hablarse de una cognición mínima: incluso formas de vida muy simples pueden mostrar sensibilidad selectiva, regulación adaptativa y acoplamiento con el medio. No hace falta conciencia reflexiva para hablar ya de un nivel básico de cognición.


10. La historia evolutiva de la complejidad

Las notas apuntan a varios hitos evolutivos importantes:

  • aparición de la membrana celular,
  • incorporación de mitocondrias,
  • transición hacia formas multicelulares,
  • desarrollo de mecanismos de control cada vez más sofisticados,
  • y, finalmente, aparición del sistema nervioso.

La idea general es que la evolución va produciendo nuevos niveles de organización. Primero bioquímicos, luego celulares, luego multicelulares, después neurales. Cada nivel nuevo no elimina el anterior, sino que lo reorganiza.

Con la multicelularidad y el sistema nervioso aparece una necesidad mucho más fuerte de coordinación, anticipación y regulación flexible. Allí empieza a tomar forma una arquitectura capaz de integrar señales diversas y orientar la conducta de manera compleja.


11. El sistema nervioso como estructura de integración

El sistema nervioso no se presenta solo como una colección de neuronas, sino como una estructura jerárquica y relacional que permite integrar información significativa.

La función de esta estructura es hacer posible una conducta adaptable. Si el organismo dependiera solo de conexiones inflexibles, no tendría la plasticidad necesaria para habitar entornos cambiantes.

Por eso el sistema nervioso debe entenderse como:

  • una red de relevos jerárquicos,
  • una estructura de codependencias,
  • un medio de integración entre señales externas e internas,
  • y un soporte de anticipación, aprendizaje y ajuste conductual.

11.1. Medio externo y medio interno

El agente no responde solo a estímulos del entorno. También responde a estados internos. La clase parece insistir en que la conducta se organiza a partir de la articulación entre:

  • exterocepción: información proveniente del entorno,
  • interocepción: información sobre el estado interno del organismo,
  • y mecanismos de acción que buscan adecuar ambos niveles.

Por ejemplo, el hambre no es simplemente una sensación más. Es una señal fisiológica que reorganiza percepción, motivación, atención y conducta práctica.


12. Plasticidad, percepción individual y adaptación

Las notas sugieren que gran parte de la masa neuronal está asociada a procesos sinápticos altamente maleables. Esa maleabilidad explica una propiedad clave del sistema nervioso: su plasticidad.

La plasticidad permite que cada individuo construya trayectorias propias de aprendizaje, percepción y adaptación. Por eso no basta una visión rígida del cerebro como máquina fija. El cerebro es también una estructura históricamente modificable por experiencia, desarrollo y contexto.

Esto permite establecer diferencias entre agentes cognitivos según:

  • sus capacidades de representación,
  • su forma de reducir incertidumbre,
  • sus posibilidades de aprendizaje,
  • y su relación con el entorno.

13. Representaciones, modelos generativos e inferencias contrafácticas

La clase parece abrir una cuestión filosófica delicada: qué tan realistas debemos ser con las categorías mentales.

No se trata de aceptar sin más todo lenguaje mentalista, pero tampoco de prohibirlo. Nociones como representación, modelo generativo o procesamiento pueden ser válidas si describen rasgos reales de organización funcional del agente.

En este marco, los agentes cognitivos pueden pensarse como sistemas capaces de:

  • conservar información relevante,
  • anticipar regularidades,
  • orientar la acción bajo incertidumbre,
  • y realizar en cierto grado inferencias contrafácticas en tiempo real.

Es decir, no solo responden al presente, sino que operan en función de posibilidades, expectativas y proyecciones.


14. Evolución cultural y semiosis

La clase no se detiene en la biología. También incorpora la evolución cultural.

El ser humano no vive solo entre señales biológicas, sino dentro de sistemas de signos, prácticas, normas, instituciones y lenguajes. Por eso la explicación de la cognición humana requiere herramientas para comprender la continuidad y discontinuidad entre:

  • la señalización biológica,
  • la semiosis cultural,
  • y los procesos colectivos guiados por formas simbólicas.

Aquí aparece un giro fundamental: la mente humana no solo regula su relación con el medio físico, sino también con un mundo culturalmente construido.


15. Metacognición implícita y explícita

Uno de los puntos más importantes de la clase es la diferencia entre metacognición implícita y metacognición explícita.

15.1. Metacognición implícita

Consiste en mecanismos no conscientes de monitoreo, ajuste, corrección y regulación. No requiere necesariamente lenguaje ni reflexión tematizada, pero sí permite cierto control interno de la actividad cognitiva.

15.2. Metacognición explícita

Es la capacidad de representarse y evaluar de manera más abierta los propios estados mentales, razones, decisiones y posibilidades. Requiere recursos cerebrales más complejos, retroalimentación y, en muchos casos, mediación lingüística o simbólica.

La metacognición explícita hace posible:

  • el examen de creencias,
  • la deliberación,
  • la proyección de escenarios alternativos,
  • la formulación de metas complejas,
  • y la producción de mundos posibles en sentido práctico y conceptual.

16. Cognición y conducta dirigida a metas

En las notas aparece una idea importante: la cognición puede entenderse como un procesamiento intermediario dirigido a metas.

Esto significa que entre estímulo y respuesta no hay solo una cadena mecánica, sino procesos de integración, selección, valoración y ajuste. Esos procesos pueden operar con distintos grados de complejidad, desde regulación mínima hasta planificación consciente.

La conducta dirigida a metas supone:

  • selección de información relevante,
  • organización de acciones posibles,
  • evaluación de restricciones del entorno,
  • y modulación del comportamiento según estados internos y fines.

17. Sueño, estado vegetativo y síndrome de enclaustramiento

Las notas traen una comparación muy importante para no confundir cognición, conciencia y conducta observable.

17.1. Sueño

Durante ciertos estados del sueño no se presenta una actividad dirigida a metas del mismo modo en que aparece en la vigilia ordinaria. Sin embargo, eso no significa simplemente ausencia de actividad mental. El sueño obliga a distinguir entre distintas formas y grados de procesamiento cognitivo.

17.2. Estado vegetativo

En el estado vegetativo el problema es mucho más profundo, pues se compromete de manera grave la integración de procesos que normalmente asociamos con conciencia y agencia.

17.3. Síndrome de enclaustramiento

El síndrome de enclaustramiento muestra casi el caso inverso: el sujeto puede conservar conciencia, metas y vida mental, pero pierde la capacidad de ejecución motora efectiva. El cuerpo no responde como vehículo normal de expresión conductual.

17.4. Lección filosófica

Estos casos obligan a distinguir cuidadosamente entre:

  • conciencia,
  • cognición,
  • agencia,
  • capacidad motora,
  • y expresión observable.

No siempre van juntas. Una teoría adecuada debe poder diferenciarlas.


18. Anatomía funcional e integración de sistemas

La clase también señala que una explicación suficiente requiere una anatomía funcional indispensable. Esto incluye, entre otras cosas:

  • sistemas interoceptivos,
  • sistemas de recompensa,
  • circuitos sensoriales,
  • regiones de integración semántica,
  • y redes de control más abstracto.

El punto es que la anatomía sigue siendo necesaria, pero debe ser leída funcionalmente, no solo como mapa estático.


19. Formación de conceptos y sistemas semánticos

Otro núcleo importante es el problema de cómo se forman los conceptos.

Las notas sugieren que en la corteza pueden reconocerse gradientes de abstracción. De manera esquemática, puede decirse que:

  • regiones más posteriores tienden a estar más ligadas a contenidos sensoriales y patrones relativamente concretos,
  • mientras que regiones más frontales participan de operaciones más abstractas, flexibles, planificadoras y conceptuales.

Además, los sistemas visuales y auditivos no trabajan completamente aislados. Convergen hacia regiones heteromodales o transmodales, donde se integran múltiples modalidades para formar estructuras semánticas más complejas.

Esto ayuda a entender cómo se pasa de la percepción a la conceptualización y, finalmente, a patrones de acción organizados.


20. Integración funcional y agente psicológico integrado

La noción más fuerte de toda la clase es probablemente la de integración funcional.

Una experiencia psicológica no se explica solo señalando un lugar anatómico. Hay que mostrar qué procesos fisiológicos y organizativos hacen posible que múltiples sistemas funcionen conjuntamente de manera tal que emerja:

  • una percepción coherente,
  • una orientación práctica,
  • una conducta flexible,
  • una semántica compartida,
  • una autocomprensión mínima,
  • y, en niveles más altos, una metacognición explícita.

El “agente psicológico integrado” no es una pieza básica del mundo, sino una unidad emergente producida por la coordinación de muchos niveles del organismo en interacción con su entorno.


21. Síntesis general de la posición del profesor

La posición de fondo puede resumirse así:

  1. El reduccionismo tiene valor explicativo real, pero es insuficiente como teoría total de la mente.
  2. La autonomía fuerte de lo mental tampoco basta, porque desconecta la psicología de su base orgánica y evolutiva.
  3. Se necesita una teoría integradora que piense mente, conducta y cerebro como niveles articulados de un mismo sistema vivo.
  4. Ese sistema debe comprenderse desde el organismo, el metabolismo, la autopoiesis, la historia evolutiva, la plasticidad nerviosa, la integración sensorial, la cognición situada, la vida social y la evolución cultural.
  5. La mente sería una propiedad emergente de organismos corporizados, históricos, adaptativos y simbólicamente mediados.

22. Preguntas filosóficas y teóricas que deja abiertas la clase

Al final de las notas aparecen varias preguntas muy ricas. Conviene desarrollarlas porque parecen ser el horizonte de discusión del curso.

22.1. Si se sigue un marco sistemista, ¿eso permite modelos computacionales del cerebro?

Sí, pero con un matiz importante. Un marco sistemista permite e incluso favorece modelos computacionales, siempre que estos se entiendan como instrumentos teóricos para capturar dinámicas, dependencias y propiedades organizativas. Lo que no debería hacerse es confundir el modelo con la totalidad concreta del fenómeno vivo.

Un modelo computacional puede representar ciertos aspectos de la integración funcional, de la dinámica de estados o de la emergencia de patrones. Pero el organismo real incluye además cuerpo, metabolismo, historia, entorno y acoplamiento ecológico.

22.2. ¿Cuándo es preferible un modelo ODE y cuándo un modelo ABM?

Un modelo basado en ODE (ecuaciones diferenciales ordinarias) suele ser preferible cuando interesa describir el comportamiento agregado y continuo de variables globales relativamente homogéneas. Es útil cuando el sistema puede tratarse de manera macroscópica.

Un modelo ABM (agent-based model) resulta más adecuado cuando interesa capturar:

  • heterogeneidad entre unidades,
  • interacciones locales,
  • reglas distribuidas,
  • emergencia de patrones colectivos,
  • y fluctuaciones que dependen de la diversidad de agentes.

Si el foco está en transiciones categoriales, patrones heterogéneos o procesos de autoorganización a partir de múltiples unidades diferentes, el ABM suele ofrecer más riqueza explicativa.

22.3. ¿Pueden desarrollarse categorías para estudiar estructuras heterogéneas emergentes?

Sí. De hecho, esa es una de las tareas más importantes de una teoría emergentista rigurosa: construir categorías que sean lo bastante generales para detectar regularidades, pero también lo bastante finas para no borrar la heterogeneidad real del fenómeno.

Se trata de evitar dos errores opuestos:

  • la pura dispersión anecdótica, donde cada caso queda aislado,
  • y la abstracción excesiva, donde las diferencias relevantes desaparecen.

22.4. ¿Tiene relación la lógica modal con la capacidad de producir mundos posibles?

Sí, al menos en un sentido conceptual fuerte. La lógica modal formaliza nociones de posibilidad, necesidad y mundos alternativos. La metacognición explícita, por su parte, parece ser la capacidad cognitiva que permite imaginar escenarios no actuales, valorar alternativas, pensar contrafácticamente y proyectar cursos de acción posibles.

No significa que el cerebro “haga lógica modal” de manera literal, pero sí que la formalización modal expresa con mucha precisión una capacidad humana profundamente ligada a la imaginación, la deliberación y la anticipación.


23. Conclusión final

La clase sostiene una visión integradora de la relación entre mente, conducta y cerebro. Algunos fenómenos clínicos pueden explicarse por medio de lesiones localizadas y funciones anatómicas específicas. Sin embargo, la vida mental en sentido fuerte no se agota en una cartografía localizacionista.

Comprender la mente exige pensar en términos de:

  • organismo,
  • metabolismo,
  • autopoiesis,
  • autonomía,
  • evolución,
  • sistema nervioso,
  • plasticidad,
  • integración funcional,
  • cognición situada,
  • vida social,
  • semiosis cultural,
  • y metacognición.

En este marco, la mente no es una sustancia aparte ni una mera ilusión verbal. Es una forma emergente de organización propia de agentes vivos corporizados, históricamente formados, adaptativamente activos y culturalmente mediados.


24. Fórmula breve para estudiar rápido

Si hubiera que condensar toda la clase en una sola idea, podría decirse así:

La mente, la conducta y el cerebro no deben pensarse como dominios aislados ni como niveles reducibles sin resto unos a otros, sino como dimensiones articuladas de un mismo sistema vivo, cuya comprensión exige una teoría integradora, emergentista, evolutiva y ecológica.


25. Preguntas originales dejadas al final de la clase

A continuación dejo también las preguntas finales conservadas de manera más fiel a tus notas, porque no solo funcionan como cierre, sino como apertura teórica del curso. No son simples dudas marginales: muestran hacia dónde se está empujando la discusión.

  1. Ya que se sigue un marco sistemista, ¿eso implica que se permiten modelos computacionales del cerebro? Esta pregunta apunta a si una teoría sistemista y emergentista puede aceptar modelación computacional sin caer en reduccionismo. La respuesta más plausible es que sí, siempre que el modelo no pretenda agotar la realidad del fenómeno, sino capturar ciertas dinámicas, dependencias o niveles de organización.
  2. Siguiendo un análisis emergente, ¿cuándo un modelo ODE es preferible sobre un modelo ABM? ¿Y cómo conecta eso con las fluctuaciones categóricas? Aquí la inquietud es metodológica: qué tipo de formalización conviene según el tipo de sistema que se esté estudiando. Las ODE sirven mejor para dinámicas agregadas y continuas; los ABM, para heterogeneidad, interacciones locales y emergencia de patrones colectivos.
  3. Para las estructuras producidas emergentemente, ¿podemos desarrollar categorías que permitan estudiar patrones heterogéneos? Esta pregunta va al corazón de una ciencia de la emergencia: cómo construir categorías que no destruyan la complejidad del fenómeno, pero que tampoco se queden en la pura dispersión de casos.
  4. ¿Tendrá que ver el desarrollo de la lógica modal con la capacidad de producir mundos posibles? Esta es una pregunta filosófica de enorme alcance. Sugiere una conexión entre metacognición explícita, pensamiento contrafáctico, imaginación de alternativas y formalización modal de la posibilidad y la necesidad.

Formulación breve, casi literal, de tus preguntas originales

  • Ya que sigues el marco sistemista, asumo que permites modelos computacionales del cerebro, ¿es así?
  • También, siguiéndonos de un análisis emergente, ¿cuándo un modelo ODE es preferible sobre un modelo ABM, y esto conecta rápidamente con las fluctuaciones categóricas?
  • Para las estructuras producidas, ¿podemos desarrollar categorías que permitan el estudio de patrones heterogéneos?
  • ¿Tendrá que ver el desarrollo de la lógica modal con esta capacidad de producir mundos posibles?